lunes, 9 de junio de 2014

La Divina comedia se quedo chica



LA REGIONALIZACION DEMUESTRA QUE NO SE ESTA DANDO LA TALLA

De acuerdo con las noticias la Corrupción, el autoritarismo, el mal uso de los recursos públicos e incluso el sicariato (en investigación) podrían ser la cara más tenebrosa de una autonomía regional sin control y límites aparentes. La debilidad de los mecanismos de control políticos y administrativos, sumada a los crecientes recursos económicos, que reciben diferentes regiones del país, parecen ser la combinación perfecta para abrir la puerta a todos o algunos de los males descritos.
            En el caso del Gobierno Regional del Cusco, el más rico del país, su presupuesto total modificado pasó de S/.453 millones a S/.2.116 millones entre el 2004 y el 2013. Que se incrementen los recursos en zonas que enfrentan grandes carencias básicas y poblaciones en pobreza y extrema pobreza es una buena noticia. Sin embargo, un reporte del Grupo Propuesta Ciudadana (GPC) indica que entre julio y agosto del 2013 este gobierno regional cayó en una situación de ‘iliquidez’, generada por una gestión que priorizó su proyecto reeleccionista a un manejo responsable de los recursos públicos.
            El Gobierno Regional de Tumbes, cuyo presupuesto institucional de apertura se ha incrementado en 89,7% desde el 2009 hasta este año, enfrenta diferentes denuncias por corrupción. Se cita por ejemplo que hay  S/.30 millones provenientes del canon, que debían ser transferidos a los institutos tecnológicos y pedagógicos de la región (según ley) cuyo paradero no se conoce
            Los entrevistados para este artículo consideran que los procesos de descentralización política, administrativa y fiscal no han marchado al ritmo del fortalecimiento de las instituciones que debían velar por el control y la transparencia del  manejo de los recursos públicos. No obstante, no creen que el proceso descentralizador sea la causa de los graves problemas generados en algunas regiones. ¿Qué está fallando?
            En otra opinión, se sostiene que el Poder Judicial ha hecho mal su trabajo y la Contraloría, a través de sus órganos de control institucional (OCI), no ha tenido la presencia que debería.
            En la misma línea, un congresista sostiene que el Sistema Nacional de Control, liderado por la Contraloría, no ha tenido un eficaz sistema de fiscalización, lo que ha abierto espacio a la corrupción en gobiernos subnacionales. “En algunos casos, esta caja negra que tiene como origen la corrupción, se ha complementado con recursos provenientes de la minería ilegal, el narcotráfico o el tráfico de tierras”
            “La descentralización es necesaria para modernizar el Estado  y que llegue a todos los ámbitos de nuestro territorio”, sostiene. En su opinión, este proceso debe continuar con los diferentes correctivos necesarios. Y para muchos, parte de esos cambios tiene que ver con terminar de transferir competencias, funciones y el desarrollo de capacidades técnicas e institucionales.
            Para otro grupo, repensar el diseño de descentralización pasa incluso por pensar en el desarrollo de macrorregiones. En esa línea, se propone analizar, por ejemplo, si el número de regiones es el óptimo. “Hay regiones que operan en unidades territoriales muy pobres, con ciudades que no son capaces de dar los servicios de grandes urbes como Arequipa o Piura. Ahí tal vez hemos hecho una mala descentralización”, dice.
            Unas intervenciones hacen la distinción entre la gran corrupción enquistada en algunos gobiernos regionales y otros, como el de Lambayeque y Piura, que han avanzado en construir institucionalidad y en mejorar  sus niveles de gasto público. Se sostiene que una Institucionalidad fuerte, vocación democrática, así como organismos de control eficientes, inciden en el buen desempeño de los gobiernos regionales, alejando a quienes solo ven el presupuesto público como un jugoso botín.

http://elcomercio.pe/economia/peru/ha-sido-efectiva-descentralizacion-regiones-noticia-1722614
Lunes 14 de abril del 2014 | 09:53
           
El Poder Ejecutivo prepara una serie de medidas para potenciar el control de los gobiernos regionales, el proceso de descentralización y la economía nacional a partir del próximo semestre, anunció el ministro de Economía y Finanzas, Luis Miguel Castilla.
            Mencionó que el primer tema a evaluar es el control de los gobiernos regionales con la creación de una especie de “superintendencia” que intervenga cuando exista un mal manejo de los recursos públicos.

http://www.rpp.com.pe/2014-06-06-ejecutivo-evalua-crear-organo-que-intervenga-en-regiones-noticia_697999.html
Viernes, 06 de Junio 2014  |  9:27 am



"Es un sistema en el que las palabras más sonoras: desarrollo, justicia, honradez y otras, son meros eslóganes de carteles colocados en la calle que no obligan a nada. Estas candidaturas además pueden ser penetradas fácilmente por el narcotráfico y la delincuencia. Pero es estéril denunciarlo y después no hacer nada. Hay que ser conscientes que es una dinámica política enferma, que no se va a curar con buenas intenciones. La corrupción está en el meollo del sistema electoral. Y si no hay una reforma urgente, cualquier cosa puede pasar." ◘
Raul Wiener. La primera, junio 9/2014


Para Alberto Adrianzen
"...Con ello se ratifica una de las reglas de oro del poder central en este país: todo aquello que no se puede fiscalizar, controlar o gobernar democráticamente, simplemente se prohíbe. Esta es la norma general que se aplica desde el manejo de los fuegos artificiales hasta los gobiernos regionales.
   La corrupción en las regiones no es novedad. Como afirma Carlos Monge en Otra Mirada: “Lo de Álvarez [se refiere a Ancash] se sabía y se denunciaba desde hace tiempo. Sin embargo, el Congreso de la República desestimó pedidos de investigación y de protección a Ezequiel Nolasco y su familia; el Poder Judicial dejó libres a los sospechosos de haber participado en el primer intento de asesinato; la Contraloría General de la República nunca antes le encontró nada; la Fiscalía no lo acusó de nada; y la Policía Nacional le brindaba protección. Y todas estas son instancias del poder central, que resultan totalmente corruptas o totalmente ineficientes, o ambas cosas a la vez” (Infodiario 391).
   Se podría decir que la descentralización actual, más allá de reconocer que los avances corresponden más al empeño de los gobiernos regionales y locales que al ejecutivo o legislativo,ha sido, hasta ahora, una forma de convivencia o modus operandi entre las elites que manejan este país y que viven en Lima (ciudad también asfixiada por ese centralismo) y el resto del país.
   Es como satisfacer epidérmicamente una demanda a todas luces justa y decirle a las provincias “vean ustedes qué pueden hacer”. Y si hoy la descentralización aparece como un gran problema para estas elites, no es porque sus habitantes viven mal sino más bien porque en las provincias hay mucho dinero y porque, además, está erosionando la legitimidaddel poder central.
   En realidad, el proceso de descentralización se ha desarrollado y manejado según las coyunturas y las correlaciones políticas, no en función a un plan concertado entre el poder ejecutivo, el legislativo, los partidos “nacionales” y las regiones y sus representantes.

Poder político y descentralización:


Frente a este panorama pintado por los medios no se toca el hecho de que esto no se refiere únicamente a las administraciones regionales sino que esta instalado en el comportamiento social y que esta situación tiñe a toda la actividad nacional.

El comportamiento anómico, sub estandard, informal, carente de competitividad y cada día más alejado de certificación de calidad es lo que se está imponiendo en todos los ambitos de la vida nacional.

Recordando el Infierrno
“Clases, Estado y nación en el Perú” (1978), de Julio Cotler, y “El otro sendero” (1986), de Hernando de De Soto.
Revisión de los estudios sociológicos en el Perú. Fuentes de referencia fundamentales

“Gatopardismo” neoliberal

“Diversificación productiva”: ejes del “gatopardismo” neoliberal

El cambio del actual estilo de crecimiento presupone la transformación de la estructura productiva, esto es, la expansión y modernización de los sectores agrícola, manufacturero y de servicios transables. Cuando cambie la composición de lo que produce nuestro país, inexorablemente cambiará la composición de sus exportaciones y su participación, como economía abierta, en el comercio mundial.

La pregunta entonces es: ¿cómo efectuar esta transformación productiva? Los que dicen que un eje de la «diversificación productiva» es la inserción de empresas nacionales en las cadenas globales de valor para «ampliar la canasta exportadora», nos hipotecan a sus principales actores: las grandes empresas trasnacionales cuyas estrategias impactan en los flujos de comercio nternacional.
      Estas empresas deciden las estrategias en todas las etapas de las redes globales de producción y, por cierto, no aseguran su articulación con la economía interna, por lo que sus efectos distributivos y sus impactos sobre el desarrollo no son evidentes (Kosacoff y López, 2008). Además, la dinámica de la innovación se sitúa básicamente fuera de las fronteras de los países, limitando así los impactos de la cadena exportadora sobre el resto de la economía (Cimoli, 2005).

La carrera hacia el fondo (Race to the Bottom)
  Por otro lado, una incorporación relativamente exitosa en las cadenas globales de valor, no es necesariamente durable porque pueden surgir nuevas y más atractivas fuentes de producción en países en desarrollo que ofrecen costos laborales y de insumos más bajos. La globalización ha hecho que los eslabones de la cadena puedan relocalizarse, y la posibilidad de hacerlo es mayor con la exacerbación de la competencia entre productores y exportadores de manufacturas intensivas en trabajo: todos tratan de contener los costos desregulando mercados para mantenerse atractivos a las inversiones extranjeras y empresas transnacionales.

 Este tipo de competencia, conocida como «a race to the bottom» (una carrera hacia el fondo) (Palley, 2011), ha conducido al estancamiento de los salarios reales, al deterioro de las condiciones de vida de las mayorías y a la política del «perro del hortelano» que deteriora el medio ambiente y perjudica a las poblaciones nativas. La carrera hacia el fondo es, entonces, consustancial a la constitución de las cadenas globales de valor.
   En esta lógica de la globalización se propone como segundo eje de la «diversificación productiva», la eliminación de «sobrecostos y regulaciones inadecuadas para incrementar la rentabilidad y la inversión de las empresas». Se trata –dicen sus autores- de «perfeccionar la regulaciones en las áreas laboral, salud y medioambiental».
   Sabemos que con el desmantelamiento de los estándares regulatorios en las dos décadas de neoliberalismo, se estancaron los salarios reales, aumentaron notoriamente las tarifas públicas (teléfono, electricidad, etc.), y se reprodujo una estructura del empleo de baja calificación y productividad. El 71% del empleo se ubica en empresas «De 1 a 10 personas», donde el ingreso promedio mensual es de 938.3 soles. De otro lado, el 68.4% del empleo tiene primaria y secundaria, y solo el 16.5% tiene educación universitaria. La estructura productiva, por lo tanto, también está dominada por actividades de baja productividad y altamente intensivas en trabajo poco calificado (comercio, servicios, construcción y agricultura, que explican el 81.3% del PBI y el 87.7% del empleo).
   Bajo estas condiciones internas, y apoyándose en mayores desregulaciones y reducciones de costos laborales, se pretende insertar las unidades productivas nacionales a las cadenas globales de valor. ¿Ayudará esto a superar las fallas estructurales de la economía peruana? No lo sabemos, pero el momento para hacerlo tampoco es oportuno. La crisis de las economías de los países del centro limita la posibilidad de sostener el crecimiento económico participando en redes globales de valor.

El eje de la expansión de la productividad
   Los autores de la propuesta de «diversificación productiva» le adicionan como tercer eje la expansión de la «productividad en todos los sectores, mediante difusión tecnológica, apoyo al desarrollo de clústeres, implementación de parques industriales, desarrollo de proveedores y diagnósticos regionales». La concepción de la productividad que está en la base de esta propuesta, es estática y exógena al estilo de crecimiento y acumulación de capital. Por ello no se menciona a la industrialización en la propuesta de «diversificación productiva».
   La expansión de la productividad es un macro-fenómeno fundamentalmente endógeno, cuando el crecimiento es liderado por las actividades industriales. Es un subproducto de un patrón de acumulación de capital y del crecimiento del PBI –-dice Ros, 2013— como consecuencia del progreso técnico incorporado, de la presencia de rendimientos crecientes a escala y, especialmente en países en desarrollo, del rol de las ganancias de productividad derivadas de la reasignación de la fuerza de trabajo entre sectores. La generación de rendimientos crecientes se asocia a la industria manufacturera porque en ésta las posibilidades de diferenciación y de surgimiento de nuevos procesos y productos no tiene límites –al igual que los cambios en la organización social de la producción–, pero además porque el dinamismo de los otros sectores productivos es el resultado del dinamismo industrial (Jiménez, 1999).

A modo de conclusión
Los tres ejes de la «diversificación productiva» analizados, son propuestas de cambio para que todo siga como está. Es el «gatopardismo» neoliberal, pues su máximo exponente ha dicho con claridad que su propuesta de «diversificación productiva no quiere generar cambios en los principios del modelo económico».

miércoles, 4 de junio de 2014

Marine Le Pen: Europe

Photo Gallery: 'Be Careful Ms. Merkel' Photos

Eric Garault/ DER SPIEGEL
In a SPIEGEL interview, French right-wing populist Marine Le Pen discusses the European election victory by her Front National, German dominance in the EU and her admiration for Russian President Vladimir Putin.

SPIEGEL: Ms. Le Pen, having won 25 percent of the French vote, your Front National party stands as one of the primary beneficiaries of the May 25 European Parliament election. How could such a thing come to pass?
Le Pen: The French want to regain control of their own country. They want to determine the course of their own economy and their immigration policies. They want their own laws to take precedence over those of the European Union. The French have understood that the EU does not live up to the utopia they were sold. It has distanced itself significantly from a democratic mode of operation.
 SPIEGEL: Yet, prior to the election, it was said that the establishment of lead candidates for the two biggest groups -- Jean-Claude Juncker for the center-right and Martin Schulz for the center-left -- would strengthen democracy in the EU.
Le Pen: That is totally bogus. Everybody knew that the parliament wouldn't be making the final decision on the next president of the European Commission.
SPIEGEL: Do you want to destroy Europe?
Le Pen: I want to destroy the EU, not Europe! I believe in a Europe of nation-states. I believe in Airbus and Ariane, in a Europe based on cooperation. But I don't want this European Soviet Union.
SPIEGEL: The EU is a vast project for peace. It has helped ensure 70 years without war on the Continent.
Le Pen: No. Europe is war. Economic war. It is the increase of hostilities between the countries. Germans are denigrated as being cruel, the Greeks as fraudsters, the French as lazy. Ms. Merkel can't travel to any European country without being protected by hundreds of police. That is not brotherhood.
SPIEGEL: You now intend to head to Brussels only to fight the system.
Le Pen: And why not? The EU is deeply harmful, it is an anti-democratic monster. I want to prevent it from becoming fatter, from continuing to breathe, from grabbing everything with its paws and from extending its tentacles into all areas of our legislation. In our glorious history, millions have died to ensure that our country remains free. Today, we are simply allowing our right to self-determination to be stolen from us.
SPIEGEL: In truth, though, you didn't win the elections because of the EU, but because the French are furious with their economic situation and with President François Hollande. Have you thanked him?
Le Pen: No. Then I would have had to call Nicolas Sarkozy as well. France is in this situation because the conservative Union for a Popular Movement (Sarkozy's party) and the Socialists (Hollande's party) submitted to European treaties. These treaties promote German interests quite well, but they are poor at defending France's interests.
SPIEGEL: Germany is to be blamed for France's misery?
Le Pen: Whenever I hear people utter anti-German sentiments, I say: You can't blame Germany for defending its own interests. I can't blame Ms. Merkel for saying she wants a strong euro. I place the blame with our own leaders who are not defending our interests. A strong euro is ruining our economy.
SPIEGEL: Why would you say that the euro is only helping Germany?
Le Pen: For a very simple reason: It was created by Germany, for Germany.
SPIEGEL: It was François Mitterand who wanted the euro in order to contain Germany. In fact, it was difficult for the Germans to give up their beloved deutsche mark.
Le Pen: That's another story. Mitterand wanted to push integration forward with the euro. But from an economic standpoint, the euro is German. Were we to return to our national currencies, the D-Mark would be the only one to appreciate in value, which would be a competitive disadvantage for Germany. Our currency, by contrast, would be devalued, which would give us a bit of room to breathe.
SPIEGEL: In other words, votes for EU-skeptics are votes against Germany?
Le Pen: There's no doubt that the model we are advocating is less positive for Germany than the current model. Germany has become the economic heart of Europe because our leaders are weak. But Germany should never forget that France is Europe's political heart. What is happening here today foreshadows what will happen in the rest of Europe in the coming years: the great return of the nation-state, which they wanted to obliterate.
SPIEGEL: Do you see Angela Merkel as an enemy?
Le Pen: I have respect for leaders who defend the interests of their countries. Her policies are positive for Germany, but they are unfortunately harmful for all other countries. My warning is: Be careful Ms. Merkel. If you don't see the suffering that has been imposed on the rest of the European people, then Germany will make itself hated. She believes it is possible to pursue policies In other countries against the will of the people. She would never do that in Germany, where election results are being respected. But she wants to impose her policies on others. This will lead to an explosion of the European Union.
SPIEGEL: Do you really want France to leave the euro?
Le Pen: I have been saying that since the French presidential election campaign. It is a difficult issue and I have taken a big risk. I know very well that the political classes have spread fear among the electorate: Without the euro, the sun will cease shining, the rivers will stop flowing, we will enter an ice age …
SPIEGEL: An end to the euro would surely lead to an economic disaster.
Le Pen: I don't believe that at all. It would be an unbelievable opportunity. If we don't all leave the euro behind, it will explode. Either there will be a popular revolt because the people no longer want to be bled out. Or the Germans will say: Stop, we can't pay for the poor anymore.
SPIEGEL: You are now bringing 24 representatives with you to Brussels ...
Le Pen: ... as the fourth biggest party group behind the German Christian Democrats, the Italian Democratic Party and the German Social Democrats.
SPIEGEL: But to build a parliamentary group, you need representatives from seven different countries. You have an agreement with the Dutch right-wing populist Geert Wilders, the FPÖ from Austria, the Lega Nord from Italy and Vlaams Belang from Belgium, but that isn't enough.
Le Pen: I am optimistic that we will be able to establish a parliamentary group. I have a series of meetings coming up soon.
SPIEGEL: The United Kingdom Independence Party (UKIP), though EU-skeptic, has refused to cooperate with you. Party head Nigel Farage has said the Front National is anti-Semitic.
Le Pen: And David Cameron says that UKIP members are crazy and racist. I think it is good that UKIP is as strong as we are. But they already have a parliamentary group and see us as competition. Hence, the insulting accusations.
SPIEGEL: Would you like to work together with UKIP?
Le Pen: It would certainly be a possibility. We have the same fundamental approach to Europe.
SPIEGEL: You and your possible allies are all opposed to the European Union. But what, for example, do you have in common beyond that with someone like Geert Wilders?
Le Pen: That's enough!
SPIEGEL: He is in favor of gay rights while you are opposed to gay marriage.
Le Pen: Why should I care about that? For me, the fight for sovereign nations is enough. Everybody should be able to choose according to his own values and history, within a European civilization that we all belong to.
SPIEGEL: You have excluded the possibility of cooperating with right-wing extremists such as the Golden Dawn party from Greece or the German neo-Nazi party NPD. What about Germany's euro-skeptic party AFD?
Le Pen: They have yet to show interest in such a cooperation. We share certain viewpoints with the AFD, but they are not a party of the people. Rather they are an elitist party with a different structure from ours.
SPIEGEL: Is France actually suffering from a kind of depression?
Le Pen: There's something to it. We used to be one of the richest countries in the world, but we are now on a path towards under-development. This austerity that has been imposed on the people doesn't work. The people will not allow themselves to be throttled without revolting.  
SPIEGEL: Still, the French sovereign debt is massive.
Le Pen: The French debt will remain massive. The more austerity one imposes, the more growth suffers, the lower tax revenues remain and the higher the budget deficit. Plus, the government has saved by making cuts to useful expenditures instead of to the damaging expenditures. Savings should be made with cuts to the generous social system, which grants illegal immigrants the same protections as it does our citizens. And with welfare fraud; and with the EU contributions, which rise every year. 

El caso de Inglaterra

lunes, 2 de junio de 2014

ANÁLISIS DE LA DERROTA DE HOLLANDE


Hollande, Valls y la cruda realidad

Hollande, Valls y la cruda realidad

Publicado por el abr 1, 2014

Era el mirlo blanco para la Europa socialista, y muy en particular, para el PSOE en España. Cuando François Hollande se disponía a entrar en el Elíseo tras su rotunda victoria electoral, las arremetidas del primer partido de la oposición en España contra el Gobierno de Rajoy eran cada vez más recias. Obviando que era el propio PSOE quien acababa de dejar las arcas públicas hipotecadas para al menos un lustro, Rubalcaba hacía de su capa un sayo y aprovechaba la ola socialista en Francia para proclamar que “otra política económica es posible”. 

Frente a la contención y el sacrificio al que nos sometía la pérfida Alemania, comandada por la antipática Merkel, Elena Valenciano, ahora cabeza de lista en las elecciones europeas, se sacaba otro de esos conejos de la chistera que tanto gustan a los socialistas, que tanto huyen de proponer a los españoles disciplina y esfuerzo, y volvía a plantear más gasto. Frente al “austericidio”, una de esas palabras del marketing que tan bien maneja la izquierda, la “política del crecimiento”.

 Ni el mismísimo Zapatero aprobaba el planteamiento de sus herederos al frente del partido, convencido ya, como había demostrado en su último año y medio de mandato, que no quedaba otro remedio que un prolongado sacrifico para salir de la crisis.

Pues bien, casi dos años después, Hollande se ha dado de bruces con la misma realidad con la que chocó el Zapatero de 2010, el que sacudió los cimientos del PSOE cuando anunció en aquel mayo fatídico la reducción de sueldo de los funcionarios y la bajada de las pensiones. Si ya es sabido que en política lo que no afrontas tú te lo afrontan los ciudadanos en las urnas, a Hollande le han madrugado los electores en un varapalo electoral que los franceses casi ni recordaban. 

Es verdad que de un tiempo a esta parte los comicios municipales se han convertido en Francia en una suerte de potro de tortura para quien gobierna el país, pero la barrida del socialismo ha sido tal que, exceptuando la victoria de la española Anne Hidalgo en París, la derecha y la extrema derecha se han llevado casi todo el resto de la tarta. 

No puede decirse aún que Mariano Rajoy no pueda perder las próximas elecciones europeas el próximo 25 de mayo, pero quizá la diferencia en el castigo sea menor por una razón: incluso aunque el líder del PP se desdijo de buena parte de su programa electoral con una notable subida de impuestos, nadie podrá decir que no se planteó el sacrificio desde un principio. Quizá a los franceses les ha parecido que lo que prometió Hollande no eran tan desagradables. Y si no, que se lo pregunten a los humildes trabajadores que han dejado de votar socialista para dar su apoyo a Marine Le Pen.

Como el Zapatero de 2010, Hollande se ve obligado a traicionar ahora sus (presuntos) principios socialistas nombrando primer ministro a quien la prensa de izquierdas tacha de “duro”, el español Manuel Valls. En efecto, Valls es un hombre de la derecha socialista, si se puede hablar a sí, que seguramente se acomodaría más a la UMP, el partido de la derecha, pero que ha hecho carrera entre los socialistas franceses. Aunque el nombramiento le ha costado ya dos dimisiones, Hollande se ha dado cuenta de que necesita agarrar firmemente el timón de un país a la deriva y que amenaza con convertirse en el lastre de Europa.

2 de junio



Lunes de análisis en la sede del Partido Socialista (PS) francés tras la segunda vuelta de las elecciones locales. Además de su tremenda caída en todo el país el voto de castigo contra el Gobierno se puede ver en la abstención, muy alta, que ha marcado un récord histórico: un 36,3%.
“Bueno, hay un perdedor, que es la democracia”, opina Dominique Moisi, del Instituto de Relaciones Internacionales. “Casi un 40% de los franceses se ha abstenido, lo que es la mayor cifra en la Historia de la V República en unas locales”.

Aunque el PS ha conseguido mantener algunas plazas importantes como París, ha sido claramente derrotado en cómputo global por la UMP (Unión por un Movimiento Popular, centroderecha). El Frente Nacional (FN) ha vivido un ascenso que sabe a victoria.

“No creo que esta remodelación cambie nada si la política no cambia. Y creo que la politica no cambiará porque la verdad es que es el camino de Bruselas. No es François Hollande el que decide, no más que Nicolas Sarkozy. Bruselas considera que tenemos que llevar a cabo una política de austeridad como en Grecia, España o Italia, y esto es lo que François Hollande está haciendo ahora”, decía en una entrevista Marine Le Pen, líder del FN.

Aunque esperado, el varapalo de los socialistas en las elecciones locales francesas parece forzar a Hollande a reaccionar ante esta derrota y a remodelar su Gobierno. De momento solo hay rumores: El ministro del Interior Manuel Valls suena como posible sustituto del primer ministro Jean-Marc Ayrault.


Hollande, Valls y la cruda realidad

A PARTIR DE MENOS HORAS DE TRABAJO

If someone had designed a work regime perfectly suited to maintaining the power of finance capital, it’s hard to see how they could have done a better job. Real, productive workers are relentlessly squeezed and exploited. The remainder are divided between a terrorised stratum of the, universally reviled, unemployed and a larger stratum who are basically paid to do nothing, in positions designed to make them identify with the perspectives and sensibilities of the ruling class (managers, administrators, etc) – and particularly its financial avatars – but, at the same time, foster a simmering resentment against anyone whose work has clear and undeniable social value. Clearly, the system was never consciously designed. It emerged from almost a century of trial and error. But it is the only explanation for why, despite our technological capacities, we are not all working 3-4 hour days.

Si alguien hubiera diseñado un régimen de trabajo perfectamente adecuado para mantener el poder del capital financiero, es difícil ver cómo se podría haber hecho un mejor trabajo. Los trabajadores reales y productivos son implacablemente exprimidos y explotados. El resto se divide entre un estrato aterrorizado por los universalmente denostados desempleados y un estrato más grande de los que están básicamente pagados para no hacer nada, en los puestos diseñados para hacer que se identifiquen con las perspectivas y sensibilidades de la clase dominante (gerentes, administradores, etc) - y en particular de sus avatares financieros -, pero, al mismo tiempo, fomentan un resentimiento latente contra cualquier persona cuyo trabajo tiene un valor social claro e innegable. Claramente, el sistema nunca fue concientemente diseñado. Surgió despues de casi un siglo de ensayo y error. Pero es la única explicación de por qué, a pesar de nuestras capacidades tecnológicas, no  trabajamos  3-4 horas al día.
 

LA FORJA DE UN REY


El tiempo del Príncipe

'El País Semanal ' hizo este retrato de Felipe de Borbón cuando cumplió 45 años, en el momento de mayor turbulencia de la Monarquía



El Príncipe Felipe de Borbón, posa en exclusiva para 'El País Semanal' / James Rajotte
En torno a la una de la tarde del martes 30 de enero de 1968, el príncipe Juan Carlos de Borbón, de 30 años, ajustado traje oscuro a medida y un cigarrillo negro tras otro, marcó el número del palacio de El Pardo en el teléfono color pastel de la habitación 604 del sanatorio Nuestra Señora de Loreto de Madrid para anunciar a Franco que su esposa, Sofía de Grecia, acababa de dar a luz a su tercer hijo. Había sido un parto natural. Apenas 20 minutos. Era un varón. Un heredero. Una apuesta de futuro. El dictador parecía feliz. “¿Es machote?”, preguntó al Príncipe. “Sí, mucho, mi general, como su padre”. Y se echaron a reír. Dos días más tarde acordaron cómo se iba a llamar. Juan Carlos optó por Felipe, frente a la otra posibilidad barajada, Fernando. Eran dos nombres emblemáticos de la realeza española y de la estirpe de los Borbones. El dictador estuvo conforme: “Fernando VII todavía está muy cerca; los felipes son más antiguos”, sentenció.

El recién nacido era grande, rubio y de ojos azules. Un par de días más tarde, Juan Carlos permitió que los periodistas le fotografiaran (“sin flas”, exigió) en una habitación del hospital y brindó con ellos con cava. Estaba exultante. Esa anhelada descendencia masculina le acercaba un poco más al trono. Más allá, le daba la oportunidad de materializar algún día esa idea de España que andaba rumiando: conseguir los poderes que detentaba el dictador para entregárselos a la nación rumbo a la reconciliación y la democracia. La hoja de ruta de don Juan Carlos era prescindir del poder heredado del dictador para alcanzar capacidad de influencia y, sobre todo, de representación, arbitraje y moderación entre los españoles. 

Convertirse en un símbolo aceptado por todos. Aún tendría que esperar al verano de 1969 para que el anciano general le nombrara sucesor, pero las cosas empezaban a rodar tras dos décadas de una travesía del desierto que había comenzado cuando tenía diez años, lejos de sus padres, rodeado de curas y generales y sin tener una posición clara en el régimen: dentro, pero fuera del sistema; ninguneado, controlado y espiado. Mudo. Como confesó al escritor José Luis de Vilallonga, “la soledad comienza con el silencio que es necesario saber guardar. He pasado años sabiendo que cada una de las palabras que pronunciaba iban a ser repetidas en las altas esferas, después de haber sido analizadas e interpretadas según sus conveniencias por gente que no siempre deseaba mi bien. Aprendí a mirar, a escuchar y a callarme”.


“¿Es machote?”, preguntó Franco a Juan Carlos cuando nació Felipe
Con los años, aquel recién nacido, Felipe de Borbón, haría suyo ese consejo: hablar lo justo y nunca mal de nadie en público. Observar. Dominar el arte de la contención. No confiarse. Huir del protagonismo. Tener una conducta intachable. Esperar sin impaciencia. Sonreír. Obedecer. Aguantar. 

De ese estricto puzle surge una imagen del heredero en ocasiones distante y hermética. El Príncipe no concede entrevistas (estuvo a punto de hacer una en televisión, pero al final la Casa del Rey se echó atrás) y sus declaraciones off the record son contadas. Solo escarbando en sus discursos, donde siempre hila tan fino como si tejiera las barbas de un antílope de Cachemira, se vislumbra algún indicio de lo que piensa. En 2006 me confirmó que los que pronuncia en torno a sus fundaciones (Príncipe de Asturias y Príncipe de Girona) “son los más míos; en ellos siempre meto algún mensaje personal a los españoles, sobre todo a los jóvenes”.

Frente a esos discursos conviene armarse de paciencia y profundizar en sus líneas. Agazapadas entre buenas intenciones y lugares comunes, se pueden encontrar joyas como este esbozo de la Monarquía del futuro que realizó el 14 de diciembre de 2011, en Barcelona (dos días más tarde de que la Casa del Rey calificara de “poco ejemplar”, el comportamiento de Iñaki Urdangarin y le apartara de la agenda de la Jefatura del Estado), durante la presentación en Madrid de la Fundación Príncipe de Girona, centrada en el trabajo con los jóvenes (que el heredero definió ese mismo día como “honesta y transparente”, colocándose, evidentemente, en las antípodas morales de las que presidía sin ánimo de lucro Urdangarin, el Instituto Nóos o la Fundación Deporte, Cultura e Integración Social): “Hacer realidad mi deseo firme y permanente de adaptar y de adecuar la institución a los tiempos que vivimos en cada momento, impulsando un proyecto que une nuestra historia con el futuro, que engarza nuestra tradición a un espíritu de vanguardia y progreso”.

 O este apunte al natural de su oficio: “Servir con dedicación al Estado, al conjunto de los españoles; trabajar por los intereses generales y promover acciones o iniciativas que sirvan al interés común, constituyen para mí un compromiso personal inalterable y sin matices. Una tarea, en definitiva, a la que dedico mi vida y que forma parte de mis deberes y convicciones, especialmente tras mi juramento de la Constitución. Y ahora también junto a la Princesa”.

El bautismo de Felipe de Borbón, ocho días más tarde de su nacimiento, fue una ceremonia de Estado en la que se mezcló como nunca antes el franquismo, la nobleza y la familia real, una parte de la cual (como su abuelo don Juan y su bisabuela la reina Victoria Eugenia) jamás había regresado a España desde su marcha al exilio en 1931. Una elegante puesta en escena con reyes sin tierra, obispos, toisones, espadones, pieles y chaqués, en el escenario del entonces aislado palacete de la Zarzuela, hogar de los Príncipes desde su boda en 1962 por decisión del dictador.

Era la primera vez que Franco lo pisaba, aunque se encontraba a solo diez minutos de su residencia de El Pardo. Al general le gustaba marcar distancias. Nunca volvería. Era también la última ocasión en que el dictador iba a cruzarse con don Juan, padre de Juan Carlos, abuelo del neófito, rival político y auténtica bestia negra del dictador a causa de sus posiciones democráticas, que le convertían ante los ojos del franquismo en un liberal peligroso. Aquella tarde de enero, entre el incienso del oficio religioso, se mascaba la alta política en La Zarzuela. Se jugaba el futuro.

Aquel bebé adormilado ante el que los cortesanos se inclinaban con respeto decimonónico, protagonizaba, sin saberlo, el primer acto de una andadura que a partir de entonces iba a ser diseñada hasta en sus menores detalles por otros (su educación, carrera militar y civil, amistades, funciones, equipo, discursos, actividades y, en algún momento, incluso sus parejas), siempre mayores que él, siempre militares o altos funcionarios del Estado, bajo la dirección de su padre, el jefe del Estado, “el patrón”, como a Felipe le gusta llamarle. Un camino tortuoso que alcanzará su momento cumbre el día que le suceda como rey constitucional de un país que tiene muy poco que ver con el que se encontró Juan Carlos en 1975, donde millones de ciudadanos no han vivido el franquismo, la recuperación de las libertades, ni el golpe de Estado del 23-F, y piensan que no le deben nada al Soberano, y menos aún a su hijo, del que ignoran casi todo.


Felipe de Borbón, con DNI 015, será un Rey muy diferente a su padre

Felipe de Borbón y Grecia, con DNI 015, será un monarca diferente; vivirá una situación histórica distinta; tiene otro estilo y carácter; es de otra generación; celebró su mayoría de edad jurando la Constitución; se casó con una periodista plebeya y divorciada; tiene bien interiorizadas las reglas del juego y no las sobrepasa un milímetro.

 “Cuando tengo una duda, me agarro al cuello de la Constitución y no me suelto”, me explicó durante un viaje a Estados Unidos en 1999. No le gusta la improvisación ni salirse de su carril; es concienzudo y cabezota; preguntón; se fía más del cerebro que del olfato; apuesta por los valores éticos; cree en la solidaridad (un viejo colaborador le describe como “algo así como un socialdemócrata avanzado”); da mil vueltas a las cosas; es un adicto a tomar notas, “apunto ideas que me pueden servir más tarde, así mantienes la cabeza en marcha y refrescas los conocimientos cuando las revisas; lo difícil es clasificarlas”; le gusta discutir y madurar con calma cualquier decisión que le ataña con su escueto equipo; no abre la boca en vano; no es dado a las sorpresas; tiene la obsesión de hacerlo bien, de ser útil; de unir, integrar y trabajar por España; de prestigiar a su país; de ser aceptado por todos más allá de las coyunturas políticas. Cree en la institución monárquica, en su papel en este siglo, en sus posibilidades de ser un vehículo de concordia y convivencia en la España plural, pero también sabe que necesita un lifting. 

Que hay que ponerla al día, hacerla más transparente, ética y abierta. Durante aquel mismo viaje me describió su trabajo: “Es un oficio que solo tiene un objetivo, servir a los españoles. Un oficio de familia que estamos obligados a perfeccionar a diario; somos una especie de servicio público donde tienes que estar a cualquier hora de cualquier día del año al servicio de tu país. Y ahí caben muchas cosas. Toda mi vida ha estado dirigida a eso”. Nuestra conversación concluía con esta reflexión: “Lo que más me preocupa es que me conozcan los españoles; si no, nada tendría sentido. Quiero conocer cada vez más a mi gente, y que ellos me conozcan a mí y haya entre nosotros un intercambio de información sobre cómo son y qué les preocupa y qué puedo hacer por mi país”.





El Príncipe Felipe de Borbón / James Rajotte

Felipe sabe desde niño que el escrutinio público de cada uno de sus actos, gestos y palabras será exhaustivo hasta el final de sus días. Y la comparación con su padre, inevitable. Lo que le complica las cosas, porque Juan Carlos I ha sido durante décadas la imagen del éxito. El hombre atractivo, carismático, deportista, arriesgado y castizo que a base de instinto, astucia e inteligencia política propició el fin de la dictadura; aupó a una nueva generación al poder; movió las piezas para legalizar el Partido Comunista, comprendió el sistema autonómico, impulsó la Constitución, paró a los golpistas, puso a España en el mapamundi y ha convivido con la derecha, la izquierda, la derecha, la izquierda y de nuevo la derecha sin apenas errores políticos. En el camino ha cimentado una Monarquía (el oficio de familia) en la que nadie creía a comienzos de los setenta, cuando la izquierda le motejaba “Juan Carlos el Breve”.

 El retorno de la Monarquía a España en 1975 ha representado un exotismo político en un panorama mundial que se deshizo mayoritariamente de ese sistema entre el siglo XIX y el XX. La Monarquía volvió a España en 1975 porque la nación la consideraba útil. 

Porque había un consenso en el Parlamento y en la calle. Porque el Rey remaba a favor de las libertades y el pueblo creyó en él. Desde entonces, la institución está siempre en el alero en un país que carece de sentimientos monárquicos. Y cualquier mancha en su imagen puede resucitar el republicanismo. Como dijo una vez el Rey, “la corona hay que ganársela cada día”.

¿Y qué piensa el Príncipe del Rey? No es fácil adivinarlo más allá de su respeto al estadista, la admiración al personaje histórico y el amor al padre que ha sido su modelo de hombre. Un maestro duro y exigente que ha gobernado La Zarzuela a golpe de silbato. Y no hay que olvidar que bajo el techo del palacio convive una curiosa trinidad: la Jefatura del Estado, la institución monárquica y una familia, “y esta última es la más complicada de gestionar”, según afirma una fuente de la Casa. “Y desde ese flanco han venido los problemas. De ahí que el núcleo duro de la familia real se haya reducido a los Reyes y los Príncipes, y se haya dejado fuera a las infantas Elena y Cristina”.

“Este es un oficio con un solo objetivo, servir a los españoles”, dijo el Príncipe

Quizá la mejor pista de la opinión del Príncipe sobre el Rey se pueda obtener de algunos párrafos del discurso que le dedicó durante la celebración del 70º cumpleaños del Monarca. Vayamos al primero: “Este es tu estilo, tu particular manera de vestir llana y dignamente tus 70 años: con generosidad, sin pretensiones, con la mano tendida y los brazos abiertos y… también –todo sea dicho– con el andar un poco ralentizado por el peso de la experiencia, pero sin perder esa chispa, siempre dispuesta para el humor, la intuición y el coraje que siempre has demostrado, hasta en los momentos más difíciles”. 

Este el segundo: “Reconozcámoslo; siempre dentro de un orden, te gusta la improvisación propia de estas latitudes, la sorpresa y cambiar el paso de vez en cuando, aunque huyas del desorden, la arbitrariedad y la imprevisión”. Sin olvidar este tercero: “Gracias, querido patrón, por tu permanente ejemplo de vida intensa entregada al servicio de la nación. Ese es el legado que vas conformando día a día y que se convierte sin duda alguna en carta de navegación fiable para los que te seguimos en la vida y damos continuidad a tu vocación, para los que te admiramos y te queremos”. Y este cuarto, en el que no se olvida de su madre, la Reina, que no pasa por su mejor momento ante las fracturas familiares: “Permíteme añadir que si para leer e interpretar correctamente cualquier carta náutica recurrimos a la leyenda, esa la encontramos impecable en tu leal y dedicada mujer, nuestra querida madre”.





La familia real en el Palacio Real durante la celebración de la Pascua Militar, el pasado 6 de enero. / James Rajotte

El Príncipe cumple 45 años este miércoles; su padre, 75 hace un mes. Ese momento cumbre de la vida del heredero que será la sucesión al trono, donde tendrán que cuajar su herencia, personalidad y sentido común, su madurez como estadista, lo que ha aprendido y su visión renovada de la institución, está cada vez más cerca. No lo tiene fácil. La Monarquía española vive el peor momento desde su restauración en 1975.

La imputación de Iñaki Urdangarin, su cuñado, a finales de 2011, por malversación de caudales públicos, fraude, prevaricación, falsedad documental y delito fiscal dentro de una actividad profesional calificada por la Casa del Rey como “poco ejemplar”, ha salpicado el manto de armiño de la institución. Desde el mismo momento en que saltó la noticia del affaire Urdangarin, sus réplicas se reflejaron de inmediato en los sondeos de opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El 26 de octubre de 2011, el Rey suspendía por primera vez en la serie histórica de la escala de valoraciones del CIS, con un 4,89. Si en 1998 un 72% de los encuestados prefería la monarquía y solo un 11% la república, en 2010 la diferencia era de un 57% frente a un 35%, y en 2012, de 53% a 37%. 

El Rey era el peor parado (especialmente tras su cacería de elefantes), el Príncipe aguantaba el chaparrón y la Reina (curiosamente) salía reforzada. Los datos demoscópicos que se reciben cada semana en La Zarzuela reflejan esa tendencia: el Rey, a la baja, y el Príncipe, en equilibrio inestable. Según esos datos, las actividades privadas del Rey parecen olvidadas por los ciudadanos, pero el caso Urdangarin sigue lastrando una institución que es además una familia y en la que la Reina sigue defendiendo la inocencia de su yerno. Frente a esa marejada político-familiar, el único que parece conservar los pies en la tierra sin perder la sonrisa es el Príncipe. La procesión va por dentro.


Está convencido de que Letizia es la perfecta compañera de viaje
El Príncipe lleva al menos un par de años pasándolo mal, pero sin arrugar el gesto. Es la paradoja de su vida. Por un lado, es un buen tipo, “una persona que vale la pena”, según me lo definió hace cuatro años su mujer, Letizia Ortiz, que ha logrado a estas alturas del camino madurez, equilibrio, profundidad y aplomo; ha encontrado un sentido a su existencia; es feliz en su vida personal: un padrazo volcado en sus hijas, que hace planes con matrimonios amigos en torno a ellas los fines de semana (“no somos unos extraterrestres aislados entre ciervos y encinas”, me explicaba la Princesa. 

“No estamos rodeados de camareros con librea que nos sirven en bandeja de plata; somos humanos, somos mortales, somos como cualquier matrimonio de nuestra edad”), y no se apresura en la educación de su primogénita, Leonor, como heredera al trono, aunque sabe por experiencia que ese momento llegará y será duro. Y es también un romántico convencido de que Letizia es la perfecta compañera de viaje. El Príncipe no es un ciudadano normal (no hay otro como él en nuestro país), pero intenta serlo y se siente cómodo con un trabajo para el que nadie le ha dado un guion y en el que no tiene ningún referente. Su obsesión es conectar con la gente y emprender acciones positivas para España y su imagen y prestigio.

Sin embargo, sufre. No es fácil expresar lo que siente. Nunca lo ha tenido fácil. Desde aquel martes de enero de 1968, ese niño rubio e inquieto se convirtió en parte de la vida de los españoles. Le hemos visto crecer en directo como en El show de Truman. Pero no es un personaje de ficción. Es de carne y hueso. Es dormilón, malo en los deportes de balón, tiene dolores de espalda desde los 17 años, padece del estómago en los precipitados viajes intercontinentales y no es un prodigio del orden. 

Durante la elaboración de un reportaje que realizó El País Semanal sobre los 25 años de la Fundación Príncipe de Asturias, en 2006, me contó cómo se sentía a los 13 años siendo el protagonista de todo el tinglado político y mediático de la inauguración de los Premios: “Fue peor el segundo año. Me pasó como cuando te tiras de un trampolín muy alto y la primera vez no sabes lo que es y te tiras por las buenas, y la segunda ya sabes lo que es y te entra pánico. En 1982 estaba mucho más nervioso. Era más consciente de que era yo el protagonista, y no solo un acompañante. De hecho, no entendí el significado de muchos discursos. Había mucha gente que no conocía. Me sonaban los políticos, pero estaba lleno de gente mayor. Además, me habían hecho una ortodoncia y me molestaba al hablar. Se me nubló todo, se me hizo una sopa de letras, me perdí en pleno discurso, y yo creo que pasaron siete u ocho segundos hasta que pude seguir. Fue un momento terrible. Tuve pesadillas”. 

El Príncipe también me relató en aquella ocasión sus primeros Premios junto a Letizia Ortiz, en Oviedo, en octubre de 2003, cuando aún no se había hecho público su compromiso: “El primer año con la Princesa fue muy complicado, estábamos juntos, pero no se podía saber. Nos cruzábamos por los pasillos sin saludarnos. Luego, al año siguiente, fuimos como marido y mujer y fue muy especial, uno de esos discursos que marcan tu vida. Tras tantos años yendo solo, tenía alguien a mi lado que compartía mi labor. Una persona con criterio. Con ideas que puedes tener en cuenta; fue un discurso muy especial cuando dije aquello de ‘la ceremonia de este año adquiere para mí un nuevo y emocionante significado, pues me acompaña por primera vez mi esposa, la Princesa de Asturias. A ella me uní hace hoy cinco meses; un paso ilusionado de ambos por construir un hogar, formar una familia y compartir el hermoso afán de servir a España con plena entrega, leales a nuestra historia y comprometidos con el futuro de nuestra sociedad’. Mientras leía el discurso, veía que ella se estaba aguantando para no echarse a llorar y no supe si parar. Al final lo terminé. Luego hubo muchas lágrimas en privado”.

Felipe de Borbón es fieramente humano. Un soñador que intenta no desviarse de la misión que le ha sido encomendada. Y dentro de esa forma de entender el mundo, no comprende la conducta de Urdangarin, que ha puesto en juego el prestigio y el futuro de la institución. Lo considera una traición. Durante estos largos años de aprendizaje ha intentado mantener una enorme coherencia en su vida, basándola en valores como la honestidad, integridad, solidaridad, servicio, utilidad y responsabilidad. Incluso renunció al amor cuando no convenía al futuro de la nación. Y la conducta de su cuñado choca con su concepción del mundo y sus valores más profundos.

Es el miembro de la familia real que de forma más radical ha roto con Urdangarin, al que durante un tiempo le unió una buena amistad. Ha colocado su concepto de una Monarquía sin tacha por encima del cariño a su hermana Cristina. No ha flaqueado en esa ruptura. En contra del criterio de la Reina (que es la que más sufre con las fracturas que se han desencadenado en 2012 en su familia). El Príncipe ha sido educado en el convencimiento de que la Monarquía, si no es ejemplar, no sirve, porque eso es lo que les exigen los ciudadanos. Y en ese libro de estilo no cabe la corrupción.

El Príncipe Felipe ha roto de manera radical con Iñaki Urdangarin

En los últimos tiempos ha circulado por La Zarzuela un estudio titulado Monarquías como marcas corporativas, dirigido por el profesor John M. T. Balmer, de la Universidad británica de Bradford, en el que se analizan las fortalezas y debilidades de las monarquías europeas. Enumera entre sus activos la estabilidad política que proporcionan al Estado; su refuerzo de la imagen exterior del país; el ambiente positivo y con ausencia de conmociones políticas ideal para atraer inversiones; el selecto lobby de influencia que se ha establecido entre los monarcas europeos, asiáticos y árabes; su capacidad de proyectarse como un poderoso símbolo visual con siglos de antigüedad que fortalece la marca-país y atrae el turismo; el perfil avanzado de los países con un sistema monárquico y el sentido de comunidad que establece con sus antiguas colonias (en el caso de España, con Latinoamérica).

Sin embargo, el estudio afirma que si las monarquías deterioran su reputación y prestigio por conmociones internas, si pierden el favor del legislativo o de la calle, están abocadas al ocaso. Por tanto, la primera labor de cada casa real es conservar el prestigio de la institución, que los ciudadanos la consideren útil, que nada empañe su imagen. Y ponerlas al día. Esa evolución es básica para su supervivencia. Algo que todos sus titulares han comenzado a hacer renunciando a algunos de sus privilegios, permitiendo a sus herederos que se casen con plebeyas, pagando impuestos, haciendo públicos sus ingresos, borrando las liturgias más palaciegas, eliminando la preferencia del varón sobre la hembra en la sucesión al trono, mezclándose con el pueblo y, en general, adoptando un estilo más austero.

Dentro de esa línea argumental, el príncipe Felipe está convencido de que una Monarquía puesta al día puede prestar aún servicios a España. El trabajo del heredero se mueve a través de tres ejes. El primero, el de representación exterior, promoviendo el comercio internacional y el prestigio de España fuera de sus fronteras, incluida la promoción del español. El segundo, la solidaridad, la innovación, los valores éticos y el conocimiento a través de sus fundaciones, un trabajo del que se encuentra especialmente orgulloso. Y el tercero, a través de lo que en La Zarzuela denominan activos inmateriales, es decir, apoyando la estabilidad, la convivencia, la armonía entre las ideologías y el equilibrio territorial. Simbolizar, representar, arbitrar y moderar. Hoy lo hace a pequeña escala; en el futuro jugará en las grandes ligas.

No lo tiene fácil, pero los nervios no le delatan; sigue ofreciendo una imagen de serenidad. Ni un mal gesto ni una mala palabra. Frente a las turbulencias que vive la Monarquía, él podría contestar con la misma frase del historiador Jaume Vicens i Vives que pronunció en catalán el 14 de diciembre de 2011, solo un mes más tarde de que la Fiscalía Anticorrupción registrara policialmente la sede del Instituto Nóos, en Barcelona, la institución creada por Urdangarin para sus actividades económicas: “Encontraremos el camino y la luz y nos desharemos de la noche y la niebla”.

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Casi 40 años de reinado
Juan Carlos de Borbón y Borbón fue proclamado Rey el 22 de noviembre de 1975, tras la muerte de Francisco Franco, de acuerdo con la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947.
La Constitución Española lo reconoce como rey de España y legítimo heredero de la dinastía histórica de Borbón, otorgándole la jefatura del Estado.
Tras su abdicación, el mando pasará a su hijo, Felipe de Borbón, y hasta ahora Príncipe de Asturias. En el momento de su ascensión al trono, el nombre que elegirá para reinar será Felipe VI de España.

El reinado de Felipe VI de España

El príncipe Felipe de Borbón y Grecia será el nuevo Rey de España.
Don Felipe, el tercer hijo de don Juan Carlos y doña Sofía, nació en Madrid el 30 de enero de 1968 en la clínica de Nuestra Señora de Loreto y fue bautizado con los nombres de Felipe Juan Pablo y Alfonso de Todos los Santos en memoria, respectivamente, del primer Borbón que reinó en España; de su abuelo paterno, el jefe de la Casa Real española; de su abuelo materno, el Rey de los helenos, y de su bisabuelo Don Alfonso XIII, rey de España.
Heredero de la Corona desde la proclamación de su padre como Rey el 22 de noviembre de 1975, recibió el 22 de enero de 1977 el título de Príncipe de Asturias, junto con los de Príncipe de Girona y Príncipe de Viana, correspondientes a los primogénitos de los Reinos de Castilla, Aragón y Navarra, cuya unión formó en el siglo XVI la Monarquía española.
Don Felipe ostenta, asimismo, los títulos de duque de Montblanc, conde de Cervera y señor de Balaguer.


El día que Solzhenitsin regresó del exilio

El día que Solzhenitsin regresó del exilio Por: Juan Carlos Blanco | 27 de mayo de 2014 SOL

Alexandr Solzhenitsin regresó a su patria el 27 de mayo de 1994 tras un exilio que comenzó en 1974. 
Hoy se cumplen 20 años de aquel acontecimiento. EL PAÍS otorgó mucha relevancia a su regreso, informando en portada con la crónica de Pilar Bonet, enviada especial a Vladivostok, acompañada de la fotografía que encabeza esta entrada del blog. 

El escritor llegó a Magadán, una desangelada ciudad que fue capital de una de las peores secciones del gulag estalinista, tocó tierra con una mano, se la llevó a los labios y habló: "Me inclino ante la tierra de Kollmá, que conserva muchos centenares de miles e incluso millones de nuestros compatriotas ejecutados. Hoy, en las pasiones de la política, se olvidan con ligereza de estos millones de víctimas. Se olvidan quienes no se vieron afectados por este exterminio y mucho más los que lo ejecutaron. Los orígenes de nuestro hundimiento actual están aquí. Según las antiguas tradiciones cristianas, la tierra que alberga a los mártires inocentes es sagrada, y así la vamos a considerar". Tras una parada técnica más, aterrizó en Vladoviskok, relajado y de buen humor. 

Volvió a hablar: "Nunca dudé de que el comunismo estaba condenado y se hundiría, pero siempre tuve miedo sobre cuál sería la salida del comunismo y el precio que pagaríamos cuando esto sucediera". Trazó la visión que tenía de su país sin complacencias: "Sé que vuelvo a una Rusia torturada, desalentada, perpleja, que cambió hasta lo irreconocible y que no se gusta a sí misma." Se alojó en un hotel de medio pelo porque rechazó el más lujoso hotel Versalles, ofrecido por las autoridades. 

Aquellos días primaverales no había agua caliente en buena parte de la ciudad y la dirección del hotel Vladivostok, por cuyas habitaciones se paseaban tranquilamente las cucarachas, no consiguió que las autoridades de la ciudad restablecieran el suministro en honor a su huésped. El día que llegó a Vladivoskok Alexander Isáyevich, EL PAÍS ofreció a sus lectores un relato sobre la Rusia que encontraría en su regreso con testimonios de los pasajeros que Pilar Bonet se cruzó en el trayecto del Transiberiano que les llevó a aquella ciudad desde Moscú.

 Fue una semana de viaje que permitió a nuestra enviada especial comprobar las dificultades de muchos pasajeros, que cargaban con sus maletas si decidían -lo hacían pocas veces- visitar el vagón restaurante. A pesar de ser más seguro que otros trenes, tenían miedo a los robos. Terminaba así el relato: "A bordo del Transiberiano, Elbrús Derán, un coreano de 43 años, huye de Tayikistán. Lleva documento de la Embajada rusa en Dushanbé, que acredita su condición de refugiado y las "condiciones insoportables" que le obligaron a marcharse.

El documento va dirigido a las autoridades de la región de Primorie (en el Lejano Oriente ruso) para que presten ayuda a la familia de Derán. "Todos mis vecinos se han marchado, los coreanos, los tártaros, los judíos, los rusos... He vendido la casa por cuatro perras. En la URSS estábamos más seguros y más tranquilos. Tayikistán es un nuevo Afganistán", exclama. En el mismo departamento viaja Lubov Istiugánova, que se dirige a Anadir, en la península de Chukotka. Istlugánova, telefonista y cabo en el Ejército, tampoco está en el tren por su voluntad.

Si el Ministerio de Defensa hubiera pagado sus facturas al Ministerio de Comunicaciones, Istiugánova hubiera viajando en avión y no estaría luchando con los recuerdos en las horas infinitas de tren. De la cartera saca la foto de un niño, su hijo. Dice que murió abrasado a los cuatro años al incendiarse uno de aquellos televisores soviéticos que hacían explosión con facilidad.Alexandr, un ingeniero de minas buriato, de pómulos salientes y mirada dulce, consuela a Lubov: "Ahora los televisores tienen mecanismo de seguridad". 

Alexandr ha descubierto el budismo de sus antepasados y lleva una bolsita de tierra de sus lugares de origen colgada al cuello. 'Esto para mí es como la cruz para ustedes", afirma. Y los compañeros del departamento lo miran respetuosamente, porque, en las ruinas del imperio, todos buscan algo en qué creer. Y no lo encuentran." Mereció su vuelta a Rusia un editorial que glosaba sus convicciones: "Es, sin duda, un intolerante, un absolutista de la moral.

Como complemento a su lirismo épico, muy afecto a lo que tantos comentaristas han calificado de alma rusa, el autor propugna el regreso al Estado moscovita de Ucrania, Belorus -la antigua Rusia blanca- y sustanciales extensiones del Asia central, particularmente en Kazajstán. Tiene un mensaje mesiánico y desprecia las formas de vida occidentales que considera corruptas y débiles. 

Quizá tenga razón en algo. Pero nunca tanta como él mismo cree. No es un Zhirinovsky. Seguramente no implica violencia contra el prójimo. Su respeto a la persona está tan demostrado como su coraje. Y Solzhenitsin llega viejo, y tarde, a una Rusia completamente distinta a la que él abandonó hace 20 años."

Tras su regreso, emprendió un largo trayecto en tren por Rusia acompañado por un equipo de la BBC. Después de siete semanas y 6.500 kilómetros de viaje, llegó a Moscú proclamando que en Rusia no había democracia.

 Lo volvería a decir, solemnemente, cuando en octubre de 1994 se dirigió a la Duma. "No hay democracia en Rusia, sino una oligarquía: el poder de un pequeño grupo de personas", dijo a los parlamentarios en un discurso de 40 minutos. Recibido con aplausos, no tuvo el mismo eco tras pronunciar sus palabras. Un espeso silencio, ninguna pregunta y la sensación de que aquello fue un trámite despidieron al escritor.

En marzo de 2000, EL PAÍS publicó una entrevista que Solzhenitsin concedió a Der Spiegel poco antes de las elecciones presidenciales en las que el entonces primer ministro Putin partía como favorito. 

El escritor señalaba que para él, Putin era un enigma y que esperaba que dejara de actuar como una marioneta del poder oligárquico. Con un fragmento de esa entrevista finaliza este recuerdo de su regreso del exilio.

"P. ¿Cuál sería la misión nacional de Rusia?
R. Muy sencillo: salvar al pueblo ruso. No podemos permitir que los rusos mueran como nación. Nuestra decadencia se produjo a lo largo de 70 años de comunismo y también en los 10 años posteriores. La recuperación es siempre más difícil, y para ello se necesitarán por lo menos 100 años.

Las tendencias demográficas en nuestro país producen escalofríos. La nación pierde cada año casi un millón de seres; hasta ese punto predominan las cifras de mortandad sobre las de nacimientos. Esas pérdidas sólo las sufre una nación cuando está en guerra.

P. Alexander Isáievich, ¿cuáles son las fronteras geográficas de Rusia?
R. Ya en 1990 consideraba a Asia central una región que podía desarrollarse independientemente de Rusia. También a la zona transcaucásica se le debe conceder esa posibilidad. Los pueblos bálticos deben poder seguir su propio camino. Por el contrario, la segregación de Bielorrusia fue para mí un golpe doloroso.
P. Ahora quiere unirse de nuevo a Rusia.La duda se plantea con Ucrania independiente. 
R. También me duele esa separación. Yo reconozco sin reservas ni limitaciones el derecho de Ucrania a desarrollar su propia lengua y cultura, pero estamos unidos por millones de destinos individuales. En la actualidad, el ruso es la lengua materna del 65% de sus habitantes. Mis sentimientos con respecto a la separación de Rusia y Ucrania son parecidos al dolor por la separación del pueblo alemán que duró tanto tiempo.
P. Según eso, ¿son rusos y ucranios un mismo pueblo?
R. Debiera aplicarse el principio del parentesco de culturas y naciones. Pero Rusia es tan grande que no tenemos que pensar en una expansión o ampliación de fronteras. sino en el desarrollo de nuestro espacio. Regiones enormes, como por ejemplo Siberia, han permanecido despobladas."

Alexandr Solzhenitsin saluda con un ramo de flores en la mano a su llegada a Mogadán / REUTERS

 Comentarios
Solzhenitsin vivió otros 13 ó 14 años más en Rusia, tras su vuelta. Hubiera sido curioso saber lo que pensaba de su país antes de morir. Seguramente Rusia no siguió la evolución que él hubiera querido. No sé si los rusos se entienden a sí mismos, pero está claro que los demás no los entendemos; no entendemos a los eslavos en general, y a los rusos pero que ni un poco. ¿Qué quieren ahora en Ucrania? La respuesta que da el escritor a esta pregunta es otro enigma: "Debiera aplicarse el principio del parentesco de culturas y naciones"... ?!? Tal vez sea éso lo que Putin está haciendo ahora...

Cría cuervos, Alexander ¿no querías un resurgimiento del pueblo ruso? Pues ya lo tienes. Y guiado por un exmiembro de los cuerpos de seguridad e inteligencia del Estado soviético. La realidad es siempre más contundente y sugerente que la ficción.

Referencia Biográfica

Qué se entiende por FILOSOFÍA POLÍTICA. BITÁCORA DE P. CAYETANO ACUÑA. 21.06.2026.

P.. CAYETANO ACUÑA VIGIL. @zIGMUNDO VIGIL Cuando nos referimos a la FILOSOFÍA POLÍTICA, yo me refiero a los siguientes CONCEPTOS:    ESTADO,...