domingo, 18 de junio de 2017

Macron a la Victoria en las legislativas

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Macron quiere una mayoría clara para una tercera vía a la francesa

La segunda vuelta de las legislativas debe ratificar el giro liberal y 'gaullista' del nuevo presidente
MARC BASSETS: París 18 JUN 2017 - 12:13 CEST

Es casi un plebiscito. Sobre un hombre y sus ideas. Emmanuel Macron buscará este domingo en la segunda vuelta de las elecciones legislativas una ratificación a su recién estrenado mandato. Si, como pronostican los sondeos, el presidente francés obtiene una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, comenzará un experimento insólito en la política francesa. No sólo por la renovación profunda de la clase política que supone el resultado. También por la ideología de Macron, un liberalismo con acentos socialdemócratas mezclado con un gaullismo que concede un papel central al Estado y a la figura del presidente: una tercera vía a la francesa.

En Francia, cuna intelectual del liberalismo político, patria de algunos de los teóricos más influyentes de este movimiento en el siglo XIX, como Benjamin Constant o Alexis de Tocqueville, es también un país donde la palabra liberal se usa como insulto, donde globalización es sinónimo de pesadilla distópica y capitalismo un sistema a derribar para millones de votantes. De ahí que la victoria de Macron en las elecciones presidenciales de mayo, y el probable éxito en la reválida de las legislativas, sea una pequeña revolución. Francia tiene un presidente —posiblemente respaldado, a partir de esta noche, por una de las mayorías parlamentarias más amplias de la historia— que sin complejos se proclama liberal.

Vivir en un permanente Estado de Emergencia

Los viejos usos de la política francesa lastran el plan moralizador de Macron
La caída de los viejos partidos y los populistas deja Francia sin oposición

Macron quiere una mayoría clara para una tercera vía a la francesa La primera vuelta en las legislativas impulsa a Macron hacia la mayoría absoluta

“Emmanuel Macron es un liberal a la vez en el terreno económico y en lo social o cultural, lo cual en Francia es muy original”, resume Jérôme Perrier, historiador del liberalismo francés. Perrier explica que, tradicionalmente la izquierda francesa ha sido liberal en cuestiones culturales o sociales —en temas como el matrimonio gay, por ejemplo— y antiliberal en la economía. La derecha, al contrario, ha sido antiliberal en lo cultural y (por lo menos programáticamente, y no siempre) más liberal en lo económico. “La originalidad de Emmanuel Macron es que él es un liberal completo, lo que explica su idea de que es a la vez de izquierdas y de derechas”.

Macron teorizó sobre esta posición intermedia en su libro Revolución. “Si por liberalismo se entiende confianza en el hombre, acepto que se me llame liberal”, escribió. Su liberalismo, que él prefiere llamar progresismo, se opone a lo que en su opinión es un conservadurismo que se encuentra en la derecha y la izquierda. “¿Qué hay en común entre una izquierda conservadora que defiende el statu quo, promueve el cierre de las fronteras y la salida del euro, y una izquierda socialdemócrata, reformista, europea? Casi nada”, se responde. “¿Qué hay en común entre una derecha que promueve una identidad cerrada en sí misma que en el fondo nunca ha existido, que acusa a Europa de todos los males, promueve la brutalidad en el plano social y es ambigua en el plano económico, y una derecha europea, liberal y social? Casi nada tampoco”.

Macron reivindica a Michel Rocard, la gran figura de la “segunda izquierda”, una forma de socialdemocracia pragmática y de consenso, una alternativa descentralizadora al socialismo del presidente François Mitterrand. El nuevo presidente acaba de escribir el prólogo de C’était Rocard (Era Rocard), un libro de recuerdos del veterano político socialista Jean-Paul Huchon, que fue la mano derecha de Rocard. “En el fondo lo que Rocard hizo toda su vida fue unir a los franceses en torno a ideas muy amplias. Siempre intentó unir más allá de su mayoría estrecha. Es un precursor de lo que Macron hace hoy.

Pero no dio el paso [de crear un nuevo partido, como Macron]: se quedó en el partido, y murió socialista”, dice Huchon en una entrevista telefónica. “Michel Rocard", apunta, "fue uno de los artesanos de una línea socialista que era realista, mundialista, europea, seria y rigurosa en el plano de la economía, y la victoria de Macron es, un poco, una nueva victoria de Rocard sobre el espíritu que animaba a Mitterrand y a los socialistas de aquella época”. Macron, según Huchon, “no es un liberal de derechas, es más bien un liberal de izquierdas”.

El politólogo Rafaël Cos, crítico con Macron, ve más continuidad que ruptura en su ideología. “Es difícil encontrar qué hay de singular: lo que él dice es lo que desde hace veinte años repite la tecnoestructura de Bercy”, dice en alusión a la sede del ministerio francés de Economía y Finanzas. 

Cos sostiene que en cuestiones como la reducción del déficit o la flexibilización del mercado laboral, Macron retoma un dogma imperante entre las élites políticas e intelectuales. “No hay nada menos singular que Emmanuel Macron, que no hace más que recitar lo que dice la alta administración, lo que dice la patronal, lo que dicen de manera un poco camuflada las élites socialistas, lo que dicen de manera mucho menos camuflada las élites de derecha. La agenda neoliberal encuentra en Emmanuel Macron, de manera bastante pura, una encarnación”.

El historiador Perrier subraya los puntos en común de Macron con una forma de liberalismo suave, social-liberalismo, lo llaman algunos. Se trata de lo que en los años noventa se llamó la tercera vía, el programa de reformas económicas que aplicaron gobernantes de centroizquierda como Bill Clinton en EE UU y Tony Blair en Reino Unido, o unos años más tarde Gerhard Schröder en Alemania. 

Francia, gobernada entonces por un socialista clásico como el primer ministro Lionel Jospin, se desenganchó de aquel movimiento. Macron, según este argumento, pondría en práctica en Francia lo que la izquierda occidental hizo tiempo atrás. Con veinte años de retraso, y cuando este movimiento es cuestionado en EE UU y Reino Unido. Y con una particularidad. “En Francia hay una dimensión que nunca hay que olvidar: el Estado”, dice Perrier. “Francia es uno de los pocos ejemplos en lo que el Estado ha precedido a la nación: en el fondo, es el Estado el que ha forjado la nación. Los franceses, incluso los liberales, tienen un respeto por el Estado que no tienen otras tradiciones liberales”, dice.

En sus primeros pasos en el poder, Macron ha intentado reinstaurar la autoridad monárquica de la institución, retomar la autoridad que el general De Gaulle quiso darle a la función presidencial cuando inauguró la V República en 1958. Esto tiene poco de liberal. Y aquí Macron es más mitterrandiano que rocardiano. Perrier aventura la posibilidad de que “el liberalismo de Emmanuel Macron sea un liberalismo que va de arriba abajo, que proceda del Estado, de las élites, como si en el fondo Emmanuel Macron fuese un Bonaparte del liberalismo”. Y añade: “Las medidas liberales vendrán desde arriba, y esto es muy francés. Emmanuel Macron es un verdadero liberal, pero también un verdadero francés”.

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/17/actualidad/1497697394_229441.html

sábado, 17 de junio de 2017

Jean-Claude Passeron: Sociología francesa

El pensar la ciudad, proyectar en ella, construir en ella implica la necesidad de conocer y de saber que es lo que implica ésta práxis. La sociología que nos enseñan estos pensadores como Bordieu, Passeron, Chamborendon etc. marca el camino para atreverse a actuar en ella.

Comparto esta breve glosa de la obra del Profesor Jean-Claude Passeron.

Percy Cayetano Acuña Vigil


Jean-Claude Passeron



Director de estudios en la École des hautes études en sciences sociales, Jean-Claude Passeron es uno de los grandes especialistas mundiales en sociología de la educación, sociología del arte y sociología de la cultura.

Autor de numerosos ensayos y artículos de referencia, entre sus publicaciones destacan El oficio de sociólogo. Presupuestos epistemológicos (con J.-C. Chamboredon y P. Bourdieu, Siglo XXI de España, 1976), La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza (con P. Bourdieu, 2001) y Los herederos. Los estudiantes y la cultura (con P. Bourdieu, 2003). Desde 1980 se dedica a la epistemología de la prueba en las ciencias históricas.

Además de su conocida colaboración con Bourdieu, del cual se distancia a principios de los años 70, realiza diversos trabajos con otros sociólogos, como Jean-Claude Chamboredon, Robert Castel, Claude Grignon, Michel Grumbach y François de Singly. En particular, Passeron desarrollará diversas investigaciones en el ámbito de la sociología de la cultura y del arte (sobre la lectura, la recepción de las obras de arte, etc.), publicando, entre otros, trabajos como L'Œil à la page, Les Artistes. Essai de morphologie sociale, Le Temps donné aux tableaux.



En 1991, publica Le Raisonnement sociologique, una obra de gran impacto que culmina una larga trayectoria de reflexión epistemológica sobre las ciencias sociales, sus esquemas (schèmes), su vocabulario, sus formas de "demostración" y prueba, sus argumentarios, etc. Rompiendo con algunas de las tesis de El oficio de sociólogo, esta obra, de inspiración marcadamente weberiana y anti-popperiana, recupera el dualismo entre las ciencias sociales y las ciencias naturales, afirmando que las ciencias sociales son ciencias históricas y que, por tanto, no comparten el mismo régimen de verdad que las ciencias naturales, no son ciencias falsables en el sentido de Karl Popper.

Las ciencias sociales se caracterizan, según él, por una pluralidad de teorías en competencia irreductible a un único paradigma dominante, que configuran distintos marcos conceptuales de interpretación. Ello no significa, sin embargo, que deba renegarse del rigor y la exigencia de referencia empírica. El razonamiento sociológico no puede ser, por tanto, más que un razonamiento mixto, compuesto en un necesario ir y venir entre el relato histórico y el razonamiento experimental.

François de Singly, "Bourdieu: nom propre d'une entreprise collective", Le Magazine littéraire, n° 369, octobre 1998, p. 39-44;

Paul Costey et Arnaud Fossier, "Entretien avec Jean-Claude Passeron", Revue Tracés, nº4, 2003.

 Ver Razonamiento sociológico en la obra de Jean Claude Passeron
http://cisolog.com/sociologia/el-razonamiento-sociologico-de-jean-claude-passeron/

Medio cultural y sistema de enseñanza: P. Bordieu y J.C. Passeron
http://www.redalyc.org/pdf/270/27018883008.pdf

Entretien avec Jean Claude Passeron
https://traces.revues.org/3983

Un sociologue avec son métier: Centre Norbert Elias
http://centre-norbert-elias.ehess.fr/index.php?85



EL RAZONAMIENTO SOCIOLÓGICO DE JEAN-CLAUDE PASSERON


El pasado año salió publicado en Siglo XXI la versión española de El razonamiento sociológico. El espacio comparativo de las pruebas históricas de Jean-Claude Passeron. La traducción, notas críticas y presentación a la edición española corrió a cargo de José Luis Moreno Pestaña.
Sinopsis:

¿Es la sociología una ciencia? Y si lo es, ¿lo es como las demás? La sociología no puede responder a estas cuestiones apoyándose exclusivamente en sí misma. La comparación entre configuraciones históricas, siempre singulares, que es el fundamento del razonamiento sociológico y garantiza la pertinencia descriptiva de los conceptos tipológicos utilizados en todas las ciencias sociales, no ha podido engendrar nunca la «ciencia experimental de los hechos sociales» que había esperado Durkheim.

En este libro fundamental, Jean-Claude Passeron muestra que «el espacio lógico» en el cual la sociología articula sus constataciones empíricas y sus argumentaciones permanece siempre, incluso cuando recurre a métodos cuantitativos o a la formalización, como un espacio de comparación entre pruebas históricas.
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Según nos cuenta José Luis Moreno Pestaña, El razonamiento sociológico de Jean-Claude Passeron no es cuestión de valorar si el libro es mejor o peor que otros. Es importante porque son pocos los teóricos de la filosofía de la ciencia que parecen conocer de verdad qué es investigar en lo concreto: con comparaciones históricas, con observación etnográfica, con argumentación estadística. Para Moreno Pestaña, Passeron reúne esas dos posiciones; y en su opinión, después de leer este libro, no cabe seguir escribiendo sobre epistemología tal y como se escribe normalmente.

«El razonamiento sociológico está condenado a mezclar la semántica del relato histórico con la gramática del modelo experimental. Es un razonamiento compuesto, mixto, que no puede articular enunciados surgidos de descripciones semánticamente heterogéneas más que un razonamiento natural, cuyos conceptos sólo adquieren fuerza de descripción y de explicación científica más que en una descripción «ideal-típica». No puede haber una formulación plenamente lógica del paso entre un razonamiento formalizado y un razonamiento natural, ya que únicamente es formalizable la coherencia lógica y que, por definición, la relación de un sistema formal a un sistema natural, es decir de una lengua artificial a una lengua natural, no puede definirse en un sistema formal.

El razonamiento natural debe, en las ciencias sociales, componer una cadena de aserciones que no continúan siendo sociológicamente descriptivas si pierden su significación histórica: por tanto los contextos de tales aserciones son heterogéneos. Únicamente pueden ofrecer una presunción. Nunca, en una «presunción» nos enfrentamos con una «conjunción lógica» de la verdad de proposiciones más simples, ya que no se puede, en las aserciones finales de las ciencias sociales, asociar aserciones más que aceptando perder —y cada vez más a medida que la aserción se hace más compleja— en la suma de los poderes explicativos de cada una de ellas. En cada articulación de un razonamiento sociológico complejo se introduce una aproximación semántica porque las pertinencias asertóricas de sus proposiciones son y permanecen heterogéneas.

Se añadirán siempre, para enunciar una generalidad tipológica o una regularidad sociológica, constataciones heterogéneas, unas cualitativas o etnográficas, otras surgidas de la comparación histórica y otras que proceden de tablas o series estadísticas y así con el resto. El razonamiento sociológico que monta en una cadena estos elementos de prueba, sirviéndose de la indexación de sus tipos sobre contextos diferentes, es forzosamente un razonamiento lógicamente impuro.

El sociólogo, que lo usa más que los investigadores de ciencias sociales particulares, conoce tan bien la impureza lógica de sus razonamientos, que se ha fabricado dos dobles para huir de sí mismo: el metodólogo y el teórico. En un personaje, se invita a liquidarse a sí mismo amonestándose. «Hay que hacer cualquier cosa para alcanzar la impecabilidad de las operaciones lógicas, si no se quiere renunciar a saber de lo que se habla». En el otro, se olvida en majestad: «Heme aquí buscando en un modelo universal, sirviente fiel de una verdad transhistórica sobre el altar del cual no dudaré en inmolar la historia historiadora».

Algunos mezclan los dos sueños corriendo detrás de un matrimonio imposible: ¿no se podrá un día, gracias a la labor estadística o al cálculo lógico, fabricar proposiciones que tengan estatuto garantizado de verdad universal? ¿Por lo que podría deducirse todas las estrategias eficaces en todos los escenarios posibles? ¿El ordenador no podría inferirlos en lugar del investigador, procesando gracias a un programa de inteligencia artificial, bancos de datos que sólo tendría que alimentar?»

Jean-Claude Passeron, Le raisonnement sociologique, París, Albin Michel, 2006, pp. 162-163.
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A continuación incluyo una reseña realizada por Martínez Hidalgo en Fantas y Mundo (16/03/2012)


Reseña de El razonamiento sociológico de Jean-Claude Passeron.


Jean-Claude Passeron nos propone una sociología basculadora entre la historia y las ciencias experimentales. Un libro fundamental para comprender la relevancia de la aportación realizada por la Sociología, y por extensión del conjunto de las Ciencias Sociales, a la comprensión de nuestro mundo y nuestra realidad cotidiana.

En estos tiempos de incerteza la sociología se enfrenta a una paradoja de la que le está costando escapar: cuanto más necesaria resulta para la comprensión de lo que está aconteciendo en momentos tan convulsos, menos apoyo y respaldo social encuentra para considerar sus análisis y quizás adoptar sus recomendaciones.

La crisis económica y la necesidad perentoria de una salida a sus peores consecuencias, expulsa a las capacidades de comprender los porqués más allá de lo inmediato, de lo inminente y, por consiguiente, de lo artificialmente desconectado respecto a otros factores o causas participantes de la crisis.

Tanta prisa tenemos por salir, que poco parece importarnos el lugar por dónde hacerlo, el precio a pagar por ello, o las perspectivas de futuro del lugar al que accedamos una vez estemos fuera. Aun cuando las respuestas de las Ciencias Sociales nos pudiesen ayudar a salir antes y mejor, las prisas hacen de éstas cuestiones aplazadas para otro momento.

La sociología se reencuentra además, impulsada por su falta de espacio en el debate social, con sus viejos fantasmas y, de entre ellos, quizás con el mayor: el debate epistemológico al que parece volver una y otra vez, donde se discute su rigor científico, el valor de su conocimiento, o la riqueza de su aportación al funcionamiento del mundo. El espacio de debate científico donde se recuperan las antiguas discusiones entre teóricos y empiristas, entre dogmáticos y escépticos, entre realistas e idealistas… sobre cuál es y cómo se desarrolla la mejor y más útil forma de conocimiento social.

En este debate una de las voces más autorizadas es, sin duda, la de Jean-Claude Passeron (Niza, Francia, 1930). Sociólogo y epistemólogo de fuerte influencia Bourdiana y Weberiana, actualmente director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Por lo que siempre es una alegría saber que se ha editado en España una de sus obras magnas en este campo reflexivo: ‘El razonamiento sociológico.

El espacio comparativo de las pruebas históricas’ (Siglo XXI, 2011, disponible en FantasyTienda). Obra donde completa y matiza su pensamiento al respecto, cuya base fue anteriormente explicada y expuesta en otro clásico de la epistemología sociológica, escrito junto con Jean-Claude Chamboredon, ‘El oficio de sociólogo’ (Siglo XXI, 2002).
Un libro fundamental para comprender la relevancia de la portación realizada por la Sociología, y por extensión del conjunto de las Ciencias Sociales, a la comprensión de nuestro mundo y nuestra realidad cotidiana.

En ‘El razonamiento sociológico’ (Siglo XXI, 2011) el primer e importante cambio es proponer una necesaria temperación de las dudas epistemológicas, que la saque definitivamente de su aprehensiva provisionalidad, permitiéndola aceptarse como ciencia de naturaleza distinta a las experimentales y, en consecuencia, con características, requisitos y objetivos diferentes.

La cientificidad de la sociología vendría por comprender cuáles son los resultados de una buena sociología y construir, a partir de aquí, una propuesta de criterios para el trabajo sociológico. 

Un análisis surgido de la revisión de los modelos teóricos a través de los cuáles la sociología llegó en nuestros días a constituirse en una ciencia.

Por ejemplo, la práctica comparatista le permite revisar los fenómenos sociales no a partir de su reproductibilidad –por otro lado imposible pues la sociedad dista mucho de un laboratorio, sino a partir del cambio o la variación analizados a partir de técnicas cuasiexperimentales.
Se trata de una forma de conocimiento que no garantiza una comprensión final y profunda de los fenómenos, resultando entonces inherentemente incompleta, pero sí fornece de datos, análisis y conclusiones positivas para la mejor comprensión de las cosas. La buena sociología consigue así mejorar la capacidad de construir una buena teoría e hipótesis plausibles temporal, geográfica e históricamente delimitadas.

El aceptar estas limitaciones supone también otro requisito de la buena sociología. La observación de la realidad social exige aceptar que el lenguaje sociológico tiene una sistematicidad menor que el de las ciencias experimentales: en cuanto resulta incapaz de aprehender completamente toda la información que constituye el contexto histórico en que los fenómenos sociales tienen lugar.

De hecho, cuanto más exacto y concreto sea el uso del lenguaje sociológico, menos información contextual/particular/contingente será capaz de recoger. La precisión y la relevancia en la información se mantienen en pugna, a cuyo equilibrio positivo debe tender el uso sociológico de los conceptos.

Jean-Claude Passeron


‘El razonamiento sociológico’ (Siglo XXI, 2011) repasa otros contextos además de la observación de la realidad sociohistórica, como puede ser el trabajo con los textos (cartas, documentos, prensa, libros…). Passeron alerta del fuerte atractivo del texto y de la amenaza de dejar arrastrarse a su interior, de totalizar su mundo como el único existente, y todo lo situado más allá de sus márgenes no existiese o resultase irrelevante. Su recomendación va aquí por una doble vía la de, por un lado, desenmascarar sus significados, extrayendo los marcos de referencia que fijan su coherencia interna, y por el otro, conectar el texto con el sentido común y con la realidad histórica donde se ha producido.

En cierto sentido, llegados a las últimas páginas de ‘El razonamiento sociológico’ (Siglo XXI, 2011), comprobamos cómo Jean-Claude Passeron nos propone una sociología basculadora entre la historia y las ciencias experimentales. Una propuesta que persigue evitar su sobre simplificación como otra perspectiva más dentro del relato histórico, o su sobre complejidad como una ciencia experimental menor e incapaz de alcanzar explicaciones o descripciones completas de la realidad social. Un libro fundamental para comprender la relevancia de la portación realizada por la Sociología, y por extensión del conjunto de las Ciencias Sociales, a la comprensión de nuestro mundo y nuestra realidad cotidiana.

http://cisolog.com/sociologia/el-razonamiento-sociologico-de-jean-claude-passeron/




LA ESCUELA Y LA REPRODUCCIÓN SOCIAL (síntesis de agunas ideas en la obra de Bordieu y de Passeron)
• El punto de partida para su análisis es: La relación entre el sistema de enseñanza y el sistema social.
• Bourdieu “El origen social marca de manera inevitable e irreversible la carrera escolar y, después profesional, de los individuos”
1. Ese Origen social produce primero el fenómeno de selección.
• La Herencia Cultural: Es con lo que otros debaten los pensamientos de Bourdieu. [Ej. Los herederos poseen, el mayor o menos dominio del lenguaje]

FASES EN LA REPRODUCCIÓN SOCIAL –ANÁLISIS DE BOURDIEU Y PASSERON
1. Teoría de la violencia y el poder
Imposición, por parte de la acción pedagógica, de una serie de significaciones impuestas como legitimas; el ocultamiento de lo que se esconde tras esas significaciones y esa legitimación aumenta el poder de quien lo produce y le permite seguir ejerciendo su violencia. [Violencia simbólica y violencia legitimada]

2. Doble arbitrariedad de la acción pedagógica
“Si la acción pedagógica es una violencia simbólica es porque impone una arbitrariedad cultural mediante un poder arbitrario" [Aquí el ejemplo antiguo de las escuelas de primaria que se la pasaban colocando imagenes de oficios pero no de profesiones, porque imponían un conformismo. El poder arbitrario es el sistema educativo ]
a) La acción pedagógica impuesta es aquella que se corresponde con los intereses de las clases dominantes.
b) Los grupos dominantes para perpetuar su dominio, necesitan seleccionar aquellos contenidos que mejor expresan sus intereses, por lo que la arbitrariedad cultural es una necesidad sociológica de la perpetuación.
c) Cuanto más arbitraria sea la selección cultural llevada a cabo por las clases dominantes, más elevado debe ser el grado de arbitrariedad del poder. Poder arbitrario y arbitrariedad cultural son función el uno del otro.
d) La conjunción de estas arbitrariedades logra su cometido al producir tanto la reproducción cultural de una formación social determinada.
e) La doble arbitrariedad de la acción pedagógica oculta, de esta forma, una única arbitrariedad, que es la de la dominación.

3. La Autoridad pedagógica:
Encargado de reforzar e imponer el sistema determinado. Favoreciendo a los dominantes.

4. El trabajo pedagógico:
Se define tanto por el modo de inculcación como por el tiempo en que lleva a cabo esa inculcación, mide su efectividad por el grado en que logra producir la reproducción que le está encomendada, poniendo todo su esfuerzo en conseguir que el hábitus que a través de él se inculca sea duradero y finalmente transferible entre ellos.

5. El sistema de enseñanza:
Entidad institucional que impone, a través de la autoridad pedagógica, una acción pedagógica por medio del trabajo pedagógico. [Aquí la práctica y descubrimiento de la verdad tras el análisis]

PUBLICADO POR EDUCACIÓN UTÓPICA EN 21:09


Jean-Claude Chamboredon, especialista en sociología de la socialización y en sociología urbana, ha sido ‘directeur d’études’ en la École des hautes études en sciences sociales (EHESS).

domingo, 4 de junio de 2017

El Poder : Revisión: Foucault, Weber, Gramsci,

El Poder 



El término poder, como sinónimo de fuerza, capacidad, energía o dominio, puede referirse a:
La capacidad de hacer o ser algo;
La capacidad de ejercer un dominio hegemónico sobre uno y/o varios individuos;
La habilidad de influir sobre uno y/o varios individuos;
Indicar la autoridad suprema reconocida en una sociedad.

En política y sociología, el poder puede ser percibido ocasionalmente como hegemónico y autoritario, aunque el ejercicio del poder de una manera o de otra es aceptado en todas las sociedades humanas. 

Ha existido cierto debate sobre cómo definir exactamente poder, por lo que diversos autores han propuesto definiciones diferentes. Una definición clásica propuesta por Max Weber es la siguiente:

Por poder se entiende cada oportunidad o posibilidad existente en una relación social que permite a un individuo cumplir su propia voluntad.

Max Weber, Conceptos Básicos de Sociología.




Debate en torno a la noción de poder

Sin embargo, existen muchas discrepancias sobre cómo definir poder. Gran parte del debate sociológico reciente sobre el poder gira en torno al problema de su definición, y su naturaleza como constrictiva o como permisiva. Así, el poder puede ser visto como un conjunto de formas de constreñir la acción del ser humano, pero también como lo que permite que la acción sea posible, al menos en una cierta medida. Gran parte de este debate está relacionado con los trabajos de Michel Foucault, quien, siguiendo a Maquiavelo, ve al poder como "una compleja situación estratégica en una determinada sociedad". Siendo puramente estructural, su concepto involucra tanto las características de constricción como de facilitación. Para Max Weber la sociedad moderna está amenazada por el fenómeno creciente de la concentración del poder dentro de las organizaciones.

Es importante señalar que para Weber el concepto de poder está relacionado al concepto de dominación, es decir, ejercer una autoridad sobre un grupo social determinado y encontrar un grado de obediencia.

Un determinado mínimo de voluntad de obediencia, o sea de interés (externo o interno) en obedecer, es esencial en toda relación auténtica de autoridad.

Max Weber, Economía y Sociedad.

Su discípulo Robert Michels advirtió que en las organizaciones modernas, tanto privadas como estatales, se tiende a quedar bajo el control de reducidos, pero poderosos grupos políticos o financieros. Aunque los líderes son elegidos democráticamente, según Michels, con la mejor intención, por las dos partes, se observa una tendencia a integrarse en élites del poder que se preocupan básicamente por la defensa de sus propios intereses y posiciones a toda costa. En otras palabras podría decirse que en la actualidad corremos el peligro de que las élites del poder, nacidas en la sociedad a través de procedimientos legítimos, entren en un proceso mediante el cual el poder aumenta y se perpetua a sí mismo retro alimentándose y produciendo, por tanto, más poder.

Los diferentes significados del Poder están analizados por Eric Wolf. El autor propone cuatros distintas dimensiones del poder: personal, relacional, organizativa y estructural. La primera dimensión de poder, la personal, es interpretada como pura y simple capacidad del individuo, sin poner énfasis en las direcciones y formas que puede asumir el poder. La segunda dimensión la relacional, es la capacidad de un individuo de imponer su voluntad a otro o grupos de personas, sin enfrentar donde estas iteraciones se mueven. La tercera organizativa, es el control de un individuo sobre una unidad organizativa determinada, que a su vez influye otro individuo. Por último Wolf individua la forma estructural, el poder que organiza y dirige una unidad y las direcciones de energías.

La imposición no requiere necesariamente de la coacción (fuerza o amenaza de fuerza). Así, el "poder" en el sentido sociológico incluye tanto al poder físico como al poder político, al igual que muchos otros de los tipos de poder existentes.

Se podría definir el "poder" como la mayor o menor capacidad unilateral (real o percibida) o potencial de producir cambios significativos, habitualmente sobre las vidas de otras personas, a través de las acciones realizadas por uno mismo o por otros. 

Nótese que en castellano "poder", al igual que en francés, pouvoir, no solamente es un sustantivo, sino también el verbo "ser capaz de". En inglés, el nombre "poder" se traduce como power, que también significa "potencia", lo que indica una cierta capacidad virtual o potencial. En alemán, en cambio, la palabra para designar "poder" es Macht, cuya raíz etimológica es machen, que significa "hacer". De manera bastante interesante, la palabra del mandarín que significa poder también deriva de una forma verbal con el sentido "ser capaz de", neng (能). Nengli (能力), "poder", significa literalmente "la fuerza de ser capaz de".

Tipos y fuentes del poder

El poder puede ser detentado (ilegalmente) u obtenido (legalmente) gracias a:
La fuerza (violencia, coacción): "el origen de todo poder es la violencia". Según Max Weber, «el Estado es aquella comunidad humana que ejerce (con éxito) el monopolio de la violencia física legítima dentro de un determinado territorio»
La persuasión (directa, indirecta, subliminal; por persuasión moral, incluyendo a la religión).
Una autoridad delegada (por ejemplo, en un proceso democrático).
La influencia social o la tradición; la presunción de tenencia de unas determinadas habilidades o cualidades, sean éstas ciertas o no.
La pertenencia a una determinada clase social.
Un carisma personal o colectivo (estrategia que uso Hitler para obtener el poder en Alemania, y que resultó exitosa)
Una pericia o habilidad (un "saber-hacer"): por ejemplo, el poder del ingeniero que es capaz de diseñar una máquina.
El conocimiento (enseñándolo o no revelándolo, compartido o guardado en secreto). Una persona al tener conocimiento es capaz de engañar o persuadir a otras personas, para que crean que todo lo que él hace esta bien.

La comunicación.

El dinero: control a través de la propiedad de los medios de producción, poder financiero, etc.
En las relaciones personales: dominación/sumisión.
Teorías del poder
El pensamiento de Friedrich Nietzsche se encuentra en la base de la mayoría de los análisis del poder del siglo XX. Nietzsche difundió la idea de la "voluntad del poder", lo que el vio como la dominación de otros humanos, así como el control sobre el propio entorno del grupo o persona que ejerce el poder.
Algunas escuelas de psicología, de manera señalada las asociadas con Alfred Adler, colocan las dinámicas de poder como el núcleo central de su teoría (mientras que las escuelas freudianas ortodoxas colocarían, en cambio, la sexualidad).

La teoría de la elección racional

La teoría de juegos, con sus orígenes en la teoría de la elección racional, está siendo usada de manera creciente en varias disciplinas para ayudar al análisis de las relaciones de poder.

En la teoría de la elección racional, los individuos o grupos pueden ser modelados como 'actores' que eligen de un 'conjunto de elecciones' de posibles acciones, con la finalidad de intentar y conseguir los resultados deseados. La 'estructura incentiva' de un actor comprende sus creencias sobre los costes asociados con las diferentes acciones de cada elección, y las probabilidades de que cada acción lleve al resultado deseado.

En esta teoría se puede diferenciar entre:
Poder de resultado: la capacidad de un actor de conseguir o ayudar a conseguir resultados; y
Poder social: la capacidad de un actor de cambiar las estructuras incentivas de otros actores a fin de conseguir resultados.

El poder social, por su parte, se define como: la influencia potencial de algún agente de influencia O, sobre alguna persona P. La influencia se define como un cambio en la cognición, en la actitud, en la conducta o en la emoción de P que se puede atribuir a O. (Collins y Raven, 1969).

Este sistema puede ser usado para modelar una amplia variedad de interacciones sociales donde los actores tienen la capacidad de ejercer poder sobre otros. Por ejemplo, un actor 'poderoso' puede tomar opciones del conjunto de elecciones de otro actor; puede cambiar los costes relativos de las acciones; puede cambiar la probabilidad de que una acción dada lleve a un resultado dado; o podría simplemente cambiar las creencias del otro sobre su estructura incentiva.

Como en otros modelos de poder, esta teoría es neutral con respecto al uso de la coacción. Por ejemplo, una amenaza de violencia puede cambiar los costes y beneficios probables de diferentes acciones; así sucedería en un castigo económico de un contrato "voluntariamente acordado", o en una oferta amistosa.

Según el Marxismo
Siguiendo a la tradición marxista, Antonio Gramsci elaboró el papel de la hegemonía cultural en la ideología como un medio de reforzar el poder del capitalismo y del estado nación. Gramsci consideró el poder como algo ejercido de un modo directo y público, y el poder de la burguesía como su capacidad de mantener al proletariado en su situación socio-económica.

El poder en la obra de Antonio Gramsci

LA TEORÍA DEL ESTADO Y DEL PODER EN ANTONIO GRAMSCI: CLAVES PARA DESCIFRAR LA DICOTOMÍA DOMINACIÓN-LIBERACIÓN
Albert Noguera Fernández. :  Universidad de Extremadura

...la tesis que se defiende en este trabajo es que ante el proceso “esencialización” del concepto de cultura que, en nuestras sociedades, se ha producido con la mundialización (la cultura se ha convertido en una esencia fija o muerta, desconectada de los procesos económicos y socio-políticos, a la que, independientemente de su vida diaria, los ciudadanos se adaptan o amoldan determinados días al año para sentirse más mexicanos, españoles o japones -folklore-) y, en consecuencia, ante el proceso de desactivación del concepto de cultura como válido para entender (y actuar frente a) la globalización capitalista como un proceso de subordinación de las diversas culturas ante la cultura de la fracción social dominante (dominación), la recuperación del legado teórico y de la concepción ampliada de cultura de Antonio Gramsci se presenta, en la actualidad, como un factor imprescindible para los sujetos subalternos (individuos y pueblos) a la hora de construir los términos y estructuración de la liberación (comprensión-acción).
 La dominación es un fenómeno cultural y sólo comprendiendo el concepto de cultura en toda su amplitud, sus mecanismos de funcionamiento y su fenomenología, se puede llegar a entender los procesos de dominación.

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Al igual que Gramsci, Foucault alertó del carácter difuso de las redes de relaciones que afianzan la dominación, e insistió que el poder de la clase dominante no se apoya sólo, ni esencialmente, en el control de las estructuras públicas institucionalizadas (Estado), sino en su capacidad de regular los procesos de producción cultural. La tesis fundamental de Foucault es que no existe una instancia puntual de poder. El estatuto ontológico del poder no es el de un “ente-objeto” concentrado en las instituciones públicas y desde donde se controla todo, sino que el poder es una compleja red de relaciones que se expande transversalmente en la sociedad a través de todo el conjunto de organismos e instituciones sociales (micropoderes).

Si bien Foucault coincidía con Gramsci en que el poder se basa en la producción de subjetividad o cultura, la gran crítica que autores como Perry Anderson, Anthony Giddens, Alain Tourain o Jürgen Habermas, hicieron a la obra de Foucault, fue su excesiva “ontologización” del poder. El haber absolutizado tanto la capacidad abarcadora y el efecto homogeneizador del  poder que lo convertían en algo de lo que era imposible escapar (las estructuras sociales predeterminan la actividad y el pensar de los sujetos, al margen de su voluntad y sin que este pueda hacer nada. El sujeto como “idiota cultural”) y, por tanto, en su teoría no había espacio para la resistencia y la subversión.

Evidentemente crítica sin fundamento porque la situación que describe Foucault no es prescriptiva, y esta basada en posibilidades reales no en discusión de café que en la mayoría vienen desde la misma entraña del neo liberalismo.

(Véase FOUCAULT, MICHEL. Vigilar y castigar. Ed. Siglo XXI.

México. 1986; TOURAIN, A. Crítica a la modernidad. Ed. Temas de hoy. Madrid. 1993;
GIDDENS, A. Política y sociología en Max Weber. Ed. Alianza. Madrid. 1995).

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El poder en la tesis de Michell Foucault

Uno de los análisis modernos más amplios sobre la importancia del poder en la actividad humana proviene de los trabajos del filósofo francés Michel Foucault: «El poder se encuentra en todos los sitios... porque no proviene de ningún sitio.»



El análisis del poder efectuado por Foucault se fundamenta en su concepto de "tecnologías de poder"

La disciplina es un bagaje complejo de tecnologías de poder desarrolladas durante siglos, como Foucault afirmaría en Vigilar y castigar (1975). Para Foucault, el poder es ejercitado con una determinada intención. Pero en vez de analizar el problema del delicado asunto de quién tiene qué intenciones (honestamente), se centra en discernir cuál es la intersubjetividad aceptada sobre cómo ejercitar el poder. Para Foucault, el poder son acciones sobre otras acciones a fin de interferir con ellas. Foucault no recurre a la violencia, sino que afirma que el poder presume libertad en el sentido en que el poder no es forzar, sino formas de hacer que la gente se comporte por sí misma de modo distinto de cómo lo hubiesen hecho de otra manera. Un modo de realizar esto es mediante la amenaza con violencia. Pero tratar de convencer a alguien de lo contento que se sentirá si adquiere un determinado producto, es también una forma de ejercitar el poder, y en el marketing hay un gran conocimiento de cómo (intentar) efectuar este cambio de comportamiento.

Los trabajos de Foucault analizan la relación entre poder y conocimiento. El filósofo francés subraya las formas de poder disimulado: así, Foucault afirma que los sistemas de creencias ganan ímpetu (y por tanto poder) cuando un mayor número de gente acepta los puntos de vista asociados con el sistema de creencias como conocimiento general (hegemonía). Tales sistemas de creencias definen su autoridad, como los médicos (en el sistema de creencias de la medicina occidental) o los curas (en el sistema de creencias de la religión católica). Con tales sistemas de creencias, las ideas cristalizan como correctas o incorrectas, como normales o desviadas. En un determinado sistema de creencias, las ideas y las acciones se convierten en impensables. Estas ideas, consideradas como "verdades" irrefutables, definen una particular manera de ver el mundo, y se encuentra normalizado un particular modo de vida asociada con estas "verdades".

Esta sutil forma de poder carece de rigidez, y otros ensayos pueden contestarla. Así, al poder le falta alguna forma concreta, al ocurrir como un escenario de lucha. La resistencia, a través del desafío, define el poder y por lo tanto es sólo posible a través del poder. Sin resistencia, el poder está ausente, aunque según algunos autores recientes sería erróneo atribuir a Foucault un esquema de oposición poder-resistencia como se encuentra en otros teóricos fundacionalistas.

«Se necesita sin ninguna duda ser nominalista: el poder no es una institución, ni una estructura; tampoco es una cierta fuerza con la que estemos dotados; es el nombre que le damos a una situación estratégica compleja en una sociedad determinada.» (Foucault, 'Historia de la sexualidad')

«La dominación [no es] ese tipo de dominación sólida y global que una persona ejerce sobre otras, o un grupo sobre otro, sino las muchas formas de dominación que pueden ser ejercidas en el interior de una sociedad.» (Foucault, ídem).

Las tesis de Foucault sobre el poder, se desarrollan en tres lineas de pensamiento:
• El poder no es esencialmente represivo; puesto que incita, suscita, produce.
• Se ejerce más que se posee; dado que no posee una forma definida; «el poder no es algo que se adquiera, arranque o comparta, algo que se conserve o se deje escapar; el poder se ejerce a partir de innumerables puntos, y en el juego de relaciones móviles y no igualitarias»...
• Pasa por los dominados tanto como por los dominantes; ya que involucra a todas las fuerzas en relación.
(DELEUZE, Guilles. (1987) Foucault. Ediciones Paidos. Barcelona España)

Consultar en mi blog

Les strategies du pouvoir selon Michel Foucault

El sujeto y el poder


Las cinco bases del poder

Las cinco bases del poder fueron propuestas por los psicólogos sociales John French y Bertram Raven, en un estudio de 1959. Desarrollaron un esquema de cinco categorías de poder que reflejarían las diferentes bases o recursos sobre las que se apoyan los que ejercitan el poder.

Poder legítimo: el poder legitimado se refiere al poder de un individuo o grupo gracias a la posición relativa y obligaciones del jefe dentro de una organización o sociedad. El poder legitimado confiere a quien lo ejerce una autoridad formal delegada.

Poder de referencia: el poder de referencia se refiere a la capacidad de ciertos individuos para persuadir o influir a otros. Está basado en el carisma y las habilidades interpersonales del que ostenta el poder. Aquí la persona sometida al poder toma como modelo al portador de poder y trata de actuar como él.

Poder experto: el poder experto es el que deriva de las habilidades o pericia de algunas personas y de las necesidades que la organización o la sociedad tienen de estas habilidades. Al contrario de las otras categorías, este tipo de poder es usualmente muy específico y limitado al área particular en la cual el experto está cualificado.

Poder de recompensa: el poder de recompensa depende de la capacidad del líder de otorgar recompensas materiales; se refiere a cómo el individuo puede dar a otros como recompensa algún tipo de beneficios, como: tiempo libre, regalos, promociones, incrementos de sueldo o de responsabilidad.

Poder de coacción: el poder de coacción se basa en la capacidad para imponer castigos por parte de quien lo ostenta. Puede asimilarse a la capacidad de eliminar o no dar recompensas y tiene su fuente en el deseo de quien se somete a él de obtener recompensas con valor, pero bajo la forma negativa del temor a perderlas. Ese miedo es lo que, en último término, asegura la efectividad de ese tipo de poder. 
El poder de coacción, no obstante, tiende a ser la menos efectiva de todas las formas de poder, al generar resentimiento y resistencia.

Consultar: Niklas Luhmann: El Poder


La Sociología del Poder

Sociología del Poder busca comprender mejor la realidad social , lo que se puede ver claramente por ejemplo en la hegemonía del neoliberalismo.

A lo largo de la historia, la mayoría de las sociedades ha generado modelos de organización jerarquizados en sus relaciones políticas, sociales y económicas. De este modo, para analizar la estructura del poder de una sociedad es necesario identificar la tipología de los actores y su relevancia, las dinámicas que rigen las relaciones entre estos, los recursos de poder de que disponen, así como su respectivo peso en la sociedad.

Respecto a los actores, la creación de jerarquías conlleva inevitablemente la división de los miembros de la sociedad entre gobernantes y gobernados o entre élites y población. La segunda se encuentra en la base de la pirámide social y generalmente está sometida a las decisiones de las élites, excepto en momentos puntuales en los que se convierte en actor.

 La relación que se establece entre las élites es de competición circular, sin fin, pues sus aspiraciones son siempre relativas, al medirse constantemente con la posición del resto de actores. El interés de las élites es entonces lo que definimos como «acumulación diferencial de poder», es decir acumular más poder que sus competidoras. Esta competición por la acumulación de poder se produce en todos los ámbitos de la sociedad. Además, la formación de élites implica inevitablemente competencia por el control de recursos de poder, ya sean estos políticos, económicos, informativos, coactivos, ideológicos, o de cualquier otro tipo. 

Por otra parte, las «relaciones de poder lineales» son las relaciones que establece la población cuando es capaz de identificar de forma consciente sus necesidades y se moviliza para alcanzarlas. .

Por consiguiente, el análisis de los sistemas sociales nos obliga a identificar cuándo una relación de poder es lineal o circular. Es necesario identificar cuándo los actores tienen objetivos e intereses concretos en términos de mejora de su condición de vida, y cuándo los actores tienen como objetivo prioritario la acumulación diferencial. De este modo descubrimos cómo en el análisis de las sociedades, si bien son las relaciones lineales las que dibujan el progreso y las transformaciones, son las relaciones circulares las que predominan, dirigidas por unas élites que se aferran a su posición de poder, contribuyendo así a largos períodos de continuidad y estancamiento en la historia.

Otro elemento fundamental a considerar son los recursos de los que disponen los actores y su relevancia en el seno de la sociedad. ". (Izquierdo, F. y Lampridi-Kemou, A. (2009))

Bibliografía
Aldrich, Robert and Wotherspoon, Gary (Eds.) (2001). Who's Who in Contemporary Gay & Lesbian History: From World War II to the Present Day. New York: Routledge. ISBN 0-415-22974-X.
Clastres, Pierre, La société contre l'Etat, 1974
Collins, B. y Raven, B., “Group structure: attraction, coalitions, communication and power”, The Handbook of Social Psychology, Volumen 4, 1969, pp. 156-183..
Dowding, Keith (1996). Power. University of Minnesota Press.
French, J.R.P., & Raven, B. (1959). 'The bases of social power,' in D. Cartwright (ed.) Studies in Social Power. Ann Arbor, MI: University of Michigan Press.
Izquierdo Brichs, Ferran (2008), Poder y Felicidad, una propuesta de sociología del poder, Madrid: La Catarata.

Weber, Max (ed.) 1964 (1922), Economía y Sociedad, México: FCE.
Wolf, E. (ed.) 2001 (1989), Facing power. Old insights, new questions. En Pathways of power, University of California Press.

Enlaces externos
 Wikiquote alberga frases célebres de o sobre Poder (sociología).
The Naked Power: Understanding Nonverbal Communications of Power (en inglés)
Monografía sobre el poder
M. Foucault, aproximación a las claves de su pensamiento
Luhmann, Poder social y poder político
El erotismo del poder
Sociología del Poder
Encuesta Cinco Bases de Poder

Foucault: El Poder

Jorge Ignacio Ibarra F.

Foucault tratará principalmente el tema del poder, rompiendo con las concepciones clásicas de este término. Para él, el poder no puede ser localizado en una institución o en el Estado; por lo tanto, la "toma de poder" planteada por el marxismo no sería posible. El poder no es considerado como un objeto que el individuo cede al soberano (concepción contractual jurídico-política), sino que es una relación de fuerzas, una situación estratégica en una sociedad en un momento determinado. Por lo tanto, el poder, al ser resultado de relaciones de poder, está en todas partes. El sujeto está atravesado por relaciones de poder, no puede ser considerado independientemente de ellas. El poder, para Foucault, no sólo reprime, sino que también produce: produce efectos de verdad, produce saber, en el sentido de conocimiento.

Michel Foucault destaca el levantamiento de un biopoder que impregna el pretérito derecho de vida y muerte que el soberano se arrogaba y que intenta convertir la vida en objeto utilizable por parte del poder. En este sentido, la vida sistematizada, esto es, convertida en sistema de análisis por y para el poder, debe ser protegida, transformada y esparcida. 

Foucault distingue dos técnicas de biopoder que surgen en los siglos XVII y XVIII; la primera de ella es la técnica disciplinaria o anatomía política, que se caracteriza por ser una tecnología individualizante del poder, basada en el escrutar en los individuos, sus comportamientos y su cuerpo con el fin de anatomizarlos, es decir, producir cuerpos dóciles y fragmentados. Está basada en la disciplina como instrumento de control del cuerpo social, penetrando en él hasta llegar hasta sus átomos: los individuos particulares. Vigilancia, control, intensificación del rendimiento, multiplicación de capacidades, emplazamiento, utilidad, etc. Todas estas categorías aplicadas al individuo concreto constituyen una disciplina anatomopolítica.

El segundo grupo de técnicas de poder es la biopolítica, que tiene como objeto a poblaciones humanas, grupos de seres vivos regidos por procesos y leyes biológicas. Esta entidad biológica posee tasas conmensurables de natalidad, mortalidad, morbilidad, movilidad en los territorios, etc., que pueden usarse para controlarla en la dirección que se desee. De este modo, según la perspectiva foucaultiana, el poder se torna materialista y menos jurídico, ya que ahora debe tratar respectivamente, a través de las técnicas señaladas, con el cuerpo y la vida, con el individuo y la especie.

Para el autor, el desarrollo del biopoder y sus técnicas constituyen una verdadera revolución en la historia de la especie humana, ya que la vida está completamente invadida y gestionada por el poder. Los efectos del biopoder hicieron que las sociedades se volvieran normalizadoras, usando como pretexto la ley, y las resistencias a dicho poder entraron al campo de batalla que éste delimitó previamente, ya que se centraron justamente en el derecho a la vida, al cuerpo, desplazando a otros objetos de luchas. 

El objetivo general de este estudio es develar la concepción del poder en Foucault. La cuestión del poder representa lo que podríamos llamar la etapa media y tardía de Foucault, la cual comienza a hacerse patente alrededor de la década de los sesenta y se extiende hasta su muerte. Es decir, nos referimos al periodo histórico y político que va desde la posguerra mundial, hasta finales de la guerra fría.

Otro de los objetivos de este estudio será contextualizar mi propia inquietud por el tema del poder en general, debido a dos acontecimientos importantes que, en el fondo, me llevaron a definir la temática general del estudio. Dichos sucesos son la caída de las torres gemelas el 11 de Septiembre del año 2001 y la ulterior invasión de Irak por parte de EE.UU el 20 de Marzo del año 2003 . Como se puede advertir, el tema de la guerra es uno de los detonantes de este estudio. Sin embargo, relaciones de lucha, enfrentamiento, dominio, y estrategia en amplios ámbitos del quehacer de la sociedad en general, también forman parte fundamental de mi inquietud por la temática de las relaciones de poder.

Además, quise contribuir en el análisis de una realidad que, de tanto en tanto, castiga con toda su crueldad a la humanidad y que a su vez, es solo la manifestación extrema de relaciones de poder que atraviesan todo el cuerpo social. Este paroxismo del poder es la guerra, invasión, matanza, la conquista, etc., todos los cuales están muy lejos de ser superados por la humanidad y su supuesto desarrollo.

Creo que la importancia de esta exposición no es menor, baste con decir que en la mayoría de los diccionarios de filosofía consultados, al buscar la palabra poder, no se encontraban más que alusiones al concepto de potencia aristotélica. Lo cual, es solo uno de los sentidos que tiene la palabra poder.

Sin embargo, explicaciones acerca del poder entendido como relación, dominio, enfrentamiento, etc., no se ha hablado suficientemente, y es Foucault, precisamente, uno de los pensadores que más ha tratado el tema. Debido a esto trabajé en base a sus estudios. Empero, si se quiere buscar los antecedentes histórico-filosóficos de esta temática, esta se encuentra sin duda, al igual que como lo hizo Foucault, en Nietzsche. 

Desde luego que en Nietzsche, fueron tratadas parcialmente, sin un rigor específico, pero con una lucidez envidiable. Desde Nietzsche, se puede decir que casi todas las actividades del hombre obedecen a la voluntad de poder. En otras palabras, fuera de lo meramente metafísico, Foucault dirá que se debe analizar los mecanismos, estrategias y formas fácticas en que se desarrolla, opera y funciona el poder.

Ahora bien, la siguiente cita de Foucault permite señalar otro de los motivos de este estudio y que se refiere a la posibilidad de elaborar una teoría general del poder:

“Ahora bien, descubrí que, en tanto la historia y la teoría económicas constituían un buen instrumento para el estudio de las relaciones de producción, y la lingüística y la semiótica ofrecían elementos para el estudio de las relaciones de significación, para el estudio de las relaciones de poder no poseíamos en cambio ninguna herramienta. 

Teníamos que recurrir exclusivamente a sistemas de pensamiento sobre el poder basados en modelos legales, o sea: ¿qué legitima el poder? O bien a sistemas de pensamiento sobre el poder basados en los modelos institucionales, o sea: ¿qué es el Estado?” 

No se pretende en este trabajo la elaboración de la teoría general del poder debido a la magnitud de tal labor; sin embargo se intenta dejar acá establecidos los elementos básicos para que, en otro momento y con mayores fundamentos teóricos, se pueda abordar esta empresa.

Publicado en: http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=1218


lunes, 29 de mayo de 2017

Sobre la Justicia: A raíz de unas denuncias

Sobre la Justicia

Cuando se acusa hay que tener indicios, evidencias, pruebas, de otro modo se estaría violando los derechos del acusado. Esto es lo que se ve en la acusación que hoy día los medios de comunicación al unísono levantan sin respetar honras y violando derechos cumpliendo el papel de comparsas del poder de turno.
Se acusa a quién ha investigado y denunciado a la actual administración por un contrato que no es válido y que es ilegal. No bien se ha hecho esta denuncia, inmediatamente se acusa al acusador, en vendetta por haber denunciado este contrato.
Quién sale al frente para denunciar al acusador es un sujeto sin moral, cuyos antecedentes lo inhabilitan como hombre probo, sin embargo, contrario a todo sentido este sujeto sale a la palestra acusando a quién ha cumplido con su deber.
Aunque es pura propaganda política, de inmediato los medios se encargan de levantar los ánimos de la población soliviantándola interesadamente, tomando partido en contra del aparente acusado, dando por sentado que ya es un acusado definitivo.
Aquí ésta prensa venal ya tomo partido, acusa y juzga y crea una corriente de opinión ya interesada. Esto hace que ya haya perdido cara y no se la considere como respetable. Forma parte del circo mediático que le sirve de comparsa a la actual administración.
En este escenario político, con prensa venal comprada y aupados por sujetos de moral cuestionada es que se está desarrollando el circo político local de esta semana.
Oponemos a este apabullante frente mediático las consideraciones de la jurisprudencia
Uno de los tópicos más complejos dentro de la teoría de la prueba en el proceso penal es sin duda lo referido a la prueba indiciaria. La prueba indiciaria se construye sobre la base de una inferencia lógica, donde determinados hechos indirectos que se dan por probados se enlazan a una conclusión unívoca y necesaria que acredita algún aspecto del objeto material del proceso penal en ciernes.
Así, aunque es considerada una prueba indirecta de los hechos centrales a probarse en un proceso penal, no por eso carece de fuerza probatoria capaz de sustentar una sentencia condenatoria y es, en ese sentido, una herramienta importante para el juzgador cuando los hechos juzgados no pueden ser probados por elementos de prueba directos o por pruebas sustentadas en los conocimientos técnicos o científicos.
Ello, dentro del esquema de los principios de libre valoración probatoria y la sana crítica que informan el sistema de pruebas de nuestro proceso penal, que otorgan al juzgador un amplio margen para la construcción de una teoría que explique la existencia del delito y la participación del imputado en el mismo.
Sin embargo, como se sabe este amplio margen de apreciación de la prueba no puede ser arbitrario, ya que, la Constitución Política impone al juez la obligación de explicar el razonamiento lógico – fáctico – jurídico en el que sustenta su decisión final condenando o absolviendo al imputado, respetando en todo momento el derecho a presunción de inocencia y el derecho a la contraprueba que le asiste al imputado.
En tal virtud, el establecimiento de la responsabilidad penal del imputado a través de una prueba indiciaria repercute en tres ámbitos de los derechos fundamentales de la persona sometida a un proceso penal, el derecho a la presunción de inocencia, el derecho al control y a la producción de la prueba, y a la motivación de las resoluciones judiciales.
Esos límites a la libertad probatoria del juzgador y la importancia de la prueba indiciaria han llevado a la Corte Suprema a establecer los presupuestos materiales de la prueba indiciaria necesarios para enervar la presunción de inocencia, constituye jurisprudencia vinculante.
Teniendo en cuenta aquella sentencia y la importancia de los derechos fundamentales del imputado en la construcción de la prueba idónea para sustentar una sentencia condenatoria, el objetivo de esta investigación es establecer los criterios válidos para la construcción de la prueba indiciaria respetando los derechos fundamentales del imputado.
Bajo ese objetivo, se debe tener en consideración primero la teoría de la prueba indiciaria y segundo tener en consideración la relación de la prueba indiciaria y sus presupuestos materiales con los derechos del imputado a la presunción de inocencia, al derecho a probar (generar pruebas de descargo) y el derecho a la motivación de las resoluciones judiciales, que en el caso de la prueba indiciaria se acentúa.
Evidentemente esto debería ser el correlato de estos manotazos de ahogado, pero además estos hechos ilustran el pobre nivel de moral de los medios que son comparsa y el nivel provinciano de algunos actores en la política local.
Como colofón se debe recalcar que en esta crónica no se busca la verdad sino descalificar al denunciado. A nadie le interesa qué podría haber hecho de bueno el acusado, el punto es descalificarlo. 
/PCAV 





lunes, 15 de mayo de 2017

No hay peor fascista que un burgués asustado*

Aquí en el Perú, con las diferencia debidas, es evidente la actitud de aprendices populistas de los administradores de turno. A pesar de las máscaras, los eventos recientes los descubren y los ponen en evidencia, como aprendices fallidos. Baste ver el comportamiento vergonzoso frente a la clemencia que no tienen para con nadie, disfrazándola de cuanto argumento reaccionario y leguleyo encuentran. El miedo de la burguesía es vergonzante, sólo por cálculo político.



Me parece pertinente esta cita de Bertold Brecht sobre el tema:

No hay peor fascista que un burgués asustado*

La inseguridad es un oscuro territorio sin límites definidos y continuamente amplificada por los medios masivos de comunicación, que gustan encabezar sus titulares con el rojo más sanguinario. La mayor parte de la población sólo se informa a través de ellos, sin tener en cuenta que los medios gestionan el protagonismo de las noticias al ritmo de las contiendas políticas o de los intereses económicos de los grupos de turno.

Es así como la necesidad de ejercer un mayor control social se refleja en el espectro mediático corporizándose en la proyección de imágenes y hechos que profundizan el terror social. Un terror que podemos calificar de incierto y que en cada período histórico ha encontrado distintos chivos expiatorios. Hoy, los discursos que señalan a los supuestos responsables de “la inseguridad”, lo hacen desde una prédica racista, clasista y discriminatoria igualando pobreza con delincuencia.

No hay peor fascista que un burgués asustado*

El protagonismo de la clase media en el sostenimiento y propagación de este discurso es innegable. Este sector social, cuya definición no estaría acotada sólo a categorías económicas sino que también se enraíza a toda una forma de ser, pensar, sentir respecto al mundo y a los demás; ha presionado para que se efectúen cambios en el régimen judicial, decretando que solo con cárcel, mano dura y represión se podrá acabar con “la inseguridad”. Este discurso, que ha probado ser marcadamente ineficaz en la lucha contra el delito, opera eficazmente para justificar el gatillo fácil, la coacción por portación de cara o color de piel, y la persecución a los sectores ya de por si castigados por la falta de trabajo, vivienda, educación o salud.

La clase media está asustada, le aterra pensar que podría perder los objetos que con tanto esfuerzo consiguió y, con ello, el status que le brindan. Es esta “seguridad de los objetos” la que le otorga una identidad definible y destacable por encima de otros. Por eso la pobreza es la cristalización de su amenaza mas próxima, no sólo por encarnar la posible pérdida de bienes sino también de lugares sociales.

El medio pelo desprecia la “chusma” y el mercado la responsabiliza de su situación, adjudicándole un fracaso que en realidad proviene de las inequidades desatadas por el neoliberalismo . Para todos, la clave del éxito consiste en alcanzar los ideales de éxito, belleza y felicidad que ofrece el mercado a través de la publicidad. De esta manera el hedonismo más básico no se basa en la diferenciación (aunque predique lo contrario) sino en la masificación de una subjetividad tilinga y consumista que en su derrotero se cree única.

* La cita corresponde a Bertold Brecht

lunes, 8 de mayo de 2017

El genocidio de indígenas en el sur de Chile

Comparto esta publicación sobre el caso del genocidio perpetrado por el país del sur como información que debe analizarse en el contexto de la Geopolítica de ese país. Esta es su razón de ser en donde su objetivo siempre es el norte

No debemos olvidar nunca que La guerra de exterminio contra el Perú fue también la guerra de exterminio contra los araucanos y todos los grupos originarios. Los "cholos" peruanos eran para los "alemanes" e "ingleses" de la derecha reaccionaria chilena, más o menos lo mismo.

El genocidio de indígenas en el sur de Chile 

Según el libro, el exterminio de los selk'nam fue ordenado por el mayor latifundista de Magallanes

Cultura - El Mostrador 
El genocidio de indígenas en el sur de Chile que la historia oficial intentó ocultar

por
 HÉCTOR COSSIO Y TATIANA OLIVEROS 13 agosto, 2014

El genocidio de indígenas en el sur de Chile que la historia oficial intentó ocultar

Después de varios años de investigación en La Patagonia chilena y argentina, el historiador español José Luis Alonso Marchante publicó el libro "Menéndez. Rey de la Patagonia", el texto definitivo –según expertos en el tema– sobre la verdad de la extinción de los selk'nam en la Tierra del Fuego, que en rigor se trató de un exterminio ordenado por José Menéndez, el gran latifundista del sur de Chile, sobre cuya familia existen sendos museos en Punta Arenas, y a quien se le atribuye el desarrollo económico de la región.



 El año pasado el historiador español José Luis Alonso Marchante encontró en la Biblioteca Nacional de España el texto original de Treinta años en Tierra del Fuego, del misionero salesiano, gran naturalista y expedicionario Alberto de Agostini. Con este libro en sus manos, el historiador comprobó que en las actuales reediciones del texto, incluida la realizada el 2013, faltaban párrafos y no cualquiera. En los textos censurados, el misionero era implacable: la extinción del pueblo selk'nam en la Patagonia chilena y argentina no fue obra de su "ignorante glotonería", "guerra entre tribus" o producto de su "miserable contextura física", como dictó durante muchos años la historia oficial, sino que producto del exterminio y la cacería, ordenada por un solo hombre: José Menéndez, el gran latifundista del extremo sur de Chile.

"Exploradores, estancieros y soldados no tuvieron escrúpulos en descargar sus mauser contra los infelices indios, como si se tratase de fieras o piezas de caza", reza uno de los párrafos censurados (De Agostini, 1929: 244).

Alberto de Agostini


Alberto de Agostini junto un selk'nam. Foto: Gentileza Editorial Catalonia

Este hallazgo junto a otros importantes testimonios se encuentran contenidos en el libro Menéndez. Rey de la Patagonia (Editorial Catalonia), recientemente lanzado en Chile y que, según historiadores expertos en La Patagonia, como Osvaldo Bayer, vendría siendo "el libro definitivo sobre la verdad ocurrida en el sur chileno y argentino".

Libro



"Hubo dos cosas que me impactaron en la investigación: el genocidio de todo un pueblo (los selk'nam) en pleno Siglo XX y la trágica suerte de los obreros (también masacrados) que trabajan en esas estancias", dice Alonso Marchante, casi al comienzo de la conversación con Cultura + Ciudad, en la que explica sin eufemismos la naturaleza de la responsabilidad criminal de quien fuera también el abuelo de Enrique Campos Menéndez, el escritor favorito de Pinochet y redactor de los bandos militares del Golpe.

La censura
La censura en el texto de De Agostini, explica Alonso Marchante, fue más bien una autocensura que el religioso aplicó a sus libros luego que la Congregación fuera presionada por el poder de Menéndez para cambiar la historia y exculpar de la masacre al más grande latifundista del sur de Chile, quien acumulara una de las más grandes fortunas de América Latina con el comercio lanero.

"Los primeros salesianos no negaban las matanzas, los primeros, como Faganno y De Agostini, fueron gente que estuvieron en el terreno, que levantaron las misiones de la nada, y en sus diarios publicaban cómo se estaban exterminando a los indígenas. Ocurre que después hubo un cambio en la historiografía de los salesianos. Los que vienen después ya están sometidos al poder económico de los Menéndez, entonces ahí se reescribe la historia de la colonización, y ahí sostienen que los indios simplemente desaparecen sin que mediaran los estancieros", explica Alonso.selkman

La motivación por investigar el papel de Menéndez y de sus descendientes en Chile nació casi por casualidad. Un día –cuenta– paseando por el Museo Asturiano en Buenos Aires, encontró un busto de José Ménendez. Nunca había escuchado una palabra de él, pese a que el historiador también es asturiano. En su región natal, Alonso no encontró calle que llevara su nombre, pero sí una escuela –fundada a comienzos del siglo pasado–, que era la forma que tenían los "indianos" (como se conoce a los colonos europeos que viajaron a América) de retribuir a su patria la fortuna alcanzada en sus aventuras.

"Se construyeron más de 350 escuelas en Asturias, en las primeras décadas del siglo XX, y entre ellas está la de José Menéndez en Miranda y que lleva su nombre",  cuenta Alonso, remarcando así el punto de partida de una historia marcada por la fortuna, la crueldad y la mentira.

El imperio Menéndez
En la Región de Magallanes, específicamente en Punta Arenas, las mansiones de la familia Menéndez se conservan en forma de museos, dando cuenta –a través de su fastuosidad– de la época dorada de la región magallánica.

En el libro se explica que Menéndez, tras una breve estancia en Cuba, llega a nuestro país en 1868. Al poco tiempo recibe miles de hectáreas como beneficio del gobierno chileno por la colonización en el sur. La idea era traer el desarrollo económico a la zona y establecer reservas indígenas. En esos años Mauricio Braun, otro inmigrante, también había recibido miles de hectáreas, lo mismo que 

Julius Popper en Argentina.
Alonso Marchante cuenta que, como parte de una gran inversión, las familias Menéndez y Braun se unen a través del matrimonio de sus hijos, y las tierras de Popper, tras una extraña muerte por presunto envenenamiento, son cedidas a Menéndez, convirtiéndose este último en el dueño y señor de toda la Patagonia chilena y argentina a través de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego.
lana.



Esquiladores en la estancia "San Gregorio". Foto: Gentileza Editorial Catalonia

El imperio económico, que llegó a sumar bancos y navieras, tuvo su origen el comercio de lana de oveja, que vendían a Inglaterra a cambio de libras esterlinas. En la inserción de la ovejas  en la zona y consecuente desplazamiento del guanaco, animal que poblaba esas zonas, se encuentra –según el libro– el origen de una de las matanzas más grandes de indígenas y que contó con todo el poder editorial de esos años para tapar el genocidio.



El exterminio de los selk'nam
"A medida que comenzó a avanzar la frontera ovina, porque toda la riqueza de las dinastías económicas se sustentaba en el ganado de lana", cuenta el historiador, "comenzaron a requerirse cada vez más tierras para terminar instalándose en el territorio selk'nam".

Al instalarse en la zona, se divide el terreno mediante alambradas, y el guanaco –principal sustento alimenticio y de abrigo de los onas– se ve arrinconado hacia tierras más altas.

"Una vez que el guanaco desaparece los Selk'nam empiezan a pasar hambre. Cuando se dan cuenta de la aparición de las ovejas empiezan a alimentarse de este animal y lo entienden como algo absolutamente natural, no saben muy bien cómo han aparecido esas ovejas ahí, ni conocían el concepto de propiedad", explica el historiador.



Grupo de "cazadores de indios" de una de las estancias de Tierra del Fuego (instituto Patagonia)
Grupo de "cazadores de indios" de una de las estancias de Tierra del Fuego (Instituto Patagonia). Foto: Gentileza Editorial Catalonia

"Cuando los Selk'nam empiezan a atacar a las ovejas, José Menéndez da la orden de acabar con ellos. Lo hacen primero disparándoles directamente para exterminarlos, y con las mujeres y niños se produce una cacería. Los van cazando para después ofrecerlos en plazas públicas", cuenta Alonso, quien precisa que todo esto es muy posterior a la exhibición de indígenas como piezas de circo, en lo que se llamó "zoológicos humanos".

La familia Menéndez, especialmente José Menéndez –remarca el historiador–, fueron los instigadores de la matanza. "José Menéndez puso como capataz y como administrador de su estancia a un escocés de nombre Alexander Mc Lennan (El chancho colorado), quien fue el mayor matador de indígenas y reconocido por él mismo. Él recibía órdenes directas de José Menéndez, era su empleado".
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En el libro se sostiene que por cada indígena muerto, Menéndez pagaba una libra esterlina, de modo que en la fortuna que alcanzó a tener este escocés podría incluso calcularse la cantidad de indígenas asesinados y que, de acuerdo a las versiones de otros historiadores, podría estimarse en varios cientos, si no miles.

"Cuando se retiró Mc Lennan, José Menéndez le regaló un carísimo reloj en agradecimiento por todos esos servicios", relata.

La historia oficial
"Logré contactarme con un bisnieto de Alexander Mc Lennan, quien me decía que no se puede decir que esté bien matar indios, pero que, gracias a lo que hizo su abuelo y José Menéndez, hoy no hay indígenas en la Tierra del Fuego, así que no hay problemas. Y eso me lo dicen en pleno 2014", recuerda con asombro el historiador.

Durante muchos años, la historia oficial que se contó tuvo como propósito ocultar los crímenes, que fueron incluso celebrados como deporte.


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Selk´nam en la misión San Rafael. Foto: Gentileza Editorial Catalonia

En 1971, el historiador y descendiente del clan, Armando Braun Menéndez, portavoz de los estancieros, señala que como causa de muerte de los indígenas estaban sus hábitos alimenticios. "Era frecuente observar al lado de los restos de una ballena, los cadáveres de los indígenas que, llegados tarde al festín, habían sido víctimas de su ignorante glotonería" (Braun 1971: 135). Insiste a tal punto en el tema que escribe que "era tan miserable su contextura física que no pudieron soportar ni su propio clima".

Esta absurda conjetura –explica Alonso en su libro– chocó con la respuesta contundente del etnólogo suizo Jean-Christian Spahni, quien señala: "Mis investigaciones alrededor de los habitantes me han demostrado que los genocidios habían existido realmente y que fueron causados justamente por los propietarios de las estancias a los que Armando Braun intenta defender".



Enrique Campos Menéndez
Enrique Campos Menéndez

Otro de los herederos de los hacendados, el escritor favorito de Pinochet, Enrique Campos Menéndez, llega incluso a exponer sus dudas sobre un posible canibalismo de los Selk'nam, cuestión que, al momento de sus dichos, ya nadie se atrevía siquiera a mencionar.

La historia oficial de negación del genocidio intenta a tal punto instalarse, que otro de los herederos, Eduardo Braun Menéndez, llega a obligar –se narra en el libro– "al científico Alexander Lipschutz (Premio Nacional de Ciencias 1969) a la eliminación de cualquier referencia a la caza de indígenas, como paso previo para publicar sus ensayos en la revista Ciencia e investigación, que dirigía el nieto de José Menéndez".

La Patagonia trágica
Además del exterminio de los onas, el libro de Alonso toca otro de los temas sensibles en La Patagonia, y que tiene que ver con las matanzas de más de 1.400 obreros chilenos en 1921.
Estos crímenes fueron recogidos en un libro llamado La Patagonia Trágica, publicado en Argentina en 1928 por José María Borrero. En este libro, escrito sin rigurosidad científica, había una denuncia en cada página y al poco tiempo se convirtió en un mito al desaparecer de las librerías. Un segundo texto, presuntamente llamado Orgías de sangre y que, según el mito, narraba los asesinatos de 1921, se convirtió en leyenda tras asegurarse que el manuscrito había sido robado y quemado.
Jornaleros chilenos tomados presos por el Ejército argentino en las huelgas de 1921
Jornaleros chilenos tomados presos por el Ejército argentino en las huelgas de 1921. Foto: Gentileza Editorial Catalonia

Parte de esa historia fue recogida con seriedad científica por Osvaldo Bayer, quien publicó La Patagonia rebelde, en 1972, un libro testimonial de no ficción que trataba sobre la lucha protagonizada por los trabajadores  anarcosindicalistas en rebelión de la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia argentina, entre 1920 y 1921. Esta historia comenzó como una huelga contra la explotación de los obreros por parte de sus patrones, luego reprimida por el Ejército al mando del teniente Héctor Benigno Varela, enviado por el entonces presidente Hipólito Yrigoyen.

"Se fusilaron a centenares de peones de las estancias, la mayoría de ellos chilenos, pero también asturianos, argentinos, alemanes, italianos. Esas son las dos grandes tragedias de esta historia, creo que esta historia no la podemos ver con una sonrisa porque es una historia trágica, porque desaparecen de manera brutal los pueblos que habitaron por milenios esas tierras y además hay una represión salvaje sobre los peones que trabajaron en las estancias", sostiene Alonso Marchante, de cuyo libro el propio Bayer reconoce que "después de este acopio de pruebas nadie podrá señalar que las versiones críticas que surgieron a medida que se producían los hechos eran exageradas o de pura imaginación".



–¿Como historiador crees que hay responsabilidad del Estado chileno en estas masacres? 

–Los peones fueron fusilados por el Ejército argentino, pero la mayoría eran chilenos, y las autoridades chilenas no solamente no levantaron la voz sino que colaboraron con las autoridades argentinas en el silencio. Esto lo demostró Osvaldo Bayer hace ya mucho tiempo, cuando descubrió cómo los propios carabineros chilenos llevaban a los peones a Argentina, en donde el Ejército de ese país los fusiló. Es verdad que estos hechos ocurrieron hace casi un siglo, pero los Estados deben hacer un reconocimiento. En Argentina, en la zona en que ocurrieron los fusilamientos, en cada cuartel en donde hubo un centro de detención hay unas placas que identifican que en ese lugar y en ese cuartel se mató gente. Yo no se qué homenajes han hecho las autoridades chilenas a esos peones.

http://www.elmostrador.cl/cultura/2014/08/13/el-genocidio-de-indigenas-en-el-sur-de-chile-que-la-historia-oficial-intento-ocultar/