La Asamblea Anual del FMI y el Banco Mundial
llevada a cabo recientemente en Lima, provocó comentarios de distinto signo y,
sobre todo, preguntas acerca del papel desempeñado por estas instituciones en
las economías de nuestros países. Sin duda, lo más positivo y notorio en la
situación actual del país, fue que aumentó el turismo y
que benefició notablemente a los negocios del rubro de la gastronomía. Pero, ni
las conferencias ni los informes efectuados durante el desarrollo de la
Asamblea, abordaron autocríticamente los efectos de las reformas y políticas
patrocinadas por dichas instituciones.Por ejemplo, no se dijo nada sobre lo
que actualmente ocurre en Grecia luego de que la troika (el FMI, la Comisión
Europea y el Banco Central Europeo) le impusiera un paquete draconiano de
medidas consistente en reducciones de sueldos y jubilaciones, privatizaciones,
aumentos de impuestos y despidos de funcionarios de su administración
gubernamental.
Los préstamos (créditos stand-by) del FMI
condicionados a ese paquete de medidas y a la firma de una carta de intención
por los gobiernos y autoridades económicas, son bien conocidos en América Latina. Durante la crisis
de la deuda externa (fines de los años 1970 y los años 1980), la
condicionalidad de los ajustes propuestos por el FMI se intensificó con la
participación del Banco Mundial (BM) y de la propia administración
norteamericana. En el primer lustro de los años 1980 se impuso el denominado
Plan Baker consistente en la generación de liquidez en los países deudores,
bajo la condición de que adoptaran el paquete de estabilización del FMI y otras
políticas de libre mercado. Esta institución actuaba como intermediario entre
los países deudores y los bancos acreedores.
El plan Baker no contemplaba la reducción de la
deuda ni de la carga de su servicio. Recién en 1989 se anuncia el Plan Brady
cuyo objetivo era «disminuir el valor nominal de la deuda, reducir su servicio
y/o facilitar préstamos nuevos», pero en el contexto de programas de reformas
impuestos por el FMI y el BM que incluían, además de las políticas de
estabilización conocidas, «medidas para alentar nuevas inversiones extranjeras,
repatriar capitales, cancelar atrasos, privatizaciones y canje deuda por
acciones de capital». Estos programas son implementados bajo la supervisión
conjunta del FMI y del BM.
La crisis de la deuda provocó un cambio drástico en
los roles asignados en 1944, en Bretton Woods, al FMI y al BM. La función original del FMI era facilitar la corrección
de los desequilibrios macro mediante préstamos y políticas de ajuste fiscal y
monetario; mientras la del BM era financiar la ejecución de proyectos específicos
de inversión, para promover el crecimiento económico a largo plazo. Esta
separación de roles terminó con la crisis de la deuda. El FMI introdujo el
«Extended Fund Facility» y el «Structural Adjustment Facility», cuyo propósito
era afectar la oferta agregada mediante la desregulación de todos los mercados.
El BM, por su parte, empezó a condicionar sus préstamos a la adopción de las
políticas de estabilización del FMI. De esta manera institucionalizaron el
llamado Consenso de Washington sobre por la libertad irrestricta del mercado y
la eliminación de la intervención del Estado.
El hecho que las políticas económicas se definieran
en el exterior con la participación de estas dos instituciones, condujo, por lo
tanto, a la pérdida de soberanía de nuestros Estados Nacionales.
¿Cuáles fueron los resultados de la aplicación de
las reformas y ajustes neoliberales patrocinadas por estas dos instituciones?
Su costo económico y social fue enorme. Sin embargo, hasta ahora no hemos
escuchado ni leído autocrítica alguna. Nuestras economías se estancaron durante
más de una década. Crecieron la informalidad, el subempleo y la pobreza; bajó
la inflación, aunque muy poco, a costa de la apreciación monetaria y la
contracción de la capacidad de compra de los sueldos y salarios; aumentaron las
tarifas de los servicios públicos; aumentó el costo del crédito; se redujeron
los presupuestos de educación, salud y de inversión en infraestructura; y, los
«despedidos pagados» de funcionarios públicos precarizaron la burocracia de los
Estados. Por estas razones, la década de los años 1980 es conocida ahora como
la «década perdida de América Latina».
Las reformas y políticas neoliberales siguieron en
los años 1990. Las consecuencias en nuestro país fueron: reducción del ritmo de
crecimiento de la capacidad productiva per cápita que agravó los desajustes
entre la oferta de empleos y el crecimiento de la fuerza laboral;
reprimarización de la economía; dolarización de los créditos; pérdida de
competitividad de las actividades de bienes y servicios transables; e inicio de
un cambio estructural regresivo: la economía tendía hacerse menos industrial y
menos agrícola, y más productora de servicios de baja productividad. La crisis
asiática y rusa de 1997-1998 agravó esta situación: ocasionó quiebras bancarias
y una notable recesión que se prolongó hasta el año 2002.
A MODO DE CONCLUSIÓN
Ningún analista político ni periodista aprovechó la
realización de la citada Asamblea en Lima, para informar que durante los años
2001-2006 se recobró algo de soberanía nacional en la definición las políticas
fiscal, monetaria y cambiaria. Sobre esto hemos escrito en otras oportunidades.
Se intentó salir de la ruta neoliberal que nos conducía al papel de productores
de materias primas y a servir al proceso de acumulación y crecimiento de los
países del centro con la enajenación de nuestros mercados.
Yo considero:
Que es notoria la alineación con la visión de las recetas neo liberales que se publicita en los medios. Lo interesante de esta parcializada e interesada visión es la ausencia total de capacidad crítica y de una actitud de engaño permanente al no quedar tribunas plurales no sectarias como alternativa, lo cual me hace recordar al cuento de Orwell, La granja de animales, pero sin rebelión.
Con
la imposición del neoliberalismo desde fines de los años 1970, se abandona la
idea de que el Estado debería regular el funcionamiento de los mercados para
impedir el surgimiento de asimetrías de poder y las consecuentes injusticias
sociales. A esta tarea del Estado, que fue parte del consenso que duró casi
treinta años desde la post segunda guerra, se le adicionó la de velar por los
equilibrios macroeconómicos. La idea neoliberal de que el Estado es el
problema, excluye la posibilidad de este consenso, y en su lugar se impone la
concepción del funcionamiento libre de
los mercados para que «florezca la creatividad empresarial y no se destruyan puestos
de trabajo».
Los
efectos de las desregulaciones
Los
efectos de las desregulaciones en países como el nuestro, han frenado el
desarrollo en lugar de promoverlo. La liberalización comercial y los tratados
de libre comercio con países industrializados y desarrollados, redujo el
mercado doméstico para la producción nacional y nos especializó en la
producción y exportación de materias primas. Trabó las posibilidades de industrialización
y diversificación productiva. Este efecto negativo en la industria fue
exacerbado por la entrada de capitales, sin restricciones, que, junto con el
boom primario exportador, redujo el tipo de cambio haciéndoles perder
competitividad a las actividades productivas de transables.
La
desregulación de los préstamos de la banca comercial en el exterior estimuló la
dolarización de los créditos domésticos, haciéndole perder autonomía a la
autoridad monetaria. Desde que se agotaron las condiciones de mercado y
financieras favorables para el crecimiento primario exportador de nuestro país,
se revirtió la tendencia a la baja del tipo de cambio. Así, para impedir que la
devaluación ponga en riesgo a los bancos que prestaron en dólares, la autoridad
monetaria reaccionó vendiendo sus dólares (o reduciendo su posición de cambio);
pero también lo hizo para impedir que la devaluación siga incrementando la
inflación. Con la venta de dólares el Banco Central perdió casi el 50% de sus
reservas. Esta espectacular merma de sus reservas, obligó al Banco Central a
elevar su tasa de interés de referencia en pleno enfriamiento económico.
El
deterioro de la autonomía de la autoridad monetaria ha provocado desconfianza
en la moneda nacional, la misma que se expresa en la creciente dolarización de
los depósitos bancarios: 56.9% corresponden a personas jurídicas y 46.44% a
personas naturales. Esta dolarización es otro factor que acrecienta las
presiones devaluatorias, y ocurre al mismo tiempo que aumenta el retiro de los
depósitos bancarios en soles que reduce la liquidez en moneda nacional de los
bancos.
La
flexibilización del mercado de trabajo y el recorte de derechos laborales, es
otro ejemplo de desregulación que ha afectado a los trabajadores y a su calidad
de vida, convirtiéndose en fuente de conflicto social. Cerca del 75% de los
trabajadores tienen ingresos menores a mil soles y un poco más del 74% son
informales. De otro lado, hay que mencionar que la gran mayoría de los
conflictos sociales están relacionados con las actividades extractivas. Los
últimos gobiernos han vuelto más laxas las regulaciones orientadas a proteger
el medio ambiente y los derechos de las poblaciones indígenas. Por ejemplo, se
acortaron los plazos para los estudios de impacto ambiental.
No
hay regulación en el «mercado» de la salud. El acceso a genéricos de
todo tipo es limitado y será aún peor si el gobierno firma el Acuerdo de Asociación
Transpacífico (TPP). En carta dirigida al presidente Humala, Joseph E. Stiglitz
-premio Nobel de Economía- y Adam S. Hersh -economista senior en el Instituto
Roosevelt-, advierten que ese acuerdo irá «mucho más allá de una simple
reducción de aranceles y cuotas, pues exigirá cambios fundamentales en las
instituciones jurídicas, judiciales y reguladoras de cada país, lo que
constituye una concesión a los poderosos grupos de presión». Elevará la protección de los derechos de
propiedad intelectual no para innovar, sino para mantener, por ejemplo, a los
competidores de los «Big Farma», como son los genéricos, fuera del mercado.
La
pérdida de soberanía del Estado
Los
tratados comerciales y este último, el TPP, no solo cercenan la capacidad
regulatoria del Estado, sino también su soberanía. Como dicen los economistas
citados, el TPP reducirá su capacidad «de aprobar normas legales regulatorias
para proteger la salud pública, la seguridad y el ambiente, porque creará
mecanismos de solución de controversias entre inversionistas y Estados, que
permitirían a los extranjeros a demandar al gobierno cuando consideren que
alguna regulación afectará sus ganancias. El arbitraje sería privado y vinculante, incluso si el
fallo fuera contrario a las leyes nacionales».
Esta
pérdida de soberanía que favorece a los inversionistas y grupos de poder
extranjeros, además de someter al Estado a un arbitraje privado internacional,
le bloquea las posibilidades de realizar transformaciones sociales y
económicas, en particular, por ejemplo, para adoptar medidas orientadas a la integración
el país sobre la base de un nuevo esquema de regionalización y ordenamiento
territorial.
A
modo de Conclusión
Adam
Smith se declaraba a favor de la regulación argumentando que, si bien la
presencia de un muro es una violación de la libertad
natural del fuego, su construcción es indispensable para impedir la
propagación de los incendios. Al respecto, cuando la libertad natural «está concentrada en pocas manos de un modo
inapropiado –dice Casassas--, esa libertad
natural puede poner en riesgo a la sociedad entera». El Estado debe
intervenir entonces «para que no se den esas inapropiadas concentraciones de la
libertad natural». La sociedad se pone en riesgo cuando el Estado
«rompe los lazos que lo vinculan a la sociedad civil» y ya no promueve el bien común
porque está controlado por una plutocracia.
Publicado en el Diario UNO, el sábado 3 de octubre
Propos recueillis par Christian Makarian,
publié le
Alain Finkielkraut.
MICHEL LABELLE POUR L'EXPRESS
Dans son dernier livre, La Seule Exactitude, Alain Finkielkraut
trace à la machette un chemin de réflexion à travers les grands débats
qui divisent le pays. A droite? Il s'en défend. Tout en expliquant
pourquoi la gauche a perdu son hégémonie culturelle.
Dans votre livre, La Seule Exactitude (Stock), titre emprunté à Péguy, vous cherchez à dessiller les yeux de
vos contemporains en écartant bon nombre de contrevérités. Notamment en
ce qui concerne le thème récurrent de l'"islamophobie". Où est donc l'exactitude?
Il
y a une phrase de Paul Valéry que je médite sans cesse. "Quand un homme
ou une assemblée, saisis de circonstances pressantes ou embarrassantes,
se trouvent contraints d'agir, leur délibération considère bien moins
l'état même des choses, en tant qu'il ne s'était jamais présenté
jusque-là, qu'elle ne consulte des souvenirs imaginaires." Cette
disposition spontanée de l'esprit est de nos jours aggravée par le traumatisme de la Seconde Guerre mondiale. Hitler nous hante et nous incite à nous souvenir d'abord, au lieu de répondre par l'invention à l'originalité de la situation présente.
Alors même que l'antisémitisme
est devenu un code culturel dans ce que l'on appelle, hélas à juste
titre, "les territoires perdus de la République", des journalistes comme
Edwy Plenel, des sociologues comme Luc Boltanski, des historiens comme
Enzo Traverso ou Pierre Rosanvallon observent la présence de thèmes
traditionalistes et xénophobes issus de la rhétorique de l'Action
française ou du nationalisme barrésien. Et ils s'inquiètent de la réorientation contre les musulmans
d'une hostilité qui était principalement dirigée contre les juifs et le
judaïsme durant la première moitié du XXe siècle.
On se réfère à la
douloureuse histoire des juifs pour occulter purement et simplement la
nouvelle judéophobie. L'antisémitisme européen s'affaiblit à mesure que
l'antisémitisme islamiste se renforce. L'inexactitude dans laquelle nous
sommes plongés devient intolérable; il faut de toute urgence rendre le
présent présent à lui-même.
Non,
mais ce qui est particulièrement scandaleux, c'est d'invoquer la
mémoire de l'antisémitisme pour mieux nier sa forme contemporaine. Notre
époque se conçoit autre qu'elle n'est, et cet anachronisme prend aussi
de tout autres formes, qui ne sont pas moins inquiétantes. Sous le nom
ridicule d'"incivilités", la violence augmente constamment, l'insécurité
gagne; la culture ne cesse de perdre du terrain; l'école républicaine,
qui fut notre fierté, s'effondre à coups de réformes toutes plus
catastrophiques les unes que les autres.
Bref, la France se
désintègre. Elle faisait naguère encore envie, elle fait maintenant
pitié. Elle était un modèle, elle devient un repoussoir: c'est pour ne
pas connaître le destin de la France que les pays d'Europe centrale
refusent obstinément d'accepter sur leur sol des quotas permanents de
demandeurs d'asile. Ils le disent d'ailleurs explicitement. Ce constat
est déprimant, mais plus déprimante encore est l'interdiction de le
dresser. Si vous regardez les choses en face - c'est cela l'exactitude
-, vous êtes aussitôt accusé de faire le jeu du Front national et
l'automatisme antifasciste prend le pas sur l'analyse des faits. Voilà
le danger que je dénonce. Nous devons impérativement mettre nos montres à
l'heure. Il faut penser en d'autres termes. Car nous vivons un moment
inédit de notre histoire.
Après
le 11 janvier, très vite, "on a constaté que tout le monde n'était pas
Charlie. [...] Un clivage est apparu dans la société française", estime
Alain Finkielkraut.
REUTERS/Eric Gaillard
D'où provient cet affaissement français?
Raymond
Aron a très justement écrit: "La vanité française consiste à se
reprocher toutes les fautes, sauf la faute décisive, la paresse de
pensée." Cette paresse a pour nom aujourd'hui "mémoire". Entendons-nous
bien : je ne milite pas contre le devoir de mémoire et pour le droit à
l'oubli. La civilisation de l'Europe a été frappée à mort par les armes
d'un des peuples les plus civilisés d'Europe.
"Nous ne sommes pas sortis
de ce malheur", comme l'a dit François Furet. L'histoire, cependant, ne
prévoit pas de session de rattrapage.
Nous avons des démons,
c'est vrai. Mais nous avons aussi des ennemis, alors qu'au sortir de la
Seconde Guerre mondiale nous avions décidé de ne pas en avoir. Si nous
nous laissons accaparer par nos démons au détriment de l'attention qu'il
faut porter à l'ennemi, nous courons à la catastrophe. Notre temps ne
ressemble à aucun autre, il faut l'admettre.
Qui est cet ennemi? Contre qui sommes-nous en guerre?
Il
faut toujours se souvenir de ce propos de Julien Freund: "Ce n'est pas
nous qui désignons l'ennemi, c'est lui qui nous désigne. Et s'il veut
que nous soyons son ennemi, nous aurons beau lui faire les plus belles
protestations d'amitié, nous le serons. Et il nous empêchera même de
cultiver notre jardin." L'islamisme radical a déclaré la guerre aux
"juifs et aux croisés". Il faut en prendre acte. Cela signifie peut-être
que le multiculturalisme, dans lequel nous avons cru, est une illusion.
Nous nous attendions, avec la diversité, à l'idylle ; or nous sommes
entrés dans un climat de plus en plus dur, dans la confrontation.
Pourquoi?
L'intégration est en crise.
La France a abandonné le concept d'assimilation, jugé trop unilatéral,
elle lui a préféré le paradigme plus ouvert de l'intégration, mais
celle-ci ne fonctionne plus, au point même que certains lui substituent
l'idée de société inclusive. Comme si c'était en ne demandant plus rien à
nos hôtes que nous réussirions à établir avec eux un modus vivendi et
que le "vivre ensemble" retrouverait son harmonie perdue. Ces replis
successifs témoignent de l'extrême difficulté de faire cohabiter, à
l'intérieur d'une même communauté, des peuples qui ne partagent pas les
mêmes principes, ni les mêmes traditions, ni le même idéal.
Mais,
très vite, un deuxième choc s'est produit. On a constaté que tout le
monde n'était pas Charlie. Les habitants des quartiers "populaires" sont
restés chez eux. Parce que, selon eux, ces dessinateurs étaient allés
trop loin. Un clivage est apparu dans la société française et je ne
crois pas que les choses vont aller en s'arrangeant. J'ai peur que se
développe en France une espèce de sécessionnisme culturel et
territorial. Quand on dit "quartiers populaires" aujourd'hui, on entend
quartiers vidés du peuple "old school", pour reprendre l'expression récente de Michel Onfray. Est-ce à dire qu'il y aurait désormais deux peuples en France et qu'on ne peut plus les réconcilier?
"Ce n'est pas nous qui désignons l'ennemi, c'est lui qui nous désigne." Exécution par Daech de 30 Ethiopiens, en avril dernier.
AFP PHOTO/AL-FURQAN MEDIA
N'y a-t-il pas une grande responsabilité politique dans cet état de conflictualité?
Devant
la révolution démographique que nous connaissons, il aurait fallu
réaffirmer clairement les lois de l'hospitalité. Il aurait fallu dire
haut et fort que certaines traditions, valeurs et coutumes n'étaient pas
négociables, plutôt que de rechercher sans cesse des accommodements de
moins en moins raisonnables. On aurait dû, surtout, mener, une politique
scolaire digne de ce nom. C'est à l'école que la France se présente à
tous les enfants, qui sont, comme l'a écrit Hannah Arendt, non seulement des êtres inachevés, mais aussi des nouveaux venus sur la terre.
Or
la droite et la gauche ont abandonné toute véritable ambition
éducative. Au lieu de cultiver les élèves, c'est-à-dire de les
introduire dans un monde plus vieux qu'eux, on s'efforce de les
désennuyer, on les incite à construire eux-mêmes leur propre savoir, on
abdique peu à peu toute autorité. L'école ne joue plus son rôle. Enfant
d'immigré, j'ai eu la chance de pouvoir assimiler une partie de la
culture française; cette chance est refusée aux enfants des nouvelles
générations.
La dernière réforme du collège enfonce le clou dans
le cercueil en réduisant encore la part des disciplines au profit
d'enseignements interdisciplinaires qui ne font qu'introduire dans les
têtes, à la place de la culture, la nouvelle religion civile faite de
tri sélectif et de lutte contre les discriminations. C'est comme si la
France, devenue société postnationale, postlittéraire et postculturelle,
prenait peu à peu congé d'elle-même.
La gauche et la droite sont-elles toutes deux coupables?
Oui.
La gauche, parce qu'elle a sombré dans l'égalitarisme. La droite, parce
qu'elle en est venue à concevoir l'enseignement comme une adaptation
aux exigences de l'économie.
Devant
ce mouvement de population, nous sommes tous frappés de stupeur.
Malheureusement, dès qu'on essaie d'y réfléchir, on est voué à
l'opprobre. La photo du corps du petit Aylan
n'était pas seulement une image; c'était un appel à notre humanité. Ce
n'est pas une photo qui se regardait, c'est une photo qui nous
regardait. Cet appel, certains ont voulu l'entendre comme une mise en
accusation de l'Europe. Les éditorialistes, érigés en directeurs de
conscience, ont fustigé la léthargie, l'indifférence, l'égoïsme des
sociétés et des Etats du Vieux Continent. Ce procès est injuste.
Si on assiste à un tel déferlement migratoire vers l'Europe,
c'est parce que celle-ci est accueillante, à la différence de
l'Amérique - qui se protège pour des raisons de sécurité - et des Etats
du Golfe - qui sont des forteresses. Imbu jusqu'à l'ivresse de sa
générosité abstraite, le nouveau pouvoir spirituel n'accorde plus de
place dans la morale à la morale de responsabilité, c'est-à-dire au
souci des conséquences. Contrairement à ce que réclame Marine Le Pen, il
faut coûte que coûte maintenir vivant le droit d'asile.
Mais il faut savoir aussi qu'avec la nouvelle immigration la proportion
des "Je suis Charlie" ira diminuant, en France comme dans le reste de
l'Europe. Les services de renseignement allemands avertissent déjà que
le prosélytisme islamiste est très actif parmi les réfugiés qui se
pressent au pays de maman Merkel.
"Si
l'on assiste à un tel déferlement migratoire vers l'Europe, c'est parce
que celle-ci est accueillante." A la frontière franco-italienne, le 30
septembre.
REUTERS/Eric Gaillard
La cause de ce déferlement se trouve dans la violence extrême dont souffrent les populations musulmanes...
Violence
ostentatoire, qui plus est. Avec Daech, c'est comme si les nazis
avaient érigé les chambres à gaz en argu ment de propagande. Daech
attire, non tant parce qu'il ressusciterait l'idéal médiéval du califat,
mais parce qu'il coupe les têtes des chrétiens, des yézidis, des
homosexuels... Ses films publicitaires ne montrent que des massacres.
Daech
recrute ainsi en Tunisie, dans tout le monde musulman, en Europe,
jusque parmi des convertis normands. Je suis incapable d'expliquer ce
phénomène. En Syrie, la situation est d'autant plus effroyable que deux barbaries se font face.
J'entends, ici ou là, qu'il faudrait, pour vaincre Daech, envoyer des
troupes au sol. Je n'ai pas d'avis autorisé à ce sujet, mais il serait
assez incompréhensible que les Syriens fuient leur pays du fait de la
guerre et que l'Europe doive à la fois les accueillir et faire la guerre
à leur place.
Il faut une conférence internationale, et pas
seulement européenne, pour définir des conditions d'accueil, mais aussi
pour se demander comment mettre fin à ce que Jean-Luc Mélenchon lui-même
qualifie de "véritable hémorragie". On ne peut pas consentir à ce que
l'Erythrée se vide de ses habitants, à ce que les trafiquants d'êtres
humains - que la photo du petit Aylan a dû mettre en joie - fassent des
fortunes sur le dos de pauvres gens, on ne peut pas laisser la situation
se dégrader comme c'est le cas à l'heure actuelle. Cela ne peut pas
être résolu en jouant sur le masochisme moralisateur des Européens.
Les populations d'Europe centrale, ou du Danemark, sont plus rétives encore.
Avec le communisme, les pays d'Europe centrale ont subi la loi d'un
Etat étranger, en l'occurrence l'Union soviétique. Après la chute du Mur
de Berlin, ils ont retrouvé leur souveraineté; ils ne peuvent pas
consentir que celle-ci soit maintenant abandonnée au profit d'une
nouvelle instance bureaucratique, l'Union européenne. Si on ne peut pas
décider de l'admission des migrants, on cesse d'être souverain.
La
France, elle, est une nation à cran. Marseille est devenue la capitale
de l'hyperviolence, des villes comme Mulhouse, Roubaix, Tourcoing, Albi,
Carpentras deviennent méconnaissables. On y trouve de plus en plus de
rues où les femmes voilées sont majoritaires. Les Français ne voient pas
cette mutation d'un bon oeil, ils ne comprennent pas pourquoi on
qualifie de raciste leur réaction. Ils se disent que si l'intégration
est en panne, l'actuel déferlement migratoire ne pourra qu'aggraver les
tensions. C'est tout. Ce n'est pas, comme le voudraient certains, la
xénophobie qui parle, c'est le sens commun.
"Si
on ne peut pas décider de l'admission des migrants, on cesse d'être
souverain. La France, elle, est une nation à cran." Manifestation contre
l'immigration illégale, le 4 octobre, à Calais.
REUTERS/Pascal Rossignol
Une force politique exploite ce sens commun à des fins tout autres...
Nous
assistons à la naissance d'une coalition entre la gauche morale et le
grand patronat. Pour les patrons, français ou allemands, les hommes sont
inter changeables, on souhaite donc la bienvenue à ces nouveaux
arrivants qui exerceront une heureuse pression à la baisse sur les
salaires. La gauche morale préconise quant à elle l'hospitalité
inconditionnelle. Edwy Plenel fait cause commune avec Pierre Gattaz :
c'est comique. Face à cette alliance de la calculette et du violon, Marine Le Pen a raison de dire que l'immigration aujourd'hui est un problème en France,
pas une chance. Mais ce qu'elle oppose à l'étalage des bons sentiments,
ce n'est pas le sérieux de la morale politique, c'est l'inhumanité pure
et simple. Elle n'a aucun problème à renvoyer tous les persécutés chez
eux. Chacun balaie devant sa porte: cette "philosophie de concierge",
comme disait Joseph Roth, ne doit en aucun cas être la nôtre.
La gauche a-t-elle perdu son hégémonie culturelle?
Ce
que pensent les gens de gauche, qu'ils soient rouges, roses ou verts,
c'est que l'inégalité est la source de tous les maux qui rongent le
genre humain. Pour eux, il n'est pas de conflit qui ne se résume à
l'antagonisme entre les possédants et les dépossédés. Si la gauche a
perdu la partie, c'est parce que le choc des cultures n'est pas soluble
dans la question sociale. Les penseurs de gauche préfèrent se crever les
yeux plutôt que de penser à nouveaux frais.
Comment percevez-vous la centralité qu'a fini par occuper le Front national dans le paysage politique français?
Je
défends la France en tant que composante essentielle de la civilisation
européenne, je ne me reconnais donc pas du tout dans les imprécations
du souverainisme. Le Front national doit être jugé sur son programme
actuel. Il ne menace pas la démocratie, mais il est dangereusement
poutinolâtre. Il n'est plus antisémite, il n'est pas engagé dans une
croisade contre les musulmans. En même temps, il présente l'immigration
comme un tout, il refuse de faire les distinctions qui sont au fondement
de l'humanisme, et c'est à ce titre qu'il doit être combattu.
Vous êtes de plus en plus souvent classé à droite par vos détracteurs. Que répondez-vous?
On
ne me classe pas seulement à droite, on fait de moi un raciste et on
m'inscrit périodiquement sur les listes noires des "néofachos", alors
même que je soutiens, contre tous les amalgames, le travail critique que
mènent courageusement des intellectuels musulmans comme Abdennour
Bidar, Boualem Sansal,
Kamel Daoud. Face à cette violence verbale, je dispose heureusement de
la maxime popularisée par Jacques Chirac, qui ne fut pas un grand
président, mais un maître zen: "Ça m'en touche une, sans faire bouger
l'autre."
En su último libro, La Exactitud,
Alain Finkielkraut traza un camino reflexivo a través de los grandes debates
que dividen el país. ¿A la derecha? Él se defiende. Al
explicar por qué la izquierda ha perdido su hegemonía cultural.
En su libro, La Exactitud (Stock),
título tomado de Péguy, Ud. intenta abrir los ojos de sus contemporáneos
mediante la difusión de muchas controversias. En
particular, con respecto al tema recurrente de la "islamofobia". ¿Dóndeestá la precisión?
Hay una frase de Paul Valéry sobre la que medito
incesantemente. "Cuando
un hombre o asamblea, frente a circunstancias urgentes o embarazosas, encuentra
restricciones para actuar, ya que sus deliberaciones consideran mucho menos el
mismo estado real de la situación, que nunca se había presentado hasta ahora, y
más bien consulta recuerdos imaginarios”. Esta
disposición espontánea de la mente hoy en día se ve agravada por el trauma de
la Segunda Guerra Mundial. Hitler
nos persigue y nos anima a recordar en primer lugar, en vez de responder por la
originalidad de la situación actual.
A pesar de que el antisemitismo se convirtió en un código
cultural en lo que se llama, por desgracia con razón "los territorios
perdidos de la República", periodistas como Edwy Plenel, como sociólogos
Luc Boltanski, historiadores como Enzo Traverso o
Pierre Rosanvallon observan la presencia de los temas tradicionalistas y la
retórica xenófoba de la Acción Francesa o el nacionalismo Barres. Y
se preocupan por el cambio en contra de los musulmanes, de la hostilidad que
fue dirigida principalmente contra los judíos y el judaísmo en la primera mitad
del siglo XX.
Se refiere a la dolorosa historia de los judíos de
ocultar simplemente la nueva judeofobia. El
antisemitismo europeo se está debilitando tanto como el antisemitismo islámico se
fortalece. La
inexactitud en la que estamos inmersos se vuelve intolerable; debemos
hacer con urgencia este presente, presente para nosotros mismos.
……………..
Les années trente, dit-on, sont de retour. La
droite intégriste et factieuse occupe la rue, l’ordre moral sort des
catacombes, la crise économique pousse à la recherche d’un bouc émissaire
et l’islamophobie prend le relais de l’antisémitisme. Cette
analogie historique prétend nous éclairer : elle nous aveugle. Voulant
lire ce qui arrive à la lumière de ce qui est arrivé, elle en occulte
la nouveauté inquiétante.
Montrer que nous vivons un tournant historique, paradoxalement masqué par
la référence incessante à l’Histoire; appréhender ce moment crucial dans
ce qu’il a d’irréductible au répertoire de nos vicissitudes : tel est le
pari de ce livre. Et l’enjeu est existentiel autant qu’intellectuel. Si,
comme l’écrit François Mauriac, « l’épreuve ne tourne jamais vers nous le
visage que nous attendions », il nous incombe d’être à l’heure au
rendezvous et de regarder en face le visage que nous n’attendions pas.Dans
une époque qui tend à se prendre pour une autre, l’exactitude devient la
tâche prioritaire de la pensée.
EL PLAN DE PUTIN RUSIA PREPARA UNA OFENSIVA TERRESTRE CON IRÁN MIENTRAS INTENSIFICA LOS BOMBARDEOS
Es una versión que sale de los servicios de inteligencia rusos,
iraníes, norteamericanos y europeos. Y se propaga rápidamente tanto en
medios norteamericanos y europeos como rusos. Rusia estaría preparando
una SEGUNDA FASE MILITAR complementaria de los bombardeos aéreos para
terminar de expulsar a los grupos terroristas y RESTITUIR EL CONTROL
territorial de Siria al gobierno de Al Assad.
Y la acción ya
estaría siendo coordinada en Irán por la COALICIÓN DE LOS CINCO
integrada por Rusia, Irán, Siria, Irak, y Hezbolá (también denominada la
CONEXIÓN MILITAR CHIÍ) quienes acordaron actuar como COMANDO CONJUNTO
frente a la COALICIÓN TERRORISTA YIHADISTA SUNI (protegida por EEUU, la
OTAN y Arabia Saudita) que opera en Siria desde el 2011. El PRIMER
FRENTE operativo de ataque estaría compuesto por la infantería del
ejército sirio, Hezbolá y las milicias chiíes que ya combaten contra
Estado Islámico en Irak.
El SEGUNDO FRENTE de cobertura de fuego y
apoyo logístico estaría compuesto por fuerzas especiales de Rusia y de
la Guardia Revolucionaria iraní con blindados, baterías misilísticas y
armamento ultra pesado. La fuerza aérea rusa y siria (en comando
conjunto) actuaría como el factor complementario BARRIENDO Y DESTRUYENDO
LAS POSICIONES TERRORISTAS antes de cada ataque terrestre.
Rusia e
Irán actuarían como COMANDO ESTRATÉGICO con intercambio de información y
planificación conjunta. Y el primer objetivo de esta FASE TERRESTRE
sería expulsar al mosaico de grupos terroristas (entre ellos Estado
Islámico y Al Qaeda) de las fronteras norte y noreste. Y luego avanzar
de ahí, en un acción envolvente, para terminar con los BOLSONES
terroristas en todo el territorio sirio.
Y la pregunta del millón
¿Que factibilidad geopolítica y estratégica habría para que una
operación terrestre global contra los grupos terroristas prospere sin
una REACCIÓN MILITAR de EEUU, las potencias de la OTAN e Israel?.
En TÉRMINOS ESTRATÉGICOS hasta ahora, una reacción militar conjunta del
eje USA-OTAN se torna IMPROBABLE (por no decir imposible). Y hay razones
geopolíticas, militares y económicas que lo explican.
PRIMERO:
Alemania, la primera potencia económica europea (principal socia
comercial de Rusia en Europa) ya advirtió ayer que se opone a
CUALQUIER SOLUCIÓN MILITAR como salida en Siria.
SEGUNDO: La Unión
Europea es ULTRA DEPENDIENTE del gas y el petróleo ruso, lo que
PARALIZARÍA cualquier accionar militar de la OTAN contra Rusia.
TERCERO: cualquier accionar conjunto militar de la OTAN contra las
fuerzas rusas en Siria, sería VETADO en el Consejo de Seguridad de la
ONU por China y Rusia.
CUARTO: Hasta ahora (salvo Francia con el
débil Hollande) participa con EEUU de las operaciones aéreas de apoyo al
terrorismo en Siria. Hasta la propia Gran Bretaña (con un Cameron
debilitado y jaqueado por la oposición) mantiene un cauto
DISTANCIAMIENTO de cualquier intervención militar en Siria.
QUINTO: La crisis económica europea (con peligro de disolución como
bloque de la Unión Europea) impide que las potencias se embarquen en
una guerra generalizada contra Rusia e Irán en Medio Oriente. La
REACCIÓN politica y social que produciría en las metrópolis europeas,
terminaría con los gobiernos que participaran.
SEXTO: Este
ESCENARIO con respecto a Siria recrea el cuadro de situación del 2014
cuando las potencias europeas DEJARON SOLO Y AISLADO a Obama en su
objetivo intervención militar directa para derrocar al gobierno de
Bashar Al Assad.
SÉPTIMO: descartada una ACCIÓN CONJUNTA contra
Rusia e Irán en Siria, solo quedaría la opción de una RESPUESTA MILITAR
UNILATERAL de EEUU, Israel y Arabia Saudita. En este escenario es muy
difícil que Israel se pliegue a una confrontación militar directa con
Rusia (e Irán) dado que tiene el poderío militar nuclear ruso de la
base de Tartus casi en sus fronteras. Además tiene a Hezbolá y a los
blindados y baterías misilísticas de la Guardia Revolucionaria iraní en
su frontera con Líbano. Y Netanyahu y los halcones militares israelíes
comen cualquier cosa menos vidrio. En cuanto a Arabia Saudita solo es un
sirviente y una extensión militar mediocre del Pentágono. Y su
actuación solo generaría rechazo y repulsa internacional.
OCTAVO:
Todo este cuadro de situación repetiría nuevamente el escenario de un
Obama, DESPRESTIGIADO Y SIN PODER intentando convencer a los
republicanos en el Congreso de EEUU para una RESPUESTA MILITAR
UNILATERAL de EEUU en Siria. Pero tampoco se llegaría a ese
extremo, porque el CONSENSO GENERALIZADO entre las potencias imperiales
es llegar a una SOLUCIÓN POLITICA NEGOCIADA que las salve del ridículo
en Siria.
Y esa propuesta puede ser liderada por ALEMANIA (factor
de equilibrio entre Rusia y China) en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Y ese es el OBJETIVO CENTRAL en el plan de Putin. Profundizar e
incrementar AL EXTREMO las operaciones de exterminio contra la YIHAD
TERRORISTA SUNÍ para tomar el CONTROL MILITAR Y POLÍTICO de Siria. Y
desde allí NEGOCIAR DESDE UNA POSICIÓN DE FUERZA.
Hace 25 años que el estratega de mirada gélida juega al ajedrez geopolítico y militar. Y
Putin TIENE UN PLAN. Por MANUEL FREYTAS / IAR Noticias