viernes, 10 de agosto de 2018

República de Kazajistán: Geopolítica

República de Kazajistán



Kazajistán(ocasionalmente escrito como Kazajstán o Kazakstán), oficialmente República de Kazajstán (en kazajo: Қазақстан; en ruso: Казахстан; en alemán: Kasachstan), es un país transcontinental, con la mayor parte de su territorio situado en Asia Central y una menor (al oeste del río Ural) en Europa.

 Con una superficie de 2 724 900 km²,es el noveno país más grande del mundo, así como el estado sin litoral marítimo más extenso del mundo. Kazajistán es uno de los seis Estados túrquicos independientes, junto a Turquía, Azerbaiyán, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán; comparte fronteras con los tres últimos y con Rusia y China, a la vez que posee costas en el mar Caspio y el mar de Aral.

 La capital fue trasladada en 1997 de Almatý, la ciudad más poblada de Kazajistán, a Astaná. Kazajistán pertenece a la región natural denominada Asia Central, formada además, junto con Tayikistán, por tres de los países ya citados, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán.

Vasto en tamaño, el territorio de Kazajistán abarca llanuras, estepas, taigas, cañones, colinas, deltas, montañas nevadas y desiertos. Con 18,3 millones de habitantes (estimado para 2015) ,Kazajistán se ubica en el puesto número 61 por población en el mundo, adicionalmente cuenta con una baja densidad poblacional, siendo apenas mayor a 7 habitantes por kilómetro cuadrado.

Durante la mayor parte de su historia, el territorio del actual Kazajistán ha sido habitado por nómadas. Hacia el siglo XVI los kazajos emergieron como un grupo diferenciado, dividido en tres hordas. Los rusos comenzaron a avanzar en la estepa kazaja en el siglo XVIII, y a mediados del siglo XIX todo Kazajistán era parte del Imperio ruso. Tras la Revolución rusa de 1917 y a la subsecuente guerra civil, el territorio de Kazajistán se reorganizó en varias ocasiones antes de convertirse en la República Socialista Soviética de Kazajistán en 1936, como parte de la URSS. Durante el siglo XX, Kazajistán fue sede de importantes proyectos soviéticos, entre ellos la campaña de las Tierras Vírgenes de Jrushchov, el Cosmódromo de Baikonur y el sitio de pruebas de Semipalátinsk, el mayor centro de pruebas nucleares de la URSS.

Kazajistán se declaró a sí mismo país independiente el 16 de diciembre de 1991, siendo la última república soviética en hacerlo. Su presidente de la era comunista, Nursultán Nazarbáyev, se convirtió en el nuevo presidente del país en 1991 y se ha mantenido en el poder de forma continua e ininterrumpida (su actual periodo culminaría en 2019). Según el gobierno kazajo, Nazarbáyev ha ganado todas las elecciones presidenciales con porcentajes aplastantes de voto pero sus críticos denuncian que las elecciones son una mera farsa. Desde su independencia, Kazajistán ha dedicado buena parte de su esfuerzo al desarrollo de su industria de los hidrocarburos.



Kazajistán es diversa étnica y culturalmente, debido en parte a las deportaciones masivas de varios grupos étnicos enviados a este país durante el gobierno de Stalin. Los kazajos son el grupo más extenso. Kazajistán tiene 131 nacionalidades incluyendo kazajos, rusos, uigures, uzbekos, ucranianos y tártaros. Alrededor del 63% del total de la población es kazaja.

Kanato kazajo

Kazajistán ha estado habitado desde el Neolítico: el clima y el terreno de la región son los más adecuados para la práctica del pastoreo por parte de los nómadas. Los arqueólogos creen que los primeros seres humanos domesticaron el caballo en las vastas estepas de la región.

Asia Central fue habitada originalmente por indo-iranios. El más conocido de esos grupos fue el de los escitas nómadas. El pueblo túrquico comenzó a asentarse en esta región a partir por lo menos del Siglo V a.C., posiblemente antes, y terminó convirtiéndose en el componente étnico dominante de Asia Central. La consolidación política real comenzó con la invasión de los mongoles de principios del siglo XIII. Bajo el Imperio mongol, se establecieron regiones administrativas, y estas cayeron finalmente bajo el emergente Kanato kazajo.

Recreación de la antigua Taraz (Kazajistán)

A lo largo de este período la vida tradicional nómada y una economía basada en la ganadería continuaron dominando la estepa. En el siglo XV, una clara identidad kazaja comenzó a surgir entre las tribus túrquicas, proceso que se consolidó a mediados del siglo XVI con la aparición de una cultura, economía e idioma kazajos bien diferenciados.
Sin embargo, la región fue foco de las disputas cada vez mayores entre los emires kazajos nativos y los pueblos vecinos de habla persa hacia el sur. 

Durante el siglo XVII los kazajos lucharon contra los oirates, una federación de tribus mongoles occidentales, incluyendo los dzhungaros. Bajo el liderazgo de Abul Khair Khan, los kazajos obtuvieron importantes victorias sobre los dzhungaros en el Río Bulanty en 1726 y en la Batalla de Anrakay en 1729.15 Ablai Khan participó en las batallas más significativas contra los dzhungaros desde los años 1720 a los años 1750, por las cuales fue declarado "batyr" (héroe) por el pueblo. Los kazajos también fueron víctimas de asaltos constantes por parte de los calmucos del Volga.

República Socialista Soviética de Kazajistán



Aunque hubo un pequeño período de autonomía (Autonomía de Alash) durante el tumultoso lapso siguiente a la caída del Imperio ruso, muchos alzamientos fueron brutalmente reprimidos, y finalmente los kazajos sucumbieron al dominio soviético. En 1920, el territorio del actual Kazajistán se convirtió en una república autónoma dentro de la Unión Soviética.

La Segunda Guerra Mundial marcó el aumento de la industrialización y el aumento de la extracción de minerales en apoyo al esfuerzo de guerra. Sin embargo, hacia la época en la que el líder soviético Iósif Stalin muere, Kazajistán tenía aún una economía abrumadoramente basada en la agricultura. 

Sin embargo, junto con posteriores modernizaciones bajo el líder soviético Leonid Brézhnev, aceleró el desarrollo del sector agrícola, que sigue siendo fuente de sustento para un gran porcentaje de la población de Kazajistán. Hacia 1959, los kazajos constituían el 30% de la población, y los rusos representaban el 43%.21

Las crecientes tensiones en la sociedad soviética dieron lugar a una demanda de reformas políticas y económicas, que llegó a un punto crítico en la década de 1980. Un factor que contribuyó inmensamente a esto fue la decisión de Lavrenti Beria de probar una bomba nuclear en el territorio de la RSS de Kazajistán en la ciudad de Semey en 1949. Esto resultó en una catástrofe ecológica y biológica que repercutió inclusive en generaciones posteriores, y la ira kazaja hacia la Unión Soviética siguió elevándose.

En diciembre de 1986, manifestaciones masivas de jóvenes de la etnia kazaja, más tarde llamadas los disturbios de Jeltoqsan, tuvieron lugar en Almatý para protestar por la sustitución del Secretario General del Partido Comunista de la RSS de Kazajistán Dinmujamed Konáyev por Gennady Kolbin de la RSFS de Rusia. Las tropas gubernamentales reprimieron las movilizaciones, varias personas murieron y muchos manifestantes fueron encarcelados. En los últimos días del régimen soviético, el descontento continuó creciendo y logró expresarse bajo la política de la glásnost del líder soviético Mijaíl Gorbachov.

Independencia

Atrapados en la corriente de repúblicas soviéticas que buscan una mayor autonomía, Kazajistán declaró su soberanía como una república dentro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en octubre de 1990. En 1991 se abortó un intento de golpe de Estado en Moscú y luego sucedió la disolución de la Unión Soviética, Kazajistán declaró su independencia el 16 de diciembre de 1991.
Fue la última de las repúblicas soviéticas en declarar la independencia. Los años posteriores a la independencia se han caracterizado por importantes reformas a la economía de estilo soviético y la política de monopolio en el poder. Kazajistán ha hecho progresos significativos hacia el desarrollo de una economía de mercado. El país ha disfrutado de un crecimiento económico significativo desde el año 2000, en parte debido a sus grandes reservas de petróleo, gas y otros minerales.

https://es.wikipedia.org/wiki/Kazajist%C3%A1n

Kazajistán, escenario geopolítico tras 25 años de independencia  
31 enero, 2017 | Mundo, Tribuna 

Gabriel Cortina: Analista de Defensa y Política internacional



El 16 de diciembre del pasado año se celebró el 25 aniversario de la independencia de Kazajistán (1991). Durante los 55 años anteriores había formado parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, siendo la última de ellas en romper lazos con Moscú. En términos geopolíticos, su territorio es el colchón de seguridad de Asia Central. A continuación, exponemos las razones.

Kazajistán, con capital en Astaná, comparte frontera con dos gigantes, Rusia y China, además de con Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán. País transcontinental, su extensión le otorga el noveno puesto en el ranking mundial, similar al de Argentina. Un terreno de llanuras, estepas, cañones, montañas y desiertos, y una costa en el mar Caspio y mar de Aral, determinan su escenario.

Su población, de 18,3 millones de habitantes, refleja una baja densidad (siete habitantes/km2) pero unos elevados índices de diversidad étnica, a causa de las movilizaciones de Stalin, destacando kazajos (63,1%) y rusos (23,7%). A esta diversidad étnica le sigue la religiosa. Un aspecto que conviene ser resaltado como un éxito del presidente Nursultán Nazarbáyev es el haber logrado desarrollar un modelo único de convivencia y de estabilidad social, gracias a una legislación en favor de la libertad religiosa. La influencia yihadista islámica de la cercana Afganistán mengua merced a los mecanismos que garantizan con eficacia el equilibrio entre seguridad y libertad.

En cuanto a su presencia internacional, Kazajistán es parte de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) junto con China, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán. El objetivo de la organización es generar lazos a favor de una cooperación diversa en el ámbito policial, de servicios de inteligencia, además de recursos energéticos. También está integrada en la Unión Económica Euroasiática, con Rusia, Armenia, Bielorrusia y Kirguistán. En el ámbito de la seguridad, forma parte de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), la mayor organización de seguridad regional, y fue el primer Estado postsoviético en ocupar su presidencia (2010). Además, durante el periodo 2017-2018 es miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

“La transición de la era post-Nazarbáyev marcará la madurez de la república exsoviética”



La geoestrategia de Kazajistán viene condicionada por sus intereses económicos y comerciales. Sus cifras son llamativas. Cuenta con una abundante oferta de minerales de fácil acceso, amplios recursos de combustibles fósiles e industrias de extracción (petróleo, gas natural y minerales). El ranking señala que es el mayor productor de uranio del mundo, la segunda reserva más grande en uranio, cromo, plomo y zinc, la tercera reserva de manganeso y la quinta de cobre. Está entre los diez primeros productores de carbón, hierro y oro; exporta diamantes, cuenta con el 11% de reservas de petróleo y gas natural del mundo, y el 10,3% de su PIB viene representado por la actividad agrícola. Sin embargo, sufre una notable escasez de recursos hídricos.

Kazajistán es clave para garantizar la estabilidad de Asia Central. Basta ver un mapa para comprenderlo. Su política exterior es multivectorial, atendiendo a los intereses de Rusia y China, por un lado, y de Estados Unidos y la Unión Europea, por otro. Es un enclave estratégico para garantizar las rutas comerciales y el suministro energético y está rodeada por cuatro potencias nucleares: Rusia, China, la India y Paquistán. El tren llamado “el español” cruza estas rutas con la firma Talgo. Desde el punto de vista de la seguridad, Kazajistán es miembro del Collective Security Treaty Organization (CSTO), formada además por Rusia, Armenia, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, y de la Asociación para la Paz, del ámbito de la OTAN.

En cuanto a la política de defensa, cabe señalar que, por razones históricas, tanto su doctrina como su principal material militar han sido hasta ahora de origen soviético. En 2011 decidió cambiar este estatus y aprobó en una de sus medidas legislativas que el 70% del abastecimiento de las fuerzas armadas tuviera su origen en la industria nacional. La soberanía marcaba la orientación del armamento y el material, y para ello dispone de un presupuesto de siete mil millones de dólares. Sin embargo, desde el punto de vista tecnológico y logístico, esta medida no será fácil de llevar a cabo. De hecho, gracias a una generosa donación de Moscú, Kazajistán participa en el sistema regional de defensa aérea con los misiles antiaéreos rusos S-300 / S-400.

El cosmódromode Baikonur, escenario de los lanzamientos de cohetes y desde donde se realiza el seguimiento de la Estación Espacial Internacional, manifiesta de forma singular los vínculos de vecindad. Este enclave estratégico de las capacidades espaciales rusas es hoy lo que en el ámbito naval fue Sebastopol. Por esa razón, el escenario de Crimea preocupa en Astaná.

Otra de sus preocupaciones es la influencia expansiva de China, que resulta equilibrada debido a que la Ruta de la Seda que une a Pekín con los grandes mercados continentales necesita unas vías seguras que garanticen la estabilidad comercial y el acceso a los recursos estratégicos. Posiblemente, la transición de la era post-Nazarbáyev marcará la madurez de la república exsoviética y seguramente servirá de modelo político para las demás.

31/01/2017. Este artículo ha sido publicado en la Fundación FAES
http://thediplomatinspain.com/kazajistan-escenario-geopolitico-tras-25-anos-de-independencia/

In the Heart of EurasiaIn the Heart of Eurasia

Andrea Carteny, Gabriele Natalizia e Diana Shendrikova - 20 gennaio 2014

“In the heart of Eurasia”. This is the title of the conference held on 16th of January in Rome, named after a recently published book, written by the president of Kazakhstan, Nursultan Nazarbayev.  The event was organized by Asia Trading Project and Federlazio, under the supervision of Dr. Francesco Marcolini.



 In the Heart of Eurasia - GEOPOLITICA.info

The ambassadors of Kazakhstan, Azerbaijan and Commercial Representative of Uzbekistan presented their speeches regarding their countries’ development, economic profiles and opportunities for the foreign investments in particular. This region is still new and somehow exotic for Italian public and business world. Fortunately, many progressive companies have already understood the huge perspectives and possibilities which these countries offer to the foreign partners. The intellectuals and scholars community is also showing the reciprocal interest, thus boosting the cultural ties between Italy and these states.

The Italian counterpart was represented by Andrea Giannotti and Ermanno Visintainer, who gave a quick but accurate outlook of the geopolitical importance of the areas in question.
These three countries, rich in mineral resources, have always been strategically important for their geographical position and raw materials. When they were part of the Soviet Union the units of the strategic importance, such as military bases, space fields and oil and gas plants were placed on their territories. They still maintain a strategic importance on political, military and economic levels. 

Kazakhstan is a heart of the Eurasian continent and a stable heartland of classical geopolitical doctrines. Besides, it represents an important pillar for Russia, which is trying to launch the Eurasian Customs Union (an alliance, promoted by Moscow as a response to the constantly growing influence of the European Union on the ex-soviet states). It is important to note that Kazakhstan is at the same time a sort of a “diving chamber” between the two giants of the world policy, the Russian Federation and the People Republic of China.

Another important strategic pillar in the Caucasus is Azerbaijan that has always been a very sensitive region as far as geopolitics is concerned. Its territories face the Caspian Sea, which thanks to the good bilateral relations with Tbilisi, is connected to the Black Sea, thus creating an interdependent system of “inner seas”.

It goes without saying that this country plays an important role of a logistics base for the “tense” Middle East region and all the way to Iran. This importance has been acknowledged by the USA,  which after a period of coldness in the 1990s has been progressively intensifying bilateral relations with Azerbaijan.

While Uzbekistan has maintained a neutral position, getting closer at intervals to Moscow or to Washington and thus varying its international position. Its geographic location allows to monitor all the instability factors in Central Asia and primarily to try and prevent terrorist actions and attacks in the Afpaq region (Afganistan+Pakistan).  In this perspective, the use of the military bases, located in Uzbekistan is crucial for the first phase of the Enduring Freedom mission implementation in Afghanistan.

Nowadays these countries represent strong independent states, characterized by constant and rapid growth and development, opened to the world as far as economy and culture are concerned. They are seeking not only for the foreign investments, for which there is a lot of space but also for the high technologies and know-how.

It seems rather interesting to reflect on the common origin of the peoples of these countries and on the brotherhood that these Turkish countries have created throughout the centuries. Namely, the nomadic people, coming from Central Asia and from the Turan region (named after Prince Turaj or Turan). Ancient traditions and common ethnic origin link these tribes. Between the end of XIX and the beginning of the XX century, some scholars offered a theory of three ethnogenetic stages with respective geopolitical and ideological perspectives. They are the Ottoman Turks that form the title nation of Turkey(Türkiyecilik); the “pan-Turkish” populations Oğuz (Oğuzculuk) that constitute various nations like Azeris and the Turk peoples from the Central Asia; and at last the Turks of the Ugric and uralo-altaic branches, including  the Mongolian and Japanese populations in the Far East that take part of the Turkic community symbolized by a gray wolf(Bozkurt).



The Ambassador of Kazakhstan, Mr. Yelemessov, put in evidence the huge scale of construction, in course of realization in Astana, the capital city, which is only 15 years old, and which population has doubled in the recent years. Best architectors and specialists were invited to Astana in order to realize this ambitious and unique project – creation of the new capital. It is interesting to note, that it will be Astana to host the WorldExpo 2017, dedicated to the Energy, one of the most crucial issues in the modern world.

In fact, the energy issue was mentioned more than once during the conference. The Ambassador of Azerbaijan, Mr. Sadiqov, pointed out that the cooperation in oil and gas field is still of high importance for their country, but recently, there has been a decisive strategic shift to the innovation and high technologies sector. That is why they are particularly interested in bringing the best of “made in Italy”, not only as a ready-made product but also as a production process and technology.

The last but not the least of the countries presented at the conference, is Uzbekistan, may be the least known to the Italian public, which representative empathized special conditions existing in his country, aimed at encouraging the foreign investors, coming to Uzbekistan, and at facilitation of the investment process.

Thus, it seems very important to overcome the “cold war” mentality, dividing the world in contrasting blocks and it is high time to open horizons and to look to the new realities, which only at the first glance seem hard to approach, but at a closer look one can find a lot of interests and characteristics  in common.

jueves, 9 de agosto de 2018

GEOPOLÍTICA: BIELORUSIA


GEOPOLÍTICA: BIELORUSIA




Del siglo IX hasta el XIII, Bielorrusia formó parte de la Rus de Kiev, el primer estado de los eslavos orientales. En el siglo XIII el país fue conquistado por Lituania.

En 1385, Lituania y Polonia firmaron el pacto de unión personal, y en 1569 el pacto de unión real (un parlamento, una política interna y externa). La nobleza de Bielorrusia aceptó la lengua polaca y el catolicismo. En la ciudad de Brest (en polaco Brześć) fue firmado el pacto de unión entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa de Polonia. Fue fundada la iglesia greco-católica.

La cultura y la lengua polaca dominaron Bielorrusia hasta el siglo XVIII y en la Bielorrusia occidental hasta 1939. Las ciudades más importantes eran Minsk y Goradnia (en polaco Grodno). Minsk fue ocupada por el Imperio ruso en 1793. En 1795, el Estado polaco-lituano fue conquistado por Rusia, Austria y Prusia.

En Bielorrusia nació Adam Mickiewicz, el poeta polaco más importante. Se lo llama "el poeta de las tres nacionalidades: polaco, lituano y bielorruso. El siglo XIX fue un periodo de desnacionalización de los bielorrusos. Los rusos destruyeron la Iglesia greco-católica.

En 1919, después de la Primera Guerra Mundial, Polonia recuperó Bielorrusia. Entretanto, después de la guerra con la Unión Soviética, perdió Minsk. Bielorrusia fue dividida por Polonia y por la Unión Soviética en 1921. En 1939 Polonia fue invadida por los alemanes y por los rusos. Los rusos se unieron a la Bielorrusia polaca, y en 1945 expulsaron a los habitantes polacos.
Bielorrusia es indepeniente desde 1991.



La Rus de Kiev (en ucraniano: Київська Русь, romanización: Kyïvska Rush, en ruso: Киевская Русь, romanización: Kíevskaya Rus) o el estado eslavo antiguo fue una federación de tribus eslavas orientales desde finales del siglo IX hasta mediados del siglo XIII, bajo el reinado de la dinastía Rúrika. Los pueblos modernos de Bielorrusia, Ucrania y Rusia reivindican a la Rus de Kiev como el origen de su legado cultural. Alcanzó su mayor extensión a mediados del siglo XI, ya que se extendía desde el mar Báltico en el norte hasta el mar Negro en el sur, y desde las cabeceras del Vístula en el oeste hasta la península de Tamán en el este, uniendo la mayoría de las tribus eslavas orientales.

La Rus de Kiev comenzó con el reinado del príncipe Oleg (r. 882–912), quien extendió su control de Nóvgorod la Grande al valle del río Dniéper con el fin de proteger el comercio de las incursiones jázaras en el este y trasladó su capital a la más estratégica Kiev.  Sviatoslav I (?-972) consiguió la primera gran expansión del control territorial de la Rus de Kiev. Vladimiro el Grande (980–1015) introdujo la Cristiandad con su propio bautismo y, por decreto, a todos los habitantes de Kiev y más allá. La Rus de Kiev alcanzó su mayor extensión bajo Yaroslav I (1019–1054); sus hijos prepararon y publicaron el primer código legal escrito, la Justicia de la Rus (Rúskaya Pravda), poco después de su muerte.

El declive del Estado empezó a finales del siglo XI y durante el siglo XII, desintegrándose en varios poderes regionales rivales. Se debilitó aún más por factores económicos, tales como el colapso de los lazos comerciales de la Rus con Bizancio debido a la decadencia de Constantinopla y la subsiguiente disminución de las rutas comerciales en su territorio. El Estado cayó finalmente con la invasión mongola de 1240.

Kievan Rus


La Comunidad Polaco-Lituana.


La Unión de Lublin de 1569 constituyó la Mancomunidad polaco-lituana como un sujeto influyente en la política europea y el estado multinacional más grande de Europa. Mientras que Ucrania y Podlaskie quedaron sujetos a la corona polaca, el actual territorio de Bielorrusia se consideraba aún como parte de Lituania. El nuevo sistema de gobierno fue dominado por la más densamente poblada Polonia, que tenía 134 representantes en el Sejm, en comparación con 46 representantes del Gran Ducado de Lituania. Sin embargo, el Gran Ducado de Lituania mantiene mucha autonomía, y se rige por un código separado de leyes llamado los Estatutos de Lituania, que codifica tanto los derechos civiles y como los de propiedad. Maguilov fue el mayor centro urbano del territorio de la actual Bielorrusia, seguido de Vítebsk, Pólatsk, Pinsk, Slutsk, y Brest, cuya población supera 10.000. Además, Vilna (Vilnius), la capital del Gran Ducado de Lituania, también tenía una población rutena significativa.

Con el tiempo, el patrón étnico no había evolucionado mucho. A lo largo de su existencia como una cultura independiente, los rutenos formaron en su mayoría la población rural, con el poder en manos de personas de etnia lituana, polaca o rusa. Al igual que en el resto de Europa Central y Oriental, la industria y el comercio estaban monopolizados principalmente por Judíos, que formaron una parte importante de la población urbana. Desde la Unión de Horodlo de 1413, la nobleza local fue asimilada en el sistema de clanes tradicionales mediante el procedimiento formal de aprobación por la szlachta (nobleza polaca). Inicialmente, en su mayoría ortodoxos rutenos, con el tiempo la mayor parte de ellos se "polonizaron". Esto se ajusta a las familias magnates más importantes, cuya fortuna personal y las propiedades a menudo superaron a los de las familias reales y eran lo suficientemente grandes como para ser considerados un estado dentro de otro estado. Muchos de ellos fundaron sus propias ciudades y establecieron en ellas colonos de otras partes de Europa. De hecho hubo escoceses, alemanes y holandeses habitando las grandes ciudades de la zona, así como varios artistas italianos que habían sido "importados" a las tierras de la actual Bielorrusia por los magnates.

La unión entre Polonia y Lituania concluyó en 1795, y los territorios bielorrusos que formaban parte de la República de las Dos Naciones se dividieron entre la Rusia Imperial, Prusia y Austria.1 Los territorios bielorrusos fueron adquiridos por el Imperio Ruso durante el reinado de Catalina II,2 y permanecieron en esa condición hasta su ocupación por el Imperio alemán durante la Primera Guerra Mundial.

Durante las negociaciones del Tratado de Brest-Litovsk, Bielorrusia primero declaró su independencia el 25 de marzo de 1918, hecho que dio lugar a la formación de la República Nacional Bielorrusa. Los alemanes apoyaron a la nueva república, que duró aproximadamente diez meses.4 Poco después de la derrota de los alemanes, la nueva república cayó bajo la influencia de los bolcheviques y el Ejército Rojo y se creado la República Socialista Soviética en 1919.4 Después de la ocupación rusa de la Lituania oriental y septentrional, se fusionó a Bielorrusia con los territorios antes mencionados, formando la República Socialista Soviética Lituano-Bielorrusa. Las tierras de Bielorrusia se dividieron entre Polonia y la Unión Soviética después de la Guerra Polaco-Soviética, que terminó en 1921, y la República Socialista Soviética de Bielorrusia fue recreada y se convirtió en miembro fundador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1922.4 Al mismo tiempo el sector oeste bielorruso siguió estando ocupado por Polonia.5 6

Un conjunto de reformas agrícolas dio lugar a la colectivización soviética en Bielorrusia, proceso que se inició en la década de 1920. Un proceso de rápida industrialización se llevó a cabo durante la década de 1930, siguiendo el modelo soviético de planes quinquenales.

Mapa de la República Socialista Soviética de Bielorrusia, del año 1940.

En 1939, el territorio oeste de la Bielorrusia moderna que Polonia había recibido de los soviéticos en conformidad con el Tratado de Riga dos décadas antes, se anexó a la República Socialista Soviética de Bielorrusia.7 8 9 10 11 12 El área era una parte de los territorios polacos anexionados por la Unión Soviética como resultado del Pacto Molotov-Ribbentrop y de la invasión soviética de Polonia de 1939.13 La decisión fue tomada por el Soviet, que controlaba el Consejo Popular de Bielorrusia, el 28 de octubre de 1939 en Białystok.

La Alemania nazi invadió a la Unión Soviética en 1941, dando lugar a que la República Socialista Soviética de Bielorrusia fuese el primer escenario de la Operación Barbarroja. La fortaleza de Brest en Bielorrusia, al oeste del país, recibió uno de los más feroces golpes de apertura de la guerra, pero por su defensa notable ha sido recordada como un acto de heroísmo en la lucha contra la agresión alemana. Estadísticamente, Bielorrusia fue la república soviética más castigada en la guerra, ya que permaneció en manos de los nazis hasta 1944. Durante ese tiempo, los alemanes lograron destruir 209 de las 290 ciudades de la república, el 85% de la industria de la república y más de un millón de edificios.

Partisanos soviéticos detrás de las líneas de frente alemanas, Bielorrusia, 1943.

Se estima que entre dos y tres millones de personas fueron asesinadas o murieron a causa de la guerra (alrededor de un cuarto a un tercio de la población total), mientras que la población judía de Bielorrusia fue aniquilada durante el Holocausto y nunca se recuperó.14 15 La población bielorrusa no volvió a recuperar su nivel anterior a la contienda hasta el año 1971. Después de la guerra, Bielorrusia fue oficialmente uno de los 51 países fundadores de la Carta de las Naciones Unidas en 1945. La reconstrucción posterior a la intensa guerra se inició rápidamente. Durante este tiempo, la RSS de Bielorrusia se convirtió en un importante centro de fabricación en la región occidental de la URSS y aumentaron los puestos de trabajo, lo que provocó la llegada de rusos étnicos a la República. Las fronteras de Bielorrusia y Polonia se volvieron a dibujar en un punto conocido como la Línea Curzon.

Iósif Stalin puso en práctica una política de sovietización que consistía en aislar a la RSS de Bielorrusia de influencias occidentales. Esta política incluía el envío de personas de diversas nacionalidades de la Unión Soviética para colocarlos en posiciones claves en el gobierno de la República Socialista Soviética de Bielorrusia. El uso oficial del idioma bielorruso y la gran mayoría de los aspectos culturales fueron limitados por Moscú. Después de la muerte de Stalin en 1953, el sucesor de Nikita Jruschov continuó con este programa. La RSS de Bielorrusia estuvo muy expuesta a la lluvia radiactiva de la explosión de la central nuclear de Chernóbil en la vecina República Socialista Soviética de Ucrania en 1986. En junio de 1988 en el sitio rural de Kurapaty cerca de Minsk, el arqueólogo Zianon Pazniak, líder del Partido Conservador Cristiano las BPF, descubrió fosas comunes que contenían unos 250.000 cuerpos de las víctimas ejecutadas entre 1937-1941.Algunos nacionalistas consideran que este descubrimiento es la prueba de que el gobierno soviético estaba tratando de borrar la cultura y el pueblo bielorrusos, haciendo que los nacionalistas bielorrusos de a poco buscaran separarse de la Unión Soviética.

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Bielorrusia

Geopolítica



Los países occidentales todavía no han sido capaces de separar a Bielorrusia de Rusia, opina el embajador ruso en el vecino país, Alexandr Súrikov.

"Las acciones de Occidente en el frente ucraniano y en el bielorruso son acciones antirrusas. Y nosotros entendemos que los siguientes esfuerzos van a estar dirigidos hacia Bielorrusia o incluso ya lo están. Se ve como las distintas delegaciones frecuentan aquí. Nosotros lo estamos observando y entendemos que hoy en día Occidente no es capaz de separar a Bielorrusia de Rusia", dijo el diplomático ruso a la agencia Sputnik.

Aunque Súrikov declaró que estos esfuerzos causan bastante preocupación en Rusia, también subrayó que "viendo los ejemplos de Ucrania y Moldavia, Bielorrusia no está lista para echarse a los brazos de Occidente".

El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, y Vladímir Putin, su homólogo ruso
© SPUTNIK / EKATERINA SHTUKINA
Lukashenko: "Putin y yo somos hermanos carnales"

El 2 de abril se celebra el Día del Hermanazgo de los pueblos ruso y bielorruso. Precisamente, este mismo día en 1996, los presidentes de Rusia y Bielorrusia, Borís Yeltsin y Alexandr Lukashenko respectivamente, firmaron en Moscú el acuerdo sobre la creación de la Comunidad de Rusia y Bielorrusia.

¿Quiere Bielorrusia seguir los pasos de Ucrania? "Juega a un juego muy peligroso con EEUU"

El actual presidente de Rusia, Vladímir Putin, felicitó a su homólogo bielorruso con motivo de esta fiesta y destacó los importantes resultados que han podido ser conseguidos a través de la colaboración integradora en el ámbito político y económico, entre otros.

MOLDAVIA
En el mapamundi, Moldavia puede dar la impresión de estar forcejeando con Ucrania y Rumania para que la dejen beber, aunque sólo sea un poco, de las aguas del mar Negro. En realidad, este país sin litoral es uno de los más pobres del continente europeo. De ahí que suela brillar por su ausencia en la agenda de los políticos occidentales de alto rango, incluidos los comunitarios.

De hecho, de los cancilleres alemanes, Angela Merkel es la primera en poner pies en territorio moldavo. Este miércoles (22.8.2012), la mujer fuerte de Berlín viajó a su capital, Chisinau, para celebrar dos décadas de relaciones diplomáticas entre Alemania y Moldavia, y para mediar en el conflicto moldavo-transnistrio, uno de cuyos hitos también está por cumplir veinte años.

Alemania considera a Moldavia como un país ejemplar de entre los que conforman la Asociación Oriental; ese es el nombre que Bruselas le dio a un grupo de ex repúblicas soviéticas –Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia y Ucrania– con las que la Unión Europea buscar estrechar vínculos. Pero a Berlín le siguen preocupando las viejas tensiones entre Chisinau y Tiráspol.

La crisis moldavo-transnistria

 Manfred Grund CDU Bundestagsabgeordneter
El director del Foro Germano-Moldavo, el diputado democristiano Manfred Grund.
Tiráspol es la capital de la autoproclamada República de Transnistria; una franja de aproximadamente 50 kilómetros cuadrados de superficie, ubicada en la costa oriental del río Dniéster, que se separó de Moldavia en 1992. En aquel momento, los transnistrios de habla rusa prefirieron enfrentarse con el Gobierno de Chisinau antes que tolerar el acercamiento entre Moldavia y Rumania.

Desde el punto de vista del derecho internacional, los 500.000 habitantes de Transnistria siguen perteneciendo a la población de Moldavia. Pero, en la práctica, esa región económicamente deprimida continúa manteniendo una relación más cercana con Rusia: Moscú le brinda auxilio financiero cambio de que Transnistria le permita estacionar sus tropas en su territorio.

Desde junio de 2010, cuando Merkel y el otrora presidente ruso, Dmitri Medvedev, acordaron cooperar para solucionar la crisis moldavo-transnistria, Alemania viene propiciando el diálogo entre Chisinau y Tiráspol con relativo éxito: en marzo de 2012 se comprometieron a reactivar la comunicación ferroviaria para que Moldavia puede transportar mercancía hacia el puerto ucraniano de Odesa.

En junio de 2012, por segunda vez en el lapso de un año, las partes en discordia volvieron a negociar en suelo germano. El director del Foro Germano-Moldavo, el diputado democristiano Manfred Grund, confía en que cambios políticos recientes –la elección de nuevos jefes de Gobierno tanto en Moldavia como en Transnistria– traerán progresos en las relaciones bilaterales.

Autores: Roman Goncharenko / Evan Romero-Castillo
Editor: Pablo Kummetz

https://www.dw.com/es/merkel-en-moldavia-geopol%C3%ADtica-en-europa/a-16183952

¿PUEDE BIELORRUSIA MANTENER UN EQUILIBRIO REAL ENTRE RUSIA Y OCCIDENTE?


Autor: Arkady Moshes, Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales
Resumen: 

La anexión de Crimea en 2014 despertó la preocupación de Bielorrusia, que temió por su soberanía frente a una Rusia cada vez más intervencionista.

Pese al continuado autoritarismo de Lukashenko, la UE decidió levantar las sanciones contra su régimen, esperando incentivar una orientación geopolítica más prooccidental y menos prorrusa.
Sin embargo, sería prematuro afirmar que Bielorrusia ha encontrado una posición equidistante entre Rusia y Occidente, ya que todavía es incapaz de superar su excesiva dependencia de Moscú.
Palabras clave: Bielorrusia, Rusia, UE, Occidente

MINSK Y MOSCÚ: UNA RELACIÓN INCÓMODA
Antes de la crisis de Ucrania, el régimen de Minsk disfrutaba de una posición bastante cómoda en su política exterior hacia Moscú. Por un lado, Bielorrusia se presentaba como el aliado más cercano de Rusia, un baluarte frente a la OTAN, y un miembro decidido de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) liderada por Rusia. Como parte del Estado Unido de Rusia y Bielorrusia —un marco cuasi-confederal de reintegración postsoviética, creado en 1999—, Bielorrusia recibía energía barata, asistencia económica masiva y un acceso privilegiado al mercado ruso. Por otra parte, Minsk contradecía a menudo los deseos aparentes de Moscú. Bielorrusia mantuvo el control sobre sus principales recursos económicos, en lugar de transferirlos a entidades rusas. También conservó unas relaciones estrechas con Georgia incluso en los momentos de mayor conflicto ruso-georgiano, y se negó a seguir el ejemplo de Rusia reconociendo la independencia de los territorios separatistas de Abjasia y Osetia del Sur. En 2009, Bielorrusia se unió a la Asociación Oriental de la UE pese a la actitud extremadamente negativa de Moscú hacia esta iniciativa.

La situación no cambió de forma notable ni siquiera después de las elecciones presidenciales de 2010 en Bielorrusia, que fueron seguidas por una represión brutal contra la oposición; a lo que la UE y EE.UU. respondieron imponiendo sanciones individuales contra funcionarios del régimen. Moscú prefirió no aprovechar el empeoramiento de relaciones entre Bielorrusia y Occidente para extraer más concesiones de Minsk; sino que, por el contrario, continuó prestándole apoyo.

Existen varias explicaciones. El Kremlin necesitaba la participación de Bielorrusia para crear la Unión Aduanera —después Unión Económica— Eurasiática (EEU), uno de los instrumentos principales de la política rusa hacia el espacio postsoviético. Moscú y Minsk pertenecían a la misma comunidad de valores, que rechazaba la democracia liberal, compartía el temor a las protestas ciudadanas en las calles, y tendía a percibirlas como resultado de una “conspiración occidental”. Por si esto fuera poco, incluso si Moscú hubiera querido reemplazar a Alexander Lukashenko —líder de Bielorrusia desde 1994— por alguien más de su agrado mediante unas elecciones, habría tenido pocas posibilidades de conseguirlo. Lukashenko gozaba de un control firme del país, entre otras razones porque había logrado neutralizar con éxito cualquier posible oposición, incluida la prorrusa. Además, un conflicto prolongado y público con Lukashenko podría también ser contraproducente dentro de Rusia, donde el presidente bielorruso era popular con sus esfuerzos por preservar un sistema económico y de bienestar igualitario, al estilo soviético.

Sin embargo, la anexión rusa de Crimea cambió las reglas del juego para las relaciones ruso-bielorrusas. El reconocimiento formal de la integridad territorial de otros países por parte de Moscú ya no garantizaba que no fuesen a aparecer “educados hombres de verde”, como los soldados rusos que ocuparon Crimea. Si el régimen de Minsk quería defender ahora su poder dentro de Bielorrusia, debía preocuparse seriamente por el revisionismo de Rusia hacia Ucrania; y, en consecuencia, comenzar a proteger la soberanía de su país frente a la posible amenaza de su gran vecino del este. 

Por esta razón, Minsk se apresuró a distanciarse de Moscú con respecto a la cuestión de Crimea, reconociendo la anexión de facto pero no de iure[1]; y se convirtió en el lugar de las negociaciones para el arreglo del conflicto en el este de Ucrania. Finalmente, al igual que los demás socios de Rusia en la EEU, Bielorrusia consiguió permanecer fuera de las sanciones económicas recíprocas entre Rusia y Occidente. Es más: se convirtió, supuestamente, en una ruta para el contrabando de productos occidentales hacia Rusia.

La UE recompensó a Minsk por esta actitud, priorizando así la geopolítica sobre los valores. Los contactos diplomáticos se intensificaron rápidamente. En febrero de 2016 se levantaron las sanciones de la UE contra el régimen, aunque no se habían cumplido en su totalidad las condiciones establecidas en un principio sobre liberalización política interna. En mayo de 2016, el viaje a Italia de Lukashenko —que antes tenía prohibido viajar a la UE— simbolizó este nuevo periodo en las relaciones.

¿SE AVECINA UN REEQUILIBRIO?

Entre los expertos ya es habitual hablar del “viraje de Lukashenko hacia Occidente” y “los equilibrismos de Bielorrusia”, despertando preocupaciones entre algunos y esperanzas en otros. Sin embargo, desde el punto de vista de este autor, emplear esta terminología aplicándola a Bielorrusia es como mínimo prematuro, si no completamente incorrecto. Aunque es muy lógico asumir que a Minsk le gustaría superar su excesiva dependencia de Moscú y explorar las posibilidades de encontrar nuevas fuentes para sostener el modelo económico y político de su país —esta vez, en Occidente—, es cuestionable en qué medida puede hacerlo.

Existen cuatro problemas fundamentales que limitan seriamente el margen de maniobra de Bielorrusia:

En primer lugar, Bielorrusia se ha hecho totalmente dependiente de la ayuda económica rusa. Sólo en cuanto a subsidios en el petróleo, se calcula que Bielorrusia ha recibido de Rusia unos 40.000 millones de dólares desde 2000. Contando todos los subsidios energéticos, incluyendo el precio más favorable del gas, se ha alcanzado la cifra de 72.000 millones de dólares en 2000-2015, de acuerdo con algunos cálculos. Además, Minsk recibe préstamos directos del Estado ruso y asistencia macroeconómica de la Unión Económica Eurasiática, lo cual no sería posible sin el consentimiento ruso. 

En marzo de 2016, el Banco Eurasiático de Desarrollo —una institución de la EEU— acordó conceder a Bielorrusia un préstamo de 2.000 millones de dólares en 2016-2018, de los cuales 800 millones llegaron en 2016. Moscú es ciertamente consciente de su influencia económica, y ya no rehúye utilizarla. Por ejemplo, en la segunda mitad de 2016, Moscú redujo los suministros de crudo a Bielorrusia desde 12 a 6,5 millones de toneladas; lo que inmediatamente causó unas pérdidas para la segunda de 1.500 millones de dólares en ingresos de la exportación. 

Para ser justos, Moscú tuvo que tomar esta medida para compensar el rechazo de Minsk a pagar el precio completo del gas que se había acordado, que en enero de 2017 representaba una deuda de 550 millones de dólares. En resumen: para un país que actualmente tiene un PIB de 47.000 millones de dólares, estas cifras parecen colosales.

En segundo lugar, Bielorrusia está integrada militarmente con Rusia. La nueva Doctrina Militar bielorrusa, aprobada en julio de 2016, describe una política militar de coalición, un espacio de defensa conjunto con Rusia, y el grupo regional de fuerzas de la Federación Rusa y la República de Bielorrusia. Rusia cuenta con instalaciones militares en Bielorrusia. La cooperación práctica en el entrenamiento y los suministros de material es muy activa. Las próximas maniobras a gran escala Zapad (Occidente), que se realizan cada dos años, tendrán lugar en Bielorrusia en septiembre de 2017; una señal de que no debe esperarse ningún cambio de política. 

No es sorprendente que la OTAN considere a los dos países como “un todo” desde el punto de vista militar, según declaró el ministro de Defensa de Lituania Linas Linkevicius. Se recuerda a menudo, y debe hacerse, que Minsk rechazó la petición de Moscú en 2015 para abrir una nueva base aérea. Pero, al mismo tiempo, los pilotos rusos practican regularmente en el espacio aéreo bielorruso; y el consenso entre los expertos militares es que la inexistencia formal de la base no impediría un rápido despliegue de aviones rusos a Bielorrusia si fuese necesario.

En tercer lugar, Rusia posee un “poder blando” considerable en Bielorrusia. Esto no se explica únicamente por la proximidad cultural y lingüística, o por la influencia de los medios rusos en Bielorrusia, aunque este factor tampoco debe ignorarse: incluso según datos oficiales, el 65% del contenido de los medios bielorrusos procede de Rusia. Lo que es, quizás, aún más importante es que Lukashenko ha fomentado el sentido de pertenencia de Bielorrusia al “mundo ruso” a lo largo de todo su periodo en el poder, incluso a costa de relegar el idioma y la cultura bielorrusos; y ha alabado la relación de “hermandad” con Rusia.

Aunque las orientaciones geopolíticas de los bielorrusos son volátiles y cambian con frecuencia, según una encuesta del Belarus Analytical Workshop —con sede en Varsovia— en diciembre de 2016, el 65% de los bielorrusos preferiría vivir en una unión con Rusia; aunque, y esto es importante, no como miembros de un mismo Estado. Sólo el 19% preferiría formar parte de una hipotética unión con Europa.

Finalmente, Occidente en general y la UE en particular están moderando sus ambiciones regionales. A la vista de que no existe ninguna perspectiva de futuro ingreso de Bielorrusia en la UE, los Estados Miembros son reacios a una política de condicionalidad que necesite una financiación significativa. La política occidental se ha convertido en burocrática, procedimental y no estratégica. Se canaliza a través de “asociaciones” y “diálogos” ambiguos. Es de suponer que Occidente preferiría evitar ahora un nuevo enfrentamiento geopolítico con Rusia, esta vez en torno a Bielorrusia.

Por otra parte, la actual aproximación entre la UE y Bielorrusia tampoco se basa en la confianza mutua. Ambas partes comprenden que Minsk no busca una interacción basada en valores, y aunque puede tener que aceptar algunas mejoras cosméticas en el ámbito interno, no está preparada para acometer reformas del sistema. Existe también una memoria institucional de la UE que recuerda el anterior acercamiento de 2008-2010, el cual parecía muy prometedor al principio, pero terminó con la vuelta del régimen a sus políticas represivas. Este recuerdo no deja mucho espacio para nuevas ilusiones.

PERSPECTIVAS FUTURAS

Todas estas deficiencias deberían resolverse antes de que fuera posible un verdadero equilibrio de Bielorrusia entre Rusia y Occidente. El problema es que esto necesitaría de mucho tiempo y esfuerzo, así como del compromiso tanto del régimen de Minsk como de Occidente, lo cual ahora es muy dudoso.

Para reducir la dependencia económica de Bielorrusia respecto de Rusia, haría falta realizar reformas liberalizadoras; pero las dificultades asociadas con éstas debilitarían el apoyo social al régimen. 

Como se puede comprobar en el caso de Ucrania, la condicionalidad del FMI puede ser muy dura, y no puede esperarse ninguna ayuda a cambio de meras palabras. Tanto un intento de retirarse formalmente de la alianza militar con Rusia como una reducción gradual de la cooperación militar —lo que haría dudar a Moscú de la lealtad de Bielorrusia— podrían desencadenar un escenario en el que Lukashenko fuera desalojado del poder por el Kremlin. 

Para contrarrestar la influencia del poder blando de Rusia, el régimen tendría no sólo que encontrar una ideología común con la oposición nacional-democrática —lo que sería posible en torno a las ideas de soberanía e independencia—, sino también que darles la oportunidad de difundir sus opiniones. Esto representaría un nuevo desafío para el régimen. Incluso si todo esto se llevase a cabo, Occidente puede seguir siendo reacio a —o incapaz de— aportar los recursos diplomáticos y económicos necesarios para rescatar a un régimen que hasta hace poco era conocido como “la última dictadura de Europa”.

Por otra parte, debe quedar claro que el régimen bielorruso está en una situación económica muy difícil. Entre 2014 y 2016, el PIB de Bielorrusia medido en dólares cayó en un 40%, hasta niveles de 2007. Sólo en 2017, vencen deudas por valor de 3.400 millones de dólares; mientras que las reservas de oro y divisas en enero de este año son inferiores a 5.000 millones. El debate sobre un posible default ha comenzado.

En estas circunstancias, nos guste o no, la tentación de buscar ayuda en Rusia será demasiado fuerte para Lukashenko. Puede que el nuevo acuerdo sea menos beneficioso para Minsk de lo que ellos querrían, exigiéndoles dolorosas concesiones para mostrar su completa lealtad. Sin embargo, el trato proporcionaría al régimen de Lukashenko la oportunidad de sobrevivir por ahora, y apuntarse una nueva victoria contra el tiempo. En comparación con esto, cualquier intento de adoptar una posición más equidistante entre Rusia y Occidente sería una estrategia mucho más arriesgada.

NOTAS
[1] No obstante, aquí son importantes los matices. En marzo de 2014 y diciembre de 2016, Bielorrusia votó lo mismo que Rusia en la Asamblea General de Naciones Unidas: en el primer caso, negándose a expresar apoyo a la integridad territorial de Ucrania en las fronteras internacionalmente reconocidas, y en el segundo, rechazando el término “la Crimea ocupada”. Ambas resoluciones fueron adoptadas por la Asamblea General, pero esto demuestra que la posición bielorrusa está mucho más próxima a la rusa de lo que tanto Minsk como sus socios occidentales estarían dispuestos a admitir.

https://geurasia.eu/puede-bielorrusia-mantener-equilibrio-real-rusia-occidente/

miércoles, 8 de agosto de 2018

Geopolítica de Ucrania ¡

Geopolítica de Ucrania ¡



Contrariamente a la narrativa popular del "retorno", las esferas de influencia que han desestabilizado a Ucrania no son un retroceso al siglo XIX. Ellos son algo nuevo. Lo que los hace nuevos se explica aquí en una historia de un experimento fallido para escapar de la geopolítica en una región situada entre las fronteras de una Unión Europea ampliada (UE) y Rusia. Este proyecto creó una "zona gris" de superposición de autoridad, jurisdicción y lealtad de la cual surgieron nuevas esferas de influencia.

La situación geopolítica de Ucrania debía incluirse en esta "zona gris". La lógica de esta nueva narrativa de la crisis de Ucrania se resuelve con referencia a la literatura sobre el neomedievalismo, una teoría política que desarrolla una crítica de proyectos supranacionales como la integración europea.

https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/14650045.2017.1417848?src=recsys

Influencia competitiva de Ucrania:
https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/1060586X.2018.1425083?src=recsys

Un análisis geopolítico sobre la situación en Ucrania



Publicado: Domingo, 02 Marzo 2014 18:31 | Por: Esteban Vidal | 

En noviembre de 2004 se produjo la revolución naranja en Ucrania que, por medio de una serie de huelgas, manifestaciones, acampadas, etc., provocaron la caída del gobierno de aquel entonces y la formación de uno nuevo afín a los intereses occidentales. Dicha revolución se inscribió en un contexto de agitación  a principios del s. XXI en los países de la órbita ex-soviética: revoluciones en Georgia, Kirguistán, intentos en Bielorrusia, Moldavia, etc. En la misma época, pero en lugares como Yugoslavia o el Líbano, también se produjeron procesos similares con la formación de gobiernos próximos a los intereses de EE.UU. y de la UE, además de intentos desestabilizadores que no tuvieron éxito en países como Irán o Birmania.

La mayor parte de estas iniciativas desestabilizadoras obedecen a las presiones que la propia estructura de poder internacional ejerce sobre los países. En todos o casi todos los casos ha sido decisiva la colaboración y apoyo prestado por el Departamento de Estado de los EE.UU. a las fuerzas opositoras para la subversión del orden establecido en dichos países, lo que forma parte de una táctica puesta en práctica tras el fin de la guerra fría que consiste en la manipulación ideológica e informativa de sectores descontentos de la población. Con la proyección mediática que alcanzan este tipo de protestas a nivel internacional se crea una opinión pública favorable a las presiones exteriores, y de esta manera se facilita el derrocamiento del gobierno. Así es como determinadas potencias no sólo cometen injerencias sino que violan la soberanía de otros Estados para reconducirlos políticamente según sus intereses.[1]

La maniobra subversiva puesta en marcha en Ucrania durante este año 2014 responde a un patrón muy similar al de los procesos antes señalados, y especialmente a los que tuvieron lugar 10 años antes en este mismo país pero con la particularidad de que en esta ocasión se ha desatado una mayor violencia que en aquel entonces. Asimismo, es importante destacar que todos estos procesos tuvieron como referente intelectual en su ejecución la obra de Gene Sharp, de amplia difusión en el seno del propio Departamento de Estado y en la oposición apoyada por los propios EE.UU.,[2] que ha servido como manual para dar golpes de Estado “suaves” contra gobiernos no alineados con Occidente.[3]


Por otro lado es necesario señalar que Ucrania es motivo de disputa entre Occidente y Rusia por el lugar en el que se encuentra, y más específicamente por la posición geográfica que EE.UU. ocupa en el mundo al proveerle de una imagen geopolítica en base a la que articula su política exterior, lo que convierte el territorio que abarca Ucrania en un espacio de vital importancia estratégica para esta potencia.

Así pues, es necesario clarificar esa visión geopolítica que EE.UU. tiene del mundo para comprender el papel que Ucrania juega en su política exterior. En lo que a esto respecta los EE.UU. son deudores del pensamiento e ideas del geopolítico y geógrafo británico Halford J. Mackinder, quien en su conferencia pronunciada ante la Real Sociedad Geográfica de Londres el 25 de enero de 1904, y titulada El pivote geográfico de la historia, describe el heartland de la gran isla mundial euroasiática, la zona comprendida entre el Volga y el Yangtsé y entre el Himalaya y el Ártico, como un espacio estratégicamente ubicado debido a su inaccesibilidad desde el mar, a la imposibilidad de invadirlo completamente y a sus ingentes recursos continentales cuyo control significaría el dominio mundial.

[4] Todo esto le llevaría a afirmar ya en 1919 que “quien gobierne Europa del Este dominará el heartland; quien gobierne el heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial dominará el mundo”,[5] lo que pone de manifiesto la importancia geopolítica y estratégica de los países que se encuentran entre el Mar Báltico y el Mar Negro como es el caso de Ucrania, y consecuentemente la necesidad de impedir cualquier unidad política del continente euroasiático.

La política exterior de los EE.UU. es deudora de los planteamientos de Mackinder en la medida en que la obra de Nicholas Spykman, quien asumió y desarrolló de forma crítica las ideas fundamentales del pensamiento geopolítico del geógrafo británico, constituye su piedra angular.[6] De este modo, y a diferencia de Mackinder, para Spykman el poder mundial no depende de quien controle de forma directa el heartland sino de quien sea capaz de cercarlo. Esto es lo que dio origen a la política de contención de Rusia dentro del heartland a través del rimland, o anillo de tierras que bordea el heartland.[7] Por esta razón durante la guerra fría Europa occidental fue concebida como una cabeza de puente para la contención de la potencia euroasiática soviética, al igual que Turquía, Irán, Corea, Japón, Taiwán, etc., desempeñaron esta misma función estratégica. Con el fin de la guerra fría y el desmoronamiento de la URSS la cabeza de puente occidental aumentó hacia el Este en la misma proporción que las fronteras rusas retrocedían. De esta manera la península europea sirvió no sólo para cercar a Rusia dentro del heartland sino para contenerla y aislarla del resto de Europa, pero sobre todo como trampolín desde el que tener acceso a Asia central. Por esta razón Ucrania cobra una importancia crucial en el contexto de esta estrategia de contención dado que se ubica en una región limítrofe con el heartland y en una posición dominante sobre el Mar Negro.

Pero más recientemente Zbigniew Brzezinski fue quien puso de relieve la importancia de Ucrania para la política internacional estadounidense de cara a impedir un renacer imperial de Rusia.[8] El control de Ucrania significa al mismo tiempo el control sobre más de 50 millones de habitantes, de importantes recursos y del acceso al Mar Negro. Por este motivo Ucrania es concebida por Brzezinski como un pivote geopolítico de Occidente para la proyección de su influencia sobre Asia Central. De aquí se deriva el especial interés de Occidente en apoyar un Estado ucraniano independiente y autónomo respecto a la influencia de su vecino ruso, y por ello partidarios de una identidad claramente diferenciada que en la práctica ha servido para alentar el enfrentamiento étnico y el sentimiento antirruso.

El apoyo externo a la preservación de la integridad territorial e independencia de Ucrania tiene una intencionalidad geopolítica muy clara, y no es otra que la de mantener a Rusia distanciada de Europa y convertirla en una entidad más “asiática”. Unido a lo anterior hay que añadir que Rusia históricamente ha ejercido un control sobre el Mar Negro gracias a su base naval ubicada en la península de Crimea, y más concretamente en Sebastopol. Durante el proceso de desintegración de la URSS la pérdida de Ucrania fue la más problemática para Rusia, pues la aparición de un Estado independiente en esta región significó un varapalo geopolítico que supuso un retroceso drástico de sus fronteras occidentales, sin olvidar el estado de confusión que ello acarreó tanto a la hora de reformular su política exterior como para definir la naturaleza de su identidad política y étnica.

Por otra parte la importancia de Ucrania viene dada también por ser una zona de tránsito de gasoductos y oleoductos que se distribuyen por toda Europa. Esto, a su vez, está vinculado a la aspiración alemana encarnada por Mitteleuropa, que no sería otra cosa que el proyecto político para la consecución de la hegemonía alemana en el continente europeo. Esta tendencia se ha manifestado históricamente en un sentido de agresión y colonización del Este de Europa, y particularmente de Ucrania,  que expresa las ambiciones imperialistas alemanas que a día de hoy han quedado subsumidas en  la extensión de la UE, la OTAN y la hegemonía mundial de los EE.UU.

Una vez explicados los condicionantes históricos, geoestratégicos y geopolíticos que caracterizan a Ucrania se hace más comprensible que después de que el gobierno ucraniano de Yanukovich rechazara firmar un acuerdo comercial con la UE se iniciara el proceso desestabilizador, lo que finalmente ha tenido como consecuencia la formación de un nuevo gobierno compuesto por miembros de la oposición que, en su mayoría, son favorables al ingreso de Ucrania en la UE y en la OTAN. A lo anterior se suma la circunstancia de que Ucrania se encuentra fuertemente endeudada, y que ello ha desencadenado una serie de reformas económicas que han repercutido negativamente en la población y generado un elevado grado de descontento. Esto explica que un contexto social y económico marcado por el empobrecimiento y una conflictividad latente haya sido aprovechado para detonar un proceso político desestabilizador. Después del derrocamiento del gobierno anterior y con un ejecutivo prooccidental es cuando el FMI se ofrece a Ucrania para prestarle 35.000 millones de dólares que necesita para pagar sus deudas.

Nos encontramos ante una Ucrania dividida que no deja de ser el reflejo de la lucha de poder entre las potencias occidentales y Rusia, lo que posiblemente lleve a una división del país o, en el peor de los casos, a una guerra civil entre el Oeste y el Este. Por el momento el nacionalismo, tanto antirruso como ruso, está siendo azuzado por los políticos locales organizados en grupos de poder apoyados tanto por Rusia como por Occidente, lo que puede desencadenar finalmente una ola de violencia incontrolada que signifique una fractura geográfica y política del país. A la vista están las protestas que se desarrollan en la península de Crimea, compuesta mayoritariamente por población rusa, así como todas aquellas manifestaciones que han tenido lugar en Kiev y en regiones occidentales del país. Pero más aún, la intervención militar de Rusia es un hecho desde el momento en el que ha desplegado sus tropas terrestres sobre Crimea, y ha tomado el control de lugares estratégicos como inmediaciones del parlamento local, aeropuerto, etc., al mismo tiempo que moviliza 150.000 soldados en su frontera con Ucrania,  incrementa las patrullas aéreas en la zona, y Putin solicita autorización de la Duma rusa para intervenir militarmente en Ucrania.

Ucrania es económicamente dependiente de Rusia, su principal socio comercial y sostenedor financiero. Al mismo tiempo la mayor parte de las industrias y recursos naturales del país se concentran en las regiones próximas a Rusia que, a su vez, están pobladas mayoritariamente por rusos. En caso de que la situación en el país camine hacia una mayor agitación no sería descabellado pensar que Rusia pudiera tomar alguna iniciativa similar a la que puso en práctica con Georgia, y proceda a la ocupación de todo el Este de Ucrania. Una situación para la que los países occidentales, ni tan siquiera la OTAN, están preparados y para la que no tienen planes de actuación de ningún tipo.

Asimismo, y gracias a la masiva desinformación llevada a cabo por la propaganda tanto dentro como sobre todo fuera de Ucrania, las potencias occidentales han logrado violentar la soberanía y legalidad de un país para poner a su cabeza a un gobierno marioneta como el de Yanukovich lo era para Rusia. 

Todo ello viene a demostrar una vez más que Ucrania parece destinada a ser el campo de batalla geopolítico de las potencias occidentales y de Rusia, en el que la población será carne de cañón para, por medio del nacionalismo, servir a los intereses de estos bloques de poder internacional. Nada parece prever por ahora un despertar verdaderamente revolucionario que ponga fin a la opresión que hoy padecen los ucranianos, sino que por el contrario parecen cobrar vida propia todos los fantasmas que en el pasado, bajo formas no muy diferentes, dejaron un sangriento legado de muerte, tragedia y destrucción.

Esteban Vidal
[1] Vidal, Esteban, Hacia una Nueva Edad Media Global. Maquiavelo y maquiavelismo en la Globalización, Novum Publishing, Unión Europea, 2011, pp. 46-49
[2] Sharp, Gene, De la dictadura a la democracia. Un sistema conceptual para la liberación, Institución Albert Einstein, Boston, 2003
[3] Resulta bastante esclarecedor el visionado del documental Estados Unidos: a la conquista del Este producido por Canal + y Télé-Québec donde se puede comprobar el dirigismo ejercido por los EE.UU. sobre los líderes de las revoluciones de color, y consecuentemente el intervencionismo de esta potencia en los asuntos internos de otros países, y especialmente la importancia que, a modo de hoja de ruta, ha tenido la obra de Gene Sharp para llevar a cabo estas revoluciones.  Consultado el 26 de febrero de 2014
[4] Esta conferencia fue reproducida en Atencio, Jorge E., Qué es la geopolítica, Pleamar, Buenos Aires, 1982, pp. 367 y siguientes
[5] Mackinder, Halford J., Democratic Ideals and Reality, National Defense University Press, Washington DC, 1996, p. 106
[6] A la que habría que unir la considerable influencia ejercida por la obra de Mahan. Caben destacar los siguientes volúmenes: Mahan, Alfred T., El interés de Estados Unidos de América en el poderío marítimo. Presente y futuro, Unibiblos, Bogotá, 2000. Mahan, Alfred T., Influencia del poder naval en la historia, Ministerio de Defensa, Madrid, 2007
[7] Spykman, Nicholas J., Estados Unidos frente al mundo, Fondo de Cultura Económica, México, 1944
[8] Brzezinski, Zbigniew, El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratéticos, Paidós, Barcelona, 2003

https://www.portaloaca.com/articulos/politica/8634-un-analisis-geopolitico-sobre-la-situacion-en-ucrania.html

La dimensión geopolítica de la crisis de Ucrania




Aunque se nos presenta en los medios como un asunto de escala europea, o incluso un conflicto puramente nacional, lo cierto es que la crisis de Ucrania tiene importancia global. En este artículo vamos a quitar zoom para adquirir una óptica mundial, analizando cómo pueden verse afectadas las relaciones internacionales a raíz del problema ucraniano.

Basándonos en las tesis del profesor Wallerstein, el conflicto de Ucrania no es sino la punta de un gran iceberg donde se esconden los intereses de Rusia, Europa y Estados Unidos. Por distintas declaraciones que han hecho altos funcionarios de la administración estadounidense, Wallerstein asegura que lo que preocupa a Estados Unidos no es que Rusia se haga con el control del territorio ucraniano, sino algo mucho peor (para Estados Unidos): que pueda prosperar una alianza entre Alemania, Francia y Rusia.

Lo que para muchos suena como una idea descabellada realmente tiene mucho sentido, al menos si se analiza desde una visión geopolítica. Rusia, Francia y Alemania tienen intereses geopolíticos comunes, más aún en la situación global actual, en la que todo hace indicar que los polos de poder se están moviendo hacia el área Asia-Pacífico. El cambio de una centralidad ‘Atlántica’ hacia otra que tenga su centro en el Pacífico preocupa (y con razón) a las potencias Europeas, que no temen tanto un conflicto entre Estados Unidos y China como una alianza entre los dos gigantes. Ante esa situación de desequilibrio de poderes, potencias como Alemania o Francia tendrían que buscar reequilibrar el tablero internacional, y qué mejor manera que encontrando en Rusia un nuevo aliado.

Estados Unidos teme que eso pueda ocurrir porque, en realidad, no es algo tan extraño. En la mente de EEUU aún está cercano el recuerdo del veto que, en 2003, le hicieron Alemania, Francia y Rusia cuando pidió que el Consejo de Seguridad de la ONU avalara la intervención en Irak. Además, los últimos precedentes invitan a pensar que la relación entre Europa y Rusia no es tan tensa. La postura de Alemania respecto a Rusia en la crisis de Ucrania está siendo más incluyente que excluyente. En las conversaciones que están teniendo lugar, además de Ucrania y Rusia, están presentes precisamente Francia y Alemania.

Rusia y Alemania pueden ser antiguos enemigos, pero en la actualidad comparten intereses. El 25% de las exportaciones de gas de Rusia se dirigen a Alemania, un negocio que beneficia tanto a las empresas rusas como a los hogares alemanes. En el supuesto de que Alemania tuviera que elegir entre una alianza con Estados Unidos o con Rusia, los intereses geopolíticos y económicos apuntan a que la decisión de Alemania sorprendería a más de uno.

La defensa de los intereses nacionales caracteriza a todos los países del mundo. En este sentido, y en palabras de Vladimir Putin, “el oso ruso no le pedirá permiso a nadie”. No parece probable que Rusia de un paso atrás en su posición ante el conflicto de Ucrania, y es más, nadie debería esperarlo. Estados Unidos y Europa tendrían que entender que, como hacen ellos, Rusia está defendiendo sus intereses. Según el profesor John Mearsheimer, son precisamente Estados Unidos y Europa los máximos responsables de la crisis de Ucrania, principalmente por la continua expansión de la OTAN hacia el Este.

Según Mearsheimer, Occidente está actuando desde perspectivas liberales, idealistas, pensando que se puede extender la democracia y la economía de mercado por todo el mundo sin que eso suponga otra cosa que beneficio. En la teoría de relaciones internacionales, la corriente del liberalismo cree que las ganancias son absolutas. Por otro lado, Rusia entiende el problema desde la perspectiva de la realpolitik, considerando las ganancias relativas y velando por sus propios intereses.

Mearsheimer cree que, pese a estas diferencias de enfoque, el conflicto tiene solución. Para el profesor, una solución a la crisis de Ucrania pasaría por adoptar un “espacio colchón” entre Europa y Rusia, tal y como ocurrió entre Occidente y la Unión Soviética. Mantener una serie de países (Bielorrusia, Ucrania, Moldavia…) que no estén en ningún bando, que sean neutrales. Algo así como la postura que mantuvo Austria en la Guerra Fría. No se puede pretender extender la OTAN hasta la frontera con Rusia, porque Rusia entiende que sus intereses se están viendo amenazados, y al orden mundial no le conviene una fricción entre bloques. De la misma manera, Rusia ha de entender que no puede tener países satélite en el continente europeo. Mearsheimer se plantea: ¿cómo reaccionaría EEUU si China estableciera una alianza militar con Canadá y México?

Así pues, lo que comienza siendo un asunto interno de un país, como la crisis de Ucrania, puede adquirir importancia global en función de los intereses que tengan las grandes potencias. En el caso de Ucrania, la lógica geopolítica invita a pensar que pueden darse alianzas inesperadas y cambios en el desarrollo de la política exterior de varias potencias. Puede que finalmente no ocurra nada de lo aquí planteado, pero en todo caso es interesante valorar los posibles cambios, más aun en un momento en el que el sistema internacional está viviendo alteraciones interesantes como la desaceleración económica de Occidente o la aparición de nuevas potencias emergentes.
https://vaventura.com/divulgacion/geopolitica/la-dimension-geopolitica-la-crisis-ucrania/

CRIMEA COMO ENCRUCIJADA ENTRE RUSIA Y UCRANIA: NOTAS PARA UN ANÁLISIS GEOPOLÍTICO
4 MARZO, 2014 

Las siguientes notas presentan algunos parámetros para un análisis geopolítico del actual conflicto por Crimea entre Rusia y Ucrania.

Desde una perspectiva geopolítica, el conflicto ruso-ucraniano alrededor de Crimea, obedece a un juego entrecruzado de intereses nacionales que pesan fuertemente a la hora de las decisiones diplomáticas y estratégicas.  La escuela realista de las Relaciones Internacionales pone el acento en el interés nacional (entendido como el conjunto de objetivos permanentes que define y persigue un Estado en el escenario internacional, trascendiendo gobiernos y períodos históricos), como una de las principales claves de comprensión de la postura y de la política internacional de los Estados.

El conflicto por Crimea se sitúa en el contexto general de una agudización de la crisis política e institucional de Ucrania, la que tiene impacto sobre las relaciones con su vecina Rusia, interesada a su vez en mantener una ¨frontera occidental¨ segura y estable.

EL CONFLICTO POR CRIMEA ENTRE RUSIA Y UCRANIA NOTAS PARA UN ANALISIS GEOPOLITICO

https://geopoliticaxxi.files.wordpress.com/2014/03/el-conflicto-por-crimea-entre-rusia-y-ucrania-notas-para-un-analisis-geopolitico.pdf

martes, 7 de agosto de 2018

Geopolítica del Cáucaso, las querellas y los intereses

Panorama internacional
Geopolítica del Cáucaso, las querellas y los intereses.




Como hace cien años, cuando se produjo el genocidio de los armenios, esa región es epicentro de una pugna entre potencias, con factores políticos y económicos.
Marcelo Cantelmi: Comentarios

 Genocidio Armenio Armenia Cáucaso
Los intereses geopolíticos que cruzan el territorio del Cáucaso suelen no ser visibles desde la superficie, pese a lo impactante de su tramado. Esa condición explica que lo que por momentos se agita en ese mapa resulta ser mucho más de lo que parece evidente. Armenia es uno de esos casos. 

Este pequeño y empobrecido país ha ganado últimamente mayor atención global por el ímpetu que ha invertido en posicionar su demanda de reconocimiento del genocidio que sufrió su pueblo hace cien años en el ocaso del Imperio Otomano. Esa exigencia es moral e involucra la reivindicación de cerca de un millón y medio de personas que fueron masacradas o llevadas a la muerte en lo que se considera el primer exterminio étnico sistemático del siglo pasado. El rechazo de Turquía, heredero de aquel imperio, y sus aliados para ese reconocimiento tiene un controvertido sentido nacionalista, pero en la narrativa negacionista inciden también factores políticos y económicos.

Armenia ha logrado un respaldo militar crucial de defensa a partir de los acuerdos económicos que celebró desde 2013 con su poderoso aliado ruso. El último de ellos, la integración plena con la Unión Euroasiática, el proyecto del Kremlin para recrear un mercado común regional. Ese escudo le sirve para poner un límite a Azerbaiján, el mayor enemigo militar y territorial de Ereván en el Cáucaso y que es a la vez un socio carnal de Turquía. Aquí también todo puede tener que ver con todo.

Lo que está sobre la mesa detrás de la bruma de los enfrentamientos es un poco conocido proyecto ferroviario que, de concretarse, produciría un cambio radical en la infraestructura regional con la promesa de un poderoso impacto económico. Se trata del llamado Southern Armenia Railway que conectará la capital Ereván con Irán a través de la provincia armenia de Syunik que limita tanto con 
Azerbaiján como con el país persa.

Este ferrocarril, también conocido como Irán-Armenia Railway, es un proyecto de 470 kilómetros que integrará a este país acosado por una situación geográfica y económica igualmente complejas y negativas, en el mayor corredor para el tránsito de commodities entre Europa y la región del Golfo Pérsico. Se trata de un tremendo desafío. Sólo nótese que la parte armenia de 305 km. tiene un costo estimado de 3,5 mil millones de dólares. Esta iniciativa alcanza especial importancia ahora, a la luz de los acuerdos nucleares entre Occidente y Teherán destinados a que Irán reduzca notoriamente su potencial atómico a cambio de una eliminación progresiva de las sanciones económicas. Esas negociaciones de lento avance, recordemos, incomodan a Turquía y las autocracias árabes que disputan con el país persa la primacía como potencias regionales en el amplio espacio de Oriente Medio.



Por muchos motivos obvios el Consejo de Seguridad Nacional armenio colocó este proyecto al tope de sus prioridades estratégicas. Este ferrocarril generará un significativo incremento del comercio con Irán pero también con Georgia reduciendo los costos y el tiempo del transporte. Las estimaciones más conservadores calculan que se pasará de los actuales tres millones de toneladas de movimiento de cargas a más de 18 millones en la primera etapa aprovechando que la ruta será la más corta entre los puertos del Mar Negro y los del Golfo Pérsico. 

En el emprendimiento intervienen una multitud de corporaciones. La Razia FZE Group basada en Dubai y también la Southern Caucuses Railway, que es una subsidiaria de la empresa ferroviaria estatal rusa. La firma China Communications Construction Company tendría a su cargo el diseño de la ruta, un punto logístico central debido al complejo terreno montañoso de Syunik. Beijing también informó su disposición a financiar 60% de los costos. Irán, a su vez, fondeará el segmento correspondiente en su territorio. 

Por último, el gobierno de Vladimir Putin anunció un paquete de inversiones para esta iniciativa que tiene una importancia central para el Kremlin. Moscú carece actualmente de una vía férrea confiable hacia el Cáucaso e Irán. La única ruta activa conecta con Azerbaiján pero es considerada muy limitada y poco confiable porque cruza una región, Dagestán, en extremo volátil. El Southern Armenia Railway, en cambio, garantizaría una conectividad absoluta en el marco del proyecto de la Unión Euroasiática. La intención es que la obra comience en 2017 y concluya cinco años después.

El impacto geopolítico de este emprendimiento se advierte en varios niveles. Generará, como se ha dicho, un impulso formidable a la magra economía de Armenia, lo que redundará en un mayor peso político para respaldar sus demandas, tanto las vinculadas al genocidio como a las territoriales. Pero hay un aspecto adicional de tanto o mayor importancia porque este país podría resolver por esa vía el aislamiento que experimenta por la ruptura del acceso ferroviario a Rusia desde la guerra de Georgia del 92-93. Y esquivar el bloqueo turco iniciado en 1993 tras el conflicto bélico todavía latente que Armenia libró con Azerbaiján por el dominio del enclave de Nagorno Karabaj.

Esa evolución implica transiciones que están reacomodando las piezas de poder. Moscú, por ejemplo, ha tenido una relación compleja con el régimen azerí al cual ha vendido ingentes cantidades de armas -al igual que lo ha hecho Israel-, pese a su alianza firme con Armenia. Hace poco más de una década, antes de asegurarse los acuerdos económicos con Ereván, el Kremlin había negociado con Azerbaiján e Irán la construcción de un corredor comercial que una el Golfo Pérsico, el Mar Negro y Rusia. 

Pero esa iniciativa que incluyó dos proyectos ferroviarios de magnitud fue pospuesta varias veces hasta virtualmente diluirse. Esos planes, para beneficio azerí y de su aliado turco, aumentaban el aislamiento de su rival armenio. Pero en el virtual abandono del emprendimiento pesó una cuestión de orden práctico. Sucede que el corredor con Armenia, al revés de aquellos, conectará con Tabriz, una de las más importantes ciudades en el norte de Irán, lo que implica la seguridad de inversiones y ganancias que al fin de cuentas es de lo que trata la política. 

No está todo dicho, pero en este tablero hay ganadores y perdedores. Los enconos que vemos en la superficie son también por lo que implican esas dos dimensiones como datos de mayor o menor influencia futura. Hay un mapa que se está recreando por estos espacios. Convendría no perderlo de vista.

Copyright Clarín, 2015.
https://www.clarin.com/mundo/Geopolitica-Caucaso-querellas-intereses_0_ryaeXstDQg.html

Aproximación geopolítica al Caucaso
file:///D:/Percy_2018/Downloads/Dialnet-UnaAproximacionGeopoliticaAlCaucaso-4055529.pdf

Osetia del sur: Intereses Geopolíticos
https://www.proceso.com.mx/200973/osetia-del-sur-intereses-geopoliticos-no-humanitarios

EL CAÚCASO: UNA REGIÓN ESTRATÉGICA GEOPOLÍTICA




Pese a su reducido tamaño, la región del Cáucaso tiene gran interés geopolítico debido a su estratégica situación entre Europa y Asia, y sobre todo porque es la puerta de acceso a los hidrocarburos del mar Caspio.

Un mapa étnico complejo
El Cáucaso se localiza en el sudeste del continente europeo, entre el mar Negro y el mar Caspio, a caballo entre Europa y Asia. En su vertiente sur (Transcaucasia) coexisten tres países que recuperaron su independencia en 1991 tras la desintegración de la URSS: Armenia, Georgia y Azerbaiyán. La vertiente norte (Circasia) pertenece a Rusia y, en concreto, a siete repúblicas autónomas: Chechenia, Osetia del Norte, lngushetia. Daguestán, Kabardino-Balkaria, Karachevo-Cherkesia y Adiguea.

En la región caucásica viven unos 30 millones de personas. La población es predominantemente blanca, aunque existen más de 60 etnias diferentes. La religión mayoritaria es la cristiana ortodoxa, pero también hay muchos musulmanes, especialmente en Azerbaiyán.

Tragedia en el Cáucaso: A principios de septiembre la opinión pública internacional asistió horrorizada a la retrasmisión en directo de una masacre de enormes proporciones.
El asalto de un comando checheno a la escuela de Beslan, en Osetia del Norte, mantuvo en vilo a todo el planeta durante dos días, terminando de forma trágica con la muerte de 338 personas (más de 150 de ellas niños) y 500 heridos. Estos terribles sucesos han vuelto a poner de actualidad los conflictos irresueltos que han asolado la región del Cáucaso en la última década.

Es una zona de numerosos conflictos étnicos y nacionalistas. Los principales enfrentamientos tienen lugar en el Cáucaso Norte a causa del deseo de independencia de algunas repúblicas, principalmente Chechenia; este conflicto, que dura ya 10 años, se ha extendido más allá de sus fronteras debido a los cientos de miles de refugiados y, también, por los atentados terroristas y la toma de rehenes civiles por parte de la guerrilla chechena. En septiembre de 2004, el secuestro de más de 1.200 personas en un colegio de Beslán (Osetia del Norte) finalizó con más de 300 rehenes muertos, 175 de ellos niños.

En el Cáucaso Sur, los principales conflictos están motivados por reivindicaciones territoriales, en particular la de Armenia por el territorio de Nagomi Karabaj, bajo dominio de Azerbaiyán, pero poblada por armenios.

Estancamiento demográfico
La progresiva reducción de la natalidad y la fecundidad en los últimos años ha contribuido al estancamiento demográfico de esta región: su tasa de crecimiento natural es reducida e, incluso, negativa en algunos casos. El resultado es una población relativamente joven aún, aunque bastante menos que hace un par de décadas.

La mayoría de la población habita en las ciudades del Cáucaso Norte: Krasnodar, Nalchik Vladíkavkaz o Grozni, entre otras.

En Transcaucasia, la población se concentra en las tierras bajas, junto a los valles de los ríos, y se reparte equilibradamente entre el campo y la ciudad,si bien las tres caprtales albergan un gran porcentaje de la población total, sobre todo en el caso de Ereván, la capital de Armenia, que reúne alrededor de la tercera parte del total. Tanto esta como Bakú, capital —de Azerbaiyán, y Tbilisi, capital de Georgia, superan el millón de habitantes.

La crisis provocada en los años noventa del siglo XX por el proceso de transición a la economía de mercado se ha traducido en un deterioro del nivel de vida de los habitantes de la región.
El paro afecta a un gran porcentaje de los activos, y numerosas personas viven por debajo del umbral de la pobreza, sobre todo en la Transcaucasia, donde el porcentaje ronda el 50% de la población. Esto, explica la existencia de una corriente continua de emigrantes, especialmente hacia Rusia.

El Objetivo de las minas es aterrorizar ala población civil: Debido a los numerosos conflictos, el Cáucaso es una de las regiones más afectadas por el problema de las minas terrestres antipersooas (MTA), que siguen provocando muertos y heridos. El problema es especialmente grave en Azerbuiyán, debido al conflicto de Nagorni  Karabaj, y en la frontera georgio-rusa de Chechenia, Ingushetia y Daguestán.

La agricultura y la minería, bases del desarrollo industrial
La aspiración a la independencia de algunas repúblicas es uno de los principales obstáculos que impiden la normalización política y económica del Cáucaso Norte. En el caso de Transcaucasia debe superar la tendencia a los gobiernos autocráticos, la corrupción, el control de la economía por los clanes (que hace que las reformas económicas sean prácticamente nulas), la delincuencia organizada y sobre todo, la inestabilidad política. Los intereses antagónicos de Rusia y Estados Unidos en la región mantienen vivo el conflicto. (foto: mujeres de Azerbaiyán)

La base económica del Cáucaso está estrechamente vinculada con los recursos naturales que posee. Así, la economía de Azerbaiyán, el país transcaucásico más extenso y que cuenta con abundantes recursos minerales, presenta una importante producción de petróleo y gas y depende totalmente del denominado oro negro.

Los principales yacimientos azeríes se hallan en la península de Apsheron, que se explotan desde el siglo XIX, y en el delta del Kura. También existe petróleo y gas natural en la vertiente norte del Cáucaso, en especial en la república rusa de Osetia.

El sector primario aún tiene un gran peso en la economía caucásica, sobre todo por lo que respecta al empleo; en Armenia, ocupa casi a la mitad de los activos.

Las actividades económicas tradicionales de la región Son la agricultura (principalmente cerealista, aunque en Georgia se cultivan también todo tipo de frutas y hortalizas, que en su mayor parte se exportan a Rusia y los países de la CEI) y la ganadería trashumante de ovinos. La gran riqueza forestal está todavía poco explotada.

La industria es una actividad muy importante desde el Punto de vista de la producción, sobre todo en Azerbaiyán, donde proporciona casi la mitad de los ingresos. Las principales industrias se concentran en los alrededores de las ciudades Bakú, situada en la orilla occidental del Caspio, a la entrada de la península de Apsheron, es, gracias a la explotación de petróleo, el mayor centro industrial y comercial del país y de Transcaucasia.

Algunas de las ciudades del Cáucaso Norte son importantes centros turísticos. Destacan Pyatigorks, Kislovodsk y Nalchik en la montaña, y Sochi, a orillas del mar Negro.
Una región estratégica

Tanto Rusia como Estados Unidos consideran esta región como esencial para sus intereses estratégicos. El motivo: los hidrocarburos del mar Caspio.  En tomo al mar Caspio se albergan 25.000 millones de barriles de hidrocarburos.

Las reservas de Kazajstán, Turkmenistán y Uzbekistán igualan las de Kuwait y superan las de Alaska y el mar del Norte juntas. Por eso el control de esos yacimientos es tan importante. (foto: base petrolera en el Mar Caspio)

Actualmente, existe un oleoducto que va desde Bakú, vía Grozni, hasta la ciudad rusa de Tikhoretsk y termina en el puerto de Novorossiysk, en el mar Negro. Rusia intenta que el trazado de los nuevos oleoductos le sea también favorable, pero cada vez le resulta más difícil imponerse en la región.

Estados Unidos intenta convertir el Cáucaso en zona de influencia para hacerse con el control del petróleo del mar Caspio y depender menos de Oriente Medio. Algunas multinacionales petrolíferas tienen ya proyectados varios oleoductos en la región Georgia que comparte fronteras con Azerbaiyán, tiene gran interés estratégico para Estados Unidos porque a través de su territorio se puede conducir. el petróleo del mar Caspio hasta los puertos de Turquía.

La revuelta popular que obligó a dimitir al presidente Edouard Shevamadze fue alentada por Estados Unidos; el líder de la oposición, Mijail Sakachvili, educado en Estados Unidos, se hizo con el poder en enero de 2004.



Azerbaidjan: Geopolítica
http://www.capesic.cat/es/2018/02/09/descifrando-la-geopolitica-del-caucaso-sur-azerbaiyan-ii/