jueves, 18 de junio de 2015

¿Como somos? Gustavo Flores Quelopana.

¿Como somos? Gustavo Flores Quelopana.
La humillada cerviz
¿Cómo somos y por qué somos los peruanos lo que somos?





Gustavo Flores Quelopana *
Lima, 2005

1. La identidad neurótica

Nadie como el peruano se interroga tanto sobre la identidad nacional, y no precisamente porque carece de ella, sino porque resulta inaguantable reconocer el estado patológico de nuestra personalidad social . Se trata de una especie de neuroticismo -el término pertenece al psicólogo americano Eysenck- que designa, en nuestro caso, la inestabilidad emocional del sujeto social.

Este transtorno grave de nuestro psiquismo colectivo nos impulsa a movernos desordenadamente desde la falta de reacción abúlica hasta las explosivas capacidades en crear proyectos pero sin corresponderle una paralela capacidad de realización. Es por ello que durante el siglo veinte sólo tuvimos dos momentos sin calco ni copia, a saber, la brillante intelligentzia peruanista de los treinta y el proyecto inconcluso e imperfecto del general Velasco.

Es decir, en los únicos momentos en que predominó una mentalidad y un proyecto nacionalista se produjo una saludable interrupción de la anomalía de nuestra psicología colectiva, que sintió la identidad con orgullo. 

El orgullo humano, individual o colectivo está casi siempre en proporción a sus bienes materiales. El orgullo prehispánico no necesitó de este soporte porque fue un orgullo interior basado en la íntima riqueza racial -la gran cultura regional cuando no el gran imperio-, seguidora de una única religión del dios Wiracocha, nunca abolida ni por los incas.

Pero con la conquista española todo el cosmos andino, como es conocido, sufre un profundo trastocamiento, que hasta hoy palpita en nuestras venas. El Perú virreynal no fue levantado como el Escorial de Felipe II para presentarlo a Dios como muestra de devoción y orgullo, sino que fue horadado en minas y encomiendas para satisfacer el hormigueo belicista e imperial de la metrópoli. 

Si hubo algo que lo salvó al barbudo hidalgo español de convertirse en un consumado y exitoso genocida, comparable a los anglosajones del norte, fue que su infernal Iracundia fue refrenada por su insuperable Avaricia y exitante Lujuria .

Estos entusiastas piropeadores, de mirada y labios sensuales, de gran atractivo para las indias, polígamos por excelencia, depositarios de la tradición donjuanesca, que vivieron para la aventura erótica -recuérdese la gran cantidad de restos de párvulos encontrados debajo de los conventos y monasterios-, y cuya tradición es pecar, arrepentirse y luego volver a pecar y así otra vez -a esta carencia de asco racial por parte de los peninsulares Jorge Basadre buenamente lo llamó "fenómeno de incalculable sentido democrático-, repoblarían nuevamente el territorio asolado por pestes, abusos y crímenes, pero lo harían con toda una variopinta mezcla racial capaz de desafiar al más moderno genetista.

 Pero el desembarazo racial no es más que un aspecto, no del todo pequeño por cierto, en la configuración de la psicología colectiva, la cual estuvo en su momento dominada por el concubinato y el bastardeo. La ínclita memoria del Inca Garcilaso de la Vega nos da un testimonio temprano de la búsqueda de esa identidad en crisis, bilingüe, castellanizada, hegemonizada por otra visión del mundo. Los siglos han pasado, pero la visión de la "madre india alejada y humillada" se prolonga hasta nuestros días con la idea de un país que transita de derrota en derrota, de un colonialismo mental a otro, de un racismo soterrado y bajo cuerda y con un himno nacional de ominosa letra -abordado recientemente por mi amigo Julio Rivera Dávalos en su libro El mito de un símbolo patrio-, que marca a fuego desde niños la idea derrotista y de baja autoestima de la "humillada cerviz". 

Así, lo extraordinario resulta que si la soberbia es la clave de la actitud española ante la sociedad (se cuenta que cuando a un español que sale de su país se le pregunta cómo está, éste responde: -Aquí jodido, rodeado de extranjeros), en cambio aquí la humildad es la clave de la actitud peruana ante lo social (es conocida la sorpresa que causa en el exterior el tono bajito con que hablamos, así nos suelen decir: -Está Usted mal de la garganta?, no se le escucha. O de lo contrario cuántas veces somos testigos de la exagerada amabilidad áulica con el extranjero y el desdén con el nacional). 

La modestia, la sencillez, el no llamar la atención suele ser una difundida característica nacional. Pero esta humildad no es precisamente aquella virtud de reconocer los fallos y defectos propios, sino que nace de la inseguridad, la ambigüedad, la falta de carácter que hunde sus raíces en un choque emocional histórico, de profunda y duradera huella en el subconsciencte, que se presenta como un debilitamiento del yo y con regresiones intelectuales reivindicatorias (hispanismo e indigenismo). 

La personalidad peruana se ha forjado ya en los siglos cruciales del xvi y xvii y el hecho de que el enemigo desaparezca del mapa, con la independencia -que pasó por nosotros pero que nosotros no pasamos por ella- y la vida republicana -que reprodujo más los vicios que las virtudes del virreynato-, no cambia el concepto del pueblo de la "humillada cerviz". 

La china tudela , conocida columna de Rafo León -lanzado recientemente como libro-, registra esta frustración incluso en las capas altas de nuestra sociedad, la misma que detesta estar rodeada de cholos pestíferos (o como dice un conocido vals cantado por Avanto Morales, con olor a parmesano y chanel), pero que a su vez no deja de sentirse menos ante el extranjero o la high life international y que refleja la pérdida de su superioridad intelectual y espiritual en su lenguaje y modo de pensar.

Esto nos recuerda el título de un afamado libro de Franz Fanon de los sesenta, Piel negra, máscaras blancas. La diferencia aquí es que se trata más bien de "piel mestiza, máscara blanca". Mi amigo el embajador Antonio Belaunde diría más bien, con su libro Perú: persona, sombra y alma, que a la persona blanca se le extravió el alma india. Diagnóstico certero, por cierto. Se trata de un complejo discriminatorio que también se discrimina a sí mismo sintiéndose inferior. Esta firme convicción personal y social de no poder ser o realizar una determinada cosa o identidad es normalmente llamada en psicología como complejo neurótico.

Este impulso conflictivo se manifiesta de diversas formas: podemos ser discutidores hasta la remaceta por el solo hecho de no sentirnos vencidos por lo menos en el debate, o puede ser intelectualizado hasta la alambicada defensa de la creencia que no somos capaces de manifestar un pensamiento propio o que no existe un filosofar nacional. La severidad de este cuadro también se expresa en el deseo de sentirse jefe o cabeza de grupo, de tener siempre a alguien a quien ordenar, lo cual no sólo satisface esa ansia de poder , que todo ser humano convencional lleva adentro, sino que provee una compensación a su profunda falta de seguridad. 

2. ¿Una cultura del fracaso? 

Esto hace que la "humillada cerviz" de los peruanos sea a su vez sumisa y autoritaria, obedece por temor y no por convicción, le gusta hacer lo que quiere por el gusto al capricho, oscila entre la anarquía y la dictadura -por eso es que la democracia es un hueso todavía duro de roer entre nosotros-, se discute interminablemente, pero el desahogo no siempre es verbal y la brutalidad suele desbocarse en ajusticiamientos populares -aquí suele decirse se le metió el indio-, a la familia suele perdonársele todo y al desconocido nada, es aguantador hasta la desesperación, receloso y simulador -espíritu de lacayo o de filipillo-. 

Una amiga antropóloga peruana, que es muy cosmopolita, me decía: "Dentro y fuera del país el peor enemigo del peruano es otro peruano". Claro que esto tiene sus excepciones, especialmente con los amigos y los miembros de la familia. Se dice que la idiosincracia peruana es muy familista, y se lo repite como si fuese muy meritorio cuando mucha de las veces sirve de justificación para un criterio de justicia y de igualdad totalmente desproporcionado e irreal, propio del clan primitivo o de la tribu enquistada como un tumor en la sociedad moderna. Ya decía Víctor Hugo:" Ser bueno es fácil, lo difícil es ser justo". A propósito de esta pintoresca costumbre nacional, muy frecuente en nuestra vida política, especialmente presidencial, cuenta Don Ricardo Palma lo siguiente:

"-Dios sacó al hombre de la nada; pero el presidente Echenique con su Consolidación, lo superó, sacando a muchos hombres, a muchísimos, de la nada, esto es, de la pobreza humilde a la opulenta soberbia".

La cultura de la improvisación se destila, como por gravedad natural, de la identidad neurótica, que suele estar frecuentemente muy bien representada por la Presidencia de la república y la burocracia gubernamental, especialmente. En el argot criollo esta conducta se conoce como el "hinchazón de pavo". Es decir, aquel seudo afortunado funcionario que es promovido no en vista de su mérito sino de sus recomendaciones y favores, cuando no de formar parte de una partida de forajidos saltimbanquis, y en el colmo de la estulticia adopta un ademán despreciativo y superior ante los demás subordinados. 

Esta anomalía de la psicología colectiva, que supura falta de fortaleza moral, ha entorpecido y retrasado el desarrollo nacional en proporciones inusitadas. No ser parte del clan o del grupo, por lo general de incapaces pero de audaces y ambiciosos, revela un bastardeo de la moral que destruye los soportes superiores de la comunidad . 

A estas alturas, sería provocador decir líricamente que el alma peruana está jalonada por lo fáustico español y lo mágico indígena, pero esto no pasaría de ser una agradable simplificación excesiva porque lo mestizo, que pulula por doquier -"El que no tiene de Inga tiene de mandinga" decía Don Ricardo Palma-, aún no sintetiza las fuerzas telúricas disímiles que contiene, y en esa desarmonía se ha comportado en la vida republicana -salvo dignas excepciones- como si no estuviese hecho para el triunfo sino para el fracaso. Esto me recuerda unas duras y desafortunadas palabras, desde el punto de vista político y diplomático, de un senador republicano, cuyo nombre no recuerdo, de los tiempos de Clinton, que a propósito del libre comercio con la subregión espetó:

"Nada con los del Sur, porque ellos pertenecen a la cultura del fracaso y nosotros a la cultura del éxito".

Y últimamente, Samuel Huntington en un libro suyo llamado Quiénes somos (2004), se pronunció a favor de una democracia de blancos anglosajones y comparó, muy desafortunadamente, el peligro de la conquista demográfica de su país por las prolíficas masas hispánicas, con el desbalance racial en Bosnia-Herzegovina, que provocaría su limpieza étnica. 

3. Las dos dimensiones de la identidad neurótica: exitofobia y fracasofilia

 A veces hasta los más brutales insultos suelen contener un grano de verdad y ésta quizá puede ser iluminada con el emblemático y contrafáctico título del libro del entrenador del Cienciano, Fredy Ternero, Sí se puede.

Es decir, siempre creímos que no se podía. Con el desarrollo de las relaciones humanas, industriales, el marketing, la reingeniería y otras disciplinas ligadas al mundo de los negocios y de la empresa se puso de moda el acápite sobre El temor al cambio. Tal concepto nos puede ser útil para entender que también se puede detectar el temor al éxito o triunfo y del paradójico amor al fracaso. La exitofobia y la fracasofilia son partes substanciales de nuestra neurótica "humillada cerviz", como componentes inherentes y naturales a nuestro comportamiento social. 

Presidentes que pretenden perennizarse -Fujimori fue el último-, dirigentes exitosos defenestrados por celos -Arturo Woodman es el último caso en el deporte-, y el mantenimiento del bajo perfil en la empresa, el hogar, el barrio, el cuartel, el colegio, la fábrica, la universidad o el ministerio resulta siendo el santo y seña más seguro para librarse de las ojerizas ajenas -previa fraterna comunión en el delito, lo etílico, la obscenidad, la indignidad o lo erotómano-. Existe un antiguo proverbio sufí que dice: "Cuando el hombre practica maldades, acumula moho en su corazón, de modo que está ciego para los misterios divinos. 

De modo análogo se puede decir que, cuando lo deshonroso causa simpatía y la honradez provoca recelo,entonces el progreso espiritual de una comunidad es un desideratum imposible, la fuerza moral de una sociedad ha llegado a su más bajo nivel y sus miembros se acostumbran a una servidumbre tranquila que a una libertad peligrosa. La viveza criolla, la sacada de vuelta se convierte entonces en la divisa de una descomposición moral que deforma al individuo y subdesarrolla a la comunidad . El pueblo de la "humillada cerviz", que no vive precisamente en las más dignas condiciones humanas sino en las más indignas en salud, educación, vivienda y empleo, ve con recelos, suspicacia y sospecha, cuando no con temor, el avance de todo progreso del vecino, y, por supuesto, de una nueva mentalidad que se hace escuchar de vez en vez en cada generación. 

Son voces de renovación patriótica e integración social cuya fuerza moral sufre casi siempre una derrota de estreno pero, como la gota de agua que horada la dura piedra, también no tarda en penetrar en el tejido social. Pero no sin levantar nuevos muros, fosos y trincheras en qué perpetuarse -para este propósito son de una gran eficacia en nuestro medio el chisme, la calumnia, el rumor, el infundio, cuando no la trampa-.

En suma, en los traumáticos siglos cruciales del dieciseis y diecisiete se forjaron en la psicología colectiva de los peruanos una identidad neurótica, que vive en función de su autonegación, delineándo una cultura del fracaso que acepta como moneda corriente y normal la exitofobia y la fracasofilia, como categorías anímicas colectivas . 

Este estado patológico se ha visto interrumpido solamente en las grandes gestas patrióticas, en la intelligentzia peruanista de los treinta y en el nacionalismo velasquista. Las prosperidades conocidas, en la otrora oligarquía y renovada plutocracia, no han conseguido conformar una identidad nacional consensuada, lo cual ha recaído en la deslegitimización de sus proyectos históricos.

4. La fantasía mercadólatra postmoderna 

Hace más de una década - en medio de un contexto internacional unipolar- que existe una ofensiva ideológica llamada neoliberal, que busca legitimar como proyecto histórico al capitalismo. Este sistema exacerba la codicia, y sobre el círculo infernal de la misma podemos recordar lo que afirmó Horacio: "El que codicia muchas cosas necesitará muchas más". En el tiempo transcurrido el sueño de convertir a América Latina en otro Tigre asiático no se ha hecho realidad. Muchos creyeron que la aplicación de las recetas neoliberales modernizarían al país hasta el límite de cambiar radicalmente nuestra pisología colectiva . No faltó quienes fueron de la opinión que el neoliberalismo acabaría con la virreynal mentalidad mercantilista por otra más moderna y democrática. 

Pero las cosas resultaron más complicadas y sutiles que los fantásticos esquemas de los mercadólatras. Por supuesto que existen causas externas que colaboran permanentemente con el estado de postración psicológica de los peruanos, y un nuevo componente ha venido a sumarse con el mismísimo neoliberalismo, que resulta siendo de un formalismo tan gélido y extremado capaz de poner entre comillas a millones de seres humanos o más exactamente a dos tercios de la humanidad, los cuales quedan excluídos de las vitrinas del mercado.

Muchos creyeron dogmáticamente, como Vargas Llosa o Hernando de Soto, que la apertura de las economías en el modelo neoliberal cambiaría esta manera conservadora o mercantilista de pensar o ver las cosas , pero en la práctica la realidad superó las fantasías de los mercadólatras. 

Una élite socioeconómica mediocre, economicista, que confunde el bienestar macroeconómico con el malestar microeconómico, resulta siendo incapaz de realizar lo que Basadre llamó la promesa de la vida peruana. Príapo, Marte y Mammon son los verdaderos ídolos modernos que dirigen a nuestras élites productivas, políticas, guardianes y pensantes. Para la fantasía mercadólatra la República se fundó para cumplir con la promesa de la prosperidad económica y un apreciable desarrollo material. 

Para ellos no es esencial el elemento espiritual y el perseguir un ideal superior. Los mentores del neoliberalismo nunca se preguntaron qué iban a hacer para evitar que, junto con la elevación de los ingresos y la multiplicación del empleo, se produjera la ola de divorcios, la disolución del matrimonio, el aumento de la delincuencia, los crímenes, la pornografía, la trivialización de la cultura, entre otras linduras más que suelen acompañar al frenesí consumista y adquisitivo de la sociedad moderna. 

Nunca repararon en que este modelo civilizacional, desespiritualizado y anético, es inviable no sólo respecto con la Naturaleza sino con el hombre mismo . Es decir, el modelo neoliberal globalizado resulta acelerando el estrangulamiento de la vida espiritual ya no sólo en Occidente sino en todo el orbe. Las grandes ideas no nacen del mercado libre, nacen de la libertad del espíritu incluso ante los mercados. Esta confusión grave contamina a nuestras universidades, las cuales han devenido de centros de formación humanística en centros de comercialización de grados y títulos, es decir es otro mercado más.

El supuesto centro del pensamiento libre y científico es hoy descuartizado por las gangas de la competencia y de la ineptitud científica. Los presupuestos para investigación - que es la razón de ser de la universidad- o son pírricos, por no llamarlos ridículos o simbólicos, o son inexistentes. 

De los ingresos y gastos no se da cuenta idóneamente, mientras que las instalaciones físicas se multiplican y los exámenes de admisión se duplican. La universidad se ha dejado tiranizar pasivamente por el mercado, se ha sometido y humillado, y salvo honrosas excepciones es hoy refugio del soberbio y engreído homo academicus. Nuestra crisis es de índole espiritual y civilizacional y no se resolverá con revoluciones de la propiedad.

El automatismo que impone la lógica del capital, si en los sesenta y ochenta tuvo provocó la condena del sectarismo marxista -sectarismo que tampoco respetaba al sabio, y a propósito en San Marcos se recuerda mucho la visita del eminente Gregorio Marañon allá por los años sesenta que tuvo que soportar un deshonroso desaire del alumnado por razones de índole ideológica, lo mismo le sucedería mucho antes a José de la Riva Agüero y a Víctor Andrés Belaunde-, decía que dicho automatismo tiene hoy tiene que ver con l a indiferencia de la juventud posmoderna que ve al hombre de conocimiento como portador de reliquias cuentísticas. La "humillada cerviz" encuentra entonces en este paso de la modernidad a la posmodernidad un calmante más: la indiferencia del todo vale. 

Así, la joroba ya no pesa tanto pero sigue afeando, no obstante quién sabe si lo feo puede ser otra ilusión más. No es extraño entonces que lo mostruoso y lo horrible se hallan convertido en juguetes infantiles corrientes. Recapítulando, es posible decir que a nuestros defectos psicológicos históricos se ha venido a sumar la barbarización de la cultura occidental, el cual ha venido a provocar la vejez niveladora en los propios jóvenes, quienes corren encanecidos en el alma tras el condumio y el lucro, cuando no tras el placer momentáneo y disolvente. 

Estas líneas podrán parecer una catilinaria contra los arquetipos de la mediocridad nacional pero no lo es, porque la pendencia es aquí una reflexión sobre nuestro ser nacional en crisis. Y lo que crece más rápido en esta crisis no son precisamente las virtudes sino los defectos. La fantasía mercadólatra se ha vuelto en una pesadilla que contribuye a ello. 

5. La revolución somatotónica

 Al respecto quisiera emplear los aportes de Scheldon, médico y psicólogo norteamericano, que descubrió tres componentes primarios de la constitución física humana: endomorfismo, mesomorfismo y ectomorfismo; y tres correspondientes componentes temperamentales: viscerotónico (regordete, aficionado a los lujos, ceremonias y comodidades), somatotónico (musculoso, agresivo, competitivo y ávido de poder) y cerebrotónico (intelectual, introvertido, abstraído y supersensible). 

Con cada temperamento pasamos de una clase de universo enteramente diferente a otro, de un Sancho Panza a un César Borgia o a un Hamlet, el de un cuerpo construído alrededor a su conducto digestivo a otro edificado por la actividad muscular o esteotro que gira en torno a un elevado grado de construcciones de pensamiento y de imaginación. Y aún cuando creo que todas las almas reciben un remoto llamado a la unión con Dios, existen en ellas diversas tendencias que las particularizan.

El punto es que el esquema de Scheldon nos permite advertir que el orbe occidental está inmerso desde el siglo dieciocho en medio de una "revolución somatotónica", es decir dirigida contra todo lo que es propiamente cerebrotónico en la teoría y en la práctica de la cultura cristiana. 

Me explico. Las sociedades premodernas intentaron desalentar sistemáticamente la somatotonía para no ser destruídas por la avidez de poder, riqueza y éxito. En cambio desde la era moderna se vive cegado por un exceso de extraversión, que ha dado lugar a los descubrimientos tecnológicos, y a su vez el progreso tecnológico es productor y mantenedor de esa revolución somatotónica , la cual persuade a la población para que la acepte como weltanschauung. 

En ella, la acción es considerada como el fin supremo, y el pensamiento desinteresado como un medio para tal fin. Esto explica cómo se ha extendido por el mundo -primero anglosajón y luego latino- la deformación que quiere concebir a la filosofía -la expresión cultural más desinteresada , lo cual nunca entenderán los filosofastros- como un "conocimiento aplicado", como otra especialidad técnica más. 

Acorde con esta deformidad, lo que más importa en esta era somatotónica no es la situación espiritual sino la situación material. La meta suprema de ganar más como sea, lleva no sólo a los tristes ejemplos de los burriers sino también a catedráticos principales que hurtan horas para dictar a escondidas en otros centros académicos. 

De la mano con estas tendencias, va el nuevo oscurantismo de los medios masivos de comunicación social, que fabrican la "verdad", y la publicidad, que es el pulmón por el que respira la sociedad de la sensación y retroalimenta la devoción por toda clase de estímulos instintivos.

 Por último, con este sistema de comportamiento y de pensamiento somatotónico está estrechamente asociado una educación para la competencia, la cual alienta la manifestación de la somatotonía tanto en los sibaritas ricos como en el resto de la población pobre. La revolución somatotónica que sopla con fuerza en América Latina y sobre nuestra identidad colectiva tiene como característica esencial el de ser una afirmación de la vida sin contenido ético, sin espiritualidad ni interioridad . Esto tiene el indeseable corolario de inflacionar los defectos y marchitar las virtudes. Dicho cambio tiene que ver con la cultura cristiana. 

La unión espiritual y mística con el ser infinito ha sido puesta de lado en el pensamiento occidental desde el siglo XVIII. No se trató aquí del abandono de la supraética mística de la identidad, muy presente en el pensamiento de la India, sino del abandono de la mística ética del amor activo, propia del cristianismo. La actual afirmación anética del mundo y de la vida resulta siendo mortal para la humanidad entera. 

6. La sociedad de la sensación 

A nivel planetario millones de hombres y mujeres son educados para ser laxos y seguir los impulsos de sus sentidos. Se configura una sociedad de la sensación, acostumbrada a proyectar del ser humano solamente sus sentidos externos, todo lo concerniente al sentido interno deja de formar parte integrante y esencial de la vida humana. Homo videns es el término acuñado por el filósofo Sartori, apelativo que resulta corto y no hace justicia a un individuo sometido no sólo a la fascinación por las luces de neón, sino también al sonido estridente y al imperio tactíl. 

Ya en su momento Aldous Huxley señalaba que nuestra tecnología ha sido lanzada contra el silencio, se trata de una Babel de distracciones y ansiedades que no deja que la voluntad logre nunca el silencio . En la sociedad de la sensación vagan erráticos las tres clases de silencio básicos: el silencio de la boca, el silencio de la mente y el silencio de la voluntad. 

En nuestro vertiginoso hiperactivismo sin finalidad resultan incomprensibles las palabras de un San Juan de la Cruz: "El hablar distrae y el callar da fuerza al espíritu, luego hay que obrar con silencio, humildad y caridad". Los medios masivos de comunicación son verdadera presa de las palabras inspiradas en la malicia, en la codicia y en la imbecilidad. Su constante bombardeo de veinticuatro horas difundiendo estulticias sobre la comunidad tiene el desastroso resultado de que la persona deje de percibir su sentido interno , porque sólo en silencio ha de ser escuchada el alma. Lao Tse solía repetir que "el que sabe no habla, y el que habla no sabe". 

Verdaderamente hoy padecemos la logomaquia irrefrenable e incontenible del que habla sin saber, y oyendo sus sermones nunca puede lograrse la verdadera sabiduría que exige el silencio y la meditación. Para la sibarita y hedonista sociedad de la sensación siempre resultará incomprensible que la mortificación de la lengua es una de las más difíciles pero también una de las más fructíferas, porque la verdadera música no es aquella que uno penetra sino aquella que penetra en uno. El verdadero saber es litúrgico porque adentra al alma en sus infiernos, padecimientos y gemidos. El fondo del alma brota con el silencio, no por placentera sino por facilitar su viaje doloroso a sus adentros.

 El silencio es la vía regia del alma para el rescate y salvación de su propio horror. En la sociedad de la sensación lo que falta no es el escribir o el hablar -toneladas de tinta y saliva se vierten diariamente en los diarios, radios y televisoras del planeta- sino el callar y obrar con solidaridad. La abolición del silencio en la sociedad de la sensación representa la realización del arcaico sueño humano del regresar del ciclo vida-muerte, el sonido sempiterno equivale a algo que permanece en la condición de lo divino. El vencimiento del silencio viene a ser la imagen acabada del sueño que anida en lo más hondo de la vida humana, la sed de inmortalidad. La humanización del sonido no es lo mismo a la trivilización del sonido humano. 

Ejemplo de sonido humanizado lo encontramos en las penetrantes notas de la música barroca y clásica, las cuales facultan que el alma conozca los misterios de la naturaleza y del corazón humano. El contraejemplo de trivialización del sonido mecanizado y sensiblero lo hallamos en la música que oculta la dimensión constitutivamente trágica de la condición humana. En la sociedad de la sensación la imagen que se proyecta resulta lo más importante que sea imaginable.

La relación inicial y primaria entre el ser humano y lo divino ha sido reemplazado por la vigilancia y la persecución implacable de la mirada del otro, hasta que al fin el hombre exasperado y cercado hace culminar su delirio en una peculiar imagen banal, lleno de un vacío consenso cotidiano. "Haz caso a tu sed", dice una conocida transnacional de bebidas gaseosas.

 Con este sistema de ética "débil" está asociada la idólatra seudoreligión del dinero, mucho más fuerte que cualquier metarrelato. Hoy la meta suprema es vivir adaptado al mundo bajo estos valores inferiores, es decir suprimir la angustia que sólo puede provenir cuando uno no se cierra a lo trascendente. Y así espectamos a religiosos y filósofos, teóricamente los más angustiados, poniéndose a tono con el mundo, suprimiendo su filo crítico, sin capacidad de reacción y de denuncia , lo cual viene como anillo al dedo de la "humillada cerviz".

La sociedad de la sensación es uno de los intentos más maduros del hombre moderno para librarse de lo divino, se niega deliberadamente a padecer a Dios y a lo divino que todo hombre lleva dentro de sí. Y en su despropósito es de gran ayuda aquella visión del mundo de la afirmación de la vida sin contenido ético. 

Esto le facilita la tarea de no tener a nadie más allá de sí, sintiendose el centro de todo le es más fácil prescindir del Dios desconocido y de lo desconocido de Dios. Una sociedad de la sensación tiene un efecto sumamente nocivo sobre una identidad neurótica, sin profundidad y desarraigada que resulta necesitando del más ventrudo materialismo y tiranía de lo externo. 

Esa es su chata teleología. De manera que, la revolución somatotónica acentúa nuestro desarraigo espiritual hasta límites mortales, pues en vez de avanzar hacia una nueva síntesis cultural de esencia ético-religiosa nos encaminamos hacia una disolvente globalización crematística en esencia deshumanizada y tecnológica. 

En suma, la sociedad de la sensación no es el nihilismo de la desesperación pesimista y destructora de un Cioran o el humanismo rebelde del esfuerzo moral de un Camus, sino una era del vacío donde el hombre renuncia a sí mismo, a su misteriosa finitud, aceptando pasivamente como cierta su escueta realidad psicológico-biológica , su consolidación como "cosa deseante". 

El Marqués de Sade entrevió nítidamente el antagonismo entre el deseo y la razón en la condición humana, declarándolo irreconciliable. A esta visión dicotómica -y por cierto luciferina- se adhiere la sociedad de la sensación, como triunfo postrero del controvertido legado del pensamiento del Marqués. 

7. Crisis del quietismo y activismo cristiano 

En su momento Víctor Andrés Belaunde avizoró que un Perú basado en la justicia sería posible no desde un marxismo extraño sino desde la concepción cristiana de la vida. El asunto es más complejo, porque la actual encrucijada no es ajena a la concepción cristiana de la vida. Me explico. Cristianismo es por un lado deseo de aniquilación en Dios o misticismo de la identidad con el Ser Infinito, y por otro es voluntad de salvación del mundo o misticismo de la firmación activa del mundo y de la vida. Lutero -al margen de su controvertida doctrina de la justificación-, renunciando a la negación del mundo y de la vida del cristianismo medieval, se atrevió a decir que la profesión y el trabajo humano son sagrados.

 Pues bien, la revolución somatotónica es hija legítima del segundo aspecto del cristianismo, con la particularidad que está amenazando a la propia cultura occidental con descristianizarla para tecnologizarla , y esto es lo que en último término representa la posmodernidad. Entonces, entender lo que significa la concepción cristiana de la vida no es unívoco, como imaginó Belaunde, sino que está comprometido con su esencia bifronte el desarrollo de los acontecimientos. 

El resultado es que la personalidad espiritual de Occidente está hecha jirones, y sus últimos profetas filósofos hablaron algo patéticamente, como Kierkegaard que ofrece al hombre el suicidio o la fe, o como Heidegger que habló de la muerte y la de resignación. Los posmodernos que tratan de desligarse de todo este pasado espiritual, sólo ofrecen el disolvente "todo vale". 

Personalmente no creo que el cristianismo, como ninguna de las grandes religiones mundiales, esté agotado, menos en un país como el Perú con un masivo sentimiento religioso, especialmente en los andes. Pero sospecho, al igual que el teólogo Leslie Dewart, que la experiencia cotidiana del hombre contemporáneo exige una extensa deshelenización del dogma y particularmente de la doctrina cristiana de Dios.

 La inmutabilidad introducida en el cristianismo por la helenización de los Padres de la Iglesia pone el acento en la supraética negación del mundo y de la vida, pero no ahogó la verdadera ética del amor activo del propio Jesús, que enfatiza más bien la afirmación del mundo y de la vida. Jesús y Buda coinciden en que al estar bajo la influencia de la negación del mundo ambos presentan una ética de la perfección interior; pero se diferencian en cuanto que la ética de Buda a diferencia de la de Jesús no pide un verdadero amor activo. 

La ética de Jesús ordena el amor activo, en el Buda no se va tan lejos. Tagore criticando el quietismo de los brahmines llamó aberración del pensamiento oriental al hecho de que el pensamiento sólo se ocupe con la cuestión de la unión con Dios y, sin embargo, no permita que el hombre logre una relación positiva con el mundo que procede de Dios.

 Es decir, el pensamiento de la India, de la China y de Occidente ha evolucionado entre un conflicto del misticismo de la negación del mundo y de la vida, de contenido supraético -Dios está sobre el bien y el mal-, y un misticismo de la afirmación del mundo y de la vida, de contenido ético -Dios es una personalidad moral-. 

El primero en bajar de la montaña ha sido el pensamiento europeo, pero también ha sido el primero en traicionarlo desde el siglo XVIII. La tragedia que se está desarrollando inexorablemente ante nuestros ojos es el desarrollo de la afirmación del mundo y de la vida sin contenido ético -Dios ha muerto junto con el bien y el mal-, como visión occidental que se impone incluso a otros orbes culturales. 

Esto significa que tanto el quietismo como el activismo cristiano está atravesando por una profunda crisis que representra en buena cuenta la crisis de la identidad de la cultura occidental. La crisis de identidad de la cultura occidental abarca no sólo la dimensión religiosa, sino también la racionalidad griega y el derecho romano. 

Son los propios pilares de la cultura occidental que se remecen, provocando la agudización de las crisis de identidad nacionales como la nuestra. Pues bien, el hombre secularizado de hoy no podrá salir del hoyo en que se hunde sin vincular la religión con el creciente dominio del mundo, integrando el concepto dinámico de Dios con un mundo que procede de él. 

8. Hacia un misticismo ético como órbita de la identidad 

Es decir, el reto es espiritualizar la vida contemporánea desde nuestras propias bases culturales -que son occidentales y cristianas a nuestro modo-. Antes se intentó infructuosamente extraer de la visión del mundo una ética, ahora el desafío consiste en que de la ética hay que extraer la visión del mundo y no al revés. Una verdadera visión del mundo no proviene del conocimiento, finito y limitado, sino de la ética. Etica es responsabilidad sin límites, es concebir la unidad con el Espíritu del mundo como una tarea moral, es culto a la vida entera.

 El misticismo de la negación como de la afirmación intentaron conocer el Universo para derivar de ahí una ética. Pero hay que ser humildes y reconocer que es imposible comprender como ético y lleno de sentido del drama del Espíritu del mundo. Albert Schweitzer insistió en que el misticismo de la identidad no es ético, mientras que el misticismo ético es realista, es empírico y reconoce el misterio de cuanto existe. Hoy más que nunca el futuro de la humanidad depende del surgimiento de nuevos guías espirituales, nuevos exégetas, que demuestren la posibilidad de superación de esta sociedad afrodisiaca. 

La humanidad actual, incluso los que se consideran creyentes, están famélicos íntimamente porque están siempre relamiendo y triturando la letra en vez de aprehender el espíritu. El verdadero modo de sacar provecho de las faltas de nuestra época es humillarlas en su fealdad, sin cesar de esperar en Dios y no esperando nada de sí mismo. La gracia del Ser Infinito no requiere que hurguemos en el sucio fango de nuestra alma. La ética del amor activo sólo exige que así como esquivamos los vericuetos del infierno esquivemos también nuestras culpas. Somos más hijos de Dios en el amor al prójimo que en el éxtasis contemplativo. 

Es decir que conocemos mejor lo divino en la acción positiva por la vida que en el quietismo idolátrico de la intimidad. Atormentándonos interiormente con remordimientos el yo no se abre a la luz divina, porque es mero amor propio estar incurriendo en remordimientos. En el remordimiento el hombre fija narcisísticamente la atención en sí mismo y no en Dios. Con razón decía San Juan de la Cruz:"El alma que a su miel se arrima impide su libertad y la contemplación". Un misticismo ético como eje de la identidad no significa preocuparse por una religión universal comprensiva de todas las religiones, asunto que tanto interesan a los ecuménicos. 

El misticismo ético, por el contrario, subraya que no tiene sentido cambiar una religión por otra, sino que, la unión con Dios debe buscarse en su propia tradición religiosa. Lo que hace a una religión verdadera no es su doctrina, antes bien, es la piedad de los hombres que se entregan al amor de Dios y sirven a su prójimo con amor. 

A la sociedad de la sensación le sobra soberbia y le falta humildad, a la revolución somatotónica hace falta contraponerle hombres cerebrotónicos, sensibles y abstraídos, capaces de abrirse al llamado del Absoluto y del prójimo , a la fantasía mecadólatra hay que demostrarle que el hombre puede dejar de ser esclavo de Mamonn, Marte y Príapo, a la cultura del fracaso y del éxito se le puede contrarrestar edificando una cultura espiritualizada, y a nuestra identidad neurótica se le puede devolver la salud sellando una alianza entre lo nacional y lo ético-religioso . 

Contra la actitud hipercrítica de los espíritus racionalistas que creen que cuando se habla de misticismo es siempre hablar de éxtasis y milagros, hay que decirles que de lo que se trata aquí es de una inspiración profunda del espíritu más cálido de amor por sus semejantes. "Es más fácil -expresaba Jesús- decir a un paralítico: Levántate y anda, que decirle tus pecados te son perdonados". 

Por esto, no se trata tozudamente de promover una sociedad de duros ascetas, nada más lejos, sino de edificar una abierta simpatía por el contacto con la humanidad y todo lo vivo. Insistir en lo contrario es no entender lo que aquí se plantea. El humanismo secular de los espíritus racionalistas pasan toda su vida en la creencia de que están completamente consagrados a los demás y nunca a sí mismos. Pero como señalaba inteligentemente Fenelón, esto no es más que presunsión y devoción al propio yo. 

Solamente la calma, la sencillez y la tranquilidad de espíritu -cualidades raras en nuestro tiempo- pueden ofrecer la aprehensión de la base divina en la realidad. Una ética completa contiene una verdadera significación mística porque supone una devoción simpática y útil de culto a la vida. En los seres vivientes hay que ver que lo que en el fondo emana no es la criatura, sino la energía creadora divina. No se trata de un punto de vista lógico, se trata de un punto de vista ético en tanto que la ética es responsabilidad sin límites y es el vínculo con lo divino. 

Con razón escribía Whitehead: "Dios es la última limitación, no hay razón para su naturaleza porque ella es la razón de la racionalidad". En suma, el misticismo ético como órbita de la identidad implica que la adoración de Dios no es una regla de seguridad, es una aventura del hombre entero, un lanzarse en pos de lo inasible, lo ilimitado y lo absoluto. 

9. Popurri de pecadillos nacionales 

Y mientras esto suceda la humildad seguirá siendo proverbial entre nosotros. Por ejemplo, la falsa humildad congresal hace que éstos se despachen un desproporcionado e insultante emolumento navideño. Esta falsa humildad recubre una enorme soberbia inconfesada, que hace posible las situaciones más inimaginables y refuerza la creencia de que en el Perú pueden ocurrir las cosas más increíbles, por injustas por supuesto.

-La familia presidencial está involucrada, ¡es que te lo crees todo!-¡Pero si lo he visto por televisión!-¡Normal nomás!, ¿acaso a tí sobrino no te tengo en el ministerio?

El peruano tiene por lo común poca consideración y respeto por la verdad. Un viejo amigo me contó lo ocurrido con un peruano conductor en Miami. Habiendose detenido pisando con la llanta delantera la línea peatonal ocurre lo siguiente:

-¡Papers! -le grita el gigantesco policía gringo- oh peruvian,lets go, lets go…(papeles,ah peruano, largo de aquí, largo)

La explicación de tal inexplicable conducta policial es que, el juez había dado la orden de que no se le enviasen al tribunal peruanos por faltas leves de tránsito, porque cuando eran interrogados por su señoría gringa, que tiene en alto valor a la verdad, éste recibía por respuesta:

-Quién?.... yoooo…, noooo…hay un errooor…

No admitimos la verdad, y nos gusta vivir entre la verdad de las mentiras. ¿Será por eso somos tan impuntuales, que nuestra justicia es tan lenta y venal, y nuestros abogados tan reveseros y codigeros?. 

Al peruano - que se siente con patente de corso ante el reloj-cuando se le dice a las 7 hay que dar por descontado que llegará treinta minutos más tarde. La puntualidad refleja organización y respeto, pues bien, el peruano es desorganizado e irrespetuoso, le cuesta trabajo no tutear, ¡ah, pero eso sí, no le gusta que lo tuteen! Lo ancho para él y lo angosto para el resto. Evidentemente que este comportamiento corresponde a alguien que se ha creído una inmensa mentira sobre sí mismo, esto es,!la importancia de su insignificancia!. 

Otro pecadillo capital del peruano es la Gula. Pero de la cual se deriva la virtuosa comida nacional. En principio, al peruano le irrita muchísimo no tener un plato abundantemente servido, culpando de la indigestión a la calidad y nunca a la cantidad. Pero no sólo lleva un hambre de siglos sino también una sed de milenios, por eso que bebe hasta la embriaguez, y el ridículo a que se expone queda compensado por el momentáneo alejamiento de una sociedad poco grata. 

Además, cuántas veces hemos oído: - ¡A ver, si es tan bueno que lo haga otra vez! Si hay algo que irrita al peruano es que otro se destaque, muy a su pesar se concede una virtud al aludido. Lo tremendo de la Envidia peruana es que obliga a casi todo el mundo a mantener un perfil bajo, a no llamar la atención. La instintiva actitud a rebajar revela un tenebroso afán por buscar lo malo en el prójimo; así nos especializamos en la censura, el vituperio y la burla. A propósito de burla, se cuenta que cuando el cobrizo general Santa Cruz cortejaba a la mujer de fuerte carácter que iba a ser su esposa, se produjo el siguiente diálogo:

-Mira que no soy un mal partido, ¡seré presidente!-Y qué…!la presidencia pasa y el cholo queda en casa!

Pese a todo sigo creyendo que el peruano puede ser mejorado, justificado y salvado. ¡Que así sea!

Categoria: Urbanismo

Enviado por Percy en Sáb, 07/21/2012 - 18:29

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Un pequeño resumen de la nueva realidad Española


Hermano, 
Ricardo Acuña Vigil.
Desde Madrid.




A continuación un pequeño resumen de la nueva realidad Española: Es el año de los nuevos comunistas, el tiempo en el que todo desaliño intelectual es tomado por novedad salvadora. Son cachorros de una revisión tardía.

Las viejas ideas que proporcionaron miseria y terror en la Europa del siglo pasado hacen aparición de nuevo, al calor de la catarsis colectiva que ha supuesto el nuevo crack al que se ha asomado la sociedad moderna. Teóricamente todo iba bien: la pobreza disminuía en el mundo, los nuevos emprendedores ganaban dinero, los especuladores hacían su agosto... Hasta que reventó parte del sistema y determinados países –entre ellos el nuestro– sufrieron el hachazo de la realidad. 

Era el caldo de cultivo ideal para inocular con éxito ideas fáciles, consignas infantiles, eslóganes simples. Con la ayuda de algunos programas televisivos propios de la basura menos reciclable, una serie de creadores de conceptos perezosamente atractivos mordieron la atención de los más desatendidos y de muchos de aquellos que albergan un pequeño liberticida en su interior. La consecuencia es que ha llegado su momento, creen, para rediseñar el mundo con valores que se han comprobado inútiles.

Es su año. 2015 va a suponer para los que supuestamente se creen capacitados para poder reeditar ideas fracasadas el año de su mayoría. Ninguno de los escenarios en los que han gobernado, siempre mediante la violencia o la represión, ha conseguido avanzar un solo milímetro en ningún tipo de logro, ni social ni económico; pero gozan de ese perverso prestigio que acumula el populismo en sociedades abocadas a las salidas angostas, en colectividades que tienen poco por perder y que son capaces de echarse en brazos del primer embaucador que les emocione con pasiones bajas y poco maceradas.

Es el año de los nuevos comunistas, el tiempo en el que todo desaliño intelectual es tomado por novedad salvadora. Es fácil: se les dice que se van a tomar los palacios de invierno y que nadie podrá estar por encima de las limitaciones a las que les ha sometido la coyuntura de un tiempo convulso. Por demás, solo basta con espolear el rencor: Yo no tengo, pero tú tampoco vas a tener ya que te lo vamos a quitar, que es la idea de fuerza básica con la que se desenvuelven estos que dicen poder, y que basan su estrategia en dar a entender que tú no tienes porque hay otro que tiene mucho, se lo haya ganado honradamente o no. 

En ningún momento hablan de crear riqueza, de crecer respetando la iniciativa de los que han creado siempre las oportunidades, que son las personas, no las Administraciones. En ningún momento hablan de establecer una sociedad en la que la posibilidad de crecer dependa solo de la iniciativa particular de cada uno. No. Hablan de igualar y gravar, de prohibir y «normativizar», de repartir lo poco que haya en lugar de crear nuevos espacios de emprendimiento. Son los venezolanos de hoy, los cuentistas de comité central, los comisarios políticos de vigilancia individualizada. 

Sorprende que una España vacunada por años diversos de dictaduras y desarreglos pueda siquiera pensar en confiar su suerte a individuos que ya eran viejos antes de nacer, con tics de dictadores de pacotilla, con discursos plagados de amenazas, con intenciones liberticidas y con apostura de comisarios desafiantes.

Sorprende que esta España que debe a su Constitución los años de progreso más admirable y contrastable de su historia sea capaz de aplaudir a unos tipos que hablan de voladuras incontroladas y que, hasta la fecha, jamás han demostrado nada más allá de ser unos hábiles contertulios de programas de televisión perfectamente despreciables.

Parecía que esta España se había hecho mayor, pero las tendencias demoscópicas demuestran que está dispuesta a echarse en los brazos del primer vende burras que se pasa por su puerta y que muestre cierta habilidad para la propaganda hecha a base de labia e intestinos. Recordaremos muchos años este 2015. Para bien o para mal.

Madrid, 17 de junio del 2015

miércoles, 17 de junio de 2015

Marine Le Pen. La Ultra derecha

Marine Le Pen.


La ultraderecha francesa vuelve a reelegir a Marine Le Pen como líder del Frente Nacional

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2311878/0/marine-le-pen/reelegida-lider/frente-nacional/#xtor=AD-15&xts=467263

Marien Le Pen, tras sus últimos éxitos electorales, aspira a copar más poder en las próximas generales gracias a la caída en desgracia de Hollande. En el Congreso del partido también emergió la figura de otra Le Pen, aún más conservadora que su líder: Marion Le Pen, sobrina de Marine. La polémica ha rodeado al partido estos días: Le Pen ha apoyado públicamente a Moscú en el conflicto de Ucrania, mientras el partido confirmaba haber recibido 9 millones de un banco ruso.

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El partido francés de extrema derecha Frente Nacional ha reelegido por unanimidad a Marine Le Pen como líder del partido en un congreso celebrado este domingo, que ha estado marcado por la polémica vinculación con el Gobierno ruso.

 "Nadie puede dudar que estaremos en la segunda vuelta",

ha asegurado Marine Le Pen ante cerca de 2.000 simpatizantes entusiastas. Este partido ha aumentado considerablemente su apoyo desde que ganara las últimas elecciones europeas en mayo de 2014.

El descontento con los dos grandes partidos, y en especial con el presidente François Hollande, ha favorecido su reciente éxito. El congreso del partido también ha mostrado la fuerza del clan Le Pen en la formación, con el ascenso de Marion Le Pen, sobrina de Marine. Marion, una de las más votadas por los militantes, ha rechazado tener algún cargo orgánico en el partido, pero fue, a sus 22 años, la diputada más joven de la Asamblea Nacional francesa.

 La sobrina de la líder del Frente Nacional es más tradicionalista que su tía y se aleja de su ideario en, por ejemplo, su oposición al aborto. Apoyo público a Moscú en Ucrania Le Pen ha apoyado públicamente a Moscú en el conflicto de Ucrania y ha criticado la decisión de la Unión Europea de imponer sanciones económicas a Rusia.

 "Somos errónemante acusados de ser antieuropeos, pero queremos una Europa que vaya del Atlántico a los Urales, no de Washington a Bruselas", ha declarado Le Pen. Queremos una Europa que vaya del Atlántico a los Urales, no de Washington a BruselasLa posible vinculación entre el Gobierno ruso y el Frente Nacional ha condicionado el congreso del partido.

Un miembro importante ha reconocido esta semana que el Frente Nacional ha recibido financiación del First Czech-Russian Bank (FCRB). La página francesa Mediapart acusó al partido de Le Pen de haber recibido 9 millones de euros del FCRB.

Por otra parte, varios parlamentarios rusos han acudido al congreso. Un miembro de la Duma, Andrei Isayev, ha asegurado por Twitter que ha dado un discurso en esta convención. Isayev es miembro del partido Rusia Unida, el partido del presidente ruso, Vladimir Putin.

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Napoleón Bonaparte

 

Napoleón Bonaparte

Enviado por dcastro

Napoleón I Bonaparte (1769-1821), emperador de los franceses (1804-1815) que consolidó e instituyó muchas de las reformas de la Revolución Francesa. Asimismo, fue uno de los más grandes militares de todos los tiempos, conquistó la mayor parte de Europa e intentó modernizar las naciones en las que gobernó.
Napoleón nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio (Córcega) y recibió el nombre de Napoleone. Era el segundo de los ocho hijos de Carlos Bonaparte y Letizia Ramolino, miembros ambos de la pequeña burguesía corso-italiana. Su padre trabajaba como abogado y luchó por la independencia de Córcega; después que los franceses ocuparan la isla en 1768, ejerció como fiscal y juez e ingresó en la aristocracia francesa con el título de conde. Gracias a la influencia de su padre, la formación de Napoleón en Brienne y en la Escuela Militar de París estuvo subvencionada por el propio rey Luis XVI. Terminó sus estudios en 1785 —a los 16 años— y sirvió en un regimiento de artillería con el grado de teniente.
Una vez que dio comienzo la Revolución Francesa, pasó a ser teniente coronel de la Guardia Nacional corsa (1791); sin embargo, cuando Córcega declaró su independencia en 1793, Bonaparte, decididamente partidario del régimen republicano, huyó a Francia con su familia. Fue nombrado jefe de artillería del ejército encargado de la reconquista de Tolón, una base naval alzada en armas contra la República con el apoyo de Gran Bretaña (que junto a Prusia, Austria, Holanda y España, tras la declaración de guerra francesa a ésta última, habían constituido la Primera Coalición contra Francia en 1793). Reemplazó a un general herido, y, distribuyendo hábilmente sus cañones, expulsó del puerto a las naves británicas y reconquistó finalmente esta posición. Como recompensa por su acción Bonaparte fue ascendido a general de brigada a la edad de 24 años. En 1795 salvó al gobierno revolucionario restableciendo el orden tras una insurrección realista desatada en París. En 1796 contrajo matrimonio civil con Josefina de Beauharnais, viuda de un aristócrata guillotinado durante la Revolución y madre de dos hijos.
Las primeras campañas
Napoleón fue nombrado comandante del ejército francés en Italia en 1796. Derrotó sucesivamente a cuatro generales austriacos cuyas tropas eran superiores en número, y obligó a Austria y sus aliados a firmar la paz. El Tratado de Campoformio estipulaba que Francia podía conservar los territorios conquistados, en los que Bonaparte fundó, en 1797, la República Cisalpina (Venecia), la República Ligur (Génova) y la República Transalpina (Lombardia), y fortaleció su posición en Francia enviando al Tesoro millones de francos. En 1798 dirigió una expedición a Egipto, que se encontraba bajo el dominio turco, para cortar la ruta británica hacia la India. Aunque conquistó este país, su flota fue destruida por el almirante británico Horatio Nelson y el militar francés quedó aislado en el norte de África tras ser derrotado en la batalla del Nilo. Bonaparte no se desanimó ante este contratiempo y se dedicó a la reforma de la administración y legislación egipcias: la servidumbre y el feudalismo fueron abolidos y los derechos básicos de los ciudadanos garantizados. Los eruditos franceses que le habían acompañado en el viaje comenzaron a estudiar la historia del antiguo Egipto y a realizar diversas excavaciones arqueológicas. No consiguió conquistar Siria en 1799, pero logró una victoria aplastante sobre los turcos en Abukir. Mientras tanto, Francia hacía frente a una nueva situación internacional: Austria, Rusia, Nápoles y Portugal se habían aliado con Gran Bretaña, configurando la Segunda Coalición.
La Francia napoleónica
Napoleón decidió abandonar a su ejército y regresar a Francia para salvar el país ante la crisis del Directorio. Cuando llegó a París se unió a una conspiración contra el gobierno. Bonaparte y sus compañeros tomaron el poder durante el golpe de Estado del 9-10 de noviembre de 1799 (18-19 de brumario según el calendario revolucionario) y establecieron un nuevo régimen, el Consulado. Según la constitución del año VIII, Napoleón, que había sido nombrado primer cónsul, disponía de poderes casi dictatoriales. La Constitución del año X, por él dictada en 1802, otorgó carácter vitalicio a su consulado y, finalmente, se proclamó emperador en 1804. El electorado mostró su respaldo absoluto a cada una de estas reformas. Bonaparte cruzó los Alpes con un ejército en 1800 y derrotó a los austriacos en la batalla de Marengo, con lo que su poder quedó afianzado. Entabló negociaciones para restablecer la paz en Europa y conseguir que el Rin fuera reconocido como la frontera oriental de Francia. Asimismo, firmó el Concordato de 1801 con el papa Pío VII, que apaciguó los ánimos en el interior del país al poner fin al enfrentamiento con la Iglesia católica, originado desde el inicio de la Revolución. En cuanto a la política interior, Napoleón reorganizó la administración, simplificó el sistema judicial y sometió a todas las escuelas a un control centralizado. La legislación civil francesa quedó tipificada en el Código de Napoleón y en otros seis códigos que garantizaban los derechos y libertades conquistados durante el periodo revolucionario, incluida la igualdad ante la ley y la libertad de culto.
Las guerras de conquista
Gran Bretaña, irritada por la hostilidad de las acciones de Napoleón, reanudó la guerra naval con Francia en abril de 1803. Dos años después, Rusia y Austria se unieron a Gran Bretaña en la Tercera coalición. Napoleón descartó su plan de invadir Inglaterra y dirigió sus ejércitos contra las fuerzas austro-rusas, a las que derrotó en la batalla de Austerlitz el 2 de diciembre de 1805. Conquistó el reino de Nápoles en 1806 y nombró rey a su hermano mayor, José; se tituló rey de Italia (1805), desintegró las antiguas Provincias Unidas (hoy Países Bajos), que en 1795 había constituido como República de Batavia, y fundó el reino de Holanda, al frente del cual situó a su hermano Luis, y estableció la Confederación del Rin (que agrupaba a la mayoría de los estados alemanes) que quedó bajo su protección. Fue entonces cuando Prusia y Rusia forjaron una nueva alianza y atacaron a la confederación. Napoleón aniquiló al ejército prusiano en Jena y Auerstedt (1806) y al ruso en Friedland. En Tilsit (julio de 1807), estableció un acuerdo con el zar Alejandro I por el que se reducía enormemente el territorio de Prusia (véase Tratados de Tilsit); también incorporó nuevos estados al Imperio: el reino de Westfalia, gobernado por su hermano Jerónimo, y el ducado de Varsovia, entre otros.
Durante este tiempo Bonaparte había impuesto el Sistema Continental en Europa, que consistía en un bloqueo sobre las mercancías británicas con el propósito de arruinar el poderoso comercio de Gran Bretaña. Conquistó Portugal en 1807 y en 1808 nombró a su hermano José rey de España, tras lograr la abdicación de Fernando VII en Bayona e invadir el país, dejando Nápoles como recompensa para su cuñado, Joachim Murat. La llegada a España de José Bonaparte recrudeció la guerra de Independencia española. Napoleón se trasladó a España durante un tiempo y consiguió varias victorias, pero la lucha se reanudó tras su partida, prolongándose durante cinco años la guerra entre las tropas francesas y las españolas (apoyadas por Gran Bretaña), jugando un papel fundamental la lucha de guerrillas. Este conflicto supuso un gran desgaste humano (se ha estimado en 300.000 bajas) y económico para Francia que contribuyó al debilitamiento final del Imperio napoleónico.
Bonaparte venció a los austriacos en Wagram en 1809, convirtió los territorios conquistados en las Provincias Ilirias (en la actualidad parte de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro) y conquistó los Estados Pontificios. Después de repudiar a Josefina, contrajo matrimonio en 1810 con María Luisa, archiduquesa de Austria e hija del emperador Francisco I de Austria, perteneciente a la casa de Habsburgo.. Con este enlace vinculaba su dinastía a la más antigua de la casas reales de Europa, con la esperanza de que su hijo, nacido en 1811 y al que otorgó el título de rey de Roma como heredero del Imperio, fuera mejor aceptado por los monarcas reinantes. El Imperio alcanzó su máxima amplitud en 1810 con la incorporación de Bremen, Lübeck y otros territorios del norte de Alemania, así como con el reino de Holanda, después de obligar a abdicar a su hermano Luis I Bonaparte.
La Europa napoleónica
El Código Napoleónico se implantó en todos los Estados creados por el Emperador. Se abolieron el feudalismo y la servidumbre y se estableció la libertad de culto (salvo en España). Le fue otorgada a cada Estado una constitución en la que se concedía el sufragio universal masculino y una declaración de derechos y la creación de un parlamento; fue instaurado el sistema administrativo y judicial francés; las escuelas quedaron supeditadas a una administración centralizada y se amplió el sistema educativo libre de manera que cualquier ciudadano pudiera acceder a la enseñanza secundaria sin que se tuviera en cuenta su clase social o religión. Cada Estado disponía de una academia o instituto destinado a la promoción de las artes y las ciencias, al tiempo que se financiaba el trabajo de los investigadores, principalmente el de los científicos. La creación de gobiernos constitucionales siguió siendo sólo una promesa, pero el progreso y eficacia de la gestión fueron un logro real.
Para América Latina, la figura de Napoleón Bonaparte es fundamental. Su intervención en España, las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII, la entrega del trono español a su hermano José, que reinó en España y las Indias con el título de José I; la promulgación de la Constitución de Bayona en 1808, que reconocía la autonomía de las provincias americanas del dominio español; sus pretensiones de reinar sobre aquellos inmensos territorios, cuyos habitantes nunca quisieron aceptar los planes y designios del emperador, son elementos básicos para entender los movimientos de emancipación y las guerras hispanoamericanas por su independencia.
La caída de Napoleón
La alianza de Bonaparte con el zar Alejandro I quedó anulada en 1812 y Napoleón emprendió una campaña contra Rusia que terminó con la trágica retirada de Moscú. Después de este fracaso, toda Europa se unió para combatirle y, aunque luchó con maestría, la superioridad de sus enemigos imposibilitó su victoria. Sus mariscales se negaron a continuar combatiendo en abril de 1814. Al ser rechazada su propuesta de renunciar a sus derechos en favor de su hijo, hubo de abdicar, permitiéndole conservar el título de emperador y otorgándosele el gobierno de la isla de Elba. María Luisa y su hijo quedaron bajo la custodia del padre de ésta, el emperador de Austria Francisco I, y Napoleón no volvió a verlos nunca, a pesar de su dramática reaparición. Escapó de Elba en marzo de 1815, llegó a Francia y marchó sobre París tras vencer a las tropas enviadas para capturarle, iniciándose el periodo denominado de los Cien Días. Establecido en la capital, promulgó una nueva Constitución más democrática y los veteranos de las anteriores campañas acudieron a su llamada, comenzando de nuevo el enfrentamiento contra los aliados. El resultado fue la campaña de Bélgica, que concluyó con la derrota en la batalla de Waterloo el 18 de junio de 1815. En París las multitudes le imploraban que continuara la lucha pero los políticos le retiraron su apoyo, por lo que abdicó en favor de su hijo, Napoleón II. Marchó a Rochefort donde capituló ante el capitán del buque británico Bellerophon. Fue recluido entonces en Santa Elena, una isla en el sur del océano Atlántico. Permaneció allí hasta que falleció el 5 de mayo de 1821.
La leyenda de Napoleón
El culto a Napoleón comenzó en vida del emperador; el propio Bonaparte lo fomentó durante su primera campaña divulgando sus victorias de forma sistemática. Como primer cónsul y emperador encargó la realización de obras hagiográficas a los mejores escritores y artistas de Europa y favoreció esta idolatría mediante la celebración de ceremonias conmemorativas de su gobierno en las que aparecía como el artífice de la época más gloriosa de Francia; solía decir que había conservado las conquistas de la Revolución Francesa y ofrecido sus beneficios a toda Europa en un intento de fundar una federación europea de pueblos libres.
Sus restos fueron trasladados a París en 1840 a petición del rey Luis Felipe I de Orleans y se enterraron con grandes honores en los Inválidos, donde permanecen actualmente.
Valoración
La influencia de Napoleón sobre Francia puede apreciarse incluso hoy en día. Los monumentos en su honor se encuentran por doquier en París; el más señalado es el Arco del Triunfo, situado en el centro de la ciudad y erigido para conmemorar sus victoriosas campañas. Su espíritu pervive en la constitución de la V República y el Código de Napoleón sigue siendo la base de la legislación francesa y de otros estados, y tanto el sistema administrativo como el judicial son esencialmente los mismos que se instauraron durante su mandato; igualmente se mantiene el sistema educativo regulado por el Estado. Las reformas radicales que aplicó Napoleón en otras partes de Europa alentaron las sucesivas revoluciones del siglo XIX de carácter liberal y nacionalista.
Aparte de su importancia como transmisor de las ideas e instituciones revolucionarias a Europa, lo que, avanzado el siglo XIX consagraría a esta centuria como el periodo paradigmático de las revoluciones liberales, Napoleón dejó una inigualada impronta como un genio militar. Cuando se encontraba exiliado en Santa Elena dijo "Waterloo borrará de la memoria todas mis victorias", pero se equivocaba. Napoleón es recordado más por sus dotes como estratega que por su gobierno ilustrado.

 Autor:
Diego Castro

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos/nbonaparte/nbonaparte.shtml#ixzz3dN2lM7iJ

 200 AÑOS DE WATERLOO Una obsesión que cruza los siglos: Locos por Napoleón
domingo, 14 de junio de 2015


 
 
Marcelo Somarriva Doctor en Historia. Académico Facultad de Artes Liberales de la U. Adolfo Ibáñez
Artes y Letras
 

El ex emperador genera una fascinación inexplicable en la cultura popular que parece olvidar sus excesos imperiales. Este culto tiene una historia específica que se remonta al momento mismo de su derrota definitiva, hace exactamente dos siglos, en la batalla de Waterloo.


 
Napoleón Bonaparte ha generado un culto en el mundo entero y su figura es una presencia persistente en la imaginación popular no solo en miles de novelas y películas, sino también en su encarnación en toda clase de objetos como botellas de coñac o brandy, medallas, bustos, habanos, soldaditos de plomo, colonias e incluso condones. Su imagen convencional, con la mano en el pecho, ha servido para promocionar antiácidos y su legendario sombrero bicornio se ha usado para vender equipos de música.

Toda esta fascinación parece inexplicable y contradice la reconstrucción y evaluación de Bonaparte que han hecho en general los historiadores más interesados en relativizar la importancia del héroe para resaltar las contradicciones y debilidades del ser humano. Sin embargo, todas estas manifestaciones del culto napoleónico tienen también una historia que se remonta al momento mismo de su derrota definitiva, hace doscientos años, en la batalla de Waterloo.

Poco tiempo después de la partida de Bonaparte al exilio a la isla Santa Helena después de su derrota final, en Francia, en una aldea del Aube una gallina puso un huevo plano cuya forma parecía la efigie de Napoleón. La población local se congregó a admirar el prodigio y festejar este acontecimiento como un milagro, hasta que intervino la policía, que arrestó al orgulloso propietario y su animal. "La gallina murió en prisión, pero la memoria de su huevo vivirá para siempre", apuntó el escritor Stendhal, quien narró este acontecimiento en su diario de vida.

Este caso es uno de los tantos que analiza el historiador Sudhir Hazareesingh en su excelente libro "La leyenda de Napoleón", donde analiza las maneras como fue recordado, celebrado e idealizado por los franceses a lo largo del siglo XIX y cómo su leyenda ejerció una influencia continua en las diversas experiencias políticas francesas desde la Restauración hasta el Segundo Imperio.


El ideal de los "Cien días"

Según observa Hazareesingh, la imagen de Napoleón experimentó un giro radical: sus adeptos no solo lamentaron su caída en manos de sus rivales tradicionales, sino que empezaron a recordarlo como un defensor de los valores igualitaristas y libertarios de la revolución, olvidando su imagen imperial. ¿Cómo fue posible que la gente se olvidara de sus excesos como emperador? ¿Qué pasó con los millones de muertos de sus campañas militares desastrosas e injustificadas? ¿Y con la evidencia de una Francia en ruinas y con sus fronteras reducidas? ¿Qué pasó con el autócrata que restableció la esclavitud en las Antillas por conveniencia política? ¿Del tirano que eliminó a toda oposición a su gobierno? ¿Qué pasó con todo ese armiño?

La transformación de la imagen de Napoleón en la opinión popular en el opuesto de lo que auténticamente había sido es un gran misterio, que según Hazareesingh se explica gracias a los llamados "Cien días" de su retorno al poder tras su cautiverio en la isla de Elba y que terminaron en 1815 en Waterloo. En marzo de ese año Napoleón había regresado sigilosamente a París desde la localidad de Golfe-Juan en el sur de Francia, y sin dar un solo disparo retomó el trono que ocupaba Luis XVIII. A partir de ese momento el ex emperador hizo cuanto pudo para borrar su legado imperial, y se empeñó en convertirse en un soberano popular y democrático; en un reformista liberal; en un redentor de la nación y un prolongador del espíritu revolucionario de 1789.

Una pieza esencial en este proceso de mutación liberal fue Benjamin Constant, hasta entonces su más agudo y persistente opositor -tal vez solo superado en su aversión al ex emperador por su amante y protectora, la escritora Germaine de Staël-, a quien Napoleón logró ganarse astutamente y le encomendó la redacción de una constitución liberal y un programa de reformas.

Estos "Cien días" han sido reevaluados de manera reciente. El ex Presidente francés Dominique Villepin publicó hace algunos años "Les Cent Jours ou l'esprit de sacrifice", donde presentó este período como un sueño que se derrumbó con Waterloo, "una derrota que brilla con el aura de la victoria". El historiador británico Andrew Roberts, autor de "Napoleon the Great", por su parte señaló que si Napoleón hubiera continuado en el poder hasta su muerte natural en 1824, la civilización europea se habría beneficiado de manera inestimable. 

Según él, la batalla de Waterloo no debió haberse peleado nunca. Considerando que no era mucho lo que podía concretarse en solo 100 días de gobierno, el legado de esta experiencia fue más bien una magnífica promesa o un ideal político. Napoleón alguna vez dijo: "Yo soy la Revolución Francesa", pero la verdad es que no era exactamente él, sino que su fantasma.


El aura de Napoléon

El impacto del ideal de los "Cien días" se redobló con la impopularidad del gobierno de Luis XVIII que hizo cuanto pudo por escenificar un simulacro del antiguo régimen, invocando el derecho divino de los reyes y negando toda soberanía popular. Durante la restauración el bonapartismo fue prohibido como movimiento político y las manifestaciones públicas de lealtad hacia el ex emperador se castigaron con la cárcel, pero el culto en torno a él creció de manera subterránea, evocándolo como redentor de la nación oprimida.

Hazareesingh sostiene que la imagen de Bonaparte fue manipulada por distintos actores políticos que la usaron para sus propios fines y se materializó de diversas maneras, que sin embargo evocaban un conjunto de ideales coherentes. La leyenda de Napoleón estuvo detrás de las jornadas de julio de 1830, de la revolución de 1848, y sin ella es imposible comprender que un personaje tan inquietante como Luis Napoleón pudiera llegar al poder.

Napoleón tuvo mucho que ver en la formación de esta leyenda. Era un experto propagandista que reclutaba a escritores y pintores como David, Gros y Girodet para proyectar una imagen grandiosa y hasta sublime de sí mismo ante la opinión pública. Para algunos, la obsesión que tenía por el poder estatal, la propaganda y el control social lo convierten en un pionero del totalitarismo moderno. La afirmación es fuerte, pero gestos suyos como la invención de San Napoleón contribuyen largamente a confirmarlo. El emperador instó al Papa a que "inventara" la historia del mártir romano Neapolis-Napoleón, cuyo nacimiento se celebraba el 15 de agosto -el día de su cumpleaños- y cuyos íconos eran idénticos a su homónimo moderno.

Pero la leyenda de Napoleón tomó formas disparatadas que su inspirador jamás pudo haber previsto, incluyendo elementos milagrosos, sobrenaturales e incluso milenaristas, como la posibilidad de su regreso incluso después de muerto. Cuentan que en Auxerre decían que un recién nacido había llegado al mundo chillando "larga vida al emperador", no una sino tres veces.

El aura de Napoleón no se quedó exclusivamente en Francia. El historiador Stuart Semmel en su libro "Napoleon and the British" detalla cómo su figura fue intensamente popular para una significativa minoría de autores británicos. Poetas como Shelley, Byron y periodistas como Leigh Hunt y William Cobbett sostenían públicamente su admiración por este personaje a quien la mayoría de sus compatriotas llamaban el "ogro corso". Cuando el eminente ensayista y crítico William Hazlitt supo de la derrota de Bonaparte, "sufrió una postración mental y física" y anduvo por semanas "sin lavarse, ni afeitarse, nunca enteramente sobrio de día, y siempre intoxicado por las noches". Un aspecto interesante en el que los libros de Semmel y Hazareesingh coinciden es que la raíz de la leyenda napoleónica entre los ingleses también fueron los ideales de los "Cien días".

La figura de Napoleón también se propagó como una especie de vampiro por las clases populares del mundo entero: los campesinos checos lo veían venir con una espada en llamas espantando a los reyes y en Armenia generaciones veneraron a la figura mítica del héroe Panaporte. Hacia 1830, el naturalista francés Alcide D'Orbigny se encontró en la Patagonia con nativos que lo felicitaban por venir de la patria de Napoleón, personaje a quien ellos consideraban como un semidios.

Los lunáticos y el emperador
La fascinación que Bonaparte ha despertado entre los escritores europeos del siglo XIX, incluso entre quienes lo detestaban como Chateaubriand y Tolstoi, ha sido objeto de numerosos estudios. Una de las explicaciones más plausibles de este fenómeno es el diagnóstico de su generación que hizo Alfred de Musset en "La confesión de un hijo del siglo" como jóvenes que habrían sido "concebidos entre dos batallas" y crecido en medio de los ideales de juventud y gloria que encarnaba Napoleón. Todo esto desapareció con Waterloo. Como observa el historiador Adam Zamoyski, los años de la revolución y la era napoleónica fueron exaltados, pero para muchos hicieron surgir aspiraciones nuevas que parecían realizables.



La vida de Napoleón confirmaba esto mismo, era un hombre que provenía de ninguna parte y había ascendido hasta la gloria por su propia voluntad, hasta que lo detuvieron sus propias limitaciones. El sistema impuesto por la restauración de los Borbones deshizo estos sueños y no puso nada en su reemplazo. El regreso de la monarquía, la aristocracia y el poder eclesiástico significaron una derrota no solo para los más exaltados, sino para una enorme cantidad de gente que simpatizaba con los ideales de la Ilustración.

Históricamente la leyenda napoleónica ha tomado la forma de un fetichismo que resiste cualquier explicación racional. El caso de Wellington es curioso e ilustra este punto. Andrew Roberts observa que el general británico coleccionaba artículos relacionados con su principal víctima: bustos, estatuas, banderas, libros, retratos, su espada, su reloj y que además se mudó a la casa de su hermana en París, cortejó a dos de sus amantes y se quedó con su cocinero. Es cierto que todo esto podría considerarse como parte de un botín de guerra, pero también señala una obsesión que raya en la locura.

En la revista Condorito aparecía habitualmente el manicomio de Pelotillehue donde, por razones que se ignoran, era frecuente encontrar a Condorito disfrazado de Napoleón y con sus ojos en espiral. La imagen que relaciona a los lunáticos con el ex emperador es un tópico popular que tiene también raíces históricas específicas. La historiadora Laure Murat en su libro "El hombre que pensó que era Napoleón" observa que en 1840, cuando llegaron a París los restos de Bonaparte desde Santa Helena, el médico Félix Voison registró la presencia en su asilo de unos 14 "napoleones". 

A través del siglo XIX la mayor parte de los pacientes que sufrían trastornos de megalomanía decían ser el ex emperador y superaban con mucho a los que decían ser Jesucristo. Según Murat, la popularidad de Napoleón entre los lunáticos se debía al evidente rasgo de locura que existía en la desmedida ambición de Bonaparte.

Pero ¿cuáles serían las razones de la popularidad de Napoleón entre los medianamente cuerdos? El historiador David A. Bell sostiene una teoría interesante. Según él, asumiendo la posibilidad de su locura y con la certeza de que un tribunal moderno lo condenaría por crímenes contra la humanidad, resulta imposible dejar de sentir alguna conexión con él. Bell señala algunos gestos suyos que conmueven de manera especial. Este es uno de los mejores: en medio de su pomposa coronación como emperador, Napoleón suspiró y dijo: "Si solo ahora pudiera verme mi papito".

Qué se entiende por FILOSOFÍA POLÍTICA. BITÁCORA DE P. CAYETANO ACUÑA. 21.06.2026.

P.. CAYETANO ACUÑA VIGIL. @zIGMUNDO VIGIL Cuando nos referimos a la FILOSOFÍA POLÍTICA, yo me refiero a los siguientes CONCEPTOS:    ESTADO,...