lunes, 27 de enero de 2014

Todorov: El peligro totalitario del ultraliberalismo




El peligro totalitario del ultraliberalismo
 


Tzvetan Todorov alerta de rasgos fascistas y estalinistas en las políticas neocon

PAULA CORROTO MADRID 23/09/2010 08:10
Tzvetan Todorov.PAULA CORROTO

Occidente corre el riesgo de caer en un nuevo periodo de totalitarismo. Los culpables: las políticas ultraliberales que dominan hoy los estados democráticos y que poseen unos rasgos comunes a los que edificaron el estalinismo y el fascismo.

Esta es la idea que defiende el intelectual y Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales 2008, Tztevan Todorov (Sofía, 1939) en su libro La experiencia totalitaria (Galaxia Gutenberg). En un texto introductorio a nueve ensayos en los que aborda los totalitarismos durante el siglo XX resume esta paradoja ultraliberal: "Es una amenaza para la función de la política. Estamos amenazados por una concentración de poder y por la limitación del bien común".

"Estamos amenazados por una concentración de poder"

Entre los rasgos afines entre el ultraliberalismo y los totalitarismos se encuentra el nacionalismo, característica del fascismo, y hoy en alza en Europa. "La Unión Europea se está construyendo como una fortaleza contra el inmigrante", afirmó ayer. En este sentido, se refirió a las recientes políticas de expulsión de los gitanos en Francia: "No es porque sean extranjeros, sino porque tienen un modo de vida distinto que les convierte fácilmente en un chivo expiatorio ideal cuando se trata de distraer a la atención pública de otros problemas más reales".

Con respecto al influjo del estalinismo, para Todorov el ultraliberalismo tiene el mismo poder mesiánico. "El comunismo aporta una doctrina de salvación, y por eso es tan seductora", apostilló. En su libro, el intelectual describe con estos trazos al ultraliberal que cree ciegamente en el mercado, "como si este, al igual que Dios, no pudiera equivocarse".
Política maniquea

Al igual que las doctrinas totalitarias, el pensamiento neocon también está construido sobre el radicalismo y el maniqueismo. Según Todorov, estas políticas subyugan todo al imperativo económico. "Y si te sales de este imperativo, enseguida te llaman comunista, como le ocurrió a Obama cuando intentó su pequeña reforma sanitaria", sostuvo.

¿El ultraliberalismo se asentará con la crisis económica? Para este intelectual, el problema es que no se están atacando los problemas estructurales, por lo que "dentro de dos años puede haber una crisis más grave".

Link a la fuente

  • El hombre desplazado, Taurus, 1997, or. 1996
  • Benjamin Constant: la pasión democrática, 1997
  • Elogio de lo cotidiano, 1998
  • El nuevo desorden mundial. Reflexiones de un europeo, Quinteto, 2008, or.2003.
  • El miedo a los bárbaros, más allá del choque de civilizaciones, Galaxia Gutenberg, 2008.

domingo, 26 de enero de 2014

Felix Jiménez: Neoliberalismo y Republicanismo.

El reciente libro de Alberto Vergara (Ciudadanos sin república. ¿Cómo sobrevivir en la jungla política peruana?), es una compilación de artículos que --según él-- revelan la existencia de una «tensión entre las “promesas cumplidas” del neoliberalismo y la frustración por el fracaso de la “promesa republicana”». Martín Tanaka, conocido politólogo, comenta este libro sin crítica alguna, acepta los supuestos logros del neoliberalismo y no se sorprende del «republicanismo» de Vergara. «Mientras que el neoliberalismo dio lugar –dice- a un inédito crecimiento económico, la precariedad del republicanismo pone en riesgo lo avanzado».

«Roba pero hace obras» ha sido elevado por el neoliberalismo en eslogan de persuasión para votar. Republicanos como Viroli, Pettito Casassas, para citar a solo tres contemporáneos, dirían que esta práctica neoliberal es contraria a los principios del bien público, del gobierno de las leyes, de la virtud cívica, de la libertad como no-dominación, y de la justicia.

Tampoco deben saber que desde el segundo gobierno de Alan García, se perdió eficiencia en la aplicación de las reglas de política introducidas con las reformas y se dejó caer el tipo de cambio real afectando a la producción manufacturera.


Félix Jiménez
Félix Jiménez
Opinión Economista Ph. D.
Profesor Principal PUCP

Crecimiento económico y neoliberalismo 

Vergara -y Tanaka-- se equivocan cuando afirman que el reciente crecimiento es «inédito». No saben que el crecimiento económico más alto del último siglo se registra durante 1959-1967: el PBI y la Manufactura crecieron a tasas promedio anuales de 7.2% y 7.8%, respectivamente. Estas tasas son claramente superiores a las registradas durante 2004-2012 (7.0% para el PBI y 5.9% para la Manufactura). Ambos períodos son de ocho años, pero en el primero, a diferencia del segundo, el crecimiento fue liderado por la manufactura y acompañado por un aumento sostenido del ingreso de los trabajadores. Además, el crecimiento registrado en los años 2004-2012 fue el resultado del aumento espectacular en el precio de los metales y de una sostenida demanda externa. Por lo tanto, este crecimiento ni fue «inédito» ni fue resultado de las políticas neoliberales.

Vergara y Tanaka también ignoran que durante el neoliberalismo «fujimorista», el magro crecimiento de 3.9% promedio anual de los años 1990-1997, acabó con una crisis recesiva que se prolongó hasta 2001. Es posible que tampoco sepan que durante el período 2001-2003 se realizaron reformas en la política fiscal y monetaria que hoy se exhiben como fortalezas macroeconómicas. Estas reformas --efectuadas por economistas críticos del neoliberalismo--, bajaron la inflación a un dígito, redujeron el riesgo cambiario de la deuda pública, bajaron la proporción de esta deuda con respecto al PBI, permitieron acumular reservas internacionales y recuperaron el papel del tipo de cambio como instrumento de diversificación productiva. Tampoco deben saber que desde el segundo gobierno de Alan García se perdió eficiencia en la aplicación de las reglas de política introducidas con las reformas y se dejó caer el tipo de cambio real, afectando a la producción manufacturera.

El carácter antirepublicano del neoliberalismo 
Para Vergara, el neoliberalismo de los últimos 20 años ha «cumplido su promesa». El crecimiento «inédito» y la consecuente reducción de la pobreza, habría dado lugar a una sociedad de ciudadanos. Hoy, como nunca antes -dice-, existe «una economía de mercado y una extendida ciudadanía», lo que justificaría caracterizar al Perú de hoy como un país de «ciudadanos sin república».

¿El neoliberalismo ha «ampliado la ciudadanía» en nuestro país? ¿Es esto verdad? Durante los 20 años de neoliberalismo los gobiernos elegidos perdieron legitimidad, practicaron la impostura y la corrupción, envilecieron la política, y gobernaron con los grupos de poder económico y en contra de los que los eligieron. Unos gobiernos más que otros violaron los derechos humanos y pervirtieron el ejercicio de la función pública. El neoliberalismo convirtió a la política en un mercado, vaciando de «sentido de la ética y de toda sustancia pública» a la lucha por el poder, y extendió la utilización de la asistencia y caridad con lo cual envileció la ciudadanía de las grandes mayorías de nuestro país.

En consecuencia, el neoliberalismo no puede haber sido promotor de ciudadanía. Por el contrario, ha sido y es responsable de la pérdida de virtud cívica, de la pérdida de la conciencia civil de los electores que los ha llevado a aceptar prácticas clientelares y corruptas como forma de gobierno. «Roba pero hace obras» ha sido elevado por el neoliberalismo en eslogan de persuasión para votar. Republicanos como Viroli, Pettito Casassas, para citar a solo tres contemporáneos, dirían que esta práctica neoliberal es contraria a los principios del bien público, del gobierno de las leyes, de la virtud cívica, de la libertad como no-dominación, y de la justicia. Por lo tanto, la ciudadanía no pudo ni puede ser su resultado.

A modo de conclusión

Vergara dice que «hay que construir instituciones» para que el mercado y la «extendida ciudadanía» le dé plena vigencia al republicanismo. Nos está diciendo que al neoliberalismo solo le hace falta instituciones para transformarse en republicanismo. Es como la cuadratura del círculo. El neoliberalismo tiene sus propias instituciones que le son funcionales. Sus instituciones económicas y políticas son extractivistas. Por eso el republicanismo solo puede ser entendido como una alternativa al neoliberalismo. No es posible construir una comunidad política de ciudadanos soberanos, es decir, una república fundada sobre el derecho, el bien común y la libertad concebida como no-dominación, sin transformar el «modelo neoliberal». La república y la libertad requieren de condiciones materiales que impidan su dependencia de la voluntad arbitraria de otros. Por eso el republicanismo supone la existencia de mercados con parámetros regulatorios que limiten las asimetrías de poder. Pero esta no es, sin duda, la «promesa republicana» de Vergara.

Link a una referencia crítica al libro de Vergara

Publicado en:
http://www.laprimeraperu.pe/online/economia/neoliberalismo-y-republicanismo_149395.html

Martín Tanaka: Las alternativas al liberalismo

Felix Jiménez: Politica Industrial, en la ruta del Republicanismo.

No es posible industrializar el país sin una deliberada intervención del Estado. En una economía primario exportadora ---desconectada de la geografía y demografía, y cuya dinámica responde a los mercados externos-- sus mercados internos ---poco desarrollados o inexistentes en la sierra y en la selva del país-- no pueden revelar rentabilidades de inversiones en actividades productivas que aún no existen. Sin embargo, de aquí no puede inferirse que es responsabilidad exclusiva del Estado el revelar las rentabilidades de potenciales actividades industriales a lo largo y ancho del país, ni que es el Estado el que tiene que asumir la tarea de la diversificación, involucrándose en actividades empresariales. Para no repetir los errores del pasado, la industrialización debe ser de nuevo estilo; debe ser el «resultado de una acción concertada del Estado y de la recíproca colaboración público-privada».

No es la «debilidad de las instituciones» la que impide aprovechar el «boom de los altos precios de los minerales», sino las instituciones extractivistas del actual modelo neoliberal.

Una industrialización de nuevo estilo debe fundarse, entonces, en instituciones económicas inclusivas que –en el caso de nuestro país—deben conducir al desarrollo de mercados internos con igualdad de condiciones y oportunidades económicas para todos, propiciar su integración política y social.
Félix Jiménez
Félix Jiménez
Opinión Economista Ph. D.
Profesor Principal PUCP

La importancia de las instituciones: extractivismo versus inclusión 

La historia de nuestro país independiente registra la presencia, sin solución de continuidad, de instituciones políticas y económicas extractivistas. La industrialización de los años 1960 y 1970 fue espuria: generó una industria no competitiva y fomentó el extractivismo rentista. Los «industriales» de esa época ganaban lo que gastaba el Estado. Con la actual reprimarización neoliberal, ocurre lo mismo. Los inversionistas primario-exportadores usufructúan de la renta natural de los recursos y de sus altos precios en los mercados internacionales. Este extractivismo, al apreciar nuestra moneda y generar «enfermedad holandesa», neutraliza los esfuerzos por elevar la competitividad de las actividades transables e impide «cerrar la brecha de productividad que tenemos con los países desarrollados».

El actual crecimiento primario-exportador es resultado de instituciones extractivistas que no fomentan la competencia, que no incentivan la innovación ni la diversificación productiva, que favorecen la concentración de la propiedad y la posición de dominio, que son enemigas de la regulación de los mercados, y que disfrutan manteniendo salarios bajos. Por lo tanto, ni este modelo neoliberal ni la industrialización de viejo estilo, ambos extractivistas, pueden constituir el camino para la diversificación productiva. Las instituciones políticas y económicas del extractivismo son funcionales, se autorrefuerzan.

Una industrialización de nuevo estilo debe fundarse, entonces, en instituciones económicas inclusivas que –en el caso de nuestro país— deben conducir al desarrollo de mercados internos con igualdad de condiciones y oportunidades económicas para todos, propiciar su integración política y social, orientar la asignación de las inversiones hacia la diversificación productiva, y estimular el desarrollo del capital humano y las innovaciones tecnológicas. Estas instituciones económicas, por su propio carácter inclusivo, son contrarias al dominio de los mercados por los grupos de poder económico.

El Republicanismo y las instituciones políticas inclusivas
Una industrialización basada en la concertación y colaboración público-privada, debe ser el resultado de la construcción de instituciones políticas también inclusivas. «Nadie echa vino nuevo en odres viejos –decía Jesús-- porque los odres viejos se rompen y el vino se derrama (…); pero si echan el vino nuevo en odres nuevos, lo uno y lo otro se conservan juntamente (San Mateo 9:17)».

Las instituciones políticas inclusivas y los procesos políticos que estas generan, son los que determinan –como dicen Acemoglu y Robinson--- el carácter inclusivo de las instituciones económicas. Si hay canales de participación ciudadana y mecanismos de control de los gobernantes, si se preserva y respeta los derechos políticos y civiles de los ciudadanos, si el poder político está ampliamente distribuido en la sociedad, si hay normas que efectivamente impiden y sancionan el uso del poder del Estado por los «políticos» y burócratas en beneficio propio, si el Estado es soberano y tiene capacidad para regular la sociedad y los mercados, si hay división de poderes y efectiva limitación recíproca de los mismos, si las decisiones del gobierno se subordinan al logro del bien común, en fin, si el «contexto político» es inclusivo, entonces «emergerán» las instituciones económicas inclusivas con los incentivos para la innovación y la diversificación productiva.

El país no tiene este tipo de instituciones políticas. La democracia que practicamos nos ha convertido en «esporádicos electores, sin influencia relevante en las decisiones del gobierno». No se fomenta la virtud cívica ni la libertad como ausencia de dominación. Por lo tanto, la democracia tiene poco que ver con un gobierno del pueblo y para el pueblo. Esto tiene que cambiar. De acuerdo al Republicanismo que inspiró la elaboración del plan La Gran Transformación, se tiene que reorganizar el poder político, y transformar el Estado para hacerlo promotor del desarrollo, con «base al acuerdo y consentimiento libre de todos los ciudadanos», incorporando mecanismos que aseguren un efectivo control y supervisión del ejercicio del poder político, de forma tal que siempre se oriente a la consecución del bien común.

A modo de Conclusión 
No es la «debilidad de las instituciones» la que impide aprovechar el «boom de los altos precios de los minerales», sino las instituciones extractivistas del actual modelo neoliberal.

Publicado en: 
http://www.laprimeraperu.pe/online/economia/politica-industrial-en-la-ruta-del-republicanismo_148149.html

Felix Jiménez: Neo liberalismo de Estado

Amigos y alumnos que leyeron mi artículo el pasado sábado, publicado en este diario, me han comentado y escrito criticándome por el uso de la frase «neoliberalismo de Estado». ¿Cómo puede haber neoliberalismo de Estado –me preguntan-- si usted mismo dice que el neoliberalismo propone la minimización del Estado, la ausencia de toda intervención estatal en la economía. Por lo demás, me dicen, es un sinsentido hablar de neoliberalismo de Estado en nuestro país cuando los neoliberales critican al Estado peruano acusándolo de «miedoso e incompetente».

El neoliberalismo, además, ha acentuado el extractivismo económico y político. El poder minero controla al poder político. El extractivismo que hoy se practica en nuestro país, está agotando los recursos naturales no renovables, y el actual gobierno no tiene una política clara de creación de otros activos para compensar esta pérdida y no perjudicar a las generaciones futuras. La inversión privada de los últimos tiempos ya no expande la producción de aquellas actividades que generan más empleo e ingresos.

En nuestro país este neoliberalismo de Estado comienza con la creación de las AFP. Estas instituciones privadas no fueron creadas por el mercado sino por el Estado, con la forzada direccionalidad de parte de nuestros ingresos a las AFP que no elegimos, según algún indicador de mercado.
Félix Jiménez
Félix Jiménez
Opinión Economista Ph. D.
Profesor Principal PUCP

Los orígenes del neoliberalismo 

El neoliberalismo como ideología sucede al liberalismo. Esto es por definición, como la teoría económica neoclásica sucede a la teoría económica clásica (pero aclarando que esta última alude a la teoría de Ricardo). Los liberales del siglo XVIII y XIX tuvieron enorme influencia en el desarrollo de la teoría económica neoclásica, según la cual la economía tiende al pleno empleo cuando los mercados funcionan sin la intervención del Estado. En este sentido, los liberales incluyen como parte de las libertades civiles, la autonomía económica, lo que implica postular la ausencia de regulación del mercado por parte del Estado.

El neoliberalismo surge como respuesta crítica a la puesta en práctica del proyecto socialista a partir de 1917. Reaccionan contra la sustitución del mercado por un plan centralizado, y contra la supresión de las libertades individuales. A partir de ese acontecimiento–según Todorov-- «entramos a una nueva fase de la evolución del liberalismo, que justifica que hablemos de neoliberalismo. Ahora la doctrina se formula asumiendo la oposición con el mundo totalitario que está construyéndose». Sus principales exponentes son Ludwig von Mises (1881-1973) y Friedrich A. Hayek (1899-1992). Pero, después de la gran depresión de 1929 y durante el auge del Keynesianismo, estos neoliberales enfilan sus críticas contra el Estado del Bienestar.

El significado del neoliberalismo de Estado 
Los neoliberales plantean «la sumisión del hombre a las fuerzas impersonales del mercado». En su obra Camino de Servidumbre, Hayek sostiene que en el pasado esta sumisión «hizo posible que se desarrollara la civilización».

Con el ascenso al poder de Margaret Thatcher en Gran Bretaña (1979) y Ronald Reagan en Estados Unidos (1980), se dio inicio a la aplicación del pensamiento neoliberal en el mundo. La manera cómo se aplicaron las políticas y reformas neoliberales en nuestros países, difiere de un lugar a otro, de sus condiciones iniciales y del tipo de institucionalidad vigente en ellos. Lo que no varió fue el uso del poder del Estado para beneficiar a los poderes existentes en el mercado. Y esto es lo que dio lugar al «neoliberalismo de Estado» frase que, en justicia, hay que decirlo ahora, pertenece a Todorov.

En nuestro país este neoliberalismo de Estado comienza con la creación de las AFP. Estas instituciones privadas no fueron creadas por el mercado sino por el Estado, con la forzada direccionalidad de parte de nuestros ingresos a las AFP que no elegimos, según algún indicador de mercado. Estas instituciones administran nuestros recursos con la ayuda del Estado. Si los fondos para proveer la pensión mínima no alcanzan, el diferencial se los provee el Estado. El jubilado no puede retirar todos sus fondos, por ejemplo, para comprarse una casa, etc.

Otro ejemplo de «neoliberalismo de Estado» en nuestro país fue el rescate del sistema bancario afectado por la crisis de 1998-1999 que hizo el gobierno de Fujimori, acrecentando la deuda pública en cerca de mil millones de dólares.

El neoliberalismo, además, ha acentuado el extractivismo económico y político. El poder minero controla al poder político. El gobierno de Humala cedió ante este poder y no fue capaz de exigirle compartir sus ganancias extraordinarias asociadas a los altos precios de los minerales. El extractivismo que hoy se practica en nuestro país, está agotando los recursos naturales no renovables, y el actual gobierno no tiene una política clara de creación de otros activos para compensar esta pérdida y no perjudicar a las generaciones futuras. La inversión privada de los últimos tiempos ya no expande la producción de aquellas actividades que generan más empleo e ingresos.

A nivel internacional, hay también neoliberalismo de Estado. Durante la crisis de 2008-2009, los Estados intervinieron para salvar a los bancos privados. Para esta ideología los beneficios son y deben ser siempre privados, pero los riesgos y las pérdidas de las operaciones de los grupos de poder privados deben ser socializados, deben ser asumidos por toda la población.

A modo de conclusión
Ciertamente decir «neoliberalismo de Estado» es una contradicción. Pero, como dice Todorov, «precisamente por tratarse de una contradicción hace dudar de la coherencia interna del proyecto. El liberal Benjamin Constant (1767-1830) no había previsto que el Estado pudiera reforzar su influencia en la vida de los individuos y a la vez ponerse al servicio de algunos de ellos. Después de los atentados del 11 de setiembre de 2001, los Estados que habían adoptado esta ideología, como Estados Unidos y Gran Bretaña, acrecentaron su control sobre las libertades civiles, y a la vez dejaron plena libertad a agentes económicos individuales. A partir de este momento hemos entrado en el ultraliberalismo, tercera fase de la evolución de esta doctrina».

Publicado en: 
 http://www.laprimeraperu.pe/online/economia/el-significado-del-neoliberalismo-de-estado_142710.html

Felix Jimenez - Neoliberalismo y Republicanismo: replica a Martín Tanaka

Martin Tanaka ha escrito en el diario La República (LR) dos columnas sobre nuestro artículo «Neoliberalismo y Republicanismo (LP: 14-09-13)». Por la importancia que tienen sus críticas sobre el tema en debate, responderé de manera puntual.

La asociación que hace Tanaka entre el carácter del crecimiento 1959-67 y la propuesta industrialista de La Gran Transformación, puede conducir a confusiones. Es verdad que el neoliberalismo se impone como crítica al proceso industrialista de los años 1960 y 1970. Pero, el crecimiento asociado a este proceso y el crecimiento neoliberal, son ambos, extractivistas o rentistas.

«La mejor manera de entender el neoliberalismo –dice Tanaka-- es relacionarlo con el llamado “Consenso de Washington”». ¿Acaso no está enterado que el decálogo de medidas de este Consenso es precisamente neoliberal?.

Publicado en: 
 http://www.laprimeraperu.pe/online/economia/neoliberalismo-y-republicanismo-replica-1_151938.html

Félix Jiménez
Félix Jiménez
Opinión Economista Ph. D.
Profesor Principal PUCP
(1) En su columna de LR: 29-09-13, dice: «Para Jiménez, el crecimiento 1959-67 sería más “sano” porque fue liderado por el sector manufacturero y estuvo acompañado de mejoras en los ingresos de los trabajadores, mientras que el reciente se basa en sectores extractivos con ingresos laborales estancados. ¿Qué hacer? (…) En la línea de lo propuesto en “La Gran Transformación”, se apunta a promover un crecimiento más diversificado en general y la industrialización en particular».

La asociación que hace Tanaka entre el carácter del crecimiento 1959-67 y la propuesta industrialista de La Gran Transformación, puede conducir a confusiones. Es verdad que el neoliberalismo se impone como crítica al proceso industrialista de los años 1960 y 1970. Pero, el crecimiento asociado a este proceso y el crecimiento neoliberal, son, ambos, extractivistas o rentistas. En el primero se gana lo que gasta el Estado y en el segundo, se aprovecha la renta de los recursos naturales en un contexto de precios altos de los metales y de una sostenida demanda externa. En consecuencia, los dos estilos de crecimiento son recusables. Finalmente, sobre las propuestas políticas, sociales y económicas de La Gran Transformación, documento más vilipendiado que he leído, solo debo decir que reivindica las ideas republicanas.

(2) En la misma columna, afirma: «parte de (los) supuestos “éxitos” (del neoliberalismo en Perú) serían consecuencia de iniciativas planteadas por “economistas críticos con el neoliberalismo” entre 2001-2003, con lo cual Jiménez reivindica su participación como funcionario dentro del gobierno de Alejandro Toledo».

Mi participación personal en esas “iniciativas” no viene a cuento. Sin embargo, lo que dice Tanaka puede inducir a un silogismo elemental: si eran “sus críticos”, entonces no deberían haber participado en un gobierno neoliberal; o, si se aceptaron las reformas que sus críticos impulsaron, entonces el neoliberalismo es suficientemente flexible. Este tipo de razonamiento no ayuda a comprender los procesos históricos. Muchos peruanos luchamos junto con Toledo para salir del fujimorismo sátrapa, que desfalcó al Estado y practicó la corrupción como forma de gobierno. El gobierno de Toledo fue, entonces, el resultado de un proceso político que abrió la posibilidad de hacer cambios en democracia. Pero, como ya ocurrió antes en nuestro país, algunos «cambios» se truncaron y otros se mediatizaron. Después, Alan García acentuó el neoliberalismo. El fujimorismo y el alanismo son los que más daño le han hecho a la política (en su acepción republicana).

(3) En su columna de LR: 06-10-13, dice: «El término “neoliberalismo” se presta a malos entendidos. Por lo general, se le atribuyen sentidos intrínsecamente negativos, y esto tiene cierta razón de ser: muchos gobiernos neoliberales han sido muy corruptos e ineficientes, en particular el fujimorismo ha ayudado a crear la asociación neoliberalismo=autoritarismo=corrupción (…) Sin embargo, hay muchos gobiernos que pueden considerarse ilustraciones emblemáticas del neoliberalismo que no han sido autoritarios ni particularmente corruptos (Chile, Brasil, Colombia, etc.). Mas todavía, podría decirse que ellos implementaron reformas fundamentales para el logro de un crecimiento sostenido, reducciones de pobreza, fortalecimiento de instituciones, incluso, de políticas de desarrollo que buscan la diversificación productiva y menor dependencia de recursos naturales».

Primero, el fujimorismo no fue autoritario sino “dictatorial”, fue un gobierno que cometió crímenes de lesa humanidad. Segundo, el neoliberalismo no es un término, es una doctrina que propone la eliminación de las intervenciones públicas en la economía, la desregulación de los mercados y la eclosión del interés individual por encima del interés público. Específicamente propone liberalizar el comercio y desarrollar un modelo exportador basándose en las «ventajas comparativas» y las ganancias de competitividad abaratando el costo del trabajo. «Según la nueva vulgata –-dice Todorov— el Estado solo debe intervenir para favorecer el libre funcionamiento del mercado, allanar los conflictos sociales y mantener el orden público. Su papel consistiría no en limitar, sino en facilitar el poder económico».

Es cierto que el recetario neoliberal se aplicó parcialmente en algunos países: por ejemplo, se mantuvieron empresas estatales “estratégicas”, se limitó el flujo de capitales para tener autonomía en el manejo de la política monetaria y cambiaria, y no se desregularon todos los mercados. Sin embargo, en estos mismos países las medidas neoliberales han generado problemas. Por ejemplo, en Brasil se dice que la apreciación cambiaria y los salarios bajos son una amenaza contra la industria; en Chile hay evidencia de una regresión en la distribución del ingreso y protestas contra las bajas pensiones que otorgan las AFP; y, en Colombia no hay trabajos estables, los sindicatos están destruidos y el agro está en crisis.

A modo de conclusión
«La mejor manera de entender el neoliberalismo –dice Tanaka-- es relacionarlo con el llamado “Consenso de Washington”». ¿Acaso no está enterado que el decálogo de medidas de este Consenso es precisamente neoliberal?.

Replica 

Tanaka sigue preso de su razonamiento dicotómico Estado-Mercado. Según él, la derecha reivindica el Mercado y la izquierda el Estado. Tanaka ha leído el plan La Gran Transformación con esta visión dicotómica. Por eso no ha entendido que el Estado que allí se propone, debe ser promotor activo del desarrollo de mercados internos y de la expansión de la inversión privada nacional.

Tanaka no acepta la existencia de un camino alternativo al neoliberal; no entiende que es posible desarrollar una economía de mercado y ciudadanía, con un marco institucional y regulatorio adecuado o funcional.


Félix Jiménez


Félix Jiménez
Opinión Economista Ph. D.
Profesor Principal PUCP

(1) Después de las crisis de 1998-2002 y de 2008-2009, «me parece claro que predicar la libertad irrestricta de los mercados y la minimización del papel del Estado –dice Tanaka-- suena descabellado. Lo interesante es que en esto coinciden, en lo teórico, tanto derechas como izquierdas».


Esta afirmación presupone que existe una dicotomía Estado-Mercado, que niega la realidad. El Estado no tiene por qué contraponerse al mercado. Es verdad que el Estado debe establecer regulaciones contra las asimetrías de poder que se generan en los mercados, pero también ha sido y es promotor de la creación de mercados. Polanyi (1944) decía que los mercados habían sido formados desde los inicios del capitalismo por acciones deliberadas del Estado. La historia también enseña que detrás de los riesgos más audaces y de las grandes innovaciones –como señala Mariana Mazzucato (2013)-- ha estado presente el Estado.

(2) Para la derecha –según Tanaka-- «las reformas centradas en la liberalización de los mercados y en la promoción del crecimiento» corresponden a la primera etapa «de un proceso más ambicioso de reformas, que deberían consolidarse con una segunda fase, con énfasis en la equidad, mejoras en la distribución del ingreso y el fortalecimiento de las instituciones»

Las reformas neoliberales han generado una economía más vulnerable y dependiente de factores externos, menos industrial y menos agropecuaria, y más productora de servicios predominantemente de baja productividad, y con una distribución del ingreso más desigual y, por lo tanto, más expuesta al conflicto social. Decir que el neoliberalismo es «promotor del crecimiento» es sólo una afirmación. 

Los que criticamos al neoliberalismo no somos opuestos al crecimiento; pero sabemos diferenciar entre un estilo de crecimiento que acrecienta la vulnerabilidad externa de la economía, y un estilo de crecimiento enraizado en la expansión de los mercados internos y en la diversificación productiva. Basarse en el desarrollo de los merados internos no significa dejar de exportar o de cerrarse al mundo. De acuerdo con esta concepción alternativa del crecimiento, el sistema de comercio global debe servir al desarrollo interno y los mercados domésticos no pueden descuidarse por la búsqueda de ventajas competitivas internacionales como lo hace el neoliberalismo.

(3) «Desde la izquierda –dice Tanaka--, lo que se busca es cambiar de lógica, recuperando espacio para la planificación, el control y la iniciativa del Estado, especialmente en áreas “estratégicas”».

Tanaka sigue preso de su razonamiento dicotómico Estado-Mercado. Según él, la derecha reivindica el Mercado y la izquierda el Estado. Tanaka ha leído el plan La Gran Transformación con esta visión dicotómica. Por eso no ha entendido que el Estado que allí se propone, debe ser promotor activo del desarrollo de mercados internos y de la expansión de la inversión privada nacional. Y, como para promover el desarrollo se requiere recursos, es necesario reformar el sistema tributario y controlar la energía y otros recursos naturales. 

El Estado debe compensar el agotamiento de estos recursos con la creación de otros activos para no perjudicar a las generaciones futuras del país. La derecha no es la «propietaria» del mercado. Tanaka no acepta la existencia de un camino alternativo al neoliberal; no entiende que es posible desarrollar una economía de mercado y ciudadanía, con un marco institucional y regulatorio adecuado o funcional.

(4) «Es justo resaltar –dice Tanaka-- que por lo general no se plantea un retorno al pasado populista, sino que ese renovado protagonismo estatal se ubica dentro de los márgenes de la disciplina fiscal y de los equilibrios macroeconómicos, es decir, parcialmente dentro del canon del “Consenso de Washington”».

Ubicar a la propuesta alternativa al neoliberalismo dentro del canon del Consenso de Washington, es un descuido académico y hasta un atrevimiento. La disciplina fiscal que se aplicó desde el «fujimorato» sirvió para pagar puntualmente los servicios de la deuda externa, recortando los gastos en educación, salud, seguridad social e infraestructura pública. Es el mismo tipo de política que hoy imponen los países del centro Europeo y el FMI, a los países de la periferia europea. 

Es la misma monserga de los equilibrios macroeconómicos que los neoliberales lo entienden a su manera. En la alternativa al neoliberalismo, se propone (a) una regla fiscal contra cíclica y un manejo de la deuda que evite el riesgo de refinanciamiento y que base la sostenibilidad fiscal en el predominio de la deuda pública en soles; (b) una regla monetaria contra cíclica de tasa de interés, cuya eficiencia supone el desarrollo del mercado de capitales apuntalado por el mercado de deuda pública doméstica en soles; y, (c) una regla de política de intervenciones cambiarias que se oriente a mantener un tipo de cambio real estable y competitivo, para promover el desarrollo industrial y la diversificación productiva.

A modo de Conclusión
Hubiera sido interesante saber si Tanaka también adhiere al republicanismo, si piensa que hay tradición republicana en el Perú y si comparte la indefinición de republicanismo de Vergara.

Replica 2


Martin Tanaka (LR: 06-1013), afirma que el problema no está tanto en las políticas neoliberales del Consenso de Washington sino en el “fundamentalismo” en su implementación. «Vistas las cosas así –dice--, me parece que en Perú el neoliberalismo ha tenido éxitos evidentes (crecimiento, reducción de la pobreza sin aumento de la desigualdad), que han permitido que muchos peruanos sean más ciudadanos (conscientes de sus derechos y deberes), aunque su aplicación haya sido escamoteada por sus componentes autoritarios y corruptos y ciertamente también por la debilidad de nuestras instituciones y valores republicanos».

Se le ha mostrado que el crecimiento reciente no es inédito; que cualquier tipo de crecimiento reduce la pobreza monetaria; que se ha crecido con sueldos y salarios estancados y que, por lo tanto, ha aumentado la desigualdad; que se cercenaron los derechos laborales de los trabajadores; y, que el crecimiento reciente no habría sido posible sin altos precios de los minerales y sin una demanda externa sostenida. Nada de esto puede ser considerado un éxito y, sin embargo, Tanaka insiste, en que los «éxitos del neoliberalismo son evidentes».

Lo que hay de ciudadanía y virtud cívica en nuestro país, se desarrolla contra la fuerza y resistencia del neoliberalismo, contra el mercado desregulado y el interés privado que «arrincona a la virtud y solidaridad.
Félix Jiménez
Félix Jiménez
Opinión Economista Ph. D.
Profesor Principal PUCP
Extractivismo neoliberal, poder económico y corrupción.
 
Tanaka no refuta mis argumentos. Se le ha mostrado que el crecimiento reciente no es inédito; que cualquier tipo de crecimiento reduce la pobreza monetaria; que el atraso cambiario y la espectacular penetración de importaciones han afectado la competitividad y mercado interno de la manufactura; que se ha crecido con sueldos y salarios estancados y que, por lo tanto, ha aumentado la desigualdad; que se cercenaron los derechos laborales de los trabajadores; que la política de gasto afectó la calidad e infraestructura de la educación, la salud y la seguridad social; y, que el crecimiento reciente no habría sido posible sin altos precios de los minerales y sin una demanda externa sostenida. Nada de esto puede ser considerado un éxito y, sin embargo, Tanaka insiste en que los «éxitos del neoliberalismo son evidentes».

La apertura comercial indiscriminada, la apreciación monetaria y el contexto externo favorable acentuaron la especialización de la economía peruana en la producción y exportación de minerales, que “resultó” ser su principal ventaja comparativa. Se siguió la pauta neoliberal según la cual los países se especializan, no se diversifican. Ahora somos un país menos industrial y agrícola, y más exportador de minerales y productor de servicios de baja productividad. Pero, si se para el «motor externo», se para el «carro» del crecimiento. Por otro lado, el extractivismo primario exportador opera porque existen instituciones políticas extractivistas donde campea la corrupción. Estas instituciones facilitan la penetración del poder económico privado en todas las esferas de la administración gubernamental del Estado.

El extractivismo, el poder económico y la corrupción son enemigas del republicanismo. «La República –dice Pocock- resulta por completo imposible allí donde las oligarquías, los gentiluomini, adquieren demasiado poder. Con el poder de estas oligarquías, no puede haber gobierno libre». Cuando Tanaka dice que «los éxitos del neoliberalismo fueron escamoteados por sus componentes autoritarios y corruptos y ciertamente también por la debilidad de nuestras instituciones y valores republicanos», no parece entender que esos «componentes autoritarios y corruptos» son los que debilitan a las «instituciones y valores republicanos». 

Al respecto, Pocock, comentando los Discursos de Maquiavelo, dice: «Las instituciones dependen de la atmosfera moral y las mismas leyes que operan el bien en un pueblo no corrupto, producen efectos contrarios a los deseados cuando la corrupción se ha impuesto». Entonces, en una atmósfera corrupta, las instituciones públicas son penetradas por el interés privado; los gobernantes y políticos practican la impostura; las deberes públicos en los distintos poderes del Estado, se negocian; y, la ley no impide la arbitrariedad y los privilegios.

El neoliberalismo es anti-republicano
El neoliberalismo ha erosionado los fundamentos institucionales de la ciudadanía al desmantelar los estándares laborales y sociales básicos, y al fomentar la concentración del poder económico privado y su injerencia en el gobierno «disputándole al Estado su inalienable derecho a definir la utilidad pública». Con el neoliberalismo la democracia «representativa» se ha convertido en caricatura: «gobiernan los que no ganan las elecciones» (problema del agente-principal).

Por lo tanto, decir que «los éxitos del neoliberalismo han permitido que muchos peruanos sean más ciudadanos», es suponer «que es imposible percibir la luz, sin antes percibir la oscuridad». No hay manera de mostrar que el neoliberalismo ha ampliado la ciudadanía entre los peruanos. Se desmantelaron los derechos de los trabajadores, se generalizaron las prácticas clientelares en la competencia política, no hay derecho universal a la educación y la salud, se criminaliza la protesta social, no se respeta los derechos de los pueblos cuando se hacen concesiones mineras o petroleras y, los gobiernos elegidos practican la impostura y sirven a los grupos de poder.

El neoliberalismo, además, ha despolitizado y privatizado la vida pública. El interés privado domina sobre el interés público («la actividad pública es un instrumento al servicio de los fines privados»); hay asimetrías de poder en los mercados; no hay virtud cívica (los comportamientos individualistas menoscaban el «compromiso con el bien público»; no hay igualdad jurídica; y, los mecanismos de control de los gobernantes y la independencia de los poderes del Estado han sido dañados por la corrupción y los caudillos.

A modo de conclusión
Lo que hay de ciudadanía y virtud cívica en nuestro país, se desarrolla contra la fuerza y resistencia del neoliberalismo, contra el mercado desregulado y el interés privado que «arrinconan a la virtud y la solidaridad».

viernes, 24 de enero de 2014

El rol geopolítico de Malasia

Malasia (en malayo e inglés, Malaysia) es un país ubicado en el sureste asiático que consta de trece estados y tres territorios federales, con un área de 329.847 km². Su capital es Kuala Lumpur pero Putrajaya es la sede de su gobierno. Tiene una población de veintisiete millones de habitantes,distribuida en un territorio dividido en dos regiones por el mar de la China Meridional. La de Malasia Peninsular se encuentra en la península malaya y limita al norte con Tailandia y al sur con Singapur. La de Malasia Oriental, por su parte, está situada en la zona septentrional de Borneo y limita al sur con Indonesia y al norte con Brunéi. Se encuentra cerca del ecuador y su clima es tropical.

Su Jefe de Estado es el monarca Yang di-Pertuan Agong, y el de Gobierno es el Primer Ministro. Los fundamentos de su gobierno toman como punto de partida el sistema parlamentario de Westminster.

El país sólo comenzó a existir en cuanto estado unificado en 1963 habiendo estado su territorio dominado por el Reino Unido durante el siglo XVIII mediante el establecimiento de una serie de colonias. Su mitad oriental estaba compuesta por reinos separados, conocidos como Malasia británica hasta su disolución en 1946, y se reorganizó como la Unión Malaya. Debido a la gran oposición, se reorganizó una vez más como Federación Malaya en 1948, alcanzando la independencia el 31 de agosto de 1957.  Singapur, Sarawak, Borneo Septentrional y la Federación se unieron para conformar Malasia el 16 de septiembre de 1963. Pero desde el principio se presentaron fuertes tensiones que condujeron a un conflicto armado con Indonesia y a la expulsión de Singapur el 9 de agosto de 1965.

Durante la segunda mitad del siglo XX el país vivió una bonanza económica que le permitió desarrollarse con rapidez. El crecimiento de los años 1980 y 1990, con una media del 8% de 1991 a 1997, transformó a Malasia en un país recientemente industrializado. Puesto que es uno de los tres países que controlan el estrecho de Malaca, el comercio internacional es parte esencial de su economía. Llegó incluso a ser el principal exportador de estaño, caucho y aceite de palma. la actividad industrial corresponde un gran porcentaje de su actividad económica. Cuenta asimismo con una gran biodiversidad de flora y fauna, y se le considera uno de los dieciocho países megadiversos.

Los malayos constituyen la mayor parte de la población nacional. También hay considerables comunidades chinas e indias. El idioma malayo y el Islam son respectivamente la lengua y la religión oficial de la Federación. También se habla inglés, chino y tamil.

Malasia es uno de los miembros fundadores de la ASEAN y es miembro de otros organismos internacionales como las Naciones Unidas. En cuanto ex colonia británica es parte de la Mancomunidad de Naciones.

Para contextualizar la posición económica de malasia adjunto estos datos comparativos del PBI en 2012:
Malasia: 303,5. Mexico: 1,177. Argentina: 474,9. Colombia: 369,8. Chile: 268,3. Perú: 197.1
En todos los casos la productividad del Perú es notoriamente inferior y cercana a la mitad de la de los vecinos mas desarrollados. Malasia con una población similar a la del Perú tiene una productividad cercana al doble.





Historia de Malasia

Malasia es un país del Sudeste Asiático cuya historia ha estado fuertemente determinada por su posición geográfica estratégica que lo convirtió en un punto de convergencia de influencias comerciales e internacionales. Por el oeste la India hindú, el medio oriente islámico y la Europa cristiana, mientras que China y Japón por el noreste fueron importantes influencias que llegaron de la mano de las rutas comerciales que atravesaban la región. La historia malaya se encuentra también entrelazada con la de sus vecinos, Indonesia, Singapur, Filipinas, Brunéi y Tailandia. Estas influencias producto del comercio y de culturas exógenas aportaron una gran riqueza y diversidad a Malasia, aunque también fueron vectores de dominación y colonialismo.

La historia de Malasia está marcada por sucesivas oleadas de influencia foránea, seguidas por la independencia de los poderes coloniales que obtiene a mediados del siglo XX. Las culturas hindú y budista importadas desde la India dominaron la historia temprana de Malasia. Estas culturas alcanzaron su cúspide en la civilización Srivijaya de Sumatra, cuya influencia se extendió por toda Sumatra, Java, y la península malaya y gran parte de Borneo entre los siglos VII al XIV.

Si bien los musulmanes pasaron por Malasia, ya en el siglo X, no fue hasta los siglos XIV y XV que el Islam se asienta en la península malaya. La adopción del Islam hacia el siglo XV se refleja en el aumento del número de sultanatos, el más importante de los cuales fue el Sultanato de Malacca. La cultura islámica no sólo tuvo una profunda influencia en el pueblo malayo, sino que también fue influida por él.

La llegada de los europeos

Los portugueses fueron la primera potencia colonial que se estableció en Malasia en 1511, luego los siguieron los holandeses. Sin embargo, fueron los británicos quienes, comenzando mediante el establecimiento de bases en Jesselton, Kuching, Penang y Singapur, finalmente establecieron su hegemonía del territorio actual de Malasia. El tratado anglo-holandés de 1824 definió las fronteras entre la Malasia británica y las Indias Orientales Neerlandesas (que luego será Indonesia).
Una cuarta fase en la influencia extranjera fue la inmigración de trabajadores chinos e indios para alimentar las necesidades de la economía colonial establecida por los británicos en la península malaya y en Borneo.


La primera posesión británica fue establecida por la Compañía Británica de las Indias Orientales el 11 de agosto de 1786 en la isla llamada Príncipe de Gales (Penang) cedida por sultán de Kedah que luego la quiso recuperar sin éxito (1790). En 1795 los británicos ocuparon la posesión holandesa de Malaca. En junio de 1801 se fue añadido un territorio continental frente a la isla llamado "Provincia de Wellesley" la posesión de la que les fue confirmada por el sultán en noviembre de 1802, y en 1805 la isla y la provincia fueron erigidos en Presidencia de la Compañía Británica de las Indias Orientales (con el nombre de Presidencia de la Isla del Príncipe de Gales) que existió hasta 1830 cuando la presidencia fue incorporada a la de Bengala. En 1818 los británicos reintegraron Malaca a los holandeses.

 El 6 de febrero de 1819 los británicos se apoderaron de la isla de Singapur (formalmente cedida por el sultán de Johore el 3 de agosto de 1824). Por el tratado anglo-holandés de 1824 Gran Bretaña recuperó Malaca en 1825 y el 14 de agosto de 1826 se formaron los llamados "Establecimientos de los Estrechos" con la isla del Príncipe de Gales, Wellesley, Malaca y Singapur, dependientes de la Compañía Británica de las Indias Orientales (como presidencia separada hasta 1830 cuando pasaron a depender de la presidencia de Bengala) y desde 1858 de la India Británica.

En 1867 Malaca, la isla del Príncipe de Gales rebautizada Penang (incluyendo el territorio continental de Wellesley) y Singapur fueron erigidas en colonias de la corona dentro de la colonia los Establecimientos de los Estrechos, que pasaba a depender directamente de la Oficina colonial (1 de abril de 1867). En 1874 el sultán de Perak cedió un territorio a los británicos conocido como los Dindings, que fue integrado a la colonia de Penang (en 1935 los Dindings fueron reintegrados a Perak). La colonia de los Establecimientos de los Estrechos (con las tres subcolonies mencionadas) existió hasta el comienzo de 1942 cuando los japoneses ocuparon la península Malaya. Las islas Cocos y Christmas que dependían (concretamente de Singapur) pasaron a depender de Ceilán.
Por otro lado había varios estados nativos en la península que cayeron bajo protectorado británico:


Invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial


Hundimiento del HMS Prince of Wales. Este acorazado fue uno de los barcos enviados por Gran Bretaña a la zona para detener la ofensiva japonesa, había llegado a Singapur el 2 de diciembre de 1941 y fue hundido el 10 de diciembre de ese mismo año.

La invasión japonesa en Malasia sorprendió a las tropas británicas mal preparadas. Durante la década de 1930, ante la creciente amenaza del poder naval japonés, los británicos habían construido una gran base naval en Singapur, pero no se había previsto una invasión de Malasia desde el norte. Debido también a las necesidades de la guerra en Europa, no existía prácticamente ninguna capacidad aérea británica en el Extremo Oriente.

Japón había establecido en 1941, un acuerdo con el gobierno francés de Vichi que permitía el establecimiento de bases militares en la Indochina francesa y a la vez alcanzó un acuerdo con el primer ministro tailandés Plaek Pibulsonggram para que el ejercito pudiese atravesar Tailandia. El día 8 de diciembre de 1941, un día después del Ataque a Pearl Harbor, los japoneses iniciaron su ofensiva hacia Malasia desde sus bases en la Indochina francesa con impunidad y a pesar de la resistencia de las fuerzas británicas, australianas e indias, invadieron Malasia en dos meses. Kuala Lumpur cayó el 11 de enero de 1942, la tropas británicas, australianas e indias retrocedieron hasta Singapur, que sin defensas terrestres, sin cobertura aérea y sin suministro de agua, se vio obligada a rendirse en febrero de 1942, haciendo un daño irreparable al prestigio británico.

Durante la ocupación en la Segunda Guerra Mundial, creció el apoyo popular a la independencia. La invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial acabó con la dominación británica sobre Malasia. La subsiguiente ocupación japonesa, que duró desde 1942 hasta 1945, desató el nacionalismo en Malasia y en Borneo.
Véase también: Campaña de Malasia

La independencia

En la región de la península malaya, el Partido Comunista de Malasia se alzó en armas contra los japoneses, y al terminar la guerra continuó la lucha contra los británicos bajo el liderazgo de Chin Peng. Los británicos respondieron enérgicamente para reprimir la insurrección, en la guerra que se llamó Emergencia malaya, y que terminó logrando el establecimiento de un estado independiente llamado Federación Malaya en 1957. El 31 de agosto de 1963, las colonias británicas del norte de Borneo y de Singapur obtuvieron la independencia y formaron una federación llamada Malasia junto con los estados peninsulares de la Federación de Malaya el 16 de septiembre de 1963. Casi dos años después Singapur es expulsado de la federación.

A principios de los '60 ocurrió un conflicto con Indonesia. Disturbios raciales en 1969 desembocaron en la declaración del estado de emergencia, y una represión a la actividad política y a las libertades civiles que nunca ha sido del todo revertida hasta ahora. Desde 1970 Malasia estuvo gobernada por la "coalición del Frente nacional", liderada por la Organización Nacional Unida de los Malayos (UMNO por sus siglas en inglés). El crecimiento económico ayudó a reducir el descontento político. Los sucesivos gobiernos de la UMNO han promovido el uso de la lengua malaya y llevado a cabo una discriminación positiva sistemática a favor de los musulmanes, medida que causa un gran resentimiento.

En las elecciones federales de finales de 1964 la coalición obtuvo la mayoría, pero los extremistas malayos del UMNO forzaron a Singapur, de mayoría china, a retirarse de la federación el 9 de agosto de 1965. En las elecciones de 1969 los radicales del UMNO y el Pmin criticaron al primer ministro de haber hecho concesiones a los chinos mientras que el Partido de Acción Democrática (Democratic Action Party DAP), el Gerakan, y el People's Progressive Party (PPP, Partido Progresista del Pueblo) criticaban las carencias de las minorías no malayas. En estas elecciones la coalición conservó la mayoría pero la redujo y la MCA perdió buena parte de su representación. Las quejas de los chinos causaron disturbios en Kuala Lumpur el 13 de mayo de 1969 que causaron seguramente centenares de muertos. El gobierno parlamentario quedó en suspenso hasta febrero de 1971.

Tunku Abdul Razak, lugarteniente de Tunku Abdul Rahman, cogió la dirección del partido y del gobierno (temporalmente Director del Consejo de Operaciones Nacionales) y ya como primer ministro en septiembre de 1970, con plenas funciones cinco meses después. Su gobierno continuó una política de estabilidad, e incorporó a la coalición al Pmin, que ahora llevaba el nombre de Parti Islam Sa-Malaysia (PSM) quedando integrado en un Frente Nacional (NF, Barisan National) encabezado por el UMNO que incluía también el MCA y el MIC y algún otro menor. En las elecciones de 1974 consiguió más de dos tercios de los diputados (con 2/3 se podía cambiar la Constitución) y el control de los 13 estados. Se evitaron los temas sensibles como la abolición de los sultanatos, la posición de los malayos o la ciudadanía por no malayos.

Desde 1971 se inició la New Economic Policy (NEP) o Nueva Política Económica que desarrolló planes quinquenales (1971-1975, 1976-1980 y 1981-1985) destinados a erradicar la pobreza en las zonas rurales. En 1971 el Acuerdo de Defensa con Gran Bretaña (AMDA, Anglo Malayan-después Malaysian-Defensa Agreement) fue sustituido por el Five Powers Defense Arrangement con Australia, Gran Bretaña, Nueva Zelanda, Singapur y Malasia. En 1974 reconoció a la China popular pero no varió su política interna y externa anticomunista.

A la muerte de Tunku Razak en enero de 1976 fue sustituido por Datuk (después Tun) Hussein Onn, que renovó la mayoría en las elecciones de 1978 y siguió la misma política. En julio de 1981 le sucedió Mahathir Muhammad que continuó la línea política como los anteriores, siempre derechista y favorable a los Estados Unidos. Mahahthir estaba dentro del UMNO el campeón de los malayos en el seno de una Gran Malasia. Ganó las elecciones de abril de 1982 con más de dos tercios pero luego tuvo un litigio constitucional con los sultanes y estalló un escándalo financiero de la Banca Bumiputra en la construcción de edificios en Hong Kong; va enfrentar también la revitalización del islamismo y la derrota del Frente Nacional en las elecciones del estado de Sabah en abril de 1985. Pero también fue una época de fuerte expansión económica. El gobierno aún aumentó la mayoría en las elecciones de 1986 (148 escaños pero ahora sobre 177, antes eran 154). En las elecciones de 1990 obtuvo 127 escaños de 180 pero en 1995 llegó a su máxima valoración con el 65% del voto y el 84% de los escaños.

En los primeros años de la década de los noventa Malasia fue afectada por la crisis financiera en Asia así como conflictos internos que causaron la destitución del viceprimer ministro Dato Seri Anwar Ibrahim que fundó un nuevo partido. En las elecciones de 1999 el gobierno retrocedió (148 escaños sobre 193, con un 56,5% del voto y el 76% de los escaños. En 2003 Mahathir, el primer ministro que más tiempo había ejercido, dejó el cargo en favor del Su lugarteniente Abdullah Ahmad Badawi que en las elecciones del 2004 volvía a remontar con 198 escaños (de 219) con el 64% del voto (cerca del máximo histórico) pero el 90,5% de los escaños (el máximo).

En noviembre de 2007 hubo dos manifestaciones contra el gobierno: el llamado Bersih Rally, con 40.000 personas, el 10 de noviembre, reclamando una reforma electoral y contra la corrupción en el sistema de partidos malayo que favorecían siempre al Barisan Nasional, que estaba en el poder desde 1957, otra manifestación fue el día 25 organizada por el HINDRAF (Hindu Rights Action Force) protestaba por las discriminaciones contra los no malayos, y reunió unas 20.000 personas. Estos y otros problemas hicieron disminuir el apoyo popular y en las elecciones del 2008 sólo consiguió 140 escaños (de 222, o sea el 62,5%) con el 52% del voto. El 16 de octubre de 2008 HINDRAF fue declarada ilegal e incluida en las organizaciones que ponían en peligro la seguridad nacional.




sábado, 30 de noviembre de 2013

Dos libros de importancia: Qué es Nación y Qué es República

Qué es Nación: Hugo Neira



El libro, publicado por el Fondo Editorial de la Universidad San Martín de Porres, estudia seis naciones, cómo nacieron y cómo prosperaron. Las tres primeras, las más antiguas, Inglaterra, aislada y soberana, “una roca en medio de los mares”; la nación francesa, construida “desde arriba”, por sus Reyes y tras 1789, por la República revolucionaria; y Alemania, desde el “Volk”, o cultura popular, por siglos solo un mosaico de pueblos hasta Bismarck, y un Reino Federal en 1871. En la segunda parte se traza la “historicidad” del Japón desde la era Meiji, la India de Gandhi y a México desde los aztecas hasta la revolción de 1910 y nuestros días.

En suma, se estudia seis pueblos y aventuras diversas. Seis victorias sobre la adversidad y el cómo accedieron a la modernidad del Estado de derecho y la libertad de la Soberanía. Si hay un tema que puede interesarnos, sin duda es este. La obra desemboca en el capítulo cuarto y final, en la mundialización, que el autor califica de “vaga e imprecisa”.

El autor examina a filósofos alemanes clásicos como Herder y Fichte, a los franceses, Sieyès revolucionario y a Renan. Se detiene en pensadores japoneses como Kunio Yanagida. Para México, toma en cuenta la intelligentsia mexicana, Aguilar Camín, Cosío Villegas, ante el Porfirismo y el PRI. Gandhi ocupa un lugar privilegiado, su vida, su religiosidad, su praxis revolucionaria de la no violencia. La obra da a conocer a los dos más grandes pensadores contemporáneos del tema de la nación, a saber Ernest Gelnner y Eric Hobsbawn. Pero renuncia Neira a ellos cuando emprende la explicación de la India y Japón. Esta investigación cierra con una propuesta metódica de cómo estudiar a las naciones emergentes.

El libro se teje desde una mirada multidisciplinaria que mira Europa con conocimiento de su historia interna. Un acercamiento a grandes civilizaciones desde una perspectiva comparatista. En suma un estudio cautivante que revelan, por ejemplo, cómo Gandhi se auto inventa o cómo Hitler llega al poder gracias a los errores de los políticos de la ingenua república de Weimar.  

http://www.filarmonia.org/post/2013/11/29/Presentacion-del-libro-c2bfQue-es-Nacion-del-historiador-Hugo-Neira.aspx

Martin Tanaka

Hugo Neira vuelve a sorprendernos con un libro desmesurado, ¿Qué es nación? (Lima, Universidad de San Martín de Porres, 2013), continuación de una saga iniciada con ¿Qué es República? (2012) y que sin duda seguirá dándonos más sorpresas en el futuro. El libro puede verse como un ambicioso manual de enseñanza universitaria, que combina discusiones teóricas y conceptuales con una reconstrucción histórica de los procesos de formación nacional “occidentales” (Francia, Gran Bretaña, Alemania) y “no occidentales” (Japón, India, México); sin embargo, no es un manual en sentido estricto, porque en el libro el autor interviene permanentemente con reflexiones que amplían, complejizan, establecen relaciones con otros asuntos, desde su punto de vista y experiencias personales. Digamos que es como asistir a un curso de Hugo Neira sobre el tema de la nación, en el que se exploran “los fundamentos”, “ajenos a la inmediatez y a la politiquería”.

La opción de Neira por centrarse en los fundamentos hace que la pregunta por el Perú esté presente en todo el libro, pero nunca de manera explícita, salvo en unas breves páginas en las que el autor compara Apatzingán de la Constitución en Michoacán, pueblo ubicado en el epicentro de las luchas agrarias y revolucionarias de la segunda década del siglo XX en México, con San Lorenzo de Quinti y Huayopampa, en la sierra de Lima, estudiadas por Julio Cotler y Fernando Fuenzalida, respectivamente, en el marco de un ambicioso proyecto de investigación liderado por José Matos Mar en la década de los años sesenta, en los orígenes del Instituto de Estudios Peruanos. La comparación entre estos pueblos, siguiendo su evolución hasta la situación actual, le permite a Neira esbozar los límites de la modernidad y de los procesos de integración social en el Perú.

A pesar de esto, la apuesta por centrarse en los fundamentos resulta muy pertinente. En nuestra cultura política, mucha gente tiende a manejar un discurso en el que la idea de nación podría llamarse “primordialista”, donde lo que definiría “lo auténticamente peruano” sería una mezcla de elementos “raciales” de raíz andina prehispánica, en donde tendería a buscarse la homogeneidad, y en donde lo percibido como “foráneo”, “extranjero”, tiende a verse con desconfianza y como una pérdida de “autenticidad”.

Resulta muy instructivo llamar la atención sobre el hecho de que esta manera de ver lo nacional resulta perniciosa, y que hay muchas otras maneras de entender lo nacional: la pertenencia a una comunidad articulada por un gran acuerdo político colectivo, en donde puede haber una enorme diversidad (la India, por ejemplo), y en donde lo “tradicional” para nada está reñido con lo “moderno”, donde lo autóctono y lo foráneo se mezclan para dar lugar a un “sincretismo” particular (Japón, por ejemplo). Vistas así las cosas, el libro de Neira es también un aporte importante al debate que debemos sostener de cara al bicentenario de nuestra república.

http://www.larepublica.pe/columnistas/virtu-e-fortuna/que-es-nacion-17-11-2013

Qué es Nación
 http://martintanaka.blogspot.com/2013/12/que-es-nacion-2.html

Que es República: Hugo Neira




Manual de teoría política que empieza por los clásicos griegos y romanos, pasa por el pensamiento medieval y moderno, llega a la Revolución Francesa y termina con la revolución estadounidense y latinoamericana. ¿Es una ilustración de la distancia que separa a las preocupaciones de la filosofía política de la realidad pedestre? Todo lo contrario. Lo que preocupa a Neira es la debilidad de los fundamentos que construyen la noción de república en nuestro país, que podrían resumirse en la búsqueda del bien común basada en el respeto a la ley, en la existencia de una comunidad política de ciudadanos, en un balance entre derechos y responsabilidades, en un equilibrio en el ejercicio del poder.

Hugo Neira. 2012. ¿Qué es República? Universidad de San Martín de Porres. Lima. Pp 257
Sinesio López sobre la producción intelectual en el Perú
Reseña por Alberto Vergara


López, Sinesio. “La reinvención de la historia desde abajo” En: Libros y Artes: Revista de cultura de la Biblioteca Nacional del Perú. N° 30-31 Febrero 2009. Lima: Biblioteca Nacional del Perú.

En el número de febrero de la revista Libros y Artes que edita la Biblioteca Nacional, Sinesio López ha publicado un largo ensayo donde hace un balance de la producción intelectual peruana de los años ochenta y la forma en que esta incorporó la visión de “los de abajo” en el discurso histórico nacional.

Bien escrito y con la lucidez que le conocemos, López se ha animado a hacer aquello que es inusual entre nosotros: comentar a los pares. Y ensaya una gran síntesis de lo ocurrido en el Perú intelectual de los últimos años. Solo estos dos puntos ya convierten al texto en una lectura obligada para los interesados en las ideas políticas y sociales en el país.

En la página frontal del artículo (que es una suerte de suplemento de doce páginas al último número de la revista), López establece su objeto de estudio: “mi interés principal se centra en la producción bibliográfica” [de los años ochenta], y avanza la tesis central: a pesar de los grandes cambios socio-políticos de los años noventa, los lectores de los años ochenta y los lectores de la presente década, pertenecen a un “mismo tiempo cultural”.

El artículo comienza estableciendo la (seductora) perspectiva desde la cual estudiará lo anunciado: mostrar la relación estrecha entre la producción intelectual y el contexto donde esta se desarrolló. Ni filósofo exiliado en la cúspide de su torre de marfil ni topógrafo sin altura. Su ambición es ver cómo ambas dimensiones (la terrenal y la de las ideas) se constituyen una a otra, cómo se acercan, se cortejan y, casi podríamos decir, se fecundan.

El primer apartado del ensayo es, por mucho, el mejor pues cumple con esta promesa de observar la confluencia de ideas y realidad en la literatura de los años sesenta sobre lo cholo en el Perú. Las ideas de Aníbal Quijano son expuestas en contrapunto con los cambios sociales y políticos en aquella década. Esta perspectiva se mantiene con mucho menos rigor en el segundo apartado dedicado a la Teología de la Liberación y luego, en los cinco apartados restantes, es olvidada.

Ahora bien, si la prometedora perspectiva es abandonada, lo es aun más la tesis principal. Durante las doce páginas del artículo no volvemos a saber nada de la “unidad cultural” entre el Perú de los años ochenta y el contemporáneo. Esta tesis principal parecería ser reemplazada por una menos ambiciosa: describir (no explicar) cómo las clases populares pasaron a ser los actores principales en las investigaciones sociales e históricas peruanas. Sin embargo, incluso esta segunda tesis se diluye, pues en (lo que parecerían ser) las conclusiones del artículo leemos: “En resumen, tres han sido las vertientes que han contribuido a la construcción ciudadana desde abajo en la década del 50 en adelante: …” (las cursivas son mías) (p.12). Pero, ¿el objeto de estudio no era la producción bibliográfica de los ochenta en el Perú? ¿En qué momento fue reemplazado por la “construcción ciudadana”? El tema original remitía a la historia de las ideas y el segundo remite a la sociología empírica. En términos generales, el apartado final del artículo no es una continuación lógica de lo que precede, parecería un añadido de última hora.

De tal manera que el artículo renuncia a su tesis principal y a su perspectiva de análisis. Y, entonces, ¿qué queda? Queda un trabajo de divulgación con resúmenes de libros que reciben esporádicos y marginales comentarios. Pero incluso esta dimensión de divulgación tiene problemas. El principal es la mirada biográfica, laudatoria y a-crítica.

Los comentarios a cada uno de los libros clásicos (una decena) son presentados bajo un mismo patrón: datos biográficos del autor reseñado y luego un resumen de su idea principal (en general una larga cita textual del libro). Tengo la impresión de que el texto exagera en el dato biográfico: dónde estudiaron los autores, quiénes fueron sus directores de tesis de doctorado, en qué institución pasaron la mayor parte de su vida intelectual, etc. Esto conlleva un riesgo: el lector pierde de vista si se está comentando/criticando las obras mencionadas o a los autores de los estudios mencionados. Y ambas cosas son muy distintas.

El texto debería ser un balance de la producción intelectual de los últimos años. Ahora bien, los balances están constituidos de sumas y restas, de puntos positivos y negativos. Y aquí los puntos negativos no aparecen. Las reseñas están siempre acompañadas de múltiples alabanzas hacia los autores y nunca de comentarios críticos. Se afirma, por ejemplo, que Julio Cotler en Clases Estado y Nación (UNAM, 1982) “ha logrado superar” la “vieja tensión” entre “estructuras” sociales y “actores” políticos. Con toda la admiración que uno pueda tener hacia la obra de Julio Cotler, aquel viejo dilema no lo ha resuelto ningún científico social en ninguna parte del mundo. La tensión entre sociedad e individuo es consustancial a la labor del científico social: ¿el individuo está en la sociedad o la sociedad en el individuo? Tampoco se entiende por qué al final del apartado dedicado a Julio Cotler, aparece una inconexa mención a Hugo Neira de quien no se cita ningún libro de los ochenta que era la década bajo análisis.

A lo largo del artículo, el único autor que recibe una “puya” es Hernando de Soto. Al autor se le descalifica por “marketero” y a El Otro Sendero por no ser un libro científico. Luego se da paso a una cita textual de siete párrafos del libro en cuestión, tras la cual no se explica por qué este libro sería menos científico que los otros.

Una breve mención debe ser dirigida a la revista: se debió consignar una bibliografía al final del artículo para encontrar las referencias bibliográficas de los libros mencionados.

Para terminar, desde que Alberto Adrianzén editó los dos volúmenes titulados Pensamiento Político Peruano (Desco, 1987) no ha habido trabajos sistemáticos, serios y metodológicamente aggiornati de la historia de las ideas en el Perú (una excelente excepción —y también vinculado a los estudios “desde abajo”— es el texto de Paulo Drinot, Historiografía, Identidad Historiográfica y Conciencia Histórica, Universidad Ricardo Palma, 2007). Por eso, aunque el artículo de López tiene los problemas mencionados, nos muestra una veta desde la cual recuperar el olvidado debate respecto de la historia de las ideas en el Perú.

Vergara, Alberto. “Sinesio López sobre la producción intelectual en el Perú”. En Revista Argumentos, año 3, n° 5, noviembre 2009. Disponible en http://web.revistargumentos.org.pe/index.php?fp_cont=979

Qué se entiende por FILOSOFÍA POLÍTICA. BITÁCORA DE P. CAYETANO ACUÑA. 21.06.2026.

P.. CAYETANO ACUÑA VIGIL. @zIGMUNDO VIGIL Cuando nos referimos a la FILOSOFÍA POLÍTICA, yo me refiero a los siguientes CONCEPTOS:    ESTADO,...