lunes, 11 de junio de 2012

Aportes para pensar otras alternativas para enfrentar la versión del liberalismo económico hegemónico.


El liberalismo en sentido amplio suele dividirse en liberalismo económico, liberalismo político e, incluso, liberalismo filosófico. Para Giovanni Sartori, el liberalismo es político y no económico. Este autor propone que a esta última acepción se le llame por su estricto nombre: librecambismo.

Liberalismo político


Thomas Hobbes puede ser considerado como el precursor de la ideología liberal, por su teoría de la legitimidad del poder, impregnada de individualismo. El poder político se justifica a partir de un acto de voluntad humana racional, a partir del consentimiento individual. Lo curioso y paradógico de Hobbes es que termina legitimando, así, el poder absolutista del monarca (el Leviatán).

Pero es John Locke el verdadero iniciador de la teoría liberal. Su obra Segundo Tratado sobre el gobierno civil (1689) consagra la doctrina de la propiedad privada como salvaguarda de la libertad individual, la tolerancia religiosa, la distinción de los poderes legislativo y ejecutivo, la posible resistencia al poder público establecido cuando éste abusa contra los individuos, la teoría parlamentaria y de una monarquía constitucional (la de un rey limitado en sus poderes por los nobles y clérigos). Hay unos derechos individuales, anteriores a la constitución de la Sociedad y del Estado, que deben ser necesariamente respetados por el Estado. 




El Estado debe estar limitado en sus fines, al servicio de la voluntad de los ciudadanos. Y en el ejercicio del poder debe estar limitado por ellos, por la Ley y por los representantes legítimos del pueblo. Las ideas de Locke influirán directamente en los padres fundadores de la Constitución norteamericana (1787) y en los redactores de las distintas declaraciones de derechos humanos que vienen después. 


Bien ha resumido Sartori este liberalismo político cuando dice: “el liberalismo en su connotación histórica fundamental, es la teoría y la praxis de la protección jurídica de la libertad individual, por medio del Estado constitucional” [1]. Este liberalismo político se identificó pronto con la idea de democracia (el gobierno del pueblo y por el pueblo). Con alguna exageración, Kelsen llega a afirmar que “la democracia coincide con el liberalismo político”. [2]



Y es que el liberalismo representa una solución al problema de la democracia, tal como Rousseau lo formuló tan descarnadamente: los hombres nacen libres, pero están encadenados por doquier. 


Los varios tipos de democracia coinciden con el Estado liberal de derecho y sus cinco elementos: supremacía de la Constitución, separación de los poderes públicos, legitimidad del gobierno central, garantía de las libertades ciudadanas y derechos humanos, respeto a los resultados de los comicios periódicos como expresión de la voluntad ciudadana.


Pero sigue siendo válida la advertencia de Ortega y Gasset [3] de que “democracia y liberalismo son dos respuestas a dos cuestiones de derecho público completamente distintas. La democracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el Poder Público? Y la respuesta es: la colectividad de los ciudadanos. El liberalismo, en cambio, responde a otra pregunta quienquiera que ejerza el Poder público: ¿Cuáles deben ser los límites del Poder? Y la respuesta suena así: el Poder público, ejérzalo un autócrata o el pueblo, no puede ser absoluto, sino que las personas tienen derechos previos a toda injerencia del Estado. Es, pues, la tendencia a limitar la intervención del Poder público".


Liberalismo económico
Pero el liberalismo político se alió pronto, y se reforzó, con el mercantilismo naciente y el ulterior capitalismo. La teoría liberal se constituyó en la filosofía de la burguesía (en lo social), en la filosofía por excelencia del capitalismo (en lo económico) y en la “mentalidad” dominante de la civilización occidental (en lo socio–económico y cultural). La tesis de la individualidad y la libertad no podía menos que favorecer la actividad lucrativa de quienes ya tenían y querían tener más, sin trabas, o con el mínimo de restricciones por parte del Estado.

Fue Adam Smith quien con su famosa obra Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones (1776) - en el supuesto de que la economía está regida por unas leyes naturales inmutables-, consagra la máxima libertad a los individuos que buscan enriquecerse y sustenta que el Estado no intervenga en el plano económico o intervenga tan sólo al mínimo cuando así lo requiera el bien común de la sociedad. El Estado no debe meterse a regular el Mercado; el Estado debe limitarse al simple mantenimiento del orden y la defensa: laissez faire, laissez passer, dejar que las fuerzas económicas hagan y fluyan a su antojo.


Por este camino, a la par con las democracias occidentales, se formaron los grandes capitales, se conformaron los grandes centros capitalistas del mundo, con su secuela de injusticia social, de explotación de los pobres por los ricos en cada nación y de dominio colonialista por parte de las grandes potencias a nivel mundial.

La libertad individual produjo riqueza para unos y el capitalismo de las naciones; pero no produjo igualdad social, sino una inmensa brecha entre ricos y pobres.

Neoliberalismo y globalización
Tras la caída del llamado “Estado de Bienestar” (años 1980), en la era de Margaret Thatcher en Inglaterra, y de Ronald Reagan (en los Estados Unidos de Norteamérica), y muy especialmente tras el colapso del Comunismo estatista en la Unión Soviética y países satélites (1989 y siguientes), el mundo ha vuelto a mirar hacia el viejo liberalismo de Adam Smith, sin llegar a las exageraciones del liberalismo manchesteriano inglés. Más libertades para el mercado nacional e internacional, menos trabas de todo tipo, un menor Estado o menos intervencionista, globalización e internacionalización de la economía.

El liberalismo, debido a su etimología, da una idea de libertad que, en la mayoría de las mentes occidentales se asocia a una concepción bastante positiva de sus propuestas y de los resultados que propone. Sin embargo, a pesar de haber sido alguna vez una propuesta revolucionaria, es pertinente recordar que, una vez convertida en la doctrina de las élites gobernantes, muy pronto mostró sus límites y sus graves implicaciones sociales.

Desde muy pronto pudo notarse que las élites burguesas liberales trataron de limitar la participación política del pueblo; para ejercer los derechos políticos pusieron como requisitos la propiedad, la riqueza o hasta la raza. 


Por otro lado, la igualdad social no fue un postulado básico del liberalismo. Su defensa de la igualdad sólo hace referencia a la igualdad jurídica (todos iguales ante la ley), pero no intenta nada para paliar la desigualdad de fortunas, o los extremos ligados a ella.

El liberalismo clásico ni siquiera se molestó entonces por la cuestión de la equidad, esa noción que acepta que para competir en términos de igualdad en el mercado, en la política, en la educación, etc., es necesario tomar medidas compensatorias para los que han nacido en desventaja.

A finales del siglo XIX, las crisis económicas recurrentes, inherentes al mismo sistema económico liberal; los sucesivos y cada vez más fuertes movimientos sociales que pedían reformas, así como la aparición y extensión de las ideas socialistas, empujaron a algunos Estados a admitir reformas sociales y económicas heterodoxas desde el punto de vista de los liberales puros, pero necesarias en términos sociales y políticos. Tomar estas decisiones era aceptar, de hecho, las limitaciones políticas y sociales del liberalismo, aunque frecuentemente, más que debido a un afán reivindicativo, estas decisiones se tomaron para apuntalar el poder político de los gobernantes en turno.

Ya durante el siglo XX, con las crisis económicas que seguían apareciendo a los liberales no les quedó más remedio que reformarse. El llamado Estado benefactor trató de cumplir con su cometido de paliar las grandes desigualdades y brindar protección económica y social a la mayor parte de los ciudadanos, funciones que el liberalismo no contemplaba como parte de las obligaciones estatales, pues con éstas se interfería en las leyes naturales del mercado.

A partir de la segunda mitad de la década de 1970 se fueron fortaleciendo cada vez más los defensores del librecambio. Frente a los resultados cada vez más cuestionables de las políticas intervencionistas del Estado benefactor, los nuevos liberales (los neoliberales) pedían un regreso al sistema de librecambio. Debido a estas cuestiones, no debería extrañarnos que el nuevo liberalismo no promueva la equidad ni proponga soluciones a los extremos de pobreza y riqueza generados con la aplicación de sus principios.

El colofón a toda esta saga se encuentra hoy en la propia Europa y en los propios EEUU. que hoy día se encuentran sumidos en su propia marea liberal.

Valoración.
Libre mercado e injusticia social. Es un hecho objetivo y no una mera apreciación personal que los sistemas de economía de mercado -que han terminado por imponerse prácticamente en todo el mundo- si bien se muestran eficientes para crear riqueza, son injustos para distribuirla. Sabemos bien que el mercado tiene sus leyes propias, totalmente desvinculadas de consideraciones de tipo ético, social y político. De hecho, el mercado es un campo de relaciones de poder en el que los poderosos ganan y los débiles pierden.

El mercado es cruel porque excluye a los que carecen de bienes materiales para participar en él, porque castiga a los que no están en condición de competir y porque generalmente favorece el triunfo de los más poderosos y los más audaces. No cabe discutir que para superar la pobreza es indispensable el crecimiento económico, lo que las economías de mercado logran hacer. Pero el crecimiento, siendo necesario, no es suficiente para eliminar la pobreza, y si no se complementa con políticas eficaces de desarrollo social, aumenta las desigualdades.

El mercado, dejado a su propia dinámica y a sus propias leyes, no es ni puede ser un justo y equitativo distribuidor de riqueza. El mercado no tiende a la justicia sino a la mera ganancia. Encarna un anti valor moral. Las tan referidas privatización, globalización, internacionalización, cifras de crecimiento macro-económico, por sí solas siempre serán selectivas y discriminatorias. Favorecerán al que ya tiene y desfavorecerán a los que no tienen. Favorecerán más a los que tienen más y favorecerán menos a los sectores marginales y a las regiones y países periféricos. Es decir, consagrarán la injusticia social.

La reciente etapa de “mundialización” o “internacionalización” no es, así, más que una faceta de la vieja dependencia de los países periféricos respecto de los grandes centros de poder económico mundial.

¿Algo más de Estado? Sin recaer, ni mucho menos, en una apología de los pasados Estados omnipotentes o factótums, ante la nueva realidad de una hegemonía despótica del Mercado, tenemos que abogar  por algo más de Estado. El Estado no puede seguir perdiendo soberanía “por arriba”, ante la esfera internacional, ni “por abajo”, ante la sociedad mercantil interior.

Nuestro Estado-nación, en América Latina, no puede seguir ‘a la defensiva’ en la actual coyuntura neo-liberal. Los ciudadanos necesitamos de un Estado que intervenga y regule, que distribuya justamente, que equilibre las cargas, que impida la injusticia económica, que ponga barreras a lo internacional cuando éste intenta desmantelar o apropiarse de lo nacional. Y esto tanto más en un país que como el nuestro se ubica entre los países del hemisferio sur que siguen siendo altamente dependientes de las potencias económicas, militares y políticas del norte.

Estas consideraciones pueden ayudarnos a realizar un mejor análisis de los acontecimientos actuales, y para cuestionarnos los discursos triunfalistas que suelen esgrimir los liberales de hoy.

Referencias:


[1] Giovanni Sartori (1992): Elementos de Teoría Política, Madrid Alianza, p. 125.
[2]  H. Kelsen (1979): Compendio de teoría general del estado, Barcelona Blume.
[3] Ortega y Gasset (1925): Ensayo Ideas de los castillos: liberalismo y democracia, citado por M. Pastor (1989): Ciencia Política, Madrid McGraw–Hill, p. 89.
SHAPIRO, J. S., Liberalism: Its meaning and History, Princeton. N. J., 1958.
PALMADE, Guy, La época de la burguesía, Siglo XXI, México, 1998.
BERGERON, Louis, et al., La época de las revoluciones europeas, Siglo XXI, México, 1998.


 Historia del liberalismo como referencia

domingo, 10 de junio de 2012

Escritos Ilustrativos sobre los caviares

Reproduzco dos importantes artículos escritos por dos filosofos, profesores universitarios,  sobre el termino caviar. Ambos ilustran sobre la pobre situación que presenta el nivel de  intransigencia de los sectores que a ultranza defienden posiciones liberales.  

Por Eduardo Hernando Nieto
Hace algunas semanas he estado participando en un debate con un representante de la llamada izquierda liberal[1] al cual se han unido otros de sus adeptos todos ellos por supuesto barnizados con la etiqueta de académicos y mostrando una erudición digna de mejor causa.

Justamente Gonzalo Gamio (uno de los representantes intelectuales de la de izquierda “liberal”) no se cansa de subrayar (y sus epígonos también) lo incoherente de mi discurso, lo bizarro (dice él) y por supuesto la falta de peso filosófico del mismo. Sin embargo, parece que son ellos mis más fervientes lectores a pesar de que mi discurso no sea racional o no puede ser decodificado por sus luminosas mentes. ¿Por qué perder su tiempo leyéndome o escribiendo sobre mis textos? Hasta ahora no encuentro una respuesta quizá algún psicoanalista pueda ayudarlos, de hecho hay muchos por allí !!

Por otro lado, yo diría más bien que las simplificaciones de mi discurso vienen de su parte y en realidad creo que no es correcto hablar de mi discurso sino que yo solo trata de reproducir este discurso metapolítico que he ido articulando cada vez de forma más coherente desde el momento que inicie su lectura, (hace muchos años ya) y se trata en realidad de trasmitir una tradición de pensamiento que no responde a un autor particular pues eso correspondería más a un signo de la vanidad y banalidad que impera en el mundo moderno .

Para continuar leyendo todo el artículo publicado en Nomos contra Anomos
 Eduardo Ernando Nieto


 Eduardo Hernando Nieto

Si bien el término caviar puede sonar poco elegante o serio, es sin embargo más ilustrativo que el concepto “Liberalismo de izquierda”, que es como los académicos afines a esta visión del mundo prefieren ser identificados.
   No obstante mi interés en este momento no es entrar en precisiones semánticas sino más bien trazar una línea de contacto muy firme entre lo que representa este discurso ideológico y lo que el profesor alemán Eric Voegelin, denominó con el nombre de Gnosticismo [1], vale decir, aquella forma de pensamiento que se caracterizaría concretamente por mostrar una insatisfacción respecto al mundo en el que se vive y de allí que sea absolutamente necesaria su transformación inmediata [2].
   Precisamente en su trabajo Science, Politics and Gnosticism, se podrían conocer concretamente cuales eran las principales características del gnosticismo que si bien constituyó un movimiento religioso de la antigüedad – contemporáneo del cristianismo – sus ecos aun serían percibidos - y quizá con mayor fuerza – en estos días. Así Voegelin señalaba:

1. Insatisfacción con la situación actual
2. Creencia de que los aspectos insatisfactorios de la situación actual es el resultado de un mundo muy pobremente organizado
3. La salvación del mal que impera en el mundo es posible
4. Creencia de que para que la salvación ocurra la constitución del ser, vale decir, la naturaleza humana y la estructura de la realidad tiene que ser transformada en historia
5. Creencia de que la transformación del mundo es factible a través de la acción humana, especialmente la acción política
6. Porque la transformación del orden del Ser es posible, los seres humanos pueden iniciarlo de manera inmediata a través de un plan creado por medio de la gnosis, esto es, del conocimiento secreto del mundo que permite desentrañar sus misterios y producir entonces su cambio total.
   Así pues, como señalaría Voegelin, los gnósticos jugaban el papel de los profetas que revelan la ideología de la salvación y aparecería finalmente como un cristianismo escatológico [3]. Tal concepto a su vez, le serviría al profesor alemán como una estructura capaz de analizar la crisis de occidente en sus múltiples facetas (ismos) como el marxismo, el progresismo, el positivismo o el socialismo por ejemplo.

Continuar con la lectura del artículo publicado en Nomos contra Anomos


Pablo Quintanilla

La palabra caviar fue acuñada a principios de los ochenta en Francia, durante el gobierno de François Mitterrand, básicamente por los sindicalistas y comunistas franceses. Estos veían con cierta sospecha e incomodidad —y probablemente con algo de envidia— que un grupo de entonces jóvenes intelectuales, con muy buena formación universitaria y de procedencia burguesa, tuviera el atrevimiento de considerarse de izquierda, algo que, según los comunistas, solo ellos podrían ser: gente del pueblo trabajador. Para el determinismo histórico de la ortodoxia marxista, “el ser social determina la conciencia social”, con lo cual resulta inauténtico que se considere de izquierda a alguien que no pertenece al proletariado. Un joven y fino intelectual de izquierda sería un bobó, contracción de bourgeois-bohème, o un caviar.
   A esos intelectuales se les acusaba de atribuirse a sí mismos una mayor conciencia política o responsabilidad social, dada su formación intelectual, y un cierto, aunque nunca reconocido, desdén por el proletariado poco educado. Algunos de estos célebres caviares, egresados del exclusivo colegio Henri IV de París, fueron ministros de Mitterrand, como Laurent Fabius, Jacques Lang y el ahora célebre Dominique Strauss Kahn. Es interesante que la acusación de caviar procediera de una ultraizquierda poco sofisticada intelectualmente y celosa de la preparación intelectual de los supuestos caviares. Más interesante aún es que el calificativo de caviar presuponga, de parte de quien lo emplea, una concepción marxista ortodoxa de la historia según la cual hay incompatibilidad entre proceder de los sectores burgueses y tener un pensamiento progresista.

Continuar con el escrito publicado en Peru16

lunes, 28 de mayo de 2012

Camino de servidumbre: Friedrich Hayek, Premio Nobel de Economía.


Friedrich Hayek


Camino de servidumbre (título original "The Road to Serfdom") es un libro escrito por Friedrich Hayek, Premio Nobel de Economía en 1974.

Contexto
Publicado por primera vez por Rouledge Press en marzo de 1944 en el Reino Unido, y en septiembre del mismo año por la Universidad de Chicago en EEUU.

El libro ha sido traducido a unos 20 idiomas, y está dedicado "A los socialistas de todos los partidos". La introducción a la edición de su 50º aniversario fue escrita por Milton Friedman, también galardonado con el premio Nobel y adversario monetarista de Hayek. Camino de servidumbre es una de las manifestaciones más populares e influyentes de la escuela austríaca en el liberalismo.

Tesis y argumentos principales
La tesis central es que Socialismo y Totalitarismo son esencialmente lo mismo, dos retoños del colectivismo y éste, a su vez, un modelo de organización incompatible con la libertad humana. Para Hayek toda planificación económica, por leve que sea, se basa en la creación de un supuesto bien común o nacional que se constituye en objetivo general. 

Asi pues, la planificación económica conduce necesariamente hacia el totalitarismo y a la pérdida de las libertades individuales. En el libro, él usa tanto la Unión Soviética como la Alemania Nazi como ejemplos de países que han recorrido el "camino a la servidumbre" y llegado a esa situación.

En sus palabras:
Cualquier política dirigida directamente a un ideal de justicia distributiva, es decir, a lo que alguien entienda como una distribución "más justa", tiene necesariamente que conducir a la destrucción del imperio de la ley porque, para poder producir el mismo resultado en personas diferentes, sería necesario tratarlas de forma diferente. Y ¿cómo podría haber entonces leyes generales?[1]

Von Hayek argumenta que en una economía planificada no puede ser ni el pueblo ni sus representantes (el parlamento) los que lleven a cabo la planificación, localización y distribución tanto de recursos como de bienes producidos, sino que esa tarea recae sobre un grupo pequeño de "planificadores", (técnicos o economistas) grupo que, bienintencionado o no, será incapaz de obtener y procesar toda la información necesaria para llevar a cabo la tarea como se espera o en forma eficiente. (ver "Debate sobre el cálculo económico en el socialismo")

Continua von Hayek argumentando que desacuerdos acerca de los diferentes planes posibles, combinado con esa ineficiencia de los planificadores en el manejo de los recursos económicos disponibles, llevará inevitablemente al uso de la coerción a fin de obtener los fines deseados.

Fallas en ese sentido serán percibidas, tanto por los planificadores como por el público, como resultado de una falta de poder por parte del Estado para poder implementar una buena idea. Esa percepción llevaría al público a elegir a quienes proponen más poder para el estado. Lo mismo sucedería entre los planificadores, terminando con la llegada al poder de un "hombre fuerte", percibido como capaz de hacer lo que se necesita. Una vez completado lo anterior, el país inevitablemente termina en una dictadura.

Para von Hayek, el "camino a la servidumbre", inadvertidamente comenzado por los que buscan "justicia social", con su control y subsecuente desmantelamiento del mercado libre, termina con la destrucción de toda libertad económica y personal.

Von Hayek afirma que varias naciones democráticas están siguiendo el mismo camino que la Alemania Nazi o la Rusia comunista:[2] buscando una utópica justicia social y basándose en el principio de que el fin justifica los medios, principio que él observa en "la ética individual se considera la negación de toda moralidad. En la ética colectivista llega a ser, de necesidad, la regla suprema".

Sin embargo, como el propio Hayek afirma "es importante no confundir la oposición contra este tipo de planificación con una actitud dogmática a favor del laissez-faire" pero tal oposición debe ser, en su opinión, dentro de un marco estricto: "Obviamente, el funcionamiento de la competencia requiere, y depende, de condiciones que nunca pueden ser totalmente garantizadas por la empresa privada. La intervención estatal siempre es necesaria, pero la planificación y la competencia sólo pueden combinarse cuando se planifica para la competencia, no en contra de ella"[3]

Von Hayek ofrece la siguiente observación, que podría haber servido de conclusión a su obra: "En el pasado, ha sido la sumisión a las fuerzas impersonales del mercado lo que ha hecho posible el desarrollo de la civilización. Es esta sumisión lo que nos permite a todos construir algo que es mayor que lo que cada uno de nosotros pudiera construir.

Se equivocan terriblemente los que creen que podemos ayudar a dominar las fuerzas de la sociedad de la misma forma que hemos aprendido a dominar las fuerzas de la naturaleza. Esto no sólo es el camino hacia el totalitarismo sino también el camino hacia la destrucción de nuestra civilización y, ciertamente, la mejor manera de bloquear el progreso."[4]

Contenidos
1.    El camino abandonado
2.    La gran utopía
3.    Individualismo y colectivismo
4.    La "inevitabilidad" de la planificación
5.    Planificación y democracia
6.    Planificación y el Estado de Derecho
7.    La intervención económica y el totalitarismo
8.    ¿Quién, a quién?
9.    Seguridad y Libertad
10.    Por qué los peores se colocan en cabeza
11.    El final de la verdad
12.    Las raíces socialistas del nazismo
13.    Los totalitarios en nuestro seno
14.    Condiciones materiales y fines ideales
15.    Las perspectivas de un orden internacional
16.    Conclusión

Criticas
"Camino a la servidumbre" ha sido criticado por algunos autores, incluyendo Karl Polanyi, como una visión utópica debido a la sugerencia, entre otras, que "en el pasado, ha sido la sumisión a las fuerzas impersonales del mercado lo que ha hecho posible el desarrollo de la civilización". De acuerdo con Polanyi, el desarrollo de la civilización sucede, por el contrario, cuando las fuerzas sociales, incluida el funcionamiento de la economía, están organizadas en función de los intereses comunes. ("empotradas", en sus palabras).[5] Para Polanyi, el desarrollo sugerido por Hayek refleja un caso excepcional, destructivo de los valores sociales que constituyen las bases de una civilización estable.

Otras dos respuestas, la de Herman Finer, un miembro de la Sociedad Fabiana, en su Camino a la reacción (1946) y la de Barbara Wootton - Libertad en la planificación" (Freedom under Planning) han sido generalmente no considerados como relevantes o adecuadas por parte de los seguidores del neoliberalismo. Hayek llamo el libro de Finer "un ejemplo de abuso e infundios que es probablemente único en la discusión académica contemporánea".[2] y Frank Knight, fundador de la Escuela de Economía de Chicago, escribió acerca del segundo: "déjeme repetir que el libro de Wootton no es en ningún sentido lógico una respuesta a "Camino a la servidumbre"[6]

Sin embargo, cabe considerar que ambos autores centran sus críticas en lo que consideran la visión casi maniquea o injustificadamente dualística tanto de von Hayek como de su predecesor, Ludwig von Mises, quien, por ejemplo, afirma:

Simplemente no hay otra opción que esta: ya sea abstenerse de interferir en el libre juego del mercado, o delegar el manejo completo de la producción y distribución al gobierno. Ya sea capitalismo o socialismo: no hay un camino intermedio[7]

En el mismo "Camino de Servidumbre", von Hayek agrega:
Una de dos. Si el estado tiene que poder prever los resultados de sus acciones, no podrá dejar ninguna opción a los afectados por ellas. Y si queremos dejar opciones a la gente, los resultados de la acción gubernamental tendrán que ser imprevisibles. Las reglas generales, a diferencia de las reglas específicas o sustantivas, tienen que operar en circunstancias que no puedan ser previstas en detalle. Ser imparcial significa no tener respuesta para ciertas preguntas.[8]

Algunos autores sugieren que von Hayek invierte la forma en que la planificación central funciona. Por ejemplo, Paul Sweezy bromea en su revision del libro de von Hayek -presentada en su "The Present as History", 1953- que von Hayek busca hacernos creer que si hubiera, por ejemplo, una sobre producción de cunas para bebés en un momento determinado, los planificadores ordenarían a la sociedad "producir" mas hijos en lugar de guardar dichas cunas por un tiempo y disminuir su producción el ciclo siguiente.

En ese sentido son de interés los argumentos cibernéticos de Stafford Beer en su Designing Freedom -clase magistral de Massey (en 1974)- acerca de cómo la "planificación de inteligencia adaptiva" puede aumentar libertad. Igualmente lo son las posiciones técnicas de Herbert Simon y Albert Ando, quienes sugieren que los elementos de los sistemas jerárquicos semi-separables de la economía no están completa y rígidamente relacionados ni son totalmente dependientes, como von Hayek asume serían para fundamentar su crítica.

Volviendo a la sugerencia que la posición de von Hayek presenta una dicotomía discutible, Offe sugiere:
Es mi pretensión que los dos argumentos clave del análisis liberal-conservador son válidos en gran medida, al contrario de lo que a menudo argumentan críticos de la izquierda. El principal defecto que veo en este análisis se relaciona menos con sus afirmaciones explícitas que con aquello que omite considerar[9]

Martínez de Pisón agrega que no es posible desconocer el paso de la historia, pero así como no se puede negar el absolutismo que los partidarios -reales o putativos- de la planificación estatal han en ocasiones impuesto, tampoco es posible desconocer los resultados de un mercado totalmente libre, incluyendo su incapacidad para evitar Crisis cíclicas y el resultado tanto social como político de tales crisis.[10] (Ver "orígenes y evolución" en Estado del Bienestar). Jeffrey Sachs concluye: "Von Hayek estaba equivocado. En las democracias sólidas y vigorosas, un Estado social de bienestar generoso no es un camino a la servidumbre sino a la justicia, la igualdad económica y la competitividad internacional."[11]

Hans-Hermann Hoppe, otro miembro de la Escuela Austríaca de Economía., critica el libro no porque considere que los planificadores centrales carezcan del conocimiento necesario para hacer funcionar el sistema (como von Hayek sugiere) sino porque, en su opinión, falla en establecer que el problema central de la economía planificada es la ausencia de la propiedad privada de los medios de producción. Eso significa, en la opinión de Hoppe, que es imposible para los planificadores efectuar cualquier cálculo significativo, aun cuando poseyeran toda la información existente acerca de las necesidades y deseos de los individuos.[12]

Entrevista a Hayek:
Comentario- Juan Urrutia- Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico - Presidente del Patronato de la Fundación Urrutia Elejalde:
Comentario- Este artículo es un extracto del prólogo escrito por Juan F. Bendfeldt al libro de F. A. Hayek «Camino a la Servidumbre»:

Notas y referencias
1.    ↑ von Hayek: Camino a la servidumbre, capitulo VI: "La Planificación y el Imperio de la Ley".
2.    ↑ La referencia es a las propuestas del Estado del bienestar, que se estaba empezando a implementar en esa epoca.
3.    ↑ Camino de servidumbre, capitulo III: Individualismo y Colectivismo
4.    ↑ Camino de servidumbre, Capítulo XIV: "Condiciones materiales y fines ideales"
5.    ↑ Karl Polanyi, "La gran transformación", Madrid, La Piqueta, 1989. ISBN 84-7731-047-5
6.    ↑ Knight, Frank (1946). «Freedom Under Planning». Journal of Political Economy 54 (5):  pp. 451-454.
7.    ↑ Mises, Ludwig von [1] Liberalism, 1927. (la fuente es la traducción al inglés de 1985.)
8.    ↑ von Hayek: "Camino de servidumbre" Capítulo VI : La planificación y el imperio de la ley
9.    ↑ Offe. C - "Algunas contradicciones del moderno Estado del Bienestar"" en Contradicciones en el Estado del Bienestar. pp 141.
10.    ↑ José Martínez de Pisón: La crítica neoliberal al Estado social. Un resumen y una valoración
11.    ↑ Jeffrey D. Sachs "EL ESTADO SOCIAL DE BIENESTAR, MÁS ALLÁ DE LA IDEOLOGÍA" : http://econpapers.repec.org/article/col000093/004347.htm
12.    ↑ http://www.mises.org/journals/rae/pdf/RAE9_1_13.pdf
Ver: Prologo de "La fatal arrogancia"
La Fatal Arrogancia. Los Errores del Socialismo es la última obra escrita por Friedrich A. Hayek. El título original en inglés es The Fatal Conceit: The Errors of Socialism (Routledge y Chicago University Press, 1988). La versión en español fue publicada por Unión Editorial (Madrid, 1990) en coedición con el Centro de Estudios en Economía y Educación (CEEE). Con esta obra se inició la publicación de las Obras Completas de Hayek a cargo del Profesor W. W. Bartley III de la Hoover Institution, Stanford University.

Artículo publicado en:  http://en.wikipedia.org/wiki/The_Road_to_Serfdom

sábado, 12 de mayo de 2012

Robert Nozick: Libertarismo

Robert Nozick. Anarquía, Estado y Utopía
 
Publicado en urbanoperu el Lun, 2006-11-27 07:19.

Robert Nozick(1938-2002), fue un filósofo norte- americano y profesor de la universidad de Harvard. Estudio en Columbia, Oxford y Princeton. Fue una figura destacada en la filosofía anglo norte americana. Realizo importantes contribuciones en la teoría filosófica, en la teoría de la decisión, y en la epistemología en particular. Su libro, "Anarchy, State, and Utopia" (1974), fue una respuesta libertaria al libro de John Rawls "A Theory of Justice", publicado en 1971.

En su libro Nozick argumenta que la distribución de bienes es justa, en tanto que producto de decisiones consentidas desde una posición inicial justa, a pesar de que resulten desigualdades en el proceso. Nozick apela a la idea Kantiana de que las personas deben ser tratadas como fines, no como simplemente medios. Por ejemplo la redistribución forzada de los ingresos trata a las personas como si fuesen simplemente fuentes de dinero. Aquí Nozick reta los argumentos de John Rawl en "Una teoría de la Justicia", en donde concluye que las desigualdades en la distribución deben de beneficiar a los menos mucho más. Nozick reviso posteriormente sus puntos de vista libertarios que había expresado inicialmente en Anarchy, State, y Utopia, como "seriamente inadecuados"

Nozick fue conocido por su estilo exploratorio y su ecumenismo metodológico. Usualmente presenta en sus escritos posibilidades filosóficas, las cuales deja para que sus lectores las juzguen. Uno de los aportes de Nozick fue fue el de tomar inventivamente motivos de la literatura, proporcionándole a su trabajo filosófico frescura y relevancia.

Escritos

    Invariances: The Structure of the Objective World (2001/2003) ISBN 0674012453
    Socratic Puzzles (1997) ISBN 0674816536
    The Nature of Rationality (1993/1995) ISBN 0691020965
    The Examined Life (1989) ISBN 0671725017
    Philosophical Explanations (1981) ISBN 0198246722
    Anarchy, State, and Utopia (1974/2001) ISBN 063119780X

Referencias

    Nozick, Robert (1974). Anarchy, State, and Utopia. Basic Books.
    Robinson, Dave & Groves, Judy (2003). Introducing Political Philosophy. Icon Books. ISBN 1-84046-450-X.

Links a escritos sobre la obra de Robert Nozick

    Obituary by The Daily Telegraph
    Obituary by The Guardian
    Robert Nozick Memorial minute. Harvard Gazette
    A summary of the political philosophy of Robert Nozick by R. N. Johnson
    Robert Nozick, Libertarianism, And Utopia by Jonathan Wolff
    Nozick on Newcomb's Problem and Prisoners' Dilemma by S. L. Hurley
    Robert Nozick: Against Distributive Justice by R.J. Kilcullen
    Why Do Intellectuals Oppose Capitalism? by Robert Nozick
    Open Directory Project - Robert Nozick directory category

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Que es la objetividad?




John Locke


La objetividad es un término derivado de objeto. Es todo aquello relativo a un objeto. Veamos por lo tanto qué se entiende por objeto:

OBJETO (lat. objectum): Es el término de una acción u operación, sea práctica, lógica o gramatical. Un objeto concreto o material es una cosa.
Un objeto es una cosa o un constructo, todo objeto debe ser alguno, pero ninguno ambos.[ ]

Todo objeto posee propiedades: las cosas poseen propiedades sustanciales y los constructos poseen propiedades conceptuales. La distinción entre cosas y constructos es parte del dualismo metodológico, que no implica al dualismo ontológico a menos que se atribuya existencia real a los constructos (como las ideas platónicas).

En metafisica un objeto es un termino, o fin, o causa final.
En teoria del conocimiento es el termino del acto del conocimiento.
En etica , el objeto es la finalidad, el proposito, lo que elige lo justo.

Cosa: f. Todo lo que existe, ya sea real o irreal, concreto o abstracto:

En epistemología y semántica una cosa se define como: una entidad individual , y especialmente una entidad individual material. Tradicionalmente se ha ligado la nocion de cosa con la de sustancia.

En epistemología y semántica, un constructo, objeto conceptual u objeto ideal es la clase de equivalencia de procesos cerebrales. [ ]

En otras palabras, "si nos abstraemos de la ideación, que es un proceso concreto del cerebro, y también de la comunicación, que es un proceso físico y social concreto, obtenemos constructos: conceptos [ ] (en particular, predicados), proposiciones y cuerpos de proposiciones, por ejemplo, teorías". [ ]

Las ciencias formales (la matemática y la semántica filosófica) estudian los constructos y sus propiedades conceptuales como si fueran autónomos, pero sin suponer necesariamente que existen realmente, que es el postulado fundamental del idealismo. Algunos símbolos designan constructos (pues existen símbolos que no designan ningún constructo, como '4/0').

Algunos constructos se refieren a cosas, pero, a diferencia de ellas, los constructos no pueden cambiar. Algunos constructos representan hechos de cosas. Algunos constructos son lógicamente verdaderos.

Algunos constructos son matemáticamente verdaderos. Algunos constructos son fácticamente verdaderos o parcialmente verdaderos. Algunos constructos no son ni falsos ni verdaderos, como los conceptos, las definiciones y las normas morales.


 Objetivo?
El término objetivo sustantivado [ ] puede designar en terminología filosófica que tiene objetividad.
Alexius Meinong [ ] usó el término Objektiv «objetivo» como nombre, a diferencia de su uso como adjetivo «objetivos». Para M el «objetivo» es lo significado en una proposición.
Lo que corresponde al objeto se ha llamado a menudo «objetivo».

Para los escolasticos el concepto objetivo es el objeto en cuanto pensado, el concepto formal es el acto de pensar. Sin embargo desde Kant se usa objetivo para designar lo que no reside en el sujeto, en contraposicion a subjetivo, entendido como lo que esta en el sujeto.

Para M y Husserl objeto es todo lo que puede ser sujeto de un juicio. Lo objetivo no es algo que tenga forzosamente una existencia real, sino que el objeto puede ser real o ideal.

B. Rusell [ ] señala que todo objeto de un pensamiento es esencialmente un termino y que este termino puede ser una cosa o bien un concepto.

Honecker [ ] señala que hay los objetos y por otro lado los hechos objetivos. Mientras los primeros «estan en»,  los segundos «pertenecen a» los primeros. Los objetos se dividen en objetos concretos, objetos fenoménicos y objetos generales. Y los hechos objetivos pueden ser predicados de un objeto o predicados de dos o mas objetos. Siendo estos últimos las relaciones.

Desde Kant ha sido frecuente hablar de «objeto» como «objeto de conocimiento» por lo que importa es la relacion objeto-sujeto.

La objetividad
Objetividad s. f. Imparcialidad con que se trata o se considera un asunto prescindiendo de las consideraciones y los criterios personales o subjetivos. subjetividad.
Objetividad  f. Calidad de objetivo. Aspiración a conocer los objetos con independencia de valoraciones subjetivas o personales.[ ]
Objetividad: f. Cualidad de objetivo.[ ]

Es la cualidad de lo objetivo, de tal forma que es perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir (o de las condiciones de observación) que pueda tener cualquier sujeto que lo observe o considere [ ].

En el sentido filosófico de la palabra sirve para caracterizar:
 » un objeto en cuanto objeto,
 » el conocimiento o la representación de un objeto,
 » el sujeto de ese conocimiento o autor de esa representación.

La objetividad del mundo material se recoge en las teorías físicas como el axioma de la intersubjetividad de la medida, ese axioma o principio a priori es la afirmación de que aunque «diferentes observadores pueden llegar a medidas diferentes de la misma realidad objetiva, todas ellas son relacionables mediante reglas generales».

Objetividad: Condición de lo que es objeto, como opuesto a lo subjetivo. Se dice también de la intención de ver o expresar la realidad tal como es.


 Subjetividad
En la teoría del conocimiento, la subjetividad es la propiedad de las percepciones, argumentos y lenguaje basados en el punto de vista del sujeto, y por tanto influidos por los intereses y deseos particulares del sujeto. La propiedad opuesta es la objetividad, que los basa en un punto de vista intersubjetivo, no prejuiciado, verificable por diferentes sujetos.

Desde el punto de vista de la sociología la subjetividad se refiere al campo de acción y representación de los sujetos siempre condicionados a circunstancias históricas, políticas, culturales, etcetéra.

En filosofía, la subjetividad se refiere a las interpretaciones y a los valores [ ]  específicos que marcan cualquier aspecto de la experiencia. La experiencia de cada persona tiene aspectos cualitativos específicos, qualia [ ], que sólo son accesibles a la conciencia de esa persona. Desde otro punto de vista, también filosóficamente hablando, subjetividad es la transparencia del ser de los objetos, quedando solo un sujeto, el ser, uno mismo.

Subjetivismo
El subjetivismo es la postura filosófica que toma como factor primario para toda verdad y moralidad a la individualidad psíquica y material del sujeto particular, siempre variable e imposible de trascender hacia una verdad absoluta y universal.

El subjetivismo limita la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga principalmente según su entendimiento y en consideración a su realidad específica, entendida no como un hecho "externo" sino como parte constitutiva del sujeto.

No debe confundirse el subjetivismo con el relativismo. El relativismo, que se asemeja mucho al escepticismo filosófico, tampoco admite ninguna verdad absoluta que tenga validez universal, pero mientras el subjetivismo hace depender el conocimiento humano de factores que residen en el sujeto cognoscente, el relativismo subraya la dependencia casi exclusiva de factores externos.

El subjetivismo moral es una doctrina ético filosófica que afirma que lo bueno y lo malo, en la moral, es reducible a nuestras actitudes y opiniones personales.

No debe confundirse el subjetivismo moral con el egoísmo moral, de acuerdo con el cual las personas deben tener la normativa ética de obrar para su propio interés. En el segundo caso se trata de lo que más nos conviene, mientras que en el primero se trata de nuestros valores, forma de pensar y sentimientos personales. En el primer caso, no existe un punto de vista objetivo desde el cual juzgar moralmente, mientras que el egoísmo moral podría admitir la existencia de opiniones objetivas acerca de lo que más nos beneficia

Es falsa la repetida idea según la cual la subjetividad de los valores es una mera extensión del subjetivismo en general, o bien que el escepticismo frente a la objetividad de la Ética es una consecuencia de un escepticismo generalizado con respecto al conocimiento. Por el contrario, muchos filósofos (especialmente dentro del empirismo) tendieron a negar la existencia de un conocimiento moral en parte debido a su creencia en un conocimiento genuino (el científico), y a que lo moral no pueda satisfacer sus duros criterios.

Visión subjetivista de los valores
Los valores pueden, grosso modo, interpretarse como objetivos (si existen independientemente del sujeto) o como subjetivos (si deben su existencia a reacciones del sujeto que valora). Pero dentro del subjetivismo axiológico (entendido en sentido amplio como toda posición que define los valores por su referencia al hombre) hay algunas diferencias en las maneras de entender el valor. Así, desde la tradición filosófica del subjetivismo se los interpreta en general como reacciones sentimentales  ante ciertas acciones humanas, idea que cobró fuerza de la mano del filósofo David Hume.

David Hume, principal representante del subjetivismo moral
La idea del subjetivismo ético surgió como una idea sencilla, en las palabras de Hume, enunciando que la moral es cuestión de sentimiento más que de hecho; sin embargo, los teóricos del subjetivismo quisieron mejorar esta teoría.

Aun siendo un inspirador del subjetivismo ético, Hume no era propiamente un subjetivista, pues confiaba en que el sentido moral propio a la naturaleza humana era estable y compartido por todos los hombres. Hume confía en que el ser humano posee sentimientos morales comunes tales como la clemencia, la caridad, la amabilidad hacia los niños y el amor a la vida.

Desde una perspectiva psicologista, a su vez, el pensador norteamericano R. B. Perry define los valores como todo aquello que interesa a un sujeto humano. Desde un punto de vista sociológico, se los suele entender como criterios sociales de preferencia que influyen en el comportamiento selectivo, destacando rasgos como su condición de guías con respecto a la toma de decisión en las acciones. El sociólogo Robin Williams Jr. los caracteriza como patrones de deseabilidad que, a diferencia de las normas -que suelen indicar cómo comportarse en circunstancias concretas- tienen una mayor independencia de las situaciones específicas.

Desde una perspectiva filosófica se fueron dando distintas versiones del subjetivismo axiológico. Pero la versión que finalmente es denominada "subjetivismo moral" es la del el "subjetivismo simple", que expresa la idea según la cual la afirmación de que algo es moralmente bueno o malo de acuerdo con una perspectiva individual.

Episteme

 Conocimiento:
Las preguntas en torno al conocimiento pertenecen a la disciplina filosofica denominada teoria del conocimiento:  los griegos introdujeron en la literatura filosofica los terminos que designan nuestra disciplina: Gnoseología :γνωσιολογία y conocimiento, episteme: ἐπιστήμη.
Conocer es aprehender , el acto por el cual el sujeto aprehende un objeto.

Episteme
Foucault llama episteme a la estructura subyacente que delimita el campo del conocimiento, los modos como los objetos son percibidos, agrupados, definidos. Es el lugar desde donde el hombre conoce y actua de acuerdo a las reglas estructurales de la episteme [ ].

Para F la episteme moderna permite constituirse al hombre como su sujeto.

Lo epistémico caracteriza cierto tipo de cuestionamiento y ciertas nociones que se emplean cuando se estudian expresiones que envuelven actitudes proposicionales. La epistemologia se refiere a la teoria del conocimiento cientifico y el termino se emplea para dilucidar problemas relativos al conocimiento de las ciencias.

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Ver: 
MATURANA, Humberto (1997). La objetividad; un argumento para obligar. Santiago: DOLMEN.

lunes, 7 de mayo de 2012

Corrientes ideológicas: Panorama en la filosofía política:

Recientemente se viene publicando en los medios sobre el panorama en la política local. Me parece conveniente compartir información que ayude a comprender y ubicar en su contexto los conceptos a que se hace referencia.

El subjetivismo liberal

El modelo subjetivista o liberal-radical
Una de las convicciones de mayor permanencia en la historia de la humanidad, ha sido la necesidad de que las leyes civiles, las normas jurídicas de la sociedad política, reforzaran, exigieran o impusieran, el cumplimiento de ciertas normas morales consideradas fundamentales para el bien vivir, y aun para la subsistencia misma de la comunidad política.

John Rawls

La versión más contemporánea del liberalismo, representada por autores importantes, como John Rawls, Ronald Dworkin, David Richards, sostiene decididamente el carácter injustificado de toda esa legislación. Para estos autores liberales, normas morales pueden ser únicamente las que cada individuo crea o acepta para sí mismo, basado en sus personales opciones acerca de cómo ha de vivir y de cuáles son sus bienes propios.

Según estos autores, cuyo exponente paradigmático es John Rawls, sólo resultan justificadas aquellas normas jurídicas que prohiben conductas que causan daño a otros, o que al menos crean el marco normativo necesario para que cada sujeto autónomo realice en la mayor medida posible su “plan de vida”.

Ronald Dworkin


Esta nueva y extremada versión de la ideología liberal, llamada comúnmente “liberalismo deontológico”, por la primacía que establece de los derechos y sus principios fundantes sobre los bienes u objetivos humanos, ha sido en los últimos años objeto de una severa crítica en su mismo lugar de origen: los Estados Unidos de Norteamérica. 

Allí ha surgido una corriente de pensamiento llamada comúnmente “comunitarismo”, que incluye a pensadores de diversos orígenes filosóficos: Alasdair Mac Intyre es aristotélico; Charles Taylor un hegeliano singular; Mary Ann Glendon sigue a Tocqueville; Robert Bellah, Robert Nisbet, Michael Sandel, Michael Walzer y varios otros se consideran pertenecientes a la tradición comunitario-republicana norteamericana.

Pero a pesar de sus diversas raíces filosóficas, todos estos autores centran su crítica al liberalismo en determinados puntos comunes; ante todo, afirman que el liberalismo deontológico maneja un concepto inadecuado de sujeto, al considerarlo aislado de sus condicionamientos sociales y culturales e independientes de sus bienes propios.

El subjetivismo en la economia
La definición clásica de la orientación subjetivista en economia es de Lionel Robbins [1], quien afirma: "La economía es la ciencia que se encarga del estudio de la satisfacción de las necesidades humanas mediante bienes que, siendo escasos, tienen usos alternativos entre los cuales hay que optar".

El enfoque subjetivo de la economía, plantea que la satisfacción de necesidades, deben de limitarse al bienestar superficial y sensorial, contrario a la teoría objetiva, que afirma que la satisfacción de necesidades debe de realizarse en el mundo de lo externo y de lo observable, no de lo psíquico o psicológico. La corriente subjetiva se basa en los principios de la lógica formal: el principio de identidad, el de no-contradicción y el del tercero excluido.

Eugen von Böhm - Bawerk


La obra de Eugen von Böhm – Bawerk con su ley del valor, y a la obra de Carl Menger en relación al surgimiento evolutivo de la institución del dinero constituyen hitos del subjetivismo liberal contemporáneo.

Los clásicos no hablaron de Economía sino de Economía Política. El liberalismo económico, lo que se conoce como Escuela económica clásica, favorece una economía de mercado donde se reduzca al mímico imprescindible la intervención el Estado. El papel del Estado debe de reducirse a proveer de ciertos bienes y servicios públicos y para ayudar de diversos modos al proceso productivo. Además es indispensable para sostener el marco jurídico y normativo dentro del cual puede desarrollarse una economía libre de mercado. No obstante el Estado debe de limitarse a aquéllas que no pueden ser cubiertas por los particulares.

Jeremy Bentham (1748-1832) es uno de los primeros pensadores del liberalismo. Sustituye los conceptos de derecho natural y contrato social por el de utilidad: la utilidad es el único principio moral válido. Es el primer formulador del utilitarismo.

Otros pensadores, tardíos, son: James Mill con su teoría política se basa en el utilitarismo, en la búsqueda del propio interés, y de la felicidad, cosas que debe procurar el gobierno. Es uno de los representantes del individualismo utilitarista. Y Herbert Spencer con su teoría de la educación, la ley de la competencia y la selección natural, sostiene que el Estado debe alinearse con los mejores. Los grandes pensadores del liberalismo, ya en el siglo XIX son: Adam Smith, Thomas Malthus, David Ricardo, Jerome Bentham y John Stuart Mill.

La escuela de economía de chicago

Milton Friedman


Es una escuela de pensamiento económico partidaria del libre mercado, que se originó en la Universidad de Chicago a mediados del siglo XX. Fue liderada históricamente por George Stigler (Premio Nobel de Economía en 1982) y Milton Friedman (Premio Nobel de Economía en 1976). Dentro de la economía de mercado el pensamiento económico de esta escuela se encuentra en contradicción a las teorías de la síntesis clásico-keynesiana.

Los principales miembros de esta escuela son:

La escuela de economía austriaca


Ludswig von Mieses

 Ludwig von Mieses con su Praxología  como exponente esencial de la Escuela Austriaca, es uno de los pilares fundamentales del pensamiento económico liberal y libertario contemporáneo. Influido desde muy joven por la obra de Carl Menger, y particularmente por sus Principios de Economía Política (texto que se considera como la obra fundacional de la Escuela Austriaca), fue alumno de Eugen von Böhm-Bawerk en la Viena de principios del siglo XX. En 1912 publicó su Teoría del Dinero y del Crédito, aplicando los principios de Menger al dinero y demostrando que la abundancia de dinero en circulación tiene efectos redistributivos.

En 1922, sólo unos años después de la Revolución Rusa, demostró que el sistema económico socialista era inviable al carecer de una mecánica autónoma de precios. Aportó argumentos irrefutables a favor de la libertad económica en Liberalismo (1927), y desmontó las aproximaciones cientifistas y matemáticas a la economía. En 1949 escribe la obra clave del liberalismo libertario en economía: La acción humana, cuya influencia sería capital sobre pensadores de la talla de Hayek, Rothbard  y otros muchos. Von Mises colaboró con Ayn Rand  y ella se esforzó en dar a conocer su obra.

Von Hayek

Friedrich August von Hayek (1899-1992), discípulo de Ludwig von Mises, es el economista liberal por antonomasia. Fue el crítico principal de Keynes y desmontó su enfoque intervencionista de la economía. Premio Nobel de Economía en 1974, desentrañó la fluctuación económica y conectó la economía con las ciencias sociales explicando la interdependencia de la acción económica humana con el entorno sociopolítico y cultural. La obra clave de Hayek es Camino de servidumbre (1944), y más de medio siglo después de su primera edición conserva una frescura y una vigencia realmente asombrosas.

La escuela austríaca, de filosofía contraria a la corriente principal de la teoría neoclásica, ha sido muy influyente por su cuestionamiento de la teoría del comportamiento de dicha corriente. Se les suele asociar con el liberalismo libertario por sus ideas sobre la organización social, política y económica .


El liberalismo libertario

Aynd Rand
  El objetivismo de Ayn Rand (1905-1982). La obra de Ayn Rand es de importancia máxima para el moderno pensamiento liberal-libertario. Aunque su visión económica es muy certera y confirma los pasos de pensadores como Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek, es sobre todo en el campo de la ética donde Rand realiza una contribución imprescindible a las ideas como fundadora de la corriente objetivista en filosofía.

Isaiah Berlin (1909-1997). Filósofo e historiador de las ideas, es uno de los pensadores más influyentes en la configuración del nuevo liberalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Estas obras contrastan con el análisis económico del derecho de Richard Posner, y los aportes de David Friedman y de Murray Rothband.

La socialdemocracia contemporánea

En los últimos tiempos, muchos socialdemócratas mantienen que no existe un conflicto entre la economía capitalista de mercado y su definición de una sociedad de bienestar mientras el estado posea atribuciones suficientes para garantizar a los ciudadanos una debida protección social.

En general, esas tendencias se diferencian tanto del social liberalismo como del liberalismo progresista en la regulación de la actividad productiva, y en la progresividad y cuantía de los impuestos. Esto se traduce en un incremento en la acción del Estado y los medios de comunicación públicos, así como de las pensiones, ayudas y subvenciones a asociaciones culturales y sociales.

El socioliberalismo o social liberalismo, también conocido como liberalismo radical, liberalismo progresista, liberalismo democrático y en Estados Unidos liberalismo moderno, es una tendencia política que propugna que el bienestar y desarrollo de la sociedad y la libertad de los individuos es perfectamente compatible.

Los partidos socialdemócratas se encuentran entre los más importantes en la mayor parte de los países europeos, así como en la mayor parte de países influidos por el viejo continente, con la notable excepción de Estados Unidos

En el mundo anglosajón, es conocido como "liberalismo moderno", en contraposición al liberalismo clásico o a los neoconservadores o liberal-conservadores. En Estados Unidos, estas posturas están defendidas por el Partido Demócrata de Estados Unidos. Allí, los demócratas son conocidos como simplemente "liberales". La Internacional Liberal es la principal organización internacional de partidos liberales, incluyendo los social liberales.

El libertarismo
El libertarismo  (del inglés libertarianism), traducido al español en ocasiones como libertarianismo o liberalismo libertario), es una filosofía política que afirma la vigencia suprema de la libertad individual (o libertad negativa), es decir, el derecho del individuo sobre sí mismo, cuyo límite no es otro más que el derecho ajeno. El sustento de la ideología libertaria es la filosofía individualista, la política antiestatista y la economía capitalista laissez-faire, en razón de que para los libertarios, toda relación humana debe ser producto de pactos voluntarios y la fuerza sólo puede emplearse legítimamente contra otros de manera defensiva o ante el incumplimiento de un acuerdo (principio de no agresión).

La palabra libertario empezó a usarse con el sentido actual de individualista-capitalista desde los años 1950. Originalmente en Estados Unidos el término libertario (del inglés libertarian) ya se usaba desde el siglo XIX como sinónimo de individualismo filosófico, pero es a partir de la década de 1940 en que se desarrolla el uso moderno del término inglés como "individualista pro-propiedad". Así entonces, desde la década de 1950 su uso se incrementa de manera paulatina hasta popularizarse en la década de 1970 identificando la filosofía individualista que apoya la libertad individual en lo social y la propiedad privada en lo económico.

La defensa contemporánea del libertarismo más influyente se encuentra en la obra de Robert Nozick. 

Robert Nozick

Con la publicación del libro Anarquía, Estado y Utopía, Nozick, profesor de la Universidad de Harvard, se convirtió en el principal representante del liberalismo libertario contemporáneo. Nozick afirma que "los individuos tienen derechos, y hay cosas que ninguna persona o grupo puede hacerles sin violar esos derechos". Nozick parte de John Locke para justificar un Estado mínimo, encargado solamente de la seguridad y de la justicia. Enseguida, lanza una crítica a la célebre Teoría de la Justicia de John Rawls. Si bien Nozick rechaza las tentativas de garantizar la igualdad de oportunidades en ámbitos distintos del económico, en la actualidad existen novedosas formas de liberalismo libertario de izquierda que exploran esta posibilidad.
 
Referencias bibliográficas
Locke, J., 1690, Two Treatises of Government, ed. by P. Laslett, New York: Cambridge University Press, 1960. Extract reprinted in Vallentyne and Steiner, 2000b.
Narveson, J., 1988, The Libertarian Idea, Philadelphia: Temple University Press.
Nozick, R., 1974, Anarchy, State, and Utopia, New York: Basic Books. Extract reprinted in Vallentyne and Steiner, 2000a.

[1] Lionel Robbins estuvo muy influido por la Escuela Austríaca, siendo uno de sus primeros adherentes en el mundo de habla inglesa. Robbins llegó (1929) a ocupar la cátedra en la Escuela de Economía de Londres donde uno de sus primeros actos fue nombrar profesor a Friedrich A. Hayek, a partir de lo cual una nueva generación de "austriacos" comenzó a hacer sentir su influencia en el mundo.

Qué se entiende por FILOSOFÍA POLÍTICA. BITÁCORA DE P. CAYETANO ACUÑA. 21.06.2026.

P.. CAYETANO ACUÑA VIGIL. @zIGMUNDO VIGIL Cuando nos referimos a la FILOSOFÍA POLÍTICA, yo me refiero a los siguientes CONCEPTOS:    ESTADO,...